EL LABERINTO

A R I A D N A - R C . c om      c r e a c i ó n    l i t e r a r i a

 

[número cuarenta y ocho edición VERANO 2010]

S E P T I E M B R E

 

V E R A N O

Ahora, cuando la luz vuelve a ser ese privilegio explosivo, es el tiempo de los poetas de la luz: Sorolla y Giacometti. Uno escribía versos blancos a la orilla del Mediterráneo, el otro escribía haikus ante la mínima variación lumínica al pie de una montaña suiza. “No se puede pintar el sol cuando uno no lo lleva en los ojos, o mejor, en el alma” –solía decir Giacometti. Y, sin embargo, el estío nos trae también el gris plomizo de las tardes de tormenta, el relámpago como aviso de que la luz y los colores son seres vivos con todas sus consecuencias, por eso a veces provocarnos algo parecido a la ceguera. Fue durante una de esas transiciones vitales del color cuando se apagó también la luz del poeta Saramago. Por eso, el privilegio de Sorolla y Giacometti, han de servirnos hoy para evitar el imperio de las sombras.  “Pienso que todos estamos ciegos. Somos ciegos que pueden ver, pero que no miran” –quiso recordarnos Saramago aquella explosiva tarde.

 


i m p r i m i r 


v o l v e r

 


Leyendo un poema de Bertolt Brecht 
por Luiz Zarca


 
Leyendo un poema de Bertolt Brecht,

Me acerqué a la estantería
En busca de un libro
Cuyo autor no recordaba.
Bailaba el nombre
En la punta de mi mente.
Paseé la mirada por los lomos
De los volúmenes más delgados
(Se trataba de un libro de poemas).

Un instante apareció el nombre
Proyectado
Sobre la pantalla de mis ojos.

Afanado durante un rato
Todo esfuerzo de hallazgo fue vano:
Por más que busqué y rebusqué
Entre los anaqueles repletos
Jamás encontré el ejemplar que tanto deseaba.

 

Pudo ser todo
Un feliz truco de la mente.
Algo parecido al dejá vu.

Pero más tarde descubrí
Que ponerme en pie
Y echar a andar
Era el verdadero mensaje del poema.

(Tratando de recordar a Blaise Cendrars)

 

 

 

 

 

 

 

 

© Luiz Zarca: Nacido en Málaga .Licenciado en Económicas. Cursa Estudios de Filología. Ex profesor de Universidad (Económicas). Profesor voluntario de español para inmigrantes. Consultor desarrollo productos. Con publicaciones de economía. Reside en Málaga.

A

 


Selección de poemas
por María José Mures

Quiero amarte

Quiero amarte,
decir más es estropearlo
llegar a ti como tú imaginas.

Metida en mí
pero fuera de sí
así quiero amarte
con el gemido del más valiente.

 

Besos sueltos para un oído

Cae se deshace La belleza
nunca se pierde El silencio
no da tranquilidad hoy
Aguanto la cabeza con dolor
Es lo que no digo
el agua calentó mi piel y el silencio
continuaba su eco Nos vamos deshojando
nos vamos
perdiendo
poco a poco
ahogándonos
Cuando todo se agota y quedan vestigios
es la agonía un regalo
Los días como pétalos en mi mano están
qué hacer con tanta muerte…

 

Éxtasis mudo

En la noche me deshago
me vuelvo humana salvajemente
no sé qué azar reaparece
cuando sin buscarte llegas
justo en éxtasis mudo.
Es mía la mano de mi pecho
es mía la de mi sexo
es la fuerza que se inculca
y se encuentra en una espiral con sentido
destensando mis preocupaciones
y agotando todo en una tensión.
Tu mejilla en mi vientre cuando inspiras
y quedo sin aliento, desnuda.

 

Con tu mano 

Lento pero no por el cansancio
O fue un sueño…
ser Venus en el país de Peter Pan
donde, de los sueños, volver no quiero,
estar contigo en todas las vidas
planeando en tu cuerpo
que sin batir las alas
me hace volar como ave.
Enredo con sentido de cuerpos
Hacia el vértice de tus muslos.
Y quedar así, con tu mano en mi pecho.

 


Godiva

               I
Dos noches desnuda
una fantasía dos noches

la palabra sirve de llave
no hubo.
La caricia sirve de llave
hube de… hacerme círculo,
cual golpe de canto
en la piel del mar,
estelas excéntricas
eléctricas
me arroyo como río.

Melodía a medianoche
volumen elevado
a ritmo lento.

               II
Quiero estar sola para estar contigo
para que este vacío seas tú
como Lady Godiva iría a tu encuentro
y en espejo galoparía sin fin.

                III
No es mejor mi mano
que las hormigas trashumantes
que comen libido.

                IV
Cuando vuelvas no me recuerdes que yo te amo.
No tiene sentido si no fuera sentido.

 

Principio sin Arquímedes

Dame una palabra
de apoyo y moveré la Tierra.
Dame ADN
y que se caiga el mundo.
Dame el rincón
donde tus piernas
apuntalan la noche.

 

Unión de latidos

Cuando los que aman se reúnen, la forma es otra.
Con el vino del amor, la ebriedad es otra.
RŪMĪ

Rompió el vino las copas
o mi copa
acercando nuestros labios
o mi labio
se aceleró la lenta caricia
o mi caricia
mi cómplice vino, llegó,
me hice crápula de ti
o de nadie,
unión de latidos.

 

 

 

 

 

 

 

 

© María José Mures. Nace en Fernán Núñez, Córdoba, el 4 de abril de 1970. Es diplomada en Educación Especial por la Universidad de Córdoba y habilitada en Educación Infantil por la UNED. Es Máster en logopedia en Rehabilitación de los trastornos del lenguaje y el habla por la Universitat Politècnica de Catalunya.Fue directora adjunta de Revista de Feria de su localidad durante dos años y después formó parte del grupo de redacción. Sus versos aparecen en Revistas Literarias como Alhucema, Baquiana, Arique de Cuba, La pájara pinta, Caños Dorados, Pan de Trigo,  y otras de soporte digital. Tiene publicados tres libros: Antes del Amor, Zahorí y Cambalache, este último prologado por Aimée G. Bolaños. Está incluida en la Antología de poetas de Fernán Núñez, 2006. Ha sido colaboradora en la edición del libro de Romances y canciones de Amor II, 2006, de la Diputación Provincial de Ciudad Real. En ese mismo año el Ateneo de Almagro la nombra Socia de Honor.

Fue merecedora del segundo Premio de Poesía en Alfafar, Valencia, con su poemario Zahira y en 2007 fue premiado su poemario Entre la espada y tú, amor en el V Concurso Nacional de Poesía “Caños Dorados”.

A

 


Sensaciones
por Gema Serrano

 

Tu mirada al despertar.
El agradable tacto de unas sábanas frescas tras una  dura jornada.  
El perfume que nos envuelve un momento.
La brisa de un domingo de primavera.
Tu voz que me invita a viajar por otros mundos.
El chasquido cálido de una chimenea.
Ropa tendida al sol en un prado de esperanza.
Una copa de buen vino junto a una ventana de azahar.
El olor de una fruta abierta.
Los sueños más felices a tu lado.
Tus manos, tus dedos, tus caricias en mi cuerpo
después de hacer el amor.

 

 

 

 

 

 

 

 

© Gema Serrano Berzosa. Mi nombre es Gema Serrano Berzosa, nací y resido en Córdoba (España). Tengo 28 años y actualmente estudio Filología Hispánica. Mis estudios universitarios los alterno con otra de mis pasiones, el teatro aficionado. Me subí por primera vez a un escenario hace siete años y desde entonces no me he bajado. He participado en un corto – documental, he hecho teatro en la calle en dos “Noches Blancas del Flamenco” que se han llevado a cabo en mi ciudad tanto el año pasado como el anterior, he participado en jornadas por la paz… Y por supuesto, mi tercera pasión, pero por ello no menos importante, es la escritura y la literatura. Desde pequeña he escrito, sin embargo, hasta ahora a mis 28 años, no había sentido la necesidad de publicar nada. Ya de joven gané algunos concursos y me publicaron algunos relatos en el periódico local. Uno de mis textos, concretamente el texto de La rosa, lo incluí en uno de los montajes de mi grupo de teatro y tuvo buena crítica (aquí tenéis la muestra de ello: http://www.andalocio.es/cont/18946/?nid=173). Ese fue tal vez el motivo que me animó a dar el paso que estoy dando.

