RESEÑAS Y ARTÍCULOS

A R I A D N A - R C . c om

[número cuarenta y siete edición primavera 2010]

J U N I O

 


i m p r i m i r 


v o l v e r

 



La caminante de música
María Luz Escuín

Madrid, Endymión, 2009

por Álvaro Muñoz Robledano

Qué sería de nosotros si de cuando en cuando no tuviéramos que someternos a exámenes como el que ahora se nos propone, si constantemente pisáramos suelo conocido y no dispusiéramos más que de unos pocos vestigios de vértigo.

Convivimos, quizás, demasiado con las palabras. Día y noche hacemos uso de ellas irreflexivamente; también, quizás, cuando escribimos. Al fin y al cabo, están ahí, serviciales e inertes como una muñeca hinchable, como un perro amaestrado del que no recordamos que puede gruñir, abalanzarse, morder..

La caminante de música recorre un paisaje en el que el peligro principal, la amenaza latente en los linderos son las palabras, sus referentes y sus endemoniados giros. Más allá de la atrabiliaria sintaxis que se menciona (muy justamente) en la contraportada, Escuín practica la subversión de los valores en que sostenemos nuestra gramática, tan indolora y tan insípida a diario, también en el diario de la poesía. Aquí los diminutivos son terribles, los adverbios ejecutan la acción de un sujeto, lector y escritor, que comienza a caminar despacio, sospechando que el acantilado está más cerca de lo que los versos dejan entrever. No es un libro del que deshacerse de un vistazo. Necesita hacer muchas noches en él, necesitamos pertrechos, y necesitamos un barco, el de nuestra posibilidad de descubrir poesía, más grande.

En La caminante de música hay mucha inteligencia, inteligencia que debe ser sentida en la piel, en la habitación de paredes tan extrañas, en las calles que nunca antes habíamos recorrido.

A.M.R.


© Alvaro Muñoz Robledano Nació en Madrid en 1965. Se licenció en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid. Ha publicado los libros: “Fotografías junto al pecio” (Málaga 1991), “Hoteles” (Madrid 1996), y “Cuartel de Invierno” (Madrid 2000). Colaborador de ariadna-rc desde sus comienzos donde ha publicado su "Breve historia de la lucha de clases" (2003). Su último poemario "Salvoconductos" ha resultado ganador del III Premio Café MOn 2006.

Arriba


La librería
Penélope Fitzgerald
Impedimenta. 2010

por María Aixa Sanz

 

... Deje que le diga qué es lo que más admiro del ser humano.  Lo que más valoro es la virtud que comparten con los dioses y con los animales , y que, por tanto, no debería considerarse una virtud. Me refiero al coraje. Usted, Señora Green, tiene esa cualidad en abundancia. (pag. 121)

 

 

La lectura de la novela ‘La librería’ de Penelope Fitzgerald publicada por la editorial Impedimenta ha sido toda una sorpresa pues es adictiva, divertida y en sus páginas condensa el placer de leer en su estado original.
A Penelope Fitzgerald, hay que añadirla a la lista de escritores imprescindibles.
‘La librería’ es una novela que da auténtica rabia acabar pues el tiempo se detiene al paladear su exquisita historia. Bellísima en su trazo, con un sentido del humor y de la precisión envidiables, Penelope Fitzgerald nos narra la odisea que Florence Green vive para poder abrir una librería en Hardborough, un pequeño pueblo del Mar del Norte. A una casa encantada con fantasma incluido, que de golpe y porrazo, pasa a ser patrimonio a conservar por influencias de la maquiavela Señora Gamart, principal enemiga, que se autodenomina gurú de las artes, se le suman un banquero y una contable que no pierden un minuto en poner palos en las ruedas del proyecto y la confrontación directa y reticente de todo un pueblo provinciano, chismoso, cuyos cambios son acogidos de forma excluyente. No obstante la osada Florence Green no pierde un ápice de su valentía e inunda su librería con doscientos cincuenta ejemplares de ‘la Lolita de Nabokov’ provocando a la muchedumbre a asomar las narices por su escaparate y su tienda. La batalla se libra en el Mar del Norte, con la ansía de fomentar la lectura, entre camionetas de reparto de libros que van y vienen, entre la intromisión de unos y otros, entre desajustes económicos, humedades y corrientes de aire, en una librería encantadora y encantada, pero como en toda batalla que se libra, Florence Green también cuenta con el apoyo de una serie de personajes entrañables: el señor Raven, los Scouts del Mar, el señor Brundish, y la pequeña Christine, la ayudante incondicional de Florence.
Novela impregnada de salitre, de humor, de libros, no se puede pedir más..., ya que ‘La librería’ de la mano de Impedimenta es el primer lujo que nos concede la primavera.

© MARIA AIXA SANZ

 

maixa

© María Aixa Sanz . (España, 1973) Escritora valenciana. Tiene publicadas las novelas “El pasado es un regalo” (2000), “La escena” (2001), “Antes del último suspiro” (2006) y “Fragmentos de Carlota G.” (2008). En mayo del 2008 publica el ensayo “El peligro de releer”, recopilatorio de los artículos literarios, con los que colabora en diversas revistas de España y Latinoamérica. En Junio también de 2008 la Editorial Séneca publica el libro “La escritura del no” que recoge sus artículos más importantes junto a los de una decena más de escritores profesionales. Ganadora de varios premios de narrativa breve, relato y cuento en distintos idiomas.

/www.blogs.ya.com/mariaaixasanz/ aixasanz(arroba)mixmail.com

 

Arriba


Bibliotecas llenas de fantasmas
Jacques Bonnet
Anagrama 2010

por María Aixa Sanz

 

El lector empedernido no sólo es un inquieto, es curioso...

es un pequeño y suculento ensayo de 135 páginas. Delicia para todos aquellos que sientan auténtica pasión y devoción por los libros. Resalta en este ensayo la mirada fresca de Jacques Bonnet que retrata su biblioteca privada y el carácter de todos aquellos que sienten por sus bibliotecas privadas un instinto de posesión sin límite. Jacques Bonnet señala con acierto que hay dos tipos de propietarios de bibliotecas privadas: uno, los coleccionistas y dos, los lectores empedernidos. Los primeros reúnen libros con el objetivo de tener en posesión todas las obras de un autor, de una época, de una corriente y guardan estos libros como joyas preciadas e intocables. Los segundos, los lectores empedernidos, acumulan libros como consecuencia de su forma de leer curiosa, inquieta, convulsiva, ecléctica y masiva. Sus libros también son preciados pero no son intocables pues aparte de necesitarlos tener cerca, el lector empedernido manosea el libro, escribe en él, dobla las páginas, los relee y los siente, eso si, nunca los deja en préstamo.

Jacques Bonnet en ‘Bibliotecas llenas de fantasmas’ también diserta sobre cómo y dónde leer; la emoción que se siente con la lectura; la ordenación de bibliotecas; los fantasmas de las bibliotecas, esos libros que desaparecen de la balda de nuestra biblioteca privada sin un porqué; los hilos invisibles que llevan de un autor a otro, de un libro a otro; dibuja la diferencia entre personajes reales y personajes ficticios, los primeros son para Bonnet los personajes de las novelas de lo que todo lo sabemos pues su historia es cierta y palpable y está reflejada en un libro al alcance de nuestra mano y los personajes ficticios, es decir, son los autores de esos mismos libros de los cuales poca información se conoce y la que se conoce no tiene porque ser cierta a diferencia de los personajes reales. Bonnet señala también como las bibliotecas son el único lugar, el único espacio, donde pueden reunirse toda clase de gentes, sentimientos, e historias. Del mismo modo un largo etcétera de puntos y anécdotas completan este libro, como el agradecimiento, la infinita gratitud que Jacques Bonnet siente por los libros, por la lectura de la cual es incondicional desde temprana edad, resume ese sentir en estas palabras:

    " Evasión y conocimiento, ambas cosas me llegaron a través de los libros. Por eso tengo hacia ellos un reconocimiento eterno, una especie de deuda moral que todavía no he acabado de pagar..."

