|
EL LABERINTO A R I A D N A - R C . c om c r e a c i ó n l i t e r a r i a
[número cuarenta y siete edición PRIMAVERA 2010] J U N I O
|
La muerte tiene los días contados
La muerte pidió que la cremaran TRES KILOS PESÓ LA MUERTE
Cuando nació la muertenadie quiso tomarla en brazos No durará muchodijo la madre al salir del parto Pero la muerte traía en los ojos Se equivocaron los médicos Ahora es un bebé robusto
LA MUERTE EN EL CALVARIO Evangelios apócrifos* Acuérdate de mí cuando estés en tu reino
*Escritos surgidos en los primeros siglos del cristianismo en torno a la figura de Jesús de Nazaret y que no fueron aceptados por la ortodoxia católica por no anunciar la buena nueva. Llamados también evangelios falsos o extra canónicos.
LA MUERTE LLORÓ A LOS PIES DE JESÚS Evangelios apócrifos 2 Como era de suponer
EL DÍA D Evangelios apócrifos 6 1 Dios andaba en bicicleta
2 Llegaron a la morgue
3 Murió de un lanzazo en el costado
4 Y quién resucitó, entonces
LA MUERTE ROBÓ LOS ZAPATOS DE DIOS
La muerte robó los zapatos de Dios
LA MUERTE SOÑÓ CON CHUANG TSE*
La muerte soñó con Chuang Tse Chuang Tse soñó con la muerte Ambos soñaron con la misma mariposa *Chuang Tzu soñó que era una mariposa. Al despertar ignoraba si era Chuang Tzu que había soñado que era una mariposa o si era una mariposa y estaba soñando que era Chuang Tzu (Chuang Tse).
LA MUERTE HABLÓ CON BENEDETTI 17 de mayo de 2009 La muerte habló con Benedetti
LA MUERTE QUISO SER RIMBAUD La muerte quiso ser Rimbaud ACLARACIONES POST-MORTEMNunca pensé que moriría
|
© Mario Meléndez (Linares, Chile, 1971). Estudió Periodismo y Comunicación Social. Entre sus libros figuran: “Autocultura y juicio” (con prólogo del Premio Nacional de Literatura, Roque Esteban Scarpa), “Poesía desdoblada”, “Apuntes para una leyenda”, “Vuelo subterráneo”, “El circo de papel” y “La muerte tiene los días contados”. En 1993 obtiene el Premio Municipal de Literatura en el Bicentenario de Linares. Sus poemas aparecen en diversas revistas de literatura hispanoamericana y en antologías nacionales y extranjeras. Ha sido invitado a numerosos encuentros literarios entre los que destacan el Primer y Segundo Encuentro de Escritores Latinoamericanos, organizado por la Sociedad de Escritores de Chile (Sech), Santiago, 2001 y 2002, y el Primer Encuentro Internacional de Amnistía y Solidaridad con el Pueblo, Roma, Italia, 2003, donde es nombrado miembro de honor de la Academia de la Cultura Europea. A comienzos del 2005, es publicado en las prestigiosas revistas “Other Voices Poetry” y “Literati Magazine”. Durante el mismo año obtiene el premio "Harvest International" al mejor poema en español otorgado por la University of California Polytechnic, en Estados Unidos. Parte de su obra se encuentra traducida al italiano, inglés, francés, portugués, holandés, alemán, rumano, búlgaro, persa y catalán. Actualmente vive en Ciudad de México, donde realiza talleres literarios y diversos proyectos culturales |
El miedo de los supervivientes / Extraños Conocidos /Bossa Nova por Ángel Cabeza El miedo de los supervivientes Dicen que la muerte es terrible:
Extraños conocidos Tras cuarenta años
Bossa Nova Nada es tan lindo cuánto el dolor ajeno.
|
© Angel Cabeza es poeta y cronista, autor de los libros A Beleza do Feio, Vidro de Guardados, crónicas y poemas.
Estudió Letras y nació en Brasil, Río de Enero, en 31 de Enero de 1980.
Publica artículos, poemas, entrevistas y crónicas en webs, revistas electrónicas, periódicos, y en su blog personal, ww.angelcabezza.blogspot.com. |
Selección de poemas
Un amor Un amor más poderoso que la muerte, No tocar siquiera el ala de sus sueños: Sagrado como la muerte tu patrimonio. Hija de tanta inclemencia, cómo pudiste, Un amor más poderoso que la muerte,
Cerradura Abrir la cerradura Detrás, detrás de los años, En el misterio de los calendarios Al anhelo interrumpido (A la luz criminal de la ira Una llama azul y roja se eleva con furia.
Oficio terrible Toda la noche busqué las palabras Pero emerjo esta mañana de un océano obscuro, Ay, es oficio terrible mi discipulado, Sé que es amor, sé que es amor la corona de espinas, Pero emerjo esta mañana vacío, Y sin embargo me busco,
Avatares Son muchos los seres que llevo conmigo Oh Señor, mi unidad se extravía ¡Qué terrible llevar sobre mí tantas vidas Y en su recinto secreto, en la noche, Seres míos que llevo irrevocablemente,
Indefinible Algo quiere definirse en mi interior, Apenas reconozco su color perdido, Del subconsciente a la fría cociencia Si un niño grita de espanto Si llueve en la gran ciudad, (Entonces un sueño atroz lo arrebató del mundo, He aquí los testimonios Pero dime quién fue, quién ha sido, (Entonces un sueño atroz lo arrebató del mundo, Alguien en mí se va y regresa, Del subconsciente a la fría conciencia
Áspera sed Dame fuerzas, Señor, Del cruel exilio en que yazgo Áspera sed delirante, Dejadme en el sueño inmortal de las piedras Pero aquí, Señor, tiempo y conciencia,
Rastro de tinta Creo que el tiempo sostiene mi vida Siento caer la lluvia ancestral, En verdad, si juntara mis días enmohecidos, Y aún lo que amé Creo que apenas un rastro de tinta
|
© Ulises Varsovia |
Decepción
Este silencio que flota entre nosotros No hay rencor entre nosotros Después de tanta quietud, ¿qué clase de ruido? Estuve una vez a tu lado Vacíos mis labios ahora y mi lengua, adormecida. Despertaremos un día |
© Vanessa Navarro |
Dominó
No sé si puedo Es más, Puede ser que me meta donde no me llaman, Amigo mío, No pretendo ruborizarte, Hermano, Es cierto, Es por ello Este juego no es trivial, Sin embargo, No dudo,
Ella no lo sabe, Ella no lo sabe, ¿La quieres? Por favor, un dominó...