A

 


Anunciación. Selección poemas
por Ulises Varsovia

 

Merodear

En la lentitud
de la rotación terrestre,
los sigilosos pasos                                                                                                        de uno que insumido
en lo brumosos de ser,

de uno que abrumado
con su peso existencial,
merodeándose en torno
sin decodificarse.

Tal vez la mordedura
de mi íntimo habitante
asomado al exterior,
el asedio de monjes
al inconmovible alcázar
del sumo alquimista…

O tanta podredumbre
en facultades y aulas,
tanto fruto impuro
desde pulcras probetas
colgadas del azar.

En la lentitud, pues,
del horario solar,
con pies ingrávidos
mis hambrientos reclusos
en pos de la luz.

Y la luz en las torres
del inaccesible alcázar,
gorda de leche luminal.

 

Persona

Delgada de salud animal
mi delgada persona, temblorosa
en las populosas mascaradas,
asomada apenas a los labios.

La temprana niñez, sin duda,
la estremecedora lactancia
con apetito de cachorro en celo,
aferrado con furia a las mamas
camino del herido arrapiezo,
en los fríos arrecifes, desnudo.

A veces un eco de aquel ruido,
la impronta de un traspié en la selva
cuando las crudas escaramuzas,
entonces un silencioso alarido,
y mi persona en desbandada
por los distritos de la lluvia,
o de las hojas pudriéndose en mí.

Puro acontecer, verdad, pura enjundia
de varón impúber en despoblado,
a campo traviesa con hambres
de expósito en la sequedad,
expósito en lo puramente humano,
desnudo de todo amparo animal.

Delgada, delgada mi persona,
temblorosa en la gran mascarada,
apenas de salud urbana
premunida, apenas de leche
involuntaria socorrida,
asomada apenas a la luz.

 Rebelión

Desplómese de pronto el firmamento
con la rutilante metalurgia
de su sideral orfebrería,
derrúmbense de una sola vez
los mudos custodios orbitales,
rompan su rígida disciplina
de inconmovibles cuerpos celestes
girando en torno al flamígero sol.

Hágase el caos en ti, universo,
sacudan su esclavitud las esferas
fijas en tu orden desde el principio,
desobedezcan, descarrillen, vuelquen,
sálganse de madre los torrentes
de millones de ínfimas estrellas
cogidas en la centelleante cauda,
inflámese tu inmarcesible imperio
de una total rebelión planetaria,

agítense tus constelaciones,
salte en pedazos la Vía Láctea,
diasporícese Andrómeda en briznas ,
en luciérnagas de indócil vuelo,
desunza el Auriga su carro,
rujan las Osas su emancipación,
estalle en su servil totalidad
la relojería del orden celeste,

y todo vuelva, Padre, a comenzar,
un nuevo orden nazca del caos,
un orden que nunca más transgreda
tu inverosímil siervo terrestre,
tu pequeñísimo automonarca,
el ínfimo dios irreverente.

 

Ánimas del agua

Sordo estrépito de las lluvias
interminablemente conmigo,
a mí afiliadas en la filiación
de todo lo que en mi ser conmoción,
incisiva presión digital
sobre la invertebrada estructura.

Ruidos en la noche acribillada
por un indefinible lamento
de dolorosísimas gargantas,
de ánimas en pena percutiendo
su dolor en las teclas del agua.

Dondequiera, pastor taciturno
de transhumantes sueños, que el agua
su maternal arrullo, su endecha
de inmateriales cuerdas vibrando
en tu interior, dondequiera, hijo
de todas las aguas acaecidas,
que el sordo estrépito de la lluvia
llorando sobre el latón gastado…

(Entonces madre en zozobra trepando
a ciegas la quejumbrosa escalera,
madre en vela su mano en mi frente,
su queda voz sobre mi voz febril,
las penetrantes ánimas del agua).

Lluvias de no cesar de llover en mí,
lluvias interminablemente mías,
lluvias acribillando la noche
con su timbre maternal, su arrullo
de voz digital en mí grabada.  

 

 

 

 

 

 

 

© Ulises Varsovia

A

 


De(a)claraciones
por Olga Guadalupe

 

1

Y cuando en secreto
clamo amor mío, amor mío,
es a ti a quien llamo
o al amor mío
en silencio al que así nombro
o es a ti acaso, a ti
a quien llamo mi amor
y cuándo te digo a solas
mi amor, es al amor que te tengo
o a ti, mi amor, a quien me dirijo
en esta noche lluviosa
que indecisa y triste modula
su lenta desolación en el cristal,
es a ti a quien escribo solemne
esta salmodia secreta del corazón
a solas, que nunca te dije,
mi amor que nunca te dije
y te digo ahora, me digo,
a ti que ya no puedes decirme,
a ti, que ya no eres mi espejo.

 

 

(D’après La carte postale de J. Derrida)

2

Para enamorarme de ti
tuve que olvidarme al instante siguiente
muchas veces, inventarte todo el tiempo
como el poeta se inventó el paisaje
a condición de amarlo.

Confesémoslo: ningún amor
fluye naturalmente de estos páramos yermos
por más que lo intentemos.
No amamos estos campos que vemos,
son los otros campos soñados de Castilla
los que exultamos, los que exaltamos
como condición al amor:
grises alcores, cárdenas roquedas
por donde traza el Duero
su curva de ballesta…

Tiempo del poema

Tan dispares las voces
que aún nos llegan de lejos
cuando el beso y el abrazo
todos los gestos de la voz y el cuerpo
entregados como ofrendas
a la sucesión de los glaciares
se funden en la cadencia del recuerdo
en una misma lluvia mansa y fina
sobre helechos.

Sé que os tuve que olvidar
con olvido hecho de veleros blancos
henchidos de sentires nuevos.

Hoy el poema os ha tornado
en líneas insucesivas, iguales
velas blancas, simultáneos tallos verdes,
brotes tiernos.

Ironía poética

Posesión leve
laberinto perpetuo
esto de urdir poemas
para tejer nuevos silencios.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