© MARIA AIXA SANZ

 

 

maixa

© María Aixa Sanz . (España, 1973) Escritora valenciana. Tiene publicadas las novelas “El pasado es un regalo” (2000), “La escena” (2001), “Antes del último suspiro” (2006) y “Fragmentos de Carlota G.” (2008). En mayo del 2008 publica el ensayo “El peligro de releer”, recopilatorio de los artículos literarios, con los que colabora en diversas revistas de España y Latinoamérica. En Junio también de 2008 la Editorial Séneca publica el libro “La escritura del no” que recoge sus artículos más importantes junto a los de una decena más de escritores profesionales. Ganadora de varios premios de narrativa breve, relato y cuento en distintos idiomas.

/www.blogs.ya.com/mariaaixasanz/ aixasanz(arroba)mixmail.com

 

Arriba


Retahílas
Carmen Martín Gaite
Siruela 2010

por María Aixa Sanz

 

"RETAHÍLAS" (Siruela) es la obra más lúcida, coherente y honrada de la literatura peninsular del siglo veinte. Así como para Carmen Martín Gaite era su novela preferida también lo es para muchos lectores. Su lucidez es envidiable. Un continuo idilio me une a esta novela, un continuo enamoramiento es lo que llevo yo teniendo con ella. Por ello tal vez en los últimos 9 años la he leído 4 veces. Es decir cada 27 meses la leo de nuevo, tanto en año pares como impares. Con ella sé que el peligro que se corre al releer no existe, nunca defrauda, no siento vértigo ante la lectura, ni miedos, ni síntomas parecidos que me hagan dudar al acercarme a ella, sino al revés, me acerco con la confianza de los viejos amigos, de los amantes conocidos, de los lugares mil veces visitados, pues si las obras de Carmen Martín Gaite llevan consigo la garantía de una buena historia: ‘Retahílas’ es sin duda la novela infinita, sin límites, sin tiempo, ni épocas. Me llega al alma cada vez que la releo. Destapa, descubre, muestra aspectos que están grabados en mi piel. Con ‘Retahílas’ tengo un idilio que no puedo soltar, como me pasa con los grandes amores. ‘Retahílas’ en su relecturas es asidero, excusa, tabla de salvación, destino. Abrir sus páginas es encontrar un territorio conocido lleno de hitos que me sorprenden de nuevo, que me hacen sentirme una privilegiada, y siempre tengo la misma sensación la de que mientras leo esta novela nada malo puede sucederme. ¿Cuántas verdades esconde, cuántos secretos recogen estás páginas? Secretos de esos que solo uno conoce, ‘Retahílas’ viene a ser la confesión del alma, los monólogos de lo que guarda el alma, una alma pasada por el tamiz de la vida y la experiencia, del placer y de la locura, de la lucidez y la tristeza. Para ello Carmen Martín Gaite convoca a Eulalia y a Germán, tía y sobrino, en un ruinoso pazo de Louredo, y en su monólogo continuo, alterno, durante una noche de vigilia, el lector se ampara y crece con sus historias, Eulalia y Germán mientras hablan durante horas, nos llevan de la mano al mundo de los sueños, de los miedos, de las ilusiones, de las pesadillas, de los amores, de los desamores, de lo que sabemos, de lo que no sabemos, de lo que mostramos, de lo que siempre escondemos... Nos llevan de la mano al mundo lúcido de Carmen Martín Gaite, a la vida cribada. En una hablar continuo que nos muestra de nuevo el amor por la palabra y por las historias contadas, en ese tirar del hilo tan de la Gaite. ‘Retahílas’ nunca será una historia arcaica pues le tiene bien tomado el pulso a la vida, solo hay que darle calor, albergarla, tirar de su hilo, desmadejarla, pues ella se deja es cómplice absoluta y siempre esta dispuesta a ser descubierta una y mil veces. Carmen Martín Gaite sabe como nadie darle alas a la literatura y Siruela como perenne y fiel vigía va reeditando título tras título de la autora. Va tirando del hilo.

© MARIA AIXA SANZ

 

 

maixa

© María Aixa Sanz . (España, 1973) Escritora valenciana. Tiene publicadas las novelas “El pasado es un regalo” (2000), “La escena” (2001), “Antes del último suspiro” (2006) y “Fragmentos de Carlota G.” (2008). En mayo del 2008 publica el ensayo “El peligro de releer”, recopilatorio de los artículos literarios, con los que colabora en diversas revistas de España y Latinoamérica. En Junio también de 2008 la Editorial Séneca publica el libro “La escritura del no” que recoge sus artículos más importantes junto a los de una decena más de escritores profesionales. Ganadora de varios premios de narrativa breve, relato y cuento en distintos idiomas.

/www.blogs.ya.com/mariaaixasanz/ aixasanz(arroba)mixmail.com

 

Arriba


Los desgarros
Hubert Nyssen
La otra orilla 2010

por María Aixa Sanz

 

La Otra Orilla publica la penúltima novela del escritor francés de origen belga Hubert Nyssen: escritor, ensayista, poeta, editor fundador de ‘Actes Sud’. ‘Los desgarros’ publicada en 2008 en Francia es la penúltima novela de este intelectual que cuenta en su haber con más de media docena de novelas, de ensayos, poemarios y obras de teatro. ‘Los desgarros’ es una novela corta, de corte intelectual, para paladares precisos, refinados, voluptuosos, elegantes y por supuesto sensuales. Valentin Cordonnier tras la muerte de uno de sus hermanos y tras la separación que en vida ha sufrido por voluntad del finado se acerca a la viuda: una seductora, caprichosa, sensual Colette sexagenaria con intención de escribir la biografía de su hermano. Valentin Cordonnier no sabe que va a escribir la historia de una familia, la suya, auténtica desconocida y que a la vez se verá sumergido en un juego sensual y sexual con su cuñada la cual entre medias verdades y medias mentiras le narrará paso a paso las vicisitudes del que fue su marido Victor Cordonnier, un triángulo, un trío de memorias. Pero este no es el único trío que aparece en la historia. Los triángulos amorosos aparecen durante la narración en multitud de ocasiones. Colette, la sensual Colette es mujer experimentada en estos avatares. El lector será quien deberá descubrir si es víctima o cómplice, así como también deberá descubrir, si puede, si Valentin Cordonnier ha sido una marioneta en manos de su cuñada o si en el propósito de descubrir quién fue su hermano hay algún trazo de verdad. Un juego de espejos, de tríos, de medias tintas donde el erotismo y la sexualidad es el único cómplice verdadero tangible y los desgarros son esos abismos y obsesiones insalvables que se abren y se crean dentro de nosotros como resultado de vivir. ‘Los desgarros’ es una obra de esas que se pueden calibrar como pequeñas joyas de la literatura solo al alcance de algunos paladares, la traducción de Manuel Serrat Crespo es el aporte definitivo.

© MARIA AIXA SANZ

 

 

maixa

© María Aixa Sanz . (España, 1973) Escritora valenciana. Tiene publicadas las novelas “El pasado es un regalo” (2000), “La escena” (2001), “Antes del último suspiro” (2006) y “Fragmentos de Carlota G.” (2008). En mayo del 2008 publica el ensayo “El peligro de releer”, recopilatorio de los artículos literarios, con los que colabora en diversas revistas de España y Latinoamérica. En Junio también de 2008 la Editorial Séneca publica el libro “La escritura del no” que recoge sus artículos más importantes junto a los de una decena más de escritores profesionales. Ganadora de varios premios de narrativa breve, relato y cuento en distintos idiomas.

/www.blogs.ya.com/mariaaixasanz/ aixasanz(arroba)mixmail.com

 

Arriba


Da lo mismo Calle 13 que 16
por Félix Luis Viera



Según un parte, asistieron 300 mil personas al concierto que ofreció el grupo musical (o creo que es un dúo) Calle 13 en La Habana –que no en Cuba–, justamente en la llamada Tribuna Antimperialista, así bautizada por uno de los imperios más chicos pero a la vez más longevos de la historia latinoamericana. Según otro parte, fueron 200 mil los asistentes. De cualquier manera, parece alta la cifra. La clave. Lo cubanos, además de la inopia material y de la exuberancia del pánico ambiente, carecen de espectáculos de entretenimiento, desde hace décadas. Un motivo sería que la dictadura no invierte en contratar artistas de la distracción –seamos justos: no tiene con qué–, y otro que muchos de éstos optan por no ir a la Isla puesto que cuentan con varios mercados más abiertos; amén de los que la tiranía cubana tiene en la lista negra –que incluye sus ausencias de la radio, la televisión, y en fin, de todos los medios– porque padecen de  una enfermedad grave y contagiosa: “problemas ideológicos”.