|
© David Fernández Rivera. Vigo, España (1986), poeta, ensayista, actor, director y dramaturgo. Inicia su carrera con una gran precocidad al mostrar y escribir algunos de sus primeros espectáculos con apenas quince años de edad. Estos primeros montajes fueron recogidos en poemarios como “Caminando entre brumas” (“Premio “TH” al mejor poemario del año”) o “El Silencio de las Hadas”. En esta primera etapa, Rivera reflexiona sobre todo sobre el código comunicativo de la lírica contemporánea, intentando retomar la figura del trovador como modo de manifestación por excelencia de su trabajo, no en vano, en más de una ocasión llegó a definirse como un cantautor que ha decidido elegir el recitado como modo de expresión básica. Posteriormente editaría poemarios como “Canciones de mi ausencia”, “Sentimiento y luz”, “Corceles”, “Entre la sombra y el grito” o “Alambradas”, de próxima publicación. En ellos se muestra con total clarividencia el paso de una reflexión sobre el código poético a una profundización principal en aspectos propios del conocimiento, el lenguaje y demás temas sociales. Escribe junto al poeta valenciano Ángel Padilla el “Manifiesto del retorno y la liberación”. Como actor debutaría profesionalmente de manos de Roberto Cordovani a finales del 2007, coprotagonizando “Isadora Duncan”. Posteriormente trabajaría nuevamente con “Arte Livre”, como actor de reparto en “Evita, Eva Perón”. Ya en el 2008 se haría cargo de la dirección de “Lidia/Cuando el toro es una mujer”, coprotagonizando el espectáculo con Patricia Clark sobre un texto de Ángel Padilla. Es por entonces cuando funda su propia compañía, y se presentaría como autor, director y actor del espectáculo “Alambradas”, no sin antes haber dirigido y actuado en versiones anteriores de “La Guadaña entre las flores”, todas ellas dentro de la creación independiente. Ya en 2009 coprotagonizaría una nueva versión de “Isadora Duncan” junto a Roberto Cordovani. Asimismo podríamos reseñar su trabajos en radio como colaborador y director en programas de “Radio Ecca”, Radio Voz”, “Cadena 100” (“Emisión cultural “Ecca”) e “Interpop”, o su trabajo como colaborador en revistas nacionales e internacionales, trabajando también como iluminador y dramaturgo para diferentes productoras españolas. |
Hay que tener cuidado
Hay que tener cuidado Que ese día no te rocen No bebas Ni se te ocurra O almorzar pesadillas. Es terrible el domingo, Parece que Dios Nunca tropieces con esa jornada feroz, Jamás le des la espalda Te matan sin pudor. Son días despiadados. Nunca tropieces con un domingo Yo sé lo que te digo.
|
© Sergio Manganelli nació en Haedo, Provincia de Buenos Aires, Argentina,el 28 de febrero de 1967. Reside actualmente en San Antonio de Padua, al oeste del conurbano bonaerense. Sus poemas y artículos han sido publicados en una importante cantidad de diarios argentinos, de México, Colombia y España. Asimismo en revistas culturales y literarias de Argentina, Brasil, España, México, Estados Unidos, Puerto Rico, Francia, Colombia, Venezuela, Chile, Cuba, Nicaragua, etc... Obtuvo entre 1991 y 1999 una treintena de premios y menciones en su país. Se encuentra trabajando en la edición de “Sangre de Toro” -poemas y banderillas-, que se editará inicialmente en Buenos Aires y posteriormente en España. |
Tenía los dedos vacíos…
Tenía los dedos vacíos de tanto buscar, Recuerdo la línea delgada de tu cuello, Parecías de mentira, Te recuerdo como si fuera ayer, sentada en la cocina Si tan solo estuviera un poco cerca Ya inventare el pretexto.