© Olga Guadalupe. Licenciada en Filología Hispánica por la Universidad Autónoma de Madrid y doctora por la University of Pennsylvannia (Filadelfia, EEUU). Actualmente es Profesora Asociada de Teoría de la comunicación, Lengua y comunicación, y Literatura y periodismo en la Universidad Antonio de Nebrija de Madrid. Ha sido profesora en la University of Pennsylvannia (Filadelphia, Pennsylvania); Bucknell University (Lewisburg, Pennsylvannia) y University of Wisconsin-Milwaukee (Milwaukee, Wisconsin). Igualmente ha impartido clases en la New York University de Madrid. XX Premio "Voces Nuevas" de Poesía 2007 de la Editorial Torremozas (Madrid). Primer Premio 15° Concurso de Poesía de Primavera de Vilafranca del Penedés (Barcelona) 2007. Accesit del I Certamen Internacional de Poesía Erótica Buho Rojo (España) 2006. Libros“El medio es el mensaje:” De la comunicación a la literatura epistolar en el siglo XIX (2009, inédito).Insurrección del recuerdo (inédito) La memoria donde ardía (Madrid: Betania, 2009). Reseñado en La opinión de Tenerife: Enrique Barrero Rodríguez. “La memoria donde ardía.” “El vuelo de Ícaro” nº 451, La opinión de Tenerife. 10 de octubre, 2009: 7. De amor tan solo (Madrid: Vitruvio, 2007). Reseñado en Ariadna-Revista de creación: Antonio Polo, "Olga Guadalupe, De amor tan solo: Un diálogo entre el amor y el desamor". Ariadna-RC, n° 37, otoño 2007 y en Prometeo digital nº 16: Juan Ruiz Torres, julio 2008. Publicaciones poéticas (Revistas y antologías. “Poemas de Insurrección del recuerdo.” Salina 22 (2009): 5-7. “Restallándome memorias.” V Cuaderno de Profesores Poetas 2008/2009. Segovia: IES Francisco Giner de los Ríos (2009): 48-49. “Un vacío afirmándose siempre.” El Coloquio de los perros 22, otoño 2008. “Insurrección del recuerdo.” Hermes 7 (2008): 11-15. “Retornado abril.” Cuarta exposición-homenaje mural y virtual de poesía y arte 2008, dedicada a Juan Ruiz de Torres. XLIV Congreso de la Asociación Canadiense de Hispanistas 
(U. of British Columbia, Vancouver), 31 mayo-3 junio, 2008. “Tres poemas.” IV Cuaderno de Profesores Poetas 2007/2008. Segovia: IES Francisco Giner de los Ríos (2008): 48-50. “La memoria donde ardía (2).” Ariadna. Revista de Creación 38, invierno 2008. "El mundo comienza exacto." En “Nueva Poesía.” La Pájara Pinta, Prometeo Digital 27, septiembre 2007. “Cuatro poemas.” Voces Nuevas (XX Selección). Madrid: Torremozas, 2007. 27-30. "Recuerdos." En "Nueva Poesía" La Pájara Pinta, Prometeo Digital 26, marzo, 2007. "Pasos contrarios." Nueva poesía hispanoamericana. Madrid: Ediciones Lord Byron, 2007. 57. "De amor tan solo (9 poemas).” Ariadna. Revista de Creación 34, invierno 2007. "Última ausencia." Silencios de hielo y papel. Poemas finalistas del II Certamen de Poesía Ábaco. Madrid: Editorial Ábaco, 2006. 18. "La memoria donde ardía (11 poemas).” Ariadna. Revista de Creación 33, otoño 2006. "Última ausencia"; "Ardor". Nueva poesía hispanoamericana. Lima, Perú: LordByron Ediciones, 2006. 43-44. "Cómo será que del año al cabo y otros poemas.” Claustro poético. Boletín virtual de poesía Asociación Cultural Claustro Poético de Jaén 6, otoño 2006. "De amor tan solo." I Certamen de poesía erótica internacional Buho Rojo. Madrid: GrupoBuho, 2006. 67-75. "De tan alta marea." Antología poética. Desde mi ventana: Soledad y Vértigo. Poemas finalistas del I Certamen de Poesía Ábaco. Madrid: Editorial Ábaco, 2006. 104. "Haití: El lenguaje y la flor." Nebrija Digital 014, enero-marzo 2006.

A

 


Selección de poemas
por Amado Storni

 

EN UN FRASCO DE CRISTAL

 

DONDE fueron los pétalos en flor

que al bosque de hermosura perfumaban,

aquellos que de Amor se deshojaban

pidiéndole respuestas al Amor.

 

Donde fueron las bolas de alcanfor

que del bosque el aroma conservaban,

aquellas que del sueño despertaban

oyéndole cantar al ruiseñor.

 

Aquellas que acabaron tropezando

con los pies de un Amor que ya sin ganas

le puso a nuestros besos un bozal.

 

Aquellas que acabaron decorando

la mesa de algún cuarto sin ventanas

metidas en un frasco de cristal.

 

 

MATAR A CUPIDO

 

¿ES cierto que ha venido

promiscuo de intenciones el Amor,

pidiendo por favor

que maten a Cupido?

- ¡Cogerlo! cuando esté desprevenido,

que pruebe de su propia medicina,

matar al que asesina

rompiendo corazones.

Caínes de Cupido las traiciones

del odio y la rutina.

 

 

LA HISTORIA NO TE OLVIDA COMPAÑERO

 

EN este invierno frío y duradero

de gripes y catarros mal curados,

de sueños imperfectos de pasados,

de besos que no riman tus “te quiero”.

 

En este invierno tan de invernadero

ausente de Nerudas y Machados,    

de todos son las voces que han gritado:

“¡la Historia no te olvida compañero!”.

 

Enfermas ilusiones concebidas

a golpes que oxidados dictadores

nos dieron de un futuro en subjuntivo.

 

El tiempo cicatriza las heridas,

la Vida memoriza sus errores

y Salvador Allende sigue vivo.

 

 

DONDE ESTÁN LOS POETAS

 

AHORA que el Amor es transparente

y el miedo se refleja en los espejos,

ahora que se cobran los consejos

y el odio es el más fiel de mis clientes.

 

Ahora que olvidamos los errores

y el sueño nos despierta pesadillas

ahora que la vida se maquilla

y huelen a sudor todas las flores.

 

Por qué se han escondido los poetas

ahora que el Amor más necesita

de versos que se inventen los “te quiero”.

 

El hombre siempre ha sido marioneta

del beso que de Amor la princesita

al príncipe convierte en prisionero.  

 

 

VIVIENDO COMO VIVO

 

VIVIENDO como vivo en este gueto

de artistas y poetas de salón

igual le meto mano a una canción

que corto las orejas de un soneto.

 

Bebiendo como bebo del delito

de no seguir patrón, normas ni leyes,

igual pierdo la grande con tres reyes

que gano veinte a pares con dos pitos.

 

Invéntense ridículas razones

para esta despedida tan urgente;

a veces la ilusión no es suficiente

para que coman tantos corazones.

 

Yo solo quise ser por un momento

“Quijote” de los mundos que me invento.

 

 

A PANCHO VARONA

 

CUANDO el mundo es más voraz y narcisista

y de cáncer de pasión muere el poeta

cuando roban el talento a los artistas

y el deseo santifica al proxeneta.

 

Cuando el sueño de volar pierde las alas

y el fracaso tiene nombre y apellidos,

cuando amarse hace más daño que las balas

y la muerte duele menos que el olvido.

 

Cuando un beso es una flor que se marchita

y un te quiero es un bombón de silicona

que confunde los abriles con febreros.

 

Es entonces cuando el alma necesita

corazones como el de Pancho Varona:

el Amigo, el primo Hermano, el Compañero.

 

 

PÁJAROS DE BARRO

 

SI pudieras meterte en mi cabeza

verías trasquilones de esperanza

espasmos de interés e hipocresía

jirones descosidos de impotencia.

 

Si pudieras meterte en mi cabeza

verías que lo sueños son mi patria

que el vuelo de tu falda es mi bandera

que muero de utopías mal curadas.        
 

Y así paso las noches de mi vida

aullándole a la luna mis desgracias,

rezando por tus besos que no llegan.

 

Y así me encuentra el sol cada mañana

lanzando al cielo pájaros de barro

que el suelo me devuelve hechos añicos.

 

Porque nunca se deja de aprender,

porque nunca se deja de morir”.

 

 

A LAURA GRANADOS

 

Acuérdate del tiempo que pasamos

 

Llevando en andas nuestras ilusiones

Abstemia apuntalando corazones

Untados de pasión si nos miramos.

Recuerda mi deseo en tu saliva

Ayuno en la vigilia de tus sueños

 

Girando el mundo se hace más pequeño,

Rodando el mundo siempre es cuesta arriba.

Acuérdate de todos los poemas

Nacidos de mi boca y de tu olvido 

Aliento de tus veinte Primaveras.

Desnúdate de axiomas y teoremas

Oprime el corazón con tus latidos

Sacúdete el placer hasta que mueras.