A partir de lo antes dicho, los músicos que han visitado la Isla últimamente no debe tomar la asistencia de los habaneros como un buen ranking personal; si pobrecita aquella gente, desde hace tiempo ni siquiera tiene circo, que ya eso parece demasiado después de que le abolieran el pan.

O sea, si en la Tribuna del Imperialismito en el futuro se llevase a cabo algún concierto, digamos, con un grupo poco conocido como Las Gaviotas Azules de Xochimilco, tengan la seguridad los famosos que la han honrado antes, que la asistencia también sería multitudinaria. Por supuesto, si de nuevo es gratis la “entrada”. Porque dinero para presenciar a Las Gaviotas azules de Xochimilco –que no cobran tanto–, no hay en los magros bolsillos de los cubanos.

Así que el sudamericano Pedros y la comitiva de igual nivel artístico que lo acompañó recientemente en un concierto en la Tribuna dicha, que incluyó al español Miguel José y a una excelente cantante portorriqueña, Talón de apellido creo, no deben caer en la autosobreestimación porque hayan reunido a tantas personas ansiosas de buenos espectáculos; esto sería proyectarse erróneamente para sus trazos a futuro. Un aparte: si no soy exacto con los nombres de algunos de estos egregios músicos, pido al lector que me disculpe: se debe sobre todo a que estoy alejado del arte del entretenimiento; es decir, no domino el tema y asimismo mi impericia para buscar datos en internet es proverbial.

Aceptemos que el reciente concierto de Calle 17  haya reunido a 300 mil personas, buena cifra si tomamos en cuenta que La Habana tiene dos millones de habitantes, de los que habría que descontar a los niños, los inválidos, los que tenían miedo de asistir, los que, como yo, no sienten pasión por el arte del entretenimiento al aire libre y bajo el sol, los que se resistieron a asistir porque piensan que con esto le dan un voto de aprobación al dictador, los que piensan que shows de este tipo son asuntos de jóvenes solamente… Buena, buena cifra, felicidades a Calle 18, a los órganos represivos y sobre todo a la Seguridad del Estado: fue en paz y sabroso el concierto según la prensa.

Lamentablemente –lamentablemente para la mayoría de los cubanos que se halla fuera y dentro de la Isla, que ansían la libertad en ésta– el concierto de Calle 14 ocurre en un momento trágico para los hijos de Martí, aun para los que asistieron al espectáculo: un hombre ha muerto en huelga de hambre hace poco y otro está rozando la muerte mediante el mismo método, ambos para exigir que la tiranía respete los derechos humanos. Esta situación le está dando la vuelta al mundo y cada día son más los gobiernos, parlamentos y diversas personalidades de una y otra latitud que se suman a la condena contra el régimen cruento que campea en Cuba hace más de cincuenta años. Así, un concierto tan divulgado por todos los medios internacionales, y que la tiranía se ha encargado de que así sea, mostrando la felicidad de un “pueblo” que baila, canta, goza al compás de Calle  15, pues podría darle a alguien la impresión de que en Cuba no pasa nada, de que su gente está feliz, o aun más, de que su pueblo se olvida de los muertos que están muertos. No es así: la mayoría de los que asistieron al concierto no saben que esos muertos están muertos: nadie se los ha dicho. Ni, naturalmente, los 300 mil que asistieron al concierto son el Pueblo de Cuba. Asimismo, quisiera hacer una aclaración a los que consumen CNN en Español: esas imágenes obscenas que esta cadena de noticias ha escogido para reportear el concierto de Calle 11, no representan de ningún modo el promedio del cubano de la actualidad; ni de nunca en fin. Y bueno, se me ocurre una sentencia: los artistas extranjeros de entretenimiento que se han presentado últimamente en la Tribuna del Imperialismito, por su propia razón de ser, no pasarán a la Historia; Orlando Zapata Tamayo y Guillermo Fariñas, sí.

 

Viernes, 26 de Marzo de 2010 06:49

felix-luis-viera-a
Foto: Delio Regueral

©Félix Luis Viera: (Santa Clara, 1945) Poeta, cuentista y novelista. Ha publicado los poemarios: Una melodía sin ton ni son bajo la lluvia (Premio David de Poesía de la Uneac, 1976, Ediciones Unión, Cuba), Prefiero los que cantan (1988, Ediciones Unión, Cuba), Cada día muero 24 horas (1990, Editorial Letras Cubanas), Y me han dolido los cuchillos (1991, Editorial Capiro, Cuba), Poemas de amor y de olvido (1994, Editorial Capiro, Cuba) y La que se fue (2008, Red de los Poetas salvajes, México); los libros de cuento: Las llamas en el cielo (1983, Ediciones Unión, Cuba), En el nombre del hijo (Premio de la Crítica 1983. Editorial Letras Cubanas. Reedición 1986. ) y Precio del amor (1990, Editorial Letras Cubanas); las novelas Con tu vestido blanco (Premio Nacional de Novela de la UNEAC 1987 y Premio de la Crítica 1988. Ediciones Unión, Cuba), Serás comunista, pero te quiero (1995, Ediciones Unión, Cuba), Un ciervo herido (Editorial Plaza Mayor, Puerto Rico, 2003) y la novela corta Inglaterra Hernández (Ediciones Universidad Veracruzana, 1997. Reediciones 2002, 2006 y 2008, Edizoni Il Flogio, Italia.) Su más reciente novela, Un ciervo herido –que aborda el tema de las Umap, eufemísticamente llamadas Unidades Militares de Ayuda a la Producción y, en realidad, campos de trabajos forzados establecidos en Cuba en la década de 1960–, ha sido traducida al italiano por la editorial L´Ancora del Mediterráneo. Actualmente es ciudadano mexicano.


Arriba


Al otro lado
Manuel Ballesteros

Torrejón de la Calzada , Devenir, 2009

por Álvaro Muñoz Robledano

Recorrer, como hace Manuel Ballesteros, el territorio de los fantasmas, uno a uno, sujetos al lugar al que ha sido ¿condenados?, testigos del tiempo sin ellos y de sí mismos una vez que el tiempo les ha excluido.

Descubrir que eso que llamamos realidad no es sino un vaho tenue en el que tan sólo el otro no se disipa.

Hacer del poema un relato que llama constantemente a la complicidad de quien lo lee.

Intuir que nada valen los amantes si no se contemplan a sí mismos con humor, incluso en la desdicha, incluso en el tiempo.

Desear los edificios, el verdadero paisaje de nuestra época.

Al otro lado está lleno de infinitivos como invitaciones a su lectura, a su discernimiento, a la dicha de un rato de excelente poesía.


A.M.R.


© Alvaro Muñoz Robledano Nació en Madrid en 1965. Se licenció en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid. Ha publicado los libros: “Fotografías junto al pecio” (Málaga 1991), “Hoteles” (Madrid 1996), y “Cuartel de Invierno” (Madrid 2000). Colaborador de ariadna-rc desde sus comienzos donde ha publicado su "Breve historia de la lucha de clases" (2003). Su último poemario "Salvoconductos" ha resultado ganador del III Premio Café MOn 2006.

Arriba


Barroco
José Luís Rey

XXII Premio Fundación Loewe
Madrid, Visor, 2010

por Álvaro Muñoz Robledano

Después del bochorno del año pasado, del que no di cuenta porque, por suerte, hay libros de poesía de los que hablar, y porque resultaría incomprensible semejante engendro, si no lo comprendiéramos todos muy bien, parece que podemos volver a asomarnos a los libros del premio Loewe sin miedo a la náusea. Cierto es que nunca los he tenido muy en cuenta porque responden a una concepción de la poesía que no comparto. “Burguesa”, la llaman desde el colectivo Addison de Witt,. Autocomplaciente y endogámica cuando menos. Y sin embargo, creo que Barroco se escapa por las resquicios de las etiquetas que el premio aun mantiene. Una y otra vez he vuelto sobre versos que rompen un discurso culturalista suficientemente leído, mordiscos a las formas aprendidas, proposiciones que esquivan lo supuesto. En ese sentido, Barroco, es más que un nuevo traje para la vieja ceremonia. Es una pregunta sobre lo inesperado que puede surgir en un encabalgamiento, o en una línea de diálogo que, tal vez, nadie se planteó.