|
© Pável Juárez. Revista Casa del tiempo, año 23, época IV, Universidad Autónoma Metropolitana, México. Revista Solar, año 4, numero 16, Gobierno del Estado de Chihuahua, México. Revista Molino de Letras, numero 56, año 10. Universidad de Texcoco, México. Revista literaria de construcción libre G.O.R.K.I., numero 5, México. I Premio Sepe Tiarajú de poesía ibero-americana, Ocas das Letras, Brasil (mención honorífica). Integrante del Catalogo de Artistas y Creadores de Chihuahua.. Integrante Sociedad Hispanoamericana de Escritores y Artistas Plásticos. |
Pronóstico/Cuarto de aseo
Pronóstico Cuarto de aseo
|
© C. A. Campos. Rep. Dominicana |
Confesarás tus pecados Pero estaba realmente harto. Hastiado. Ya no toleraba sus celos infundados, sus persecuciones dialécticas. Sus falaces acusaciones plagadas de malicia. Que revisara en cada madrugada mi agenda, mi teléfono, mis bolsillos, mis recuerdos, hasta mis sueños por soñar. Siempre tratando de capturarme “in fraganti”. Exploté como un volcán incontenible y colocando mi rostro muy cerca del suyo, se lo confesé gritando. Gritando a rienda suelta. Gritando desde lo profundo del alma. Mi esposa irrumpió en llanto, en convulsiones, en reproches entrecortados. Su histriónica histeria se desplegó en chillidos, chirridos, gemidos, pataleos. Se babeaba furiosa cual hiena desorientada, mientras balbuceaba frases como: “Mi madre siempre me previno… que eras un degenerado… un desgraciado infiel… un pervertido”. Me serví un trago, respiré profundo y me senté en el sillón. Sinceramente gozaba contemplando su desquicio. Su andar de fantasma errática. Frenética. Despeinada. Gocé de mi vodka doble, tridestilado, con zumo de naranja y observé el ir y venir por la sala de sus pasos incoherentes, inconexos. Poco a poco fue recobrando la calma, y se dirigió hacia nuestro cuarto; preparó sus maletas y se marcho en silencio, regalándome un estruendoso portazo, que tronó de maravillas. Se llevo nuestro auto. Suspiré aún más profundo, feliz, relajado. Me serví otro trago. Resultaba un enorme alivio haber confesado mi pecado, aquella culpa que me corroía en silencio. Y aquél fue el momento apropiado. La síntesis del éxtasis en el preciso génesis. Era imposible continuar callando. Ya no podía seguir ocultando, que allá, por el sexto grado, portando mis once años, me enamoré de mi maestra. Imposible continuar callando. Aún la recuerdo, era magníficamente bella.
|
© Gustavo Marcelo GALLIANO (<ggalliano2010@yahoo.com.ar>)Premiado escritor, poeta, docente universitario (Rosario, Argentina). Corresponsal Especial de Cañ@santa (Canadá) y Columnista Literario del portal RMC (USA). Integra numerosas antologías y revistas. En 2009 presentó su primer libro: La Cita.- |
C3
Era su segundo curso en el Centro Atómico cuando el mismísimo director, el profesor Amancio Suárez, solicitó a Marcelo ‘Gordo’ Scarlatti su colaboración para que el cine club de los sábados siguiera funcionando “en beneficio de los estudiantes y del personal del centro”. Palabras que el Gordo repetiría y repetiría hasta el aburrimiento y que asimismo corearían sus compañeros, claro que con tono bien distinto. El anuncio le fue hecho en el demodé despacho del director, cuyos ventanales enfrentaban los Andes, una mañana de marzo. —Mire Scarlatti—comenzó Suárez—como usted sabe Rogelio Salvatierra, al que ustedes llamaban Colón, se graduó el curso pasado y en consecuencia la posición de coordinador del cine club de los sábados, que él manejó durante los últimos dos años de manera excepcional, ha quedado vacante. El profesor Viñas me ha dicho que usted es un conocedor del tema y … Después de la “y” el Gordo dejó de escuchar y, con los ojos fijos en la Cordillera y un poco más acá en el campo de margaritas enmarcado por la ventana, se deslizó por una especie de ensoñación o de atontamiento que le llevó a imaginarse las caras de Menéndez, de Soler, del ‘Negro’ Peláez, en fin de todos sus compañeros, caras de envidia, de pura envidia, tal vez de asombro, no, de envidia mejor, por ser él el elegido. Coordinador del cine club, su sueño de todo el año anterior. La espera no había sido en balde, aunque en el duermevela de muchas noches no siempre había estado seguro de poder conseguir el puesto. Pero dudas aparte, ahora podría poner en marcha sus apócrifos planes: proyectar películas italianas neorrealistas, sus preferidas. La primera ya hacía tiempo que la había elegido cuando la clase de Rawinovich se volvía plomiza, Bellissima con Anna Magnani, por supuesto en versión original. Pero muchas otras estaban en su imaginaria lista, imaginaria hasta el día de hoy pues el director seguía moviendo la boca y el Gordo repasando los títulos: La strada, Roma ora 11, Ladri di biciclette, pero también Summer of ‘42, una de sus películas americanas predilectas, la cual había visto 4 veces, sin olvidar Viskningar och rop del genial Bergman. El Gordo pensaba poner una cinta de Fassbinder una semana y en la próxima alguna de Torre Nilsen, por ejemplo, y así condensar lo nacional con lo foráneo. De esta manera pensaba vengarse el aburridísimo año de westerns que tuvo que soportar, ya que para ‘Colón’ las películas del oeste—incluyendo los spaghetti westerns de Leone—eran las únicas que parecían haber sido rodadas. Mientras pensaba todo esto, trataba de disimular su íntimo regocijo por el destierro definitivo de las películas de vaqueros: los tiros, las cantinas, los buenos y los malos, las siluetas indias en los cerros, el barro, los caballos y los calzoncillos largos. The end. Finito. Veía un futuro glorioso para el Centro Atómico a través del cine club, probablemente la física pasaría a un segundo plano o a un discreto telón de fondo, toda vez que las expectativas del centro fueran otras: el cine y por extensión la cultura, no sólo la argentina sino la universal. Cuando el Gordo Scarlatti llegó al final de su particular película, Suárez se explayaba sobre las películas del oeste: —…ya sabe que a los estudiantes les gustan las películas de esparcimiento, tipo western o comedia americana, por lo que espero que usted siga en la misma línea que Salvatierra. Los comentarios sobre sus selecciones para el cine club siempre fueron óptimos y nada más recordar la masiva asistencia a las proyecciones el año pasado da muestra de ello. Además…, tengo que reconocer que soy un espectador complacido de los