 

 

 

 

 

 

 

 

© Amado Storni. Nacido en Madrid (España) pero alcarreño de adopción, Jaime Fernández,
AMADO STORNI, (pseudónimo que adopta en reconocimiento a la poetisa
argentina Alfonsina Storni), es licenciado en Ciencias de la Información
por la Universidad Complutense de Madrid. El 11 de Marzo de 2004 la Editorial Visión Net publica su primer libro: "BIOGRAFÍA, OTROS POEMAS, EL MUNDO QUE ME MATA".
El 4 de Mayo de 2005 la Editorial Egartorre publica su segundo libro: "PRÓXIMA ESTACIÓN: PRIMAVERA".  El 8 de Febrero de 2007 la Editorial Visión Net publica su tercer libro:
“VERSOS EN LOS LABIOS”. El 28 de Enero de 2008 la Editorial Visión Net publica su cuarto libro:“POSTALES SIN REMITE”. El 21 de Noviembre de 2008 la editorial DEXEO-EDITORES publica su primera antología poética: “LA MEMORIA DE MI OLVIDO”. El 6 de Enero de 2009 la editorial DEXEO-EDITORES publica un libro-CD con sus mejores poemas: “LA REPÚBLICA DEL AMOR”. Colabora como redactor con reviews de discos, crónicas de conciertos y
entrevista de grupos  musicales en el portal de música LMBlogs -Musicópolis.
 Ha ganado el II Premio de TANKA Grau Miró, 2009 y ha sido finalista del V
Premio de Haiku Grau Miró,  2009 . Ha ganado el Primer Premio del programa  de radio argentino "Luna de Pájaros" con su poema titulado “PÁJAROS DE BARRO”, el cual formará parte de la sintonía del mismo. www.activa105.com.arHa sido finalista en el 5to Certamen "Cartas de Amor" organizado por Ediciones Mis Escritos de Argentina. Sus poemas han sido publicados en revistas y foros literarios de la categoría de "Prometeo", "Poesía Pura", “Ababolia”, “La Rosa Profunda”,“Resonancias” y en libros recopilatorios de poesía como "VIVENCIAS
SECRETAS", “PÉTALOS DE PASIÓN”, "AMOR OLVIDADO", "MELODÍA DE COLORES", o“DESDE MI VENTANA: SOLEDAD Y VÉRTIGO”. Incluso el diario ruso PRAVDA ha incluido alguno de sus poemas en su páginas culturales.http://port.pravda.ru/news/sociedade/31-05-2007/17367-abracosint-0 Un cuento suyo, el titulado “AMADO Y DAFNE” ha sido seleccionado finalistaen el en el I Certamen de Relatos Cortos Bosque de Cebrián, formando partedel libro recopilatorio en homenaje a Juan Antonio Cebrián titulado “Un Bosque Encantado”.  Un poema suyo, el titulado “POSTALES SIN REMITE”, ha sido seleccionado finalista en el V Certamen de Poesía, Relato breve y Teatro Aenigma 2007  será publicado en un libro digital en la biblioteca de premiados de
Aenigma. Otro poema titulado “PALABRAS PARA LIDIA” ha sido incluido en la página de
la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.http://www.cervantesvirtual.com/escaparate/lidia.jsp
El poema titulado “VIRGINIA” ha sido incluido en el libro titulado “MUESTRA
SIGLO XXI DE LA POESÍA EN ESPAÑOL” realizado por la Asociación Prometeo de
Poesía. Un poema de su segundo libro titulado “JUVENTUD”, será incluido en el libro
“ATANDO CABOS” de la editorial Prentice Hall, libro que será distribuido en
Estados Unidos y Canadá. Un poema de su tercer libro titulado “ERNESTO "CHE" GUEVARA” fue leído porla poetisa argentina Margarita Mangione, fundadora y coordinadora del grupo
literario "ALMAFUERTE", en la MARATÓN DE POESÍA “PALABRA EN EL MUNDO” en el
FESTIVAL DE LA HABANA.  Según Margarita “fue muy emocionante leerla yescuchar el aplauso cerrado de todos los poetas presentes”.Un poema de su segundo libro, el titulado "ONCE DE MARZO DE 2004" y otropoema de su cuarto libro titulado "ENTRE ALGODONES", han sido incluidos enlas páginas de la revista de San Francisco (California) "HEREDEROS DEL
CAOS". La revista "Poesía Breve" ha publicado en su página web una entrevista con
el poeta.http://http://www.poesiabreve.com/autores-a.html El "PAIS Literario" ha publicado en sus páginas el poema titulado "A JOAQUIN SABINA".  La Asociación "11M Afectados de Terrorismo" ha publicado en su página webel poema titulado “ONCE DE MARZO DE 2004” incluido en su segundo libro. El día 27 de Abril de 2006 es invitado al Primer Certamen de Poesía GredosSan Diego. Carmen Varela recitó los poemas "FUE EL BESO SIN AMOR DE UNA
PRINCESA" y "ONCE DE MARZO DE 2004". La revista ACTIVA vinculada a la Seguridad Social en su número del mes deJulio de 2006 publica el reportaje titulado “JAIME FERNÁNDEZ, EL POETA DEL11-M”. Ha sido finalista del I Premio de Poesía HIPALAGE con el libro aún sin
editar titulado “EN TANTO QUE DE ROSA Y AZUCENA” y cuyo fallo se produjo a
finales del mes de Noviembre de 2006.  El 23 de Febrero de 2007 la emisora argentina RADIO CITY F.M. (“Momentos”  94.5 Mhz) amenizó a sus oyentes con la lectura por parte de Ramón Rojas Morel de alguno de los poemas incluidos en el libro "VERSOS EN LOS LABIOS".
http://www.cadenaderadios.com.ar/

A

Nosotros
por Francisco Robles Postigo

 

Nosotros,
que fuimos un nosotros,
perdimos una época;
la actitud,
el negro.
Perdimos una competición,
una clave,
una fecha.

Nosotros,
los nunca generación,
creamos el ser en el vómito,
lírica del cigarro prendido.

Y fue como hermoso arrugarse así,
teorizando en Plaza La Merced,
aprendiendo la madrugada;
la espalda en un obelisco.

Y fue como premonitorio
firmar el epitafio de nuestras calles
amarrando la realidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

© Francisco Robles. Nacido en 1979, en Málaga. Licenciado en filosofía en la Universidad de Málaga.  Gana el primer concurso de poesía Camino de Antequera 1997. Finalista en el segundo concurso de poesía Camino de Antequera 1998. Mención de honor en el concurso internacional de poesía Espíritu literario 2008. Mención de honor en el concurso internacional de poesía El mundo lleva alas 2009. Colabora en el número de Diciembre de 2008 de la revista Voces de Hoy.  Colabora con Novaltea Ediciones. Diciembre 2008.  Colabora en el número 6 de Generación Espontánea, 2009. Colabora en el número de enero de 2009 de la revista Espíritu Literario. Colabora en el número 4 de la revista Cartha Poética.2009. Colabora regularmente con la  revista Utopía Poética.  Publica en la antología Impresiones y Recuerdos de Centro Poético. 2009. Publica en De enamorarse y amar, de Utopía de las Artes. 2009.  Publica en la antología del VIII encuentro provincial de poesía de Torrox. 2009. Finalista en el certamen homenaje a Miguel Hernández del colectivo Giner de Los Ríos. 2010. Escribe regularmente en el blog Http://iconografademisoledad.blogspot.com

A

Selección de poemas
por Agustina Jazmín

 

ESDRÚJULAS

había que salir de ese atolladero de espuma almidonada
las chispas tenues incendiaban mi adhesión al evemerismo
no quería vérmelas con mutaciones estrafalarias
hiedras venenosas en los talones que dejan destello de purpurina
la respiración entrecortada por ir demasiado despacio

estar del otro lado de los ruidos mientras se arropa la noche
y pasan por un costado las voces, los gestos, todo aquello
que debería ser cuanto menos un rasguño y no pasa de aire,
un latir sigiloso de luces frenéticas no basta para desarmar
ese reducto inventado con la improvisación de diarios viejos
que es escudo y lanza y eminencia de torpe derrumbe

el oráculo de roble pronunció la sentencia sin vacilar
que se imponía con el peso de esas nubes de ópalo naranja
las palabras esdrújulas son ridículas
ecléctico, dije, tarántula, antígona, todo lo caótico
era cierto como la inutilidad de los vidrios y las vendas

cambié el pasaje para la semana siguiente.


MEDIAS

Pasos de porcelana parten mis pesadillas
Haciendo de ellas, de todas, una nuca
Es mi mamá preguntándome si debe asumirte
Cuando me río como la peor idiota
Y yo, que no me haces reír, precisamente
Pero todo lo demás, cómo explicarle,

Que nuestra casa sería ordenada hasta lo imposible
Los hijos entre libros y cuidada, medida pedagogía
Tus diplomas de honor en el cajón del escritorio
Los seminarios, ponencias, trajes, zapatos arreglados
Charlas de sobremesa alrededor de Pauvre Lelian
Ropa planchada, una –una- copa con vino blanco
En realidad no me lo explico.
No seríamos felices. Nadie lo es.
Pero siempre sabríamos en qué cajón están las medias.