Es, y no es poco, un camino abierto.


A.M.R.


© Alvaro Muñoz Robledano Nació en Madrid en 1965. Se licenció en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid. Ha publicado los libros: “Fotografías junto al pecio” (Málaga 1991), “Hoteles” (Madrid 1996), y “Cuartel de Invierno” (Madrid 2000). Colaborador de ariadna-rc desde sus comienzos donde ha publicado su "Breve historia de la lucha de clases" (2003). Su último poemario "Salvoconductos" ha resultado ganador del III Premio Café MOn 2006.

Arriba


19 de marzo, San José artesano
(artículo tan políticamente correcto
como eclesialmente incorrecto)
por Luis Alberto Henríquez Lorenzo

 

Este artículo mío, escrito a las puertas de la festividad de San José, el esposo de la Virgen María, en su siglo el carpintero o artesano padre putativo de Jesús de Nazareth (de ahí, al parecer, lo de Pepe para los que se llaman José: contracción de “padre putativo”), podría titularse algo así como “El extraordinario poder del celibato”; título, entiendo, que nada peregrino sería puesto que mañana viernes –ya he adelantado que escribo cuando es jueves 18 del corriente mes de marzo-, la Iglesia universal pide por los seminarios, por las vocaciones sacerdotales.

Así que veamos. Por poder del celibato entiendo lo que sigue, que trataré de exponer de manera un tanto “gráfica”, esto es, con ejemplos tomados de mi propia experiencia personal. Según ésta, no abrigo dudas sobre que yo mismo he conocido a no pocos sacerdotes en activo, por ende, célibes, que desde luego no me han parecido ni siquiera excelentes como personas; me han parecido, más bien, soberbios, altamente hipócritas, acaso cínicos, autoritarios, con permanente doblez, con permanente doble vara de medir, acaso no propiamente pobres ni especialmente obedientes… Puedo asegurar -y aseguro- que muy a menudo ante los tales he llegado a experimentar que si no fuese por su celibato -en cuyo respectivo cumplimiento, obviamente, no voy a entrar aquí y ahora, por muy patentes razones-, casi que no creería ni que son sacerdotes católicos esos tales.
Ya sé que se me podrá replicar o echar en cara que estoy juzgando muy severamente a otras personas. Pues bien, no me importa tanto esa acusación posible, pues al menos mi intención al escribir estas líneas no es juzgadora; lo que sucede, comoquiera que sea, es que no puedo evitar escribir lo que escribo, porque me parecen realidades tan graves como intraeclesialmente presentes. Y además, ni puedo ni quiero porque creo estar seguro, tanto como del conocimiento de un buen puñado de sacerdotes católicos en activo -por ende, célibes- cuyo testimonio no me parece especialmente ejemplar, seguro, decía, de conocer a otras personas que, aunque sacramentalmente ordenadas en su día como ministros de la Iglesia universal, hoy día, no siendo célibes, no pueden ejercer el ministerio, la cura de almas y demás atribuciones propias del sacerdocio ministerial. Y sin embargo, entre estos últimos me parece conocer a personas sí altamente estimables, a mi modo de ver más transparentadoras de los valores evangélicos que no pocos sacerdotes célibes que conozco; aunque ojo, en modo alguno estoy planteando que así sean todos los sacerdotes católicos en activo que conozco, de entre los cuales creo conocer algunos que sí me parecen realmente magníficos.

De modo que la perplejidad resultante de tal situación es tan evidente como ya también tópica: ¿por qué el celibato se considera condición sine qua non para todos los aspirantes diocesanos al sacerdocio ordenado, si lo cierto es que el celibato por sí solo -de cuya grandeza espiritual, evangélica y eclesial no querría dudar, a la vez que tampoco de su muy frecuente incumplimiento en la Iglesia católica por parte de quienes están por estado obligados a vivirlo; por lo demás circunstancia, por cierto, muy de actualidad hoy día, con tantos casos de pederastia y pedofilia perpetrados por eclesiásticos, sobre todo contra menores- no hace mejores a las personas?

Muy cierto es que ha habido, hay y habrá personas célibes maravillosamente santas; empero, insisto en que mi propia experiencia me señala muy a las claras que también existen personas que, a tenor de sus actos y actitudes, deben ser tan célibes como insoportablemente soberbias, altaneras, distantes, herméticas, mezquinas, hipócritas y hasta cínicas. De manera que ahora es similar la perplejidad: ¿por qué si es posible en la Iglesia católica ser sacerdote católico diocesano -obviamente, no incluyo a los religiosos sacerdotes, pues estos tienen un plus por los votos propios de su estado religioso- si se es célibe, aunque como persona se deje mucho que desear por causa de comportamientos hipócritas, soberbios, mezquinos, etcétera, en tanto si no se está dispuesto a ser célibe aunque se haya demostrado, en lo estrictamente personal, mayores niveles de generosidad, capacidad de entrega, compromiso solidario, nobleza, honestidad, transparencia, etcétera, no se puede aspirar a ser sacerdote ordenado?

El Magisterio mismo afirma que el celibato de los presbíteros no es consubstancial al sacramento del orden, pero sí que es un estado que, a imitación de la propia vida de Jesús de Nazareth, que fue pobre, obediente y célibe, ayuda a vivir con mayor capacidad de entrega el ministerio presbiteral u ordenado. Siendo así, nada que objetar, especialmente por lo que respecta a los muchos casos de célibes que en efecto han vivido y viven –y vivirán, seguro- generosamente su entrega y disponibilidad celibatarias. Sin embargo, ¿qué hacemos con los cientos, miles de casos de celibatos manifiestamente indignos,  y como desequilibrados, más bien incapaces que capaces, precisamente por su testimonio de vida, de mostrar como especialmente atractivos los valores del Evangelio? Ante estos, que no son tan escasos como la propia institución eclesial pretende hacer creer, ¿no puede ser más testimoniante la vida de hombres casados, jóvenes y no jóvenes, elevados a la categoría de ministros ordenados?

Ciertamente de los anteriores cabría afirmar que no imitan a Jesús de Nazareth en la vivencia del celibato, pero puede que sí lo imiten en otros tantos aspectos o dimensiones de la inimitablemente rica personalidad del Rabí de Galilea: capacidad de ternura, de acogida, de empatía, de compromiso solidario, de opción por la justicia, etcétera. De manera que no termino de entender por qué es tan determinante el celibato, la verdad: debe ser tan excelso que la Iglesia católica está dispuesta a mantenerlo contra viento y marea, contra todos los vientos secularizantes del mundo; empero sin que importe, según parece al menos, según cantan los hechos, el mantener seculares injusticias en el seno de la Iglesia: hipocresías a mansalva o por un tubo, clericalismos, burocratismos, nepotismos o enchufismos, clasismos, autoritarismos (la parida de tener que seguir llamando eminencias a cardenales y demás, por ejemplo, o tratarlos de usted, como mínimo, en tanto los tales te suelen tratar como a una…)… Situaciones, desde luego, como mínimo, a la luz de la experiencia humana y divina de Jesús de Nazareth, desconcertantes; mejor, claramente contrarias al espíritu del profeta de Nazareth.
Llegados a este punto, no se me esconde –además, ya he insinuado supra esto mismo- que algunos que me lean en este artículo muy probablemente van a quedar suponiendo o conjeturando que es que estoy juzgando a las personas, puesto que me permito afirmar que un cierto número de sacerdotes católicos en activo sencillamente es que me desconciertan y hasta decepcionan; por mi parte, aunque me parece estar seguro de que no estoy juzgando a nadie en estas líneas, me tomo la libertad de formular tales críticas y reservas, movido por la propia experiencia y el deseo de libertad de expresión, que es sagrado, como bien sabía D. Quijote.