westerns americanos, me entretienen mucho, ¿a usted no, Scarlatti? Al decir esto, el Gordo empezó a sudar al tiempo que intentaba encontrar alguna película del oeste que fuera lo suficientemente buena para que él pudiera programarla para satisfacción del director aunque sin menoscabo de su fama de entendido cinéfilo. Por fin, un título le vino a la cabeza, A Man Called Horse, y esta vez sí, mirando fijamente a los ojos de Suárez, preguntó: —¿Qué le parece Un hombre llamado Caballo con Richard Harris? ¿La ha visto? Es la historia de una aristócrata inglés que es capturado por una tribu sioux… A la hora de la cena el Gordo anunció su flamante nombramiento, C3 o Coordinador del Cine Club, a sus boquiabiertos compañeros mientras devoraba un rebosante plato de arroz con arbejas y dos milanesas con ensalada. Su nueva responsabilidad le había abierto el apetito más de lo acostumbrado. —Che Gordo, boludo nomás, C3, pero qué calladito te lo tenías. ¿Vas a abandonar la física por el séptimo arte? Esa noche el Gordo durmió mal, no era época de exámenes, no había sido rechazado una vez más por Emilia Schubart en sus intentos para invitarla a bailar, esquiar, comer, pasear o, en último recurso, estudiar…, no, su ansiedad provenía de su nuevo cargo: C3. Marcelo era consciente de que tenía que sorprender a sus colegas en la primera función, debía elegir una película que dejara huella en el Centro, que fuera recordado por ella, no podía dejar que las chanzas de sus amigos fueran in crescendo si erraba con la película programada. En pocas palabras, el Gordo estaba abrumado por la responsabilidad. En el letargo de la indecisión y la duda, con decenas de títulos pasando por su memoria, al Gordo se le mezclaba la imagen de Suárez con la de James Stewart en The Man Who Shot Liberty Valance. Él mismo era el bondadoso Doniphon, haciendo gala de esa discreta puntería que hizo caer a Valance pero que no le dio ningún reconocimiento delante del pueblo ni le sirvió para que su adorada Hallie accediera a casarse con él. Cuando el Gordo despertó no estaba en Shinbone, AZ, sino en Bariloche, AR, y ya más calmado empezó a pensar por qué traducirían el título de esa película como Un tiro en la noche si una versión literal del mismo hubiera sido más acertada. La cama chirrió un poco cuando el Gordo se dio la vuelta hacia la ventana, ¿por qué doblarían las películas? ¿proyectaría él solamente versiones originales o caería en el populismo de programar versiones comerciales dobladas en Puerto Rico? Ya podía escuchar a sus compañeros hablándole con el acento de los americanos doblados en la isla. Otro crujido de la cama cuando el Gordo se volvió hacia el armario, no, definitivamente únicamente versiones originales. Por la mañana, tras la noche de acción, el Gordo consultó un calendario. Según Suárez, el cine club debía inaugurarse el sábado 3 de abril: tenía por lo tanto 20 días, pero había que encargar la película a Bs. As, 15 días, era necesario hacer pruebas del equipo, 13 días, debía imprimir anuncios del estreno, 11 días, y principalmente tenía que elegir un título, una semana, una semana para descartar una por una todas las películas que se le confundían en el pensamiento y elegir una, la mejor. Durante esa semana de su ascenso al estrellato, Marcelo continuó con una rutina más o menos normal: fue a las clases, estudió en la biblioteca, aguantó las bromas de sus amigos, escuchó propuestas de títulos de estudiantes que nunca anteriormente le habían dirigido la palabra, recibió notas con sugerencias por debajo de la puerta de su dormitorio, se masturbó en el baño con regularidad pensando en Emilia y en su cambio de táctica hacia ella, ya que ahora, siendo él C3, ella sería la que tendría que acercarse y chuparle las medias. Pero principalmente el Gordo calló. Nadie pudo sacarle el título de la película que inauguraría el Cine Club aunque durante las cenas todos intentaron sonsacarle. Menéndez observó que el Gordo había ido al pueblo varias veces y que había vuelto con paquetes… dejando en el aire espacio para a la confidencia. Marcelo pareció no escucharle y masticó más de lo habitual el bocado de pastel de carne. El Negro preguntó directamente: Che ¿para qué querés un piano en la sala? El Gordo puso la misma cara de chanta que tenía en el carnet del Centro y la mantuvo a lo largo de un interminable minuto. Durante las cenas, Ana Urrietazabala sistemáticamente lanzaba títulos para ver si el Gordo pestañeaba con alguno de ellos y de tal manera poder lanzar una hipótesis. Nada. El Gordo permanecía mudo y morfaba, quizás sí, un poco más de lo normal para hacer frente a tan inusual acoso cinéfilo, pero acostumbrado desde hacía años a los interrogatorios de carácter marcadamente sexual sobre el desarrollo de su relación con Emilia. Finalmente, el sábado 27 de marzo apareció la primera noticia de la película en el tablón de anuncios en la puerta del comedor. Todos los estudiantes que bajaron a desayunar en el turno de las 8 y 30 pudieron verlo:
Ese primer sábado de abril el Gordo estuvo desaparecido. Siendo él muy detallista, había preparado una puesta en escena que intensificaba el suspense de las dos últimas semanas a lo largo de todo el día 3. Le buscaron, pero nadie pudo encontrarle en el Centro y sus alrededores, a pesar de que el Negro y Bustamante se esforzaron a fondo. En realidad Marcelo pasó la jornada en una cafetería de la Avenida Mitre, repasando una y otra vez la partitura de los tangos “Recuerdo” y “Tango argentino” e inmerso en escuchar una y otra vez un cassette con las melodías wagnerianas de Tristán e Isolda. Finalmente a las 18 volvió al Centro Atómico. Entró en los dormitorios por la puerta de atrás, la del jardín, se duchó con agua templada, se afeitó con esmero, peinándose asimismo el pelo hacia atrás, se enfundó en el frac de las entregas de premios recién recogido de la tintorería, se colocó derecha la pajarita enfrente del espejo y finalmente se aplicó perfume en la nuca . Con esa impecable guisa a las 19 y 57 abrió la puerta del salón de actos del Centro y recorrió con gran parsimonia el pasillo central del mismo, repartiendo algunos saludos y acompañado en determinados momentos por los silbidos de los asistentes al cine club, que acostumbrados a ver al Gordo en vaqueros, les resultaba chocante la facha de dandy que había adoptado para la ocasión. —Distinguido