 

COLOQUIO SENTIMENTAL

el almohadón de plumas estaba envuelto en hilos de sangre
ella le dijo: el ave volverá cuando se acabe la batería
el ave volverá cuando estemos sentados a la mesa.
él no podía escucharla, llevaba puesto el gorro nuevo
que de tan amarillo le tapaba los oídos pulcros.

ahora los dos miran la cama de dos plazas con asco
¿era necesario -dice ella- despatarrar así los días
enharinarlos vuelta y vuelta en la tabla de planchar
para que luzcan idénticos y falsos, mellizos engendros?
el tiempo de trueques acabó al irse la feria, anoche.

¿qué buscás en ese cajón? está prohibido tocarlo.
no, no están ahí los documentos que firmamos esa tarde
en medio del parque iluminado inútilmente por las
bombillas de colores radiantes, verde, violeta, naranja
tampoco el caracol con botones y picana eléctrica
¡no voy a permitir que otra vez ataques a las moscas!

las hebras respiran, ascienden como espectros
chorreando las sábanas con el sudor bordado
por la movilidad que era muy hábil para esas cosas,
él habla muy alto como para mirar el escritorio
y ver que ahora es una larva, pasó tan rápido.

se acuestan a dormir sin ponerse la ropa de cama
lucen ridículos con sus vestimentas cotidianas
el ambo de farmacéutico y la pollera de ciclista
sobre ese desarmadero de planes futuros sin salida
él ronca muy alto como para oír el estallido
ella, en cambio, lo presumía. no se inmutó.


CARAMELOS

odio los caramelos que vos nombras
me decís que son de mentira, éstos,
que sostengo entre las manos
tienen forma de bolita se llaman media hora
y me decís que son falsos
que hay otros, unos reales,
no podes pronunciar su nombre ahora
pero los pones por encima de los míos
y cuando te digo - vamos a cambiar caramelos
vos me das los tuyos yo te doy estos
así comparamos y no hablamos sobre el aire
ya estás a mil metros, empalagado hasta la nuca
recién cuando bajas me meto uno en la boca
(de los míos)
y termino siendo la única con sobredosis de glucosa


ESTAMPITA

hablábamos de-lirios
pétalos estrujados, dulces sobre el furioso carmesí
ecos subterráneos ascendían al galope de la tierra
caballos ciegos trastabillando torpes
entre nuestra distancia insalvable:
desde tu casa de techos blancos y bajos
hasta mi selva oscura atravesada por espesas lianas

nuestra distancia:
el gato azabache debajo de la alfombra
bulto sostenido a lo largo de todo el disco
el reloj anónimo en las dos muñecas
ocho vacíos impalpables de diferencia horaria
el tapado denso, los guantes, el calor absurdo
desparramado a lo largo de la sábana única
la noche

el tallo florece de la boca, se hace gajo de espuma
palabra polimorfa maquillada hasta el hartazgo
por el tedioso juego de significados entreverados en la malla fina
frase-telaraña, imposible, equívoca siempre
las copas rugían el reto suave como anuncio de seda purpúrea
lo vimos: el amanecer punzaba el velo humeante
el aire quebradizo entre tu mano traslúcida, en cualquier sitio,
y mis uñas inquietas rasgando el roble.

 

 

 

 

 

 

 

 

© Agustina Jazmín.  Nació en Buenos Aires, Argentina, en 1991. Entre sus publicaciones se encuentra un relato en la antología Cuentos como pájaros, editorial Dunken, una de sus poesías en la antología Esplendor Nocturno, del Centro de Estudios Poéticos, además de varias publicaciones en la revista El viajero y otras en diversos blogs y revistas on-line. Actualmente se encuentra cursando la carrera de Letras en la Universidad de Buenos Aires.

A

Incompleto/Hoja en Blanco
por Jesús Urbano

 

INCOMPLETO

Las únicas palabras
que faltan en
mi vida, son:
tú y

 

LA HOJA EN BLANCO

Echo de menos tus aes saltarinas,
tus oes de rabitos alargados,
incluso tus puntos y tus comas.

No soporto la ausencia
de tus ies corazonadas,
tus erres... ¡qué erres!

Añoro tus sensuales eses,
tus tes de media tarde
y tus graciosas jotas.

¡Escríbeme! ¡Escríbeme!
No quiero seguir siendo
una hoja en blanco.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

© Jesús Urbano. Mi nombre es Jesús Urbano. Tengo 27 años y soy de Córdoba capital. Mi gran pasión es escribir. Mi mayor deseo sería dedicar por completo mi vida a la escritura. Me gustan todos los géneros, aunque sobre todo escribo ciencia-ficción. Actualmente estoy terminando una novela, así como varios relatos. También me encanta el cine, de hecho, no me importaría escribir algún guión para cine o televisión

A

Volar
por Daniel Sánchez Pardos

 

                El niño se llama Miguel, tiene siete años y ha decidido que hoy va a aprender a volar.
               No es una decisión tomada con ligereza. En realidad, el niño lleva semanas enteras preparándose para este momento: largas semanas de investigaciones y de reflexión y de un duro entrenamiento que hoy, Dios mediante, dará por fin sus frutos. Miguel ha estado estudiando atentamente a todos los pájaros que tiene a su alcance, palomas, gorriones, algún mirlo, alguna gaviota, y cree –no lo cree: está convencido– haber descubierto su técnica. Si los pájaros vuelan por algo será, algún truco tendrán, y no vale con lo de las alas, que también tienen alas las gallinas y no vuelan. A Miguel, la primera pista se la han dado precisamente las gallinas, con esa inexplicable incapacidad suya para volar; la segunda pista, más sutil, se la ha proporcionado su propia capacidad de observación. Ha sido así, observando atentamente a los pájaros que pasan volando ante la terraza de la casa de sus abuelos, como ha comprobado que todos ellos tienen algo en común cuando echan a volar: la mirada.
               Los pájaros, cuando vuelan, fijan siempre la mirada al frente.
               No se trata simplemente de mirar hacia delante; también las personas miran hacia delante cuando caminan, y no por eso echan a volar. Se trata de mirar hacia delante muy fijamente, tan fijamente como si estuviesen hipnotizados. Esa ha sido la primera teoría de Miguel: que los pájaros vuelan porque se hipnotizan entre ellos, y es por eso, porque están hipnotizados, por lo que no tienen miedo de verse allí arriba, en el cielo, tan lejos del suelo y con la única ayuda de sus propias alas para no acabar hechos puré. Era una buena teoría, pero Miguel la ha rechazado a favor de otra mucho más sencilla. Los pájaros no se hipnotizan entre ellos, eso requeriría que un pájaro necesitara siempre de otro pájaro para echar a volar, y basta observar un poco a los pájaros para comprobar que muchos de ellos van y vienen solos. Los pájaros no se hipnotizan: simplemente, se concentran mucho. Tanto se concentran, tan abstraídos están en sí mismos, que se olvidan de lo que están haciendo. Se olvidan, realmente, de lo que no pueden hacer. Porque nadie –persona, animal o pájaro– puede volar, eso es físicamente imposible, incluso un niño de siete años como Miguel lo sabe; pero si uno se olvida de que no puede volar, entonces puede volar. Es cuestión de creérselo, nada más: si te lo crees, puedes hacerlo. Si crees que puedes volar, o si no crees que no puedes hacerlo, entonces vuelas.
               Suena complicado, pero es así.
               Miguel ha repasado esta mañana su teoría y no le ha encontrado ningún punto flaco. Todo tiene sentido, todo encaja como las piezas de un puzzle –los ojos fijos, las gallinas tan tontas que no saben concentrarse–, así que Miguel se ha subido a la terraza de la casa de sus abuelos, ha escalado hasta lo alto de la barandilla y ahí está ahora, con los ojos muy fijos ante él y procurando concentrarse.
               No es tarea fácil: Miguel lo comprueba enseguida. Una cosa es que los pájaros vuelen porque se crean que pueden volar, y otra muy distinta es creérselo uno mismo y echar a volar. Pero Miguel lo tiene decidido, y de hoy no pasa: hoy va a volar.
               Los cinco primeros minutos son de calentamiento. Miguel fija la vista en el poste de teléfonos que hay en el extremo opuesto de la calle y comienza a respirar. Ha estudiado también con atención la respiración de los pájaros, y, aunque no ha extraído ninguna conclusión definitiva de sus observaciones, sí ha decidido que respirar bien es importante. Uno no puede volar si antes no respira correctamente. Miguel toma aire, lo suelta, vuelve a tomarlo y a soltarlo, toma y suelta el aire marcando el compás con las yemas de sus dedos, y el poste de teléfonos, tan recio en un principio, comienza a perder paulatinamente su forma original y a volverse borroso. Buena señal, piensa el niño, y sigue tomando aire y soltándolo y fijando la vista en un poste que ya no es un poste, que ya es sólo un trazo marrón vertical que ahí está, al otro lado de la calle, esperando a que Miguel lo sobrevuele. La cosa marcha bien, el niño piensa en sobrevolar el poste y no le parece extraño del todo, pero aún no se decide a lanzarse, todavía no está totalmente convencido de no acabar estampado como el Coyote sobre el asfalto de la calle. La altura no es mucha pero sí suficiente, ocho o nueve metros, sobran cinco para romperse todos los huesos del cuerpo, así que el niño decide que mejor respira un poco más, tomar y dejar, tomar y dejar, el poste de teléfonos y el ruido de la lavadora en el cuartucho de la terraza y los pájaros que vuelan sobre su cabeza y lo miran con atención, seguro que lo están mirando, el niño tiene la vista fija en el poste de teléfonos pero puede imaginarse a los pájaros aguardando a que se lance por fin. Y si lo hago, se pregunta el niño, y si me lanzo, pero no se fía todavía, el suelo está muy bajo y el poste de teléfonos sigue teniendo forma de poste de teléfonos, un poste difuminado y como rezumante pero poste al fin y al cabo, seguro que los pájaros cuando vuelan no reconocen los postes de teléfonos.
               Pasan cinco minutos antes de que el niño recuerde que también tiene que mover los brazos: una cosa es que las alas no sean esenciales para volar, y otra muy distinta es que pueda prescindirse de ellas. Miguel comienza a mover los brazos, relaja los músculos y luego los contrae, abre y cierra las manos, rota los hombros, y es en una de esas rotaciones cuando decide que ya está, que ya puede volar. Lo decide repentinamente, y es precisamente eso lo que le convence de que sí, de que esta es la buena, o vuela ahora o ya no vuela nunca. Y, al fin al cabo, por qué no va a poder volar, se pregunta, por qué no va a poder volar si tiene los ojos fijos en el poste de teléfonos y respira igual que un pájaro y tiene un par de hermosos brazos dispuestos a agitarse tanto como sea necesario, por qué no va a poder volar si él dice que va a volar. Decidido, Miguel va a volar, si crees que vuelas es que vuelas y el niño cree que vuela, vaya si vuela, lo cree con todas sus fuerzas, lo cree mientras salta finalmente de la barandilla y pasa junto al poste de teléfonos y esquiva por los pelos el roble de la esquina y coge altura por fin, el niño cree que vuela y nadie, absolutamente nadie le va a desmentir.

 

 

 

 

 

 

© Daniel Sánchez Pardos (Barcelona, 1979) es autor de las novelas El Jardín de los Curiosos (Bohodón Ediciones, 2010) y Tiempos felices (de próxima publicación en Ediciones del Viento). Sus narraciones han sido premiadas en concursos como el NH de Relatos o el Joven & Brillante de Novela Corta, y han aparecido en diversas revistas y antologías.
dspardos@yahoo.es

A

 


Laura
por Gema Serrano


Aquella tarde volvió a planchar su vestido azul de pliegues, el de tirantes cruzados a la espalda, el del bordado en el bajo, el que le disimulaba aquellos complejos que sólo ella conocía. Una vez más se dispuso a conquistarla. Si embargo, esa tarde sería la definitiva. Ya no bastaban las intensas miradas ni los encuentros casuales, estaba decidida a dar el paso definitivo. Pero, ¿cómo hacerlo?¿La llamaría por su nombre? ¿Podría mirarla a los ojos sin dejarse inundar por ese universo infinito? Y entonces la vio tan linda como siempre, con su pelo recogido a un lado, con sus vaqueros desgastados y la blusa verde que tanto le gustaba a Laura. Sabía dónde encontrarla y no se equivocó. Se acercó a su princesa mientras se desenredaba el cabello con la yema de los dedos. ¡Elena! Le dijo una por una todas las dulzuras que existen y las que aún están por inventar, le mostró placeres infinitos paladeando cada palabra, le entregó su esencia aún intacta… Y entonces… una sonora carcajada, una estúpida burla, una grosería desmedida, una carrera precipitada, una lágrima resbalando hacia el abismo, una herida profunda... demasiado, tal vez.
El siguiente jueves Laura no acudió. Ni el siguiente a ése. Ni el posterior. Ya nadie volvería a ultrajarla, no, mejor dicho, a  despedazarla sin más. Ahora ella se encontraba a salvo, tumbada en el suelo del baño con las muñecas abiertas por culpa de una cuchilla afilada, o quizá, porque aquella chica que ella adoraba descubrió su secreto en el instituto

 

 

 

 

 

 

 

© Gema Serrano Berzosa. Mi nombre es Gema Serrano Berzosa, nací y resido en Córdoba (España). Tengo 28 años y actualmente estudio Filología Hispánica. Mis estudios universitarios los alterno con otra de mis pasiones, el teatro aficionado. Me subí por primera vez a un escenario hace siete años y desde entonces no me he bajado. He participado en un corto – documental, he hecho teatro en la calle en dos “Noches Blancas del Flamenco” que se han llevado a cabo en mi ciudad tanto el año pasado como el anterior, he participado en jornadas por la paz… Y por supuesto, mi tercera pasión, pero por ello no menos importante, es la escritura y la literatura. Desde pequeña he escrito, sin embargo, hasta ahora a mis 28 años, no había sentido la necesidad de publicar nada. Ya de joven gané algunos concursos y me publicaron algunos relatos en el periódico local. Uno de mis textos, concretamente el texto de La rosa, lo incluí en uno de los montajes de mi grupo de teatro y tuvo buena crítica (aquí tenéis la muestra de ello: http://www.andalocio.es/cont/18946/?nid=173). Ese fue tal vez el motivo que me animó a dar el paso que estoy dando.

A

 


En este lugar no servimos gazpacho
por José María Naranjo

 

I

Augusto Morales era un tipo reservado, parco y, dentro de un rango saludable, callado. Pese a que era reconocido por su tranquilidad y por su sobresaliente sagacidad, Augusto no podía tomar ninguna decisión en su vida – por más pequeña que fuera- sin consultarla una infinidad de veces con sus amigos, de quienes desconfiaba en secreto. Muy a menudo, sobre todo cuando  le sucedía algo bueno, Augusto podía escuchar en lo más profundo de su mente a una pequeña vocecita optimista que lo incitaba a imaginar situaciones que, aunque era posible que sucedieran, nunca ocurrían. Esta pequeña vocecita optimista lo llevó a las  desilusiones más grandes de su vida. Pero Augusto seguía firme y continuaba. En lo más profundo de su persona en realidad confiaba en las personas, pero la vocecita optimista terminaba por derrumbar el castillo de naipes que Augusto construía en su cabeza cada vez que conocía a una nueva persona. 

Augusto tenía un enorme pero frágil corazón y su cerebro funcionaba como una perfecta máquina de contradicciones.

Una tarde fría de julio la suerte le sonrió a Augusto, finalmente la vocecita optimista tuvo la razón, pues formalizó, con un discurso aprendido hasta la médula, una hermosa relación con la muchacha más apuesta de su colegio, Dominga Silva. Esto causó un gran alboroto dentro del establecimiento y los comentarios mal intencionados no se hicieron esperar.

-¿Por qué lo eligió a él?- era la pregunta que todos se hacían.
-Está con él por lástima- respondían algunos.

Para desgracia de Augusto estos comentarios lograron anidar en sus oídos como venenosas serpientes. Y como una bola de nieve al final de una inclinada ladera, las malas intenciones se habían hacinado; alcanzando un enorme tamaño. Esta masa deforme de odio chocó contra Augusto, quien agobiado por una inseguridad crónica, no pudo evitar pensar que aquellos dicho eran verdades absolutas. De pronto la vocecita optimista no era tan optimista.

Pese a que Dominga le dejó bien claro a Augusto que lo amaba, el joven no pudo evitar sentir trastocada su alma a un nivel que jamás podría redimir. La vocecita optimista había ganado.
Desde aquel día Augusto Morales perdió gran parte del cariño y de la confianza que sentía por Dominga y por el resto de los demás.

Pese a esto la relación progresó favorablemente para ambos. Sinceramente pasaron los mejores años de su vida en aquella escuela.

 

II

Para sobrellevar la devastadora rutina del día a día, la pareja generó una infinidad de costumbres o rutinas, como le gustaba llamarlas Augusto. La favorita de Dominga era pasear en bicicleta por las plazas de la ciudad. A ella le encantaba mirar a las demás parejas y tratar de dilucidar cuánto se amaban.   Augusto, por su parte, no podía pensar en nada más pues quedaba absorto en la belleza de aquel ángel sobre dos ruedas que era Dominga.

Otra de las costumbres, y la favorita del joven, era cenar en el restaurante que servía el mejor gazpacho de la ciudad todos los viernes. La primera vez que llegaron al restaurante Augusto ordenó gazpacho sólo porque el mesero se lo recomendó. <<Le sugiero el gazpacho señor. Es nuestra especialidad y en ningún otro lugar lo preparan mejor.>> Dijo el mesero con una seguridad lo que asombró. 

La primera cucharada de gazpacho que probó la encontró insípida, y la fría temperatura del plato no ayudaba mucho. De todas formas Augusto siguió comiendo, no pensaba desperdiciar la comida, ni siquiera aquella sopa desabrida que tenía enfrente. Pero sucedió algo extraño con cada bocado que  daba, Augusto se sentía mejor, tranquilo. Sin las pequeñas vocecitas optimistas que lo atormentaban.  Augusto sintió que el gazpacho lograba hacer lo que nunca pudo: callar las voces en su cabeza. Por lo que el joven esperaba con ansias todos los viernes disfrutar de aquel platillo andaluz. Era casi una necesidad patológica.

Ya adultos, arrendaron una casa en las cercanía de la ciudad. Augusto y Dominga compartían el mismo techo sin haber contraído matrimonio pues la espina de la desconfianza seguía firmemente clavada en el corazón del joven. Pero una noche, acostado junto a Dominga, quien dormía rendida a sus sueños y pesadillas, Augusto Morales, elaboró una breve pero profunda declaración de amor. Sin saber el  porqué, el joven  quería comprometerse.

 

III

El reloj de la cocina indicaba las nueve con diez minutos, otro viernes se terminaba y Augusto Morales se alistaba para cumplir con aquel sagrado ritual, pero esa noche era más importante que las otras, ya que, finalmente, el joven se había decidido a dar el importante paso de dejar el concubinato y abrazar la vida matrimonial.

Se dio una larga ducha, se perfumó como jamás lo había hecho y frente al espejo de cuerpo entero se observó mientras repasaba el discurso con el que le pediría matrimonio a Dominga.

De repente, dos breves tonos retumbaron en la habitación contigua al baño, él supo de inmediato quién le había enviado el mensaje. La vocecita optimista susurró...

Por el nerviosismo que sentía la búsqueda del aparato se transformó en toda una travesía. Buscó entre las sábanas de la cama, bajo ésta, en cada uno de los cajones de la mesa del televisor, en el cesto de la ropa sucia. Al final lo encontró donde siempre estuvo: En el bolsillo interior de su chaqueta.

En la pantalla del aparato brillaba en letras blancas la frase: <<1 Mensaje Nuevo.>> Éste decía: <<Llegaré tarde. Mucho trabajo. Te quiero besos. D>>

Miró por la ventana que estaba frente a él y vio al lucero vespertino que resplandecía en el horizonte. Solitario como él, pensó.

De manera automática redactó un mensaje indicándole que estaría esperándola en la mesa tres, la misma de siempre. Volvió al baño y trató de recordar algunas palabras de su declaración, como si nada hubiera sucedido, como si ese maldito mensaje nunca hubiese llegado.

En su habitación, se dejó caer sobre la cama matrimonial y soltó una desabrida risa, luego encendió la televisión, hizo zapping por algunos minutos y la apagó .

Pensó que algo no estaba bien. Una extraña sensación recorrió su cuerpo y se anidó en la base de la espalda, causándole un escalofrío. Miró por la ventana y el lucero vespertino aún se encontraba solo. Tomó esto como un mal augurio y aventó el control remoto de la televisión contra la muralla; este estalló en centenares de piezas coloridas.

Se presionó fuertemente los ojos, como si tratara de sacárselos por la nuca y miró hacia el techo como si exigiera una explicación o alguna expiación.

Revolcándose en la cama buscó la posición más cómoda para dormir un rato. Cerró los ojos y pensó en  el sabor del gazpacho. Se sintió mejor.

El reloj de la cocina marcaba las nueve con veinticinco minutos y durante la noche no volvió a marcar ninguna otra hora más.

Augusto cayó en un estado de sopor tranquilizante del que no quería salir, los párpados aumentaron de peso y se le hizo imposible mantener los ojos abiertos, sentía que que ya no respiraba, que no pesaba nada y que comenzaba a elevarse de la cama.

Súbitamente abrió los ojos y de un brinco se levantó. Miró el reloj de la cocina, éste indicaba las diez con quince minutos.

Augusto corrió hacia su automóvil y se dirigió al restaurante.

 

IV

El lugar no era precisamente un restaurante de cinco estrellas pero estaba decorado para aparentar, a lo más, tres. Con un leve aire de soberbia y aún cansado por la maratónica  carrera hacia el local, Augusto Morales inspeccionó el lugar. No pudo encontrar a Dominga por ningún lado por lo que avanzó un par de pasos hacia el centro y, alzándose sobre la punta de sus pies, volvió a dar una vistazo. Nada.

Pese al pequeño espectáculo que Augusto había armado, ninguno de los sujetos que allí comían le prestaron atención, seguían engullendo su alimento como bestias.

De repente un pequeño y viejo señor, vestido con un espantoso traje de color marrón claro, le preguntó:

- ¿Busca a alguien señor?

Augusto miró hacia abajo y dijo:

-Claro. Soy Augusto Morales y busco a Dominga Silva. Tenemos reservada una mesa para hoy... la tres...A las nueve, creo que ya es tarde...

Pese a los esfuerzos de Augusto por disimular su nerviosismo, el mesero pudo percatarse de que algo no andaba bien con el joven.

-Está bien señor, cálmese. Si fuera tan amable de acompañarme hacia la entrada para revisar su reserva, todo estará en orden. Incluso, si lo desea, le ayudaré a encontrar a su amada.

Augusto quedó atónito frente a la respuesta del camarero, no sólo por la seguridad y soltura con la que el anciano se expresó, sino porque también tuvo la extraña sensación de haberlo visto antes, es más, hasta creía que lo conocía. Caviló la idea durante el trayecto hacia el mesón de entrada.

Con una velocidad no propia de su edad, el viejo mesero sacó un mohoso mamotreto que estaba a punto de desintegrarse. Era el dichoso libro de reservas.

Augusto pudo notar que una gran cantidad de nombres estaban escritos en las amarillentas páginas del barroco libro. El anciano volteaba con cuidado cada una de las páginas, se detuvo y dijo:

-Disculpe señor pero, ¿cuál es su apellido?
-Morales

Mientras el anciano seguía escudriñando las páginas del libro, Augusto tuvo un pensamiento que lo heló hasta la médula. Una pregunta explotó en su cerebro como media tonelada de pólvora. ¿Cómo era posible que el mesero supiera que Dominga Silva era su amada? En su mente no habían dudas, había escuchado claramente al mesero cuando dijo <<le ayudaré a encontrar a su amada.>>, antes de dirigirse al mesón de entrada.

La inseguridad lo ahogó en un mar de preguntas sin respuestas. Abrió la boca pero antes de poder decir algo el mesero lo atajo diciendo:

-Lo siento señor Morales, pero su nombre no está en la lista.

Si antes Augusto se encontraba nadando en un mar de preguntas, ahora este mar se había congelado de golpe, aprisionando su cuerpo en una celda asfixiante. No supo por qué, pero tuvo unas ganas enormes de golpear al vejestorio que se encontraba frente a él. Se contuvo y pudo derretir una pequeña porción de la celda que lo aprisionaba, la suficiente para decir:

-Es muy extraño...Siempre Dominga y yo hemos venido a este lugar los viernes y siempre ordenamos lo mismo- dentro de él estas palabras sonaron horribles, como si las hubiera dicho un niño que es inculpado de una travesura que nunca hizo.

-Señor usted no puede estar más equivocado. Permítame decirle que hoy es jueves y, además, en este lugar no servimos gazpacho- le respondió el mesero con un tono firme, directo y carente de emociones.

La celda se volvió helada de golpe, petrificando los huesos de Augusto. Sintió que la cabeza le iba a explotar. Podía creer que, tal vez, hoy no fuera viernes pero, de ninguna forma, podía creer que en ese lugar, su restaurante favorito, donde podía exorcizar sus demonios comiendo aquella sopa fría, no sirvieran gazpacho. La cabeza de Augusto finalmente explotó.

-¡¿Pero cómo?!- espetó- ¡Reconozco este lugar, reconozco las mesas, a las personas e incluso a ti! 

Diciendo esto se volteó, dándole la espalda al mesero, y mientras apuntaba a una de las pequeñas mesas gritó con vehemencia:

-¡Es allí donde siempre nos sentamos!¡Mesa tres, mesa tres, mesa tres!

Respiró profundamente y al enfrentar nuevamente al mesero, el rostro de Augusto Morales se quebró en un desfigurado gesto de sorpresa y horror. Frente a él ya no se encontraba el viejo mesero, había sido suplantado por un joven con las mismas ropas.

Todo es una broma, pensó.

Los ojos del joven brillaban como dos carbones en la obscuridad, rojos como la ira que profesaban. Con un movimiento rápido Augusto dio un paso hacia atrás, le temblaban las rodillas y tuvo un par de arcadas; el sabor del gazpacho quedó en su boca como un bálsamo insoluble. Frente a él, el muchacho de los ojos sulfurosos lo seguía observando impávido y con una inocencia diabólica.

-¿Le pasa algo señor?- preguntó el mesero. Sus palabras, embadurnadas en sarcasmo y desprecio, sacaron a Augusto de su letargo. Dio un vistazo a su alrededor; nada había cambiado. Suspiró de impotencia e inspeccionó con  más profundidad los ojos del joven, sin dudad no eran humanos.  Y luego examinó su cara. 

Los labios del joven se extendieron hacia los lados para luego subir ligeramente, en su rostro se dibujo algo parecido a una sonrisa.

Es así como deben sonreír los demonios, pensó. 

Entonces, aún con el sabor del gazpacho en la boca, Augusto supo lo que estaba sucediendo. Estaba soñando, estaba teniendo una pesadilla. Lo más probable es que aún estuviera en su cama viendo la pared o la televisión. Pensó en el discurso y en las palabras que Dominga le había dicho aquel día de la gran discusión: <<Tonto, sabes que te amo. No escuches a los demás porque no saben lo que yo pienso de ti>>. Augusto no pudo evitar pedir perdón. El mesero con la mirada fija en el pecho de Augusto dijo:

- De nada servirá pedir disculpas, a estas alturas la suerte ya está echada.

Augusto pensó en golpear al demonio pero de inmediato supo que de nada serviría.
De pronto sintió una  extraña sensación en el pecho, donde el joven miraba impávido, una bomba había estallado en su pecho. La explosión bajo hasta sus rodillas y cayó al suelo aturdido.

-No, por favor- dijo.

 Cerró los ojos y, en la  perfecta obscuridad que sus párpados crearon, vio brillar los ojos del joven mesero.

Epílogo:

Dominga Silva llegó a su  casa ese día viernes a las nueve con veinte minutos, diez minutos antes había enviado un mensaje a Augusto Morales informándole que llegaría tarde por culpa del trabajo, pero todo era una broma, pues el verdadero cometido de Dominga era sorprender a Augusto.

La joven entró silenciosamente a las casa y se dirigió hacia la habitación donde Augusto debería estar. Efectivamente allí lo encontró, tendido en la cama pero sin pulso y con un líquido rojizo en los labios.

La autopsia determinó que el extraño líquido no era más que gazpacho.    

 

 

 

 

 

© José María Naranjo.

A

La vie secrète des femmes
por María Aixa Sanz

Los trasgos viven dentro del hueco de los árboles. Salen de ellos con el objetivo firme de observar como va el mundo. Contemplan cada día: las mañanas y las tardes, el ocaso del sol y la salida sorprendente de la luna. Por las noches se meten en las camas de las hembras de los hombres, allí encuentran desde mujeres apasionadas y viajadas hasta doncellas puras que se ruborizan. Los trasgos les susurran palabras al oído, los trasgos recorren sus cuerpos, y a veces el hombre que acompaña su lecho las oye lanzar un gemido de placer mientras duermen. Al día siguiente ellas recuerdan de manera febril como poseídas por una extraña locura que no entienden, los placeres de la noche anterior, pues los trasgos son traviesos y conocen todas las artimañas para darles placer a las mujeres, ya que reúnen la sabiduría de todos los hombres del mundo, la magia de los árboles, los anhelos de las hembras y la sensibilidad de sus pieles.

Algunas recuerdan la noche anterior con todos sus matices en un idioma distinto como el francés, otras se sienten estremecer por la noche pasada al golpearlas el aire fresco de la mañana, a algunas la lluvia del amanecer les provoca lágrimas sin un porqué y al rato sienten unas inmensas ganas de bailar y a otras ver aparecer la luna les hace aflorar la risa de manera casual sin comprender.
Los trasgos recorren sus cuerpos en mitad de la noche y les susurran al oído el nombre del amado amante que tendrán en el exilio, les descubren el más oculto de sus secretos, imitan la voz de su caballero, les muestran los ojos del hombre que será su perdición y su debilidad, descubren para unas los paraísos no conocidos, recuperan para otras los paraísos vividos y olvidados. Los trasgos son los únicos que conocen la naturaleza de las mujeres, de que material está hecha su sensualidad, cual es la palabra secreta para despertar su erotismo y su voluptuosidad. Los trasgos recorren el cuerpo de las mujeres en noches de luna llena y éstas andan por la vida mirando a los ojos de los hombres que encuentran más bellos, intentando adivinar si detrás de esos ojos, si debajo de la piel de esos hombres se esconde un trasgo. Todo por pudor. Todo por sentir vergüenza y no quererles preguntar directamente, con franqueza, con sinceridad: ¿Eres tú un trasgo?


© MARIA AIXA SANZ

Trasgo: m. Duende, espíritu enredado

 

 

 

 

© María Aixa Sanz. (España, 1973) Escritora valenciana. Tiene publicadas las novelas “El pasado es un regalo” (2000), “La escena” (2001), “Antes del último suspiro” (2006) y “Fragmentos de Carlota G.” (2008). En mayo del 2008 publica el ensayo “El peligro de releer”, recopilatorio de los artículos literarios, con los que colabora en diversas revistas de España y Latinoamérica. Ganadora de varios premios de narrativa breve, relato y cuento en distintos idiomas. http://mariaaixasanz.blogspot.com/

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