Porque asimismo, entiendo que no se trata de no reconocer ni de echar en cara a los demás algo obvio, a saber, todas las personas somos falibles e imperfectas; más bien mi intención es poner de relieve los que considero vienen a ser males seculares incrustados en el seno y tejido de la Iglesia católica.    

Postdata: Admito que puede que yo esté ofuscado o equivocado en mis planteamientos, solo Dios conoce por qué, pero reventaría si no dijera lo que sigue: incluso me parece conocer a más de cinco y más de diez sacerdotes católicos que, la verdad, desde un punto de vista meramente sociológico o laboralista uno diría que hacen muy poco durante el día: algunos tienen misas solamente los fines de semana, quedando con la semana restante prácticamente libre, sin la obligación de celebrar misa en ningún otro sitio, a pesar de la crisis de vocaciones y la falta de efectivos sacerdotales, etcétera; de otros, uno diría que, aparte de la media hora diaria de misa o poco más, el resto del día… Me consta que yo soy el que escribe tales impresiones, pero que no escasean las personas que lo piensan o sospechan igual, exactamente igual a lo escrito aquí.

Y total, como las fuerzas del Maligno no podrán con la Iglesia, afirma el Evangelio, esta reflexión mía no irá muy lejos, por ejemplo a misa; es decir, en el fondo no deja de ser una reflexión ingenua, inofensiva: por un oído les entrará y por otro les saldrá, sin pena ni gloria, pues pocas cosas o ninguna me figuro que cambiarán en la Iglesia, de las que aquí y ahora señalo, claro.

Con todo, me pregunto si estas líneas mías ¿lo son por anticlericalismo latente y mala fe y desconocimiento? Todo es posible, aunque no lo creo.

Marzo, 2010.

 

 

© LUIS ALBERTO HENRIQUEZ LORENZO. Licenciado en Filología Hispánica. Profesor de Lengua y Literatura.       


Arriba


El suicidio literario (y real) de Rodrigo Rosenberg
por Juan Alberto Campoy

 

I Disquisiciones hamletianas

Según su acepción habitual, el verbo “ser” afirma de un sujeto aquello que indica el atributo. No podemos, pues, predicar de alguien que es, así, sin más ni más. Tendremos que decir que es esto, aquello o lo de más allá. El verbo “ser” relaciona un sujeto con una determinada característica, la cual, de alguna forma, lo define y limita. ¿Pero, qué pasa si el sujeto en cuestión es Dios? Dios no puede ser limitado por lo que nosotros digamos de él. No puede atenerse a ninguna referencia exterior a si mismo. Esa es la razón por la cual en el Antiguo Testamento (Éxodo 3:14), al ser preguntado por su identidad, Dios responde: “yo soy el que soy”. De hecho la palabra Yavé, con la que se alude a Dios en religión judía,  no significa otra cosa que “yo soy”. Pero, dejando a Dios aparte (y Dios sólo hay uno), el resto del mundo, o sea sus criaturas, no podemos sólo ser: hay que ser algo.

Es lógico, por tanto, que los estudiosos de Shakespeare se armen un lío de campeonato a la hora de interpretar las primeras líneas del famoso monólogo de Hamlet (Acto III, Escena I):

¡Ser o no ser: he aquí el problema!
¿Qué es más levantado para el espíritu:
sufrir los golpes y dardos de la insultante fortuna,
o tomar las armas contra un piélago de calamidades y,
haciéndoles frente, acabar con ellas?
 ¡Morir..., dormir; no más!

Hay dos corrientes exegéticas principales. Una de ellas (corriente 1) sostiene que Hamlet está elucubrando si ha de matar a su tío o no. La otra corriente (corriente 2) sostiene que lo que el melancólico príncipe está dilucidando, en realidad, es si acabar o no con su propia vida. Los partidarios de esta última corriente se subdividen a su vez entre quienes piensan que “ser” se utiliza como sinónimo de “existir” (corriente 2a) y quienes piensan que se utiliza como sinónimo de “actuar” (corriente 2b). Estos últimos coinciden con los integrantes de la corriente 1, con la importantísima salvedad del tipo de actuación que consideran: suicidio (la corriente 2b) u homicidio (la corriente 1). Pero, tanto unos como otros no tendrían mayor problema en que el monólogo empezara de esta guisa: “¡Actuar o no actuar: he aquí el problema!”.

La corriente 2a, si bien minoritaria, cuenta con el respaldo de la lógica y de la sintaxis. Me explico. Si yo dijera: “O estudio o juego, o aprendo o me divierto”, todo el mundo me entendería. Sin embargo, si yo dijera: “O estudio o juego, o me divierto o aprendo” también me entendería todo el mundo, pero sería una forma extraña de expresarse. La forma habitual de hacerlo enlaza el primer término de la primera de las dos disyuntivas con el primer término de la segunda, y los dos segundos términos entre si. La aplicación al monólogo de Hamlet es inmediata: “ser” habría de estar ligado a “sufrir los golpes y dardos de la insultante fortuna” (primer término del primer dilema con primer término del segundo) y “no ser” con “tomar las armas contra un piélago de calamidades y, haciéndoles frente, acabar con ellas” (segundo término con segundo término). Ello es justo lo contrario de lo que supone tanto la corriente 1 como la 2b, pero no así la 2a. Si esta última fuera la correcta, el bardo de Avon podría haber disipado todas las dudas (y disminuido de paso los quebraderos de cabeza de los estudiosos futuros) empezando el monologo de esta forma u otra similar: “¡Vivir o morir, he aquí el problema!”.

La acepción de la palabra “ser” de la corriente 2a es la misma que usó Spinoza  cuando afirmó, años después de que Shakespeare hubiera escrito su tragedia, que todas las cosas perseveran en su ser. En román paladino venía a decir que todos los seres vivos poseen un impulso que les lleva a luchar por su vida. Si Hamlet hubiera conocido esta doctrina, no hubiera perdido el tiempo debatiéndose entre ser y no ser. La solución era obvia: ser.  Hay que decir, no obstante, que Spinoza negaba la existencia misma del acto suicida, ya que, según él, el “suicida” no elige de forma voluntaria acabar con su vida, sino que es superado por fuerzas externas. Tal es el caso de la depresión o de la locura. Es por ello que, dadas las peculiares circunstancias en que se encontraba Hamlet (su querido padre había sido asesinado por su tío, éste se había casado con su madre, y, para colmo de males, el padre de su pretendida se oponía a su relación), fuera bastante probable que Hamlet estuviera siendo superado por la tristeza y por el odio, y no fuera realmente él quien se debatía entre la vida y la muerte en el monólogo de marras. Recordemos, en este sentido, las palabras que, cuando regresa a Dinamarca, le dirige a Laertes: “¿Fue Hamlet quien hirió a Laertes? Jamás. Si Hamlet ha salido de sí y, no siendo él mismo, agravia a Laertes, no es Hamlet quien obra; Hamlet lo niega. Entonces, ¿quién obra? Su locura.”

 

II Rodrigo Rosenberg

Unos días después de ser acribillado a balazos, el abogado guatemalteco Rodrigo Rosenberg acusaba a través de un video al presidente del país, Álvaro Colom, de su asesinato. A grandes rasgos el que sigue es el contenido del video. Álvaro Colom, su secretario privado, su mujer y el empresario Gregorio Valdez habían urdido una trama para acabar con su vida. El motivo era su conocimiento de la corrupción en la entidad financiera Banrural. Esta sociedad, que presuntamente financiaba los programas de ayudas sociales del Gobierno (competencia de la esposa del presidente), era en realidad una tapadera de los negocios más sucios. El amigo y cliente de Rosenberg, Khalil Musa, que había sido engañado para ingresar en Banrural, terminó percatándose del tipo de operaciones que se realizaban e intentó denunciarlas. Fue asesinado junto con su hija Marjorie. Al estar Rosenberg al tanto de la corrupción en Banrural, temió por su vida y dejó testimonio de cuanto sabía en ese video.