público, profesores y colegas. Hoy iniciamos la tercera temporada del CCCA con un clásico del cine mudo, Le chien andalou también conocido como El perro andaluz (risas). He elegido esta película del joven Luis Buñuel ya que en ella muchos de ustedes se verán reflejados (risas) pues trata, aunque dentro de un estilo puramente surrealista, de la vida de los estudiantes en la española Residencia de Estudiantes (más risas y algunas abiertas carcajadas). El Gordo no podía comprender la procedencia de la hilaridad del público y las manos le comenzaron a sudar. “Debo resumir”—pensó. —La duración de la película es de 19 minutos —prosiguió—tras de los cuales disfrutaremos de suficiente tiempo para el debate (risas y murmullos), el intercambio de ideas y algunas selectas preguntas. La voz del Gordo empezó a temblar inapreciablemente. Sin embargo, sobreponiéndose a esta inesperada interrupción, con expresión inalterable, retornó a su presentación aunque, eso sí, con el nerviosismo metió las manos en los bolsillos, cosa que se había propuesto no hacer puesto que mientras se acicalaba había apreciado que el frac le quedaba un poco estrecho. —Durante este tiempo tendré ocasión de compartir con ustedes algunos detalles del rodaje de la película así como de los actores y del director. Sin más, Le chien andalou. La pronunciación del título fue perfecta y Marcelo sacó fuerzas de su conocimiento del francés para recobrar su aplomo y dirigirse al piano. Mientras abría la tapa y se frotaba las manos, la pantalla se tornaba negra y el Gordo comenzó a interpretar los primeros compases de “Tango argentino”. Inmediatamente después de la presentación de la película en la pantalla, el Gordo alzó la voz para leer con su mejor acento parisino las letras que aparecían en la pantalla. —«Il était une fois»—y a continuación—érase una vez—esta vez con un marcado acento mendocino. Y esta vez sí. Esta vez las risotadas se extendieron por toda la sala acompañadas de sonoros silbidos que impidieron escuchar la música de Tristán e Isolda que el Gordo había empezado a interpretar aporreando con fuerza el piano, en un intento de acallar la asonada. Algunos estudiantes se levantaron de las sillas y gritaron frases ininteligibles al tiempo que el Gordo contempló por encima de la partitura al Prof. Suárez en la segunda fila enjuagándose los ojos con un pañuelo mientras intercambiaba algunas frases con su vecina de asiento, Emilia. Pese a la algarabía el público volvió a tomar asiento y la proyección continuó con normalidad. La normalidad de las risas constantes, de los abucheos, de los silbidos, de las proyecciones de pequeños artefactos contra la pantalla, del coreo de ‘Gordo, Gordo’ como si se estuviera en una cancha de futbol, de los murmullos constantes como telón de fondo, de los comentarios procaces en voz alta de algunas escenas de la película, de los insultos directos al Gordo, del pataleo contra la tarima del salón, del lanzamiento de cáscara de pipas hacia las filas de delante, del encendido y apagado de mecheros durante la proyección … Una normalidad que continuaría de esta manera durante todo el período en que Marcelo Scarlatti fue C3 y que nunca antes se había manifestado en las proyecciones de westerns.
|
© Carmen de Urioste. Letras Femeninas, editor. Arizona State University. SILC-Spanish Program. Box 870202. Tempe, AZ 85287-0202 |
La fuerza de la vida
Con un gesto suave y delicado de la mano, con un semblante de mujer experta y predispuesta, Nuria palpa, tantea y masajea su vientre abombado para conectar y escuchar al niño que crece dentro de ella. Ella lo siente, lo escucha, percibe sus golpes como un juego constante de su hijo, una necesidad de comunicar con ella y mostrar que está ahí. Sí, ahí. Dentro de ella, nutriéndose de lo mismo que ella, compartiéndolo todo, absolutamente todo. Ella lo siente por dentro. Él es ella y ella es él. Unidos por la sangre, por la placenta, por mucho más que eso y también por un amor creciente e infinito. Ella lo escucha y, aunque no le ve, aunque se siente cansada, habla con él y trata de adivinar su estado de ánimo. Ahora quiere moverse, agitarse, girar en busca de una postura cómoda, apaciguarse, detenerse, dormirse y de repente arrancar con un redoblado esfuerzo, con una energía inesperada, como si estuviera en un jardín o un patio adonde se reúnen otros niños y en el que puede hacer todo lo que quiere. Cuando ella se sienta en ese sofá solitario del salón para descansar es cuando él se pone súbitamente en acción y se menea, aprovechando de la tranquilidad y la estabilidad de ese vientre inmóvil y protegido. Sin embargo, cuando ella se levanta, cuando ella es la que se mueve y se agita, él se amilana, se encoge, se duerme y disfruta del vaivén de su cadera, del balanceo de su vientre tan confortable. Sentada en la sombra de ese piso de la calle Providencia, en una zona levemente ventilada, ella habla en voz alta con él, le canta y tararea unas canciones reposantes y alegres, muchas veces la misma pero con leves variaciones, porque sabe que él la escucha y que ese sonido grave le calma. Sabe que esto es música, una música celestial o cavernosa, una música profunda y sentimental que les une más que cualquier cosa porque no se trata de reproducir una melodía sino de compartir las vibraciones, sentir la calidez y ese nexo universal que les une. Ella respira hondamente para sintonizar el ritmo de su corazón con el de su hijo. Ésa es otra música que les conecta y que les acerca por medio de ondas indescifrables, profundas emociones del universo, propios de ese mundo interior que ella cultiva, y se encandila al percibir ese halito de vida salido de la nada, nacido del fruto de un amor que ella prolonga en su mente, en sus sueños de mujer generosa y exquisita. Ella recuerda cómo fue concebido ese hijo ahora tan anhelado. Su gran esperanza. Su última ilusión. Allí, en ese lugar tranquilo, recuerda cómo, en esos momentos de pasión, el amor invadía cada uno de sus miembros, cada uno de sus poros y se extendía por todo el piso como un vago resplandor, un perfume indescriptible, y seguía cobijándoles e infundiéndoles unas ganas irreprimibles de conocerse y de quererse más y más. Ese niño que espera ahora, que crece con ella dentro de ese cuerpo hermoso y dadivoso, es el resultado de un amor inmenso, un amor ardoroso que la sobrecogió en la flor de su juventud y de su inocencia. Ella se pregunta cómo pudo ignorar su estado de embarazo hasta el tercer mes, cómo pudo ser tan desprevenida y despistada frente a ese regalo de Dios, a ese obsequio del cielo, pero luego se rinde a la evidencia de su duro destino. Ese destino cruel que la acecha, que la aturde reciamente, es la causa de su despiste. El suicidio de ese novio tan querido, ese atractivo hombre que la enamoró mientras conducía su bus número treinta y nueve con tanto orgullo por la calle Providencia, que la sedujo con sus guiños y sus comentarios de galán, fue el detonante de esa tremenda depresión que nubló sus sentidos y la sumergió en un mundo oscuro de desaliento y desesperanza. Fue ese suceso inesperado lo que la sacudió en pleno idilio amoroso, que la arrancó de sus sueños de mujer inexperimentada en el amor, para hacerle dudar de todo, de sus planes, de sus ganas de vivir, de su amor por ese novio encantador. Él, sin duda, la amaba, la quería con toda su alma, pero no supo afrontar sus problemas profesionales y antes de compartir su padecimiento con ella, ella que siempre estuvo pendiente de él, prefirió desistir y olvidarse del odio, del rencor, del malestar, de la desidia, de la frustración y también de los que le querían y se preocupaban por él. Se olvidó de todo y de ella sobretodo. Eso es lo que más le duele. En su orgullo de mujer apasionada y entregada, esa desaparición le sigue doliendo y le seguirá doliendo toda la vida. Por mucho que se esfuerce y que trate de aliviar el dolor, de relativizar y pensar en el amor de otras personas como su madre, el recuerdo de ese primer amor sigue intacto en ella, indeleble y vivo, radiante y ardiente, como si fuera el primer día de su relación, ese día que salieron juntos por las calles del barrio de Gracia y se besaron desenfrenadamente en la casa del muchacho. Sin duda, ella habría hecho todo lo posible para ayudarle, habría movilizado todas sus fuerzas de mujer ilusionada, si él le hubiese dicho algo o hecho una señal, algo más que esa sonrisa seductora o unas palabras agradables, pero él no quiso nunca pedir ayuda. No. Su orgullo era demasiado grande. Por eso, la imagen de su novio inanimado en la bañera, el padre del hijo que crece en su barriga, inerte y desangrándose lentamente por esas muñecas abiertas, le sigue punzando el corazón con la misma agudeza, la misma dureza que los primeros meses. El dolor es enorme, inimaginable, y en muchísimas ocasiones pensó que su vida había de parar también, de la misma forma que la de su novio, porque no podía aguantar la soledad de su piso, la soledad de su alma y de su corazón. El abandono había sido brutal e inesperado. Eso fue lo que pensó antes de darse cuenta de su embarazo, de que una nueva vida, una luz de esperanza, iba desarrollándose dentro de ella, poco a poco, con templanza y determinación. Entonces, comprendió que su novio no había muerto del todo, que su cuerpo fino y joven albergaba el fruto de ese amor pasional e incomprendido, y lo mantenía activo con esa persistencia y voluntad que caracteriza a la vida. Una parte de su novio estaba dentro de ella, fusionándose con sus células, mezclándose y nutriéndose de la fertilidad de su barriga, impregnándose, embebiéndose de sus vibraciones, de sus emociones y eso la chocó enormemente. La trastornó durante largos días, noches enteras de insomnio, hasta que el cambio fue notándose poco a poco, lentamente como el efecto pulidor de las olas sobre las rocas. Dentro de su cuerpo adolorido, dentro de su mente acongojada y deprimida, el consuelo y la confianza que infunden la vida fueron ganando posiciones, progresando e imponiéndose sobre los pensamientos destructivos y los tormentos que la habían acechado. La fuerza de la vida la invadió. La abrazó en plena turbación y con ella descubrió, pausadamente, las maravillas de su cuerpo y la mística naturaleza que la rodea. Ese mundo increíblemente complejo y cambiante que la observa, que la escucha y respira como ella. Su madre, siempre inquieta y pendiente de sus necesidades, preocupada por la forma en la que el novio desapareció de este mundo y temerosa de que esto influenciara de la misma forma a su hija, fue la primera en percibir el cambio. Evidentemente, no fue inmediato pero percibió una semblanza de serenidad en sus movimientos y en sus facciones, un rastro de luz y de esperanza en su mirada, un vago perfume de vida y un halo de seguridad alrededor de su silueta. El niño ya estaba creciendo dentro de ella y los cambios se efectuaban con el mismo misterio que cuando una hoja verde brota de una planta seca. El amor seguía floreciendo dentro de ella. Ahora, sola y sentada en el sofá de su piso de Gracia, Nuria ya no es la misma. No. Ya no es la amante apasionada que descubrió la vida a través de los ojos de su novio Rubén. Ahora es una mujer valiente y joven, decepcionada por una muerte inesperada pero salvada por una vida que la conquista por dentro, que la transforma y la subyuga. La savia de la esperanza, el fuego de la vida, se apoderan de ella y con ocho meses nota que su cuerpo entero se ha convertido en la extensión del universo, en el centro de una galaxia que fecunda planetas y estrellas. Sus senos crecidos y repletos de leche, dolorosos en algunos momentos pero listos para apaciguar los gritos de la criatura que saldrá de su cuerpo son un indicio externo de esa preparación. Sus caderas anchas y generosas, su barriga abultada que ella acaricia con una placidez inocultable, su piel tersa y un olfato agudizado, son otros indicios que exhiben una actividad constante de sus hormonas y de un organismo dispuesto a afrontar los grandes retos del universo. Ella respira, conecta con ese niño que llamará Rubén, como su novio desvanecido. Piensa y confía en que será una madre perfecta. Lo intentará por lo menos, porque ella considera que lo que importa son las intenciones. Al percibir esas leves cosquillas, ese hormigueo sedante en su vientre voluminoso, como un sueño a un paso de convertirse en realidad, se siente más fuerte que antes, más madura y más serena, sin embargo, ella no puede evitar de preguntarse: ¿Qué habría sido de su novio si hubiese sabido que ella estaba embarazada? ¿Habría vuelto a luchar por la vida, a creer en su destino? ¿Habría sentido la misma fuerza que crece en ella con ese calor y ese coraje perseverante e incansable?
|
© Johari Gautier Carmona |
El coleccionista de relojes
|
© María Aixa Sanz. (España, 1973) Escritora valenciana. Tiene publicadas las novelas “El pasado es un regalo” (2000), “La escena” (2001), “Antes del último suspiro” (2006) y “Fragmentos de Carlota G.” (2008). En mayo del 2008 publica el ensayo “El peligro de releer”, recopilatorio de los artículos literarios, con los que colabora en diversas revistas de España y Latinoamérica. Ganadora de varios premios de narrativa breve, relato y cuento en distintos idiomas. http://mariaaixasanz.blogspot.com/ |
Ocaso
El atardecer empieza a morir. Al abrir la puerta, advierte las sombras que han comenzado a cubrirlo todo. Avanza con pasos lentos que arrastra al andar, observa su figura encorvada proyectada en la pared. Prende la luz y su imagen desaparece. ¡Qué triste! ¡Qué callada vida la suya! Y pensar que en su juventud fue un hombre de éxito, de empresas, de triunfos. Todos querían estar con él. Gente que salía de todas partes pidiendo favores, suplicando por un empleo, una recomendación, una ayuda. Ayuda...como la que necesitaba él ahora. Y sin embargo, cuando por azares del destino se encontraba en la calle con alguno de esos jóvenes, ahora hombres maduros a quienes había ayudado, a veces sin conocerlos del todo, algunos volteaban el rostro y continuaban su camino disimuladamente. Otros lo saludaban brevemente, con cortesía...y lástima. Si supieran que lo único que necesitaba era platicar con alguien de cualquier cosa, de lo que fuera. Y qué decir de cuando debía hacer los pagos de cada mes, después de cobrar su pensión. Eso lo desgastaba considerablemente. Tenía que hacerse el tonto y no percibir ese tono imperativo y degradante que acostumbra la gente a adoptar cuando se trata de atender a una persona de la tercera edad, como él. Al principio, se enfurecía y peleaba reclamado una atención eficiente y digna. Ahora, ya ni gastaba fuerzas en exigir. Callaba y observaba fijamente pensando: -¿Cuántos años puede tener esta muchachita? Si supiera todos los títulos que tengo, los libros que me he leído, las experiencias que he acumulado a lo largo de tantos años, me hablaría con más respeto. Pobrecita ignorante ¿Cuántos estudios puede tener para sentir tanta soberbia y superioridad?- Terminaba agradeciendo parcamente por el "servicio" prestado y continuaba su camino reclamando entre dientes, siendo señalado como un viejito gruñón cuando todo su pecado era tener el alma apesadumbrada. Entonces comenzaba el suplicio. Prepararse la avena para el desayuno, que por cierto siempre quedaba desabrida, para luego asear la casa tan eficientemente como su artritis y el dolor de espalda se lo permitiera. Luego se sentaba frente al televisor, su única compañía. Buscaba hasta encontrar la película del medio día, que siempre era un film antiguo, de sus tiempos. Y se ponía a recordar hablando para si mismo: -Yo estuve enamorado de esta actriz, soñaba con ella, no me perdía ninguna de sus películas... -Se entristece un poco-... ¡Ah! Esta escena. Cuánto nos reímos mi hermano Pablo y yo cuando la vimos en el cinema... -Y ríe recordando-... Esa casa...esa casa se parece a la que tenían mis papás, en una así crecí yo. También tenía una fuente al centro del patio y ¡metíamos en el agua los pies con todo y zapatos para no tener que limpiarlos!...-le emociona la evocación-... ¡Qué tundas nos daba mi madre! Mi mamacita...tan buena. ¡Cuánto sufrió la pobrecita!...Termina lamentando el paso de los años. Luego seguían los noticiarios y las reflexiones de cómo ha cambiado el mundo, de lo diferentes que son las cosas ahora, de cómo es posible que haya tanta violencia, tanta pobreza...Hasta que se quedaba dormido murmurando frente al televisor que hablaba y hablaba mientras él seguía peleando consigo mismo, con sus años, con su suerte, con las decisiones de su vida, con sus enfermedades, con su soledad... Al despertar, iba por su bastón y salía a caminar. Llegaba hasta la plaza y se sentaba en una banca, siempre la misma banca, siempre el mismo panorama frente a sus ojos, las mismas palomas buscando migas de pan, los mismos niños...Y volvían los pensamientos a su cabeza...En una plaza así nos encontrábamos mi chatita y yo. Tenía que esconderme de Manuel, su hermano, que invariablemente la estaba cuidando, ya después aprendí que con unas monedas era suficiente para que se hiciera de la vista gorda y nos dejara platicar a solas... ¡Qué tiempos!...ahora todo es tan distinto...las parejas casi hacen el acto sexual en la vía publica, las mujeres ya no dejan nada a la imaginación, los padres no saben en dónde ni con quién están sus hijos. Y los jóvenes...ellos ya no conviven, todo el día en la computadora dizque "chateando", sin hablar unos con otros, sin tener comunicación real. No. Los tiempos han cambiado mucho. Entonces era momento de levantarse y caminar hasta la fonda. La comida era sabrosa y barata. Hacían una sopa muy parecida a la de su difunta chata, aunque jamás con ese sazón que solo ella tenía. Lo único que le disgustaba era que la dueña creía, como la mayor parte de la gente, que por ser viejo era también sordo e idiota y le gritaba cada palabra acercándosele al oído y repitiéndole todo dos o tres veces. Después de comer, la caminata hasta su casa. Llegaba, casi siempre cuando la noche empezaba a amenazar con cubrirlo todo, con sus sueños tristes y sus pesadillas. Con esas siluetas que lo asustaban como cuando era niño. Encendía la luz para que desaparecieran los espectros y se sentaba a cenar el pan recién comprado acompañado de leche. A veces, una que otra lágrima caía de sus ojos. Miraba el teléfono que casi nunca sonaba, parecía más un adorno que un aparato de comunicación, pero la manera más eficaz de saber de su hijo de vez en vez, cuando se acordaba de llamarlo para cerciorarse de que siguiera vivo. Él casi nunca le telefoneaba al muchacho pues tenía la sensación de que a la mujer, su nuera, no le hacía gracia que lo hiciera. Prefería aguantarse las ganas y esperar, aunque la espera significara semanas, o hasta meses. Luego, una ducha rápida, muy rápida. No se detenía a observar su cuerpo. No le gustaba ver sus brazos y piernas flácidas y arrugadas, ni su vientre abultado colgar como pellejo sin vida. Desde que su chata murió, no volvió a mirarse al espejo ¿para qué? ni siquiera para peinarse pues ya ni pelo tenía. Luego se metía a la cama, con la luz de la lámpara en la mesa de noche encendida para que no le pillaran las tinieblas y se le vinieran encima. Miraba el lado vacío junto a él, la casa silenciosa, se imaginaba cómo se veía acostado ahí. Solo. Con vida, pero sin ella. Muriendo día a día sin lograr fallecer del todo. Cerraba los ojos y oraba...oraba con fuerza y fe. Pedía por su esposa amada, por la felicidad del hijo que nunca llamaba...pedía piedad y suplicaba que le permitieran descansar. Casi siempre acababa llorando. Hasta que se quedaba dormido, con las lágrimas frescas en su rostro y la almohada húmeda de tanto llanto. Su cama olía a orines rancios, el olor de la vejez. La señal de que el cuerpo ya no funciona tan bien. Las gafas en el buró, junto a la dentadura artificial, en la pared los diplomas, premios y reconocimientos que a lo largo de su vida conquistó, bajo la cama el bacín por si llegara a hacer falta, en el vidrio de los cuadros el reflejo de su figura cansada y desvalida durmiendo como un niño mientras la luz, que siempre se queda encendida, le ilumina el rostro plagado de arrugas y hace menos sombría su desolada senectud. Al día siguiente amanece, y todo vuelve a empezar, con pequeñas variaciones, pero casi siempre igual. Lo único que le alegra es que ese día más, para él, es un día menos. La llegada del ocaso. Y arrastra los pies a la cocina para preparar su avena desabrida...
|
© ELENA ORTIZ MUÑIZ. Mexicana/Española. Licenciada en Ciencias de la Comunicación, egresada de la Universidad Franco Mexicana. Miembro de la Red Mundial de Escritores en Español (REMES), de la Unión de Escritores Hispanoamericanos y de Escritores Latinoamericanos. Escribe en los portales El rincón del poeta.net, Publica tu obra (UNAM), Arte comunicarte y el Rincón de los Escritores donde ha obtenido más de 12 menciones por mejor texto del mes y el reconocimiento por mejor monólogo del año 2009. Participó en las Antologías Mejores textos del 2008 y en 2009 editada por el Rincón de los Escritores, en la Antología Iwith 2008 editada por Bubok, en el libro Palabras Aligeras publicado por la editorial Hipaláge en España, 2010. Autora del libro “Fe, corazón y Alegría publicado por Bubok. Ha publicado en diversos medios electrónicos y en papel en Canadá, España, Argentina, Uruguay y México. Colaboradora de Proyecto Sherezade de la Universidad de Manitoba en Canadá, Revista Gibralfaro de la Universidad de Málaga en España, Revista Arena y Cal, España y El canto del Ahuehuete, México. Recibió accésit y mención de honor en el I Concurso de Relatos convocado por la revista literaria Katharsis , finalista del II Concurso de microrrelatos para abogados de septiembre y diciembre 2009 convocado por la página Abogados.es, finalista en el Primer Certamen de Cartas de amor convocado por la Biblioteca de Arucas en España, autor seleccionado en el Premio Algazara de Microrrelatos convocado por la Editorial Hipaláge. Actualmente, se desempeña como subdirectora de la revista literaria “Molino de Letras” www.molinodeletras.net |
![]()
ARIADNA-RC.com - Todos los derechos reservados