El fiscal Carlos Castresana, titular de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala, auspiciada por la ONU, llevó a cabo una investigación para esclarecer el asesinato. La conclusión fue que éste había sido encargado por la propia víctima. Rodrigo Rosenberg había comunicado a unos amigos que estaba recibiendo extorsiones y amenazas de muerte, y les pago para que se hicieran cargo del asunto. Sus amigos, a su vez, contrataron a unos sicarios. La jugada maestra (por decirlo de alguna manera) era que el presunto extorsionador era el propio Rosenberg. Había disfrazado su suicidio como un crimen…, y todas las culpas recaerían en el presidente Álvaro Colom, gracias a un video que había entregado a un periodista y que éste haría público en caso de que le mataran. En cuanto a las causas de tan extraño comportamiento, el fiscal Castresana adujo, en primer lugar, el estado extremadamente depresivo en que se encontraba Rosenberg. En muy poco espacio de tiempo habían asesinado a su pareja sentimental, Marjorie Musa; había muerto, tras una dolorosa enfermedad, su madre; y había perdido la custodia de sus hijos menores. Todo ello, unido a su firme convencimiento de que el presidente, su mujer y su camarilla de amigos eran los responsables del asesinato de Marjorie y de su padre, le condujeron a su desesperada actuación.

Así pues, según el fiscal Carlos Castresana, el señor Rosenberg decidió, ante su particular “piélago de calamidades”, “hacerles frente y acabar con ellas”. Su decisión concilia las dos hipótesis principales sobre el monólogo shakespeareano: actuó contra los causantes de sus males, esto es, contra el  presidente y los suyos (corriente 1), y al mismo tiempo huyó de sus problemas quitándose él mismo de en medio (corriente 2).

Adaptaré, para terminar, el monologo de Hamlet al caso particular del malogrado Rodrigo Rosenberg. He incluido las reflexiones de Hamlet que continúan a los versos transcritos anteriormente. He procurado utilizar un lenguaje más sencillo que el de la traducción canónica de Luis Astrana Marín, empleada más arriba, para que el soliloquio resultase más creíble y comprensible. Este es el resultado:

“¡Resignarse o actuar! Tengo que elegir. ¿Cuál es la decisión correcta?

¿Soportar las tropelías de estos ladrones que nos gobiernan o presentarles batalla? Esto último haré. Acabaré a un tiempo con mi vida y con la reputación de estos asesinos. Al fin y al cabo, morir no es más que dormir, y ¿hay acaso algo mejor que dormir? El único inconveniente radica en el tipo de sueño que me pueda esperar. ¿Qué habrá más allá de la muerte? Esta duda me consume. Si hay algo, tendré toda la eternidad para expiar mi culpa. Pero quizá no haya nada. En ese caso, ¿por qué habrían de quedar estos asesinos sin castigo?, ¿por qué habría de padecer yo el enorme dolor que me embarga? ¡Mi querida Marjorie! ¡Mi querida madre! ¡Cuánto os extraño! Pero basta de cavilaciones. Haya o no una vida postrera, en ésta mando yo, yo soy el dueño de mi destino.”    

 

 

© Juan Alberto Campoy


Arriba


Exilio y metáfora
por Julio Pino Miyar

 

Uno

(Los puentes de Fayad)

El poeta alemán Rainer Maria Rilke (1875 - 1926) escribió que “lo hermoso no es otra cosa que el comienzo de lo terrible”. Saber ver, contemplar hasta el fin, allí donde cada primavera nos revela su misión, aquí donde las cosas nos muestran su horror, es la tarea esencial que hace de la poesía un modo de estar en el mundo y de entregarle una justificación a la existencia. Por eso el poeta necesita de los versos, son vehículo de algo que de otra forma jamás podría ser expresada, y donde se hace visible su extraordinario periplo en vías del lejano sueño de sí mismo.

El poeta católico cubano Cintio Vitier (1921 - 2009), escribió que, “en todas las teogonías el hombre es siempre el expulsado”. Existe un credo milenario sobre la condición humana que nos fue remitido mediante un plano simbólico -¿literario?-, el cual relata el origen dramático del cosmos y la vida. El cielo, en su inaccesibilidad, se convierte así en la suprema metáfora concebida por el hombre; entre tanto, todo expulsado es un buscador de significados, alguien a quien el extravío de su existencia no le ha hecho olvidar completamente la antigua condición de su naturaleza. Es la experiencia del exilio laque mayor concomitancia posee con ese hondo sentimiento metafísico, con esa alegórica caída al abismo que en El Antiguo Testamento se representa como la pérdida del paraíso, la devastación sucesiva del templo en Jerusalén y el éxodo varias veces repetido. Las piedras de Jerusalén que son lanzadas sobre los cuerpos de los inocentes, configuran la memoria cristalizada de esa excomunión original; la metáfora devuelta a su realidad primordial de guijarro.

Hay un exilio nuclear para los poetas que se establece como escenario providencial de la Modernidad literaria y artística: París. Pero obviamente, París no es Jerusalén, podría ser, incluso, su antípoda. La Ciudad de los profetas resuelve su significado como resolución en la tierra del cometido del cielo; allí se va a orar y a acercarse al sentido ulterior, transmundano de las metáforas, mientras se hace patente la ausencia que dejaran siglos de silencio y de muerte. Si Jerusalén sobrevive en el sueño abstracto de las tres grandes religiones monoteístas, París, sensual y pagana, disfruta, por su parte, de ese politeísmo típico de una profana Modernidad cultural. Sin embargo, hay un modo especial de sensibilidad que, en ocasiones, colinda con el sentimiento metafísico propio de las religiones y, a veces, no hay nada más significativo que el contexto en el que el artista ha decidido inscribir su sensibilidad y sus búsquedas estéticas más originales. De esta manera, las persistentes lloviznas sobre los rojos tejados y la frialdad de las brumosas mañanas parisinas, evocan la fe nacida en los días inclementes de Jerusalén. Julio Cortázar definió la Ciudad de un modo con el que puede ser también definida la Ciudad de las tres religiones: “una inmensa metáfora”. La simetría es exacta: Jerusalén es el mítico lugar de la expulsión; París, ese no menos mítico lugar en el mundo donde van los expulsados. La Ciudad del Sena es un lugar fundamental porque en ella nada -ni siquiera el dolor- es ajeno. Por eso, cuanto se dice de París deviene en expresión alegórica, incluyendo las formas más simples y elementales de la vida; un sitio donde la mirada moderna reconoce en cada signo los designios de su propia conciencia cultural, de la misma manera que la llegada de las primeras lluvias y la caída de las últimas nieves, anuncian el retorno invariable de la primavera.

En París uno de los más importantes poetas cubanos de la segunda mitad del siglo XX, Fayad Jamís (1930 - 1988), escribió en su poemario Los puentes, lo que podría ser tomado como una anotación efímera, casi circunstancial, pero que revela el espíritu mismo de su relación personal con la Ciudad y que fue expuesto en el más elemental y mundano de los versos: “(…) alguna vez la lluvia arrastrará las hojas secas”. Un verso como este parece anunciar la aparición de los poetas conversacionales, coloquiales, en el sentido que lo pedía Antonio Machado: la más simple y, a la vez, la más íntima de las alocuciones. Vuelve a decirnos Fayad a la manera de un paseante solitario que anota en su cartera de estudiante sus visiones, como un boceto perdurable del vasto cosmorama en el que se inserta por derecho su poesía: “Esta mañana el Sena corría/ bajo los puentes como un camino solitario/ las flores de los álamos caían sobre el agua gris/ Los mendigos dormían al sol en la orilla (…)”

Fayad, nacido en Zacatecas, México, de origen libanés, cubano por adopción y convicción, poeta y pintor, en los años 50’ del pasado siglo vivió una larga temporada en Francia. La escritura de un texto de características tan poco frecuentes como Los puentes, contextualizado en París y publicado en La Habana en una fecha tan temprana como 1962, coloca al poeta, y a su poesía, en una peculiar situación, preámbulo, o antecedente literario, quizás de un exilio mucho más definitivo, ya que el poemario posee la maleabilidad que permite una doble interpretación. Si bien en primera instancia, Los puentes en su momento histórico fue una evidente alusión al fin del exilio intelectual, en vías de un compromiso efectivo con la nueva sociedad emergida a partir de la Revolución de 1959, el carácter abiertamente exógeno del poemario brinda una segunda lectura: Las visiones de la capital francesa evocan con demasiada fuerza un mundo paralelo al nuestro, a veces transido, pródigo en su inevitable lejanía, promiscuo en su culta naturaleza, tolerante y ameno en sus divagaciones ociosas, disfrutable en sus constantes ejercicios de soledad, aunque no por ello menos inusual: en ese mundo que el poeta nos dibuja se puede vivir asombrosamente solo, sintiéndose sumergido en la marea de los accidentes culturales, encontrarse descifrando hermosos deslizamientos de sentido, porque otros soles y estaciones nos acompañan siempre, dormitando desnudo sobre el puro placer de la expresión. Hay mucho de estas cosas en Los puentes, que, como su nombre lo indica, ponen en riesgo lo preestablecido al tender caminos, puentes entre ambas riveras, entre lo conocido y lo por conocer; Cuba y el resto del mundo: Los puentes es quizás el texto más foráneo de la llamada literatura cubana de la Revolución. A pesar de esto, los fundamentos éticos que permean desde el principio la escritura le imponen a Fayad el retorno y la conciliación con esa sustancia rugosa y medular que está más allá del lenguaje, y para eso no importa que el instante que el poeta le dedica a las palabras abarque toda una vida, singularmente son lo accidental de esa vida, el cultivado hito entre la reflexión y la realidad.

Vuelve de nuevo a decirnos Fayad: “Hay que decir la verdad aún cuando en la noche terrible/ no sabemos si el amor el olvido o la muerte nos esperan (…) como las velas de los barcos/ desgarrándose en la furia del aire”. ¿Pudiera Los puentes ser leído como una experiencia límite de la existencia, acaso de la palabra? Si Jerusalén conserva entre sus anales el Libro de Job no es porque sea el más bello de los textos, sino porque pocos documentos en la historia expresan con tanto vigor el grado de desertificación a que puede llegar la conciencia humana; ese apartamiento insustancial que priva al hombre de naturaleza y omite de paso sus significados. El miedo milenario al desierto, -padecido por Job ciego- “es el miedo a quedarse sin imágenes”; cuando el poeta José Lezama quiso hablar del horror vacui lo expresó de esa forma. El Sáhara se vuelve así en la otra “inmensa metáfora” que rodea peligrosamente las ciudades de los hombres, y se refleja en la paradójica historia de un pueblo del desierto -el judío- que se prohibió a sí mismo las imágenes. Por eso, si como exilio se entendiese la des-realización de la conciencia y esa tenaz despersonalización de los afectos que nos obliga a buscar pobres sucedáneos en las cosas más heteróclitas, y donde la vida se fija a un antes y un después cardinal, indiscutiblemente, ese no sería nunca el exilio experimentado por Fayad. Ya que para cada palabra París guardaba una resonancia, pues allí toda expresión encontraba su objeto y cada objeto su poética inevitable. De este modo nos corrobora el poeta, estableciendo la indisoluble unidad entre la Ciudad y el hombre; la imagen y el calor del fuego: “en la ciudad y el corazón arde la misma llama”.

“Frente a uno de esos puentes escogeré mi casa/ tal vez aquella de la cortina roja en la ventana”. Leyendo esta última línea se podría preguntar, ¿no es acaso la búsqueda de un domicilio definitivo la tarea capital de la poesía? ¿La llegada al hogar después de años de éxodo y desamparo, felizmente dispuesto para una nueva comunión con la palabra? ¿Pudiera significar París el fin del exilio? Responde el poeta: “(…) Yo regresaré a La Habana en una bicicleta/ Las mujeres que pasan por la acera/ van dejando una estela de fuego blanco”. Lo excepcional es que el retorno que propone Fayad, es un retorno lúdico, irreverente, sin concesiones porque él se ha ido a París a vivir una de las más intensas experiencias poéticas, y el regreso no estaría justificado si no trajese de vuelta las porciones más irreductibles de esa estancia. En los largos paseos por senderos citadinos que reavivaban la experiencia pura de la poesía, la sensibilidad ha descubierto bifurcaciones que alteraban sus visiones, y en cada accidente del paisaje el poeta hallaba los dones siempre en gestación de la insólita subrealidad: “Aquel que no había dormido/ porque andaba buscando el delgado cristal/ que se extiende como una daga entre el sueño/ y la realidad/ se detuvo por un instante en la puerta del café (…)”

Fayad, extraviado entre los puentes y los bulevares, supo poner tasa a su lejanía por medio de las palabras. El poeta nos habla de un París donde la irremediable soledad del artista tenía el contenido de una gran misión, y en el que lo asistía un estado de gracia que le permitía ofrecer sosegado testimonio a través de sus más variadas visiones. Mas, ¿es ciertamente el poeta el gran ingenuo de la palabra? Si la vida como la historia fuesen saharizadas, desvirtuadas en sus postulados más intrínsecos, nunca se nos facilitaría una salida inocente, debido a que el ángel que pudo vislumbrar nuestra mirada era el más terrible, aquel que los poetas intuyeron en la inopia de las tardes vacías. “A los asesinos es fácil descubrirlos”, nos recuerda Rilke, como queriendo expresar lo pavoroso e incierto que se oculta, y nos acecha, en los intersticios en sombra de la poesía.
(…)

De visita en La Habana hace escasos años tuve la ocasión de darle a leer a un amigo un poemario personal, el cual tenía como exergo unos versos de Los puentes. Mi amigo me miró dubitativo y escéptico, y me hizo la observación crítica que mi experiencia del exilio en nada se asemejaba a la de Fayad. Redactando este ensayo pude constatar la diferencia abismal que separan mis años vividos en los Estados Unidos, del París de las grandes remembranzas y las hondas experiencias poéticas. Entonces, ¿por qué ese empeño en pensar y repasar Los puentes? Hacer o leer poesía es un modo legítimamente humano de luchar contra la alienación, mas, sobre todo, se lee y se escribe para saber que no estamos solos, que hay algo irreductible que busca darle sentido incluso a la más aviesa soledad. El exilio no es sólo el más largo viaje, es un estado de conciencia, a veces una mala conciencia; un prolongado sentimiento de abandono y expiación. Pero las lluvias más inclementes son las que mejor alimentan el pensar metafórico, no importando en qué región del mundo nos encontremos. Vagando ocioso por las calles y los puentes de una de las barriadas más pintorescas y tranquilas de Miami Beach, la callada contemplación del paisaje me hizo evocar algunos de los versos más cercanos de Fayad:

“Allá arriba cantan los niños/ el viento huele a pan fresco (…)”/ “Tú no oirás el último sollozo del mendigo (…)”/ “Tú no oirás el ruido de ese tren que se aleja”
 

Dos

(La rosa de Rilke)

Resulta verdaderamente llamativo que el notable poeta y ensayista Roberto Fernández Retamar (Cuba y 1930) hace escasos años escribiera el poema, “Alguien me pidió una rosa de Rilke”, el cual contiene unos versos de desasosegado acento autobiográfico: “(…) En La Víbora lejana, mi total cercanía. / Registro viejos papeles amados y escojo estas rosas / Escritas por la mano absoluta del poeta. / Luego sería la rosa final, la de la espina”. ¿Es el mismo poeta de estos versos el absolutamente prendado de una utopía política, para quien el discurso esteticista debía ceder paso al sueño más insurgente y quien aclamara ardientemente el impacto de todas las exenciones de la Revolución de 1959 sobre nuestras letras?
Previendo los peligros que acechaban a la poesía a partir de la proclamación de una impositiva cultura popular, el poeta alemán Heinrich Heine, simpatizante de las ideas socialistas, le confesó a su contemporáneo y amigo Carlos Marx, que tenía miedo que los obreros “terminaran por sembrar patatas en su jardín de rosas.” ¿Fue entonces una reacción eminentemente tardía ante supuestos desmanes cometidos en el territorio de la poesía, lo que hizo a Retamar salir a defender casi al final de su vida su amado jardín de rosas e invocar a Rilke, uno de los supremos representantes de una culta elite europea? ¿Un regreso, acaso un signo de admisión, a esa lejanía esencial, al parecer irreductible, que viene padeciendo desde siglos la poesía, y que es, sin embargo, su “escudo de nobleza”, su privativa e insoslayable condición? La cual alude sin afectaciones a la naturaleza exiliada del poeta y sus palabras; a la escabrosa situación de inmigrante perpetuo para quien, encerrado en su sueño moral, en su arcano utopos político, en su intransferible desasosiego existencial, comprende que ya no es posible el retorno, y su fe asume entonces la anchura de las certezas metafísicas y el regusto amargo y nostálgico que sólo pueden traer las batallas perdidas.

La batalla perdida, pues fue a la que nuestra abstracta existencia nunca asistió. Retamar asume como propia la culpa por esa incapacidad proverbial del poeta para llegar a tiempo a las citas concertadas con la historia, mientras fue otro el que estuvo en su lugar. ¿Dónde estaban en ese momento el poeta y la poesía? En el exilio, en el inxilio; en el exilio indistinto de la geografía o la cultura; en el inxilio equívoco -interior- donde el poeta enumera, como las cuentas de un rosario, el algebra imposible de su alma. Pero es 1ro de Enero de 1959 y Retamar saluda la llegada de la joven Revolución con estos versos:

Nosotros, los sobrevivientes, / ¿A quiénes debemos la sobrevida?” / ¿Quién se murió por mí en la ergástula, / Quién recibió la bala mía, / La para mí, en su corazón? (…)”

Es el canto de Jeremías bíblico. Sin embargo, no debería caber duda que lo dicho en ese momento fue sustancialmente honesto, y que la honestidad es la precondición existencial que nos exige desde siempre la poesía. Si siguiéramos la línea de un pensamiento políticamente comprometido como el de Retamar, e hiciéramos además uso de las alegorías bíblicas, podríamos decir que la poesía había estado en cautiverio en Babilonia por todos los años de la República de 1902, y la Revolución parecía liberarla, haciéndola regresar de un éxodo de lustros, al convocar a los poetas para reconstruir juntos el gran proyecto histórico de la nación.  Para Retamar el Deseo -fuerza matérica de la poesía-, eros entretejido en la distancia, se hacía tangible, se objetivaba y dejaba atrás su vocación lúdica para colocarse al alcance de las manos que trabajaban: “(estoy construyendo esta escuela) con las mismas manos de acariciarte”. Era como si hubiésemos llegado al fin de todos los exilios, a la tierra feliz de promisión, levantado nuevamente el Templo y haber hecho resurgir a Jerusalén sobre las antiguas ruinas de la dispersión. Nuestro deseo, largamente alimentado en el destierro, volvía así a su condición fundamental: ser la materia de la creación; la sustancia indivisa para ejecutar la arquitectura del sueño.

Pero, ¿qué sucedió en nuestra historia nacional, en la vida del poeta, para que en el ocaso de su poesía volviera a invocar la bienamada rosa de Rilke, su exquisito perfume como una añeja necesidad que buscaba expresar la sensibilidad trasgredida del artista por el paso devastador de los años y las utopías? ¿Por qué entre sus poemas se lee ahora al ambiguo arte conjetural y le hace decir a Jorge Luis Borges lo que pudo muy bien decirse a sí mismo, como tanteando con eso los pequeños resortes metafísicos de la existencia? Lamenté no haber tenido el valor de mis mayores, (…) / No se olvide que no soy quien escribe estos versos. / No los escribe nadie”. El bibliógrafo cubano Rafael Rojas curiosamente ha sintetizado el peligro que se cierne sobre Cuba a las alturas del siglo XXI, cuando se encuentra singularmente inerme frente al impacto desmedido de la globalización capitalista: “(llegar a ser) una democracia sin nación, un mercado sin república”. Mientras que un devenir personal “inquebrantablemente entrelazado con el destino de la nación”, haría que esos males históricos atenazaran la existencia del artista convirtiendo su arte en un credo sin posibilidad de comunión, y a su propia vida en la memoria abstracta de una antigua raza. ¿Un nuevo exilio nos espera más tenaz y definitivo que el anterior? ¿un nuevo exilio al que no le ha bastado usufructuar porciones enteras de nuestro pasado, ya que parece erigirse desde el futuro para señalar donde hubo promisión, la tierra yerma y baldía? ¿Qué significado posee en definitiva Jerusalén como metáfora del exilio, del hombre trashumante en la tierra, abandonado de la Ciudad de Dios? El fin del mundo de los significados trasvalorado en la postulación exclusiva de la fe. Y la ausencia de abrigo bajo el rigor último de la intemperie.

Tres

(Cambiar la vida)

“En un rincón de la Plaza Furstenberg en París he dejado una pequeña maleta invisible que acostumbro a mirar a través de un espejo de grano muy unido que encontrara en el sitio en que la maleta reposa A muy pocos pasos de ese lugar absoluto he vivido algún tiempo (…)”. Nos dice el poeta cubano José Álvarez Baragaño, (1932 - 1962) ¿Bordea el creador los linderos de la estética surrealista? Podría suponerse, en esas ocasiones en que la realidad parece alterarse ante nuestra mirada, yuxtaponerse en planos de diferente origen y difícil ordenamiento, creando raras composiciones y explorando áreas hasta esos momentos poco visitadas del vívido entorno. El surrealismo no es otra cosa que un experimentalismo -ese “lugar absoluto”, esa “maleta invisible”- de fuerte registro existencial. No sabe cómo situarse ante el problema de la tradición y por eso la deja en suspenso, en un gesto enfáticamente romántico de desencanto y rechazo.
Cuando el singular personaje de la Maga le afirma a su pareja en un lugar de Rayuela, “Hay ríos metafísicos, Horacio, vos te vas a lanzar un día a uno de esos ríos”, nosestá indicando la precondición existencial padecida por esos habitantes metafóricos de París que son los poetas, la Maga, Horacio y el propio Cortázar; sus irrevocables talentos suicidas como buscadores in extremis de significados. Fue en su novela – problema, Rayuela donde Julio Cortázar describió a París como una “inmensa metáfora”, porque hay un modo marcadamente ficcional de operar de la cultura, y la metáfora alude a ese formidable desplazamiento metonímico, a esa alteración radical de la realidad que la propia cultura provoca. Es decir, la Ciudad del Sena no sólo existe como realidad urbana, como puro conglomerado humano, sino  además, como un lugar que se distingue entre las inquietudes más legítimas y soberanas del espíritu. Mas, si nos dedicáramos a la comparación crítica de grandes ciudades metafóricas como París y Jerusalén, las cuales comportan cualidades muy disímiles a la hora de experimentar lo mítico, veríamos que, en la primera se vive el agónico cruce entre la realidad y el sueño, mientras, en la segunda, la actitud es de una abstracta actitud de espera -no menos agónica- por algo que no sabemos qué es y sobre lo que no hay asomo alguno de certeza. La imagen que en París percibe nuestra sensibilidad, es algo interior, subjetiva, latente. En Jerusalén, en cambio, es externa y se erige al modo de un “enemigo rumor” que desde una distancia infranqueable nos observa. Para ambos casos se proponen la soledad y la fe como únicas verdades alternativas; ese “permanecer tranquilo en la obra” que pedía en sus epístolas Van Gogh, en su doble condición de hombre de arte y de religión. París, en resumen, es aquella Ciudad privilegiada en el que la historia moderna situó el profano e irresuelto programa de la liberación; Jerusalén, la Ciudad escogida por la tradición milenaria en la que asistimos a los problemas sagrados de la redención y la inculpación. De esta manera, los dilemas que plantea existencialmente el exilio son como una madeja que se enreda entre la realidad y la ficción, la culpa y la ensoñación.

¿A qué región particular de nuestra sensibilidad apuntan con su existencia los poetas que mueren asombrosamente jóvenes? No el más grande pero sí quizás el más radical de los poetas cubanos, Baragaño escribió a los veinte años el poemario, Cambiar la vida. El poeta nos dejó dicho allí que había que aspirar a aquella imagen que poseyera enteramente la realidad de las cosas. Él fue nuestro gran poeta surrealista, aunque al entender la evidente insuficiencia de las palabras al nombrar la realidad como el apartamiento más inicuo experimentado por el hombre, asumió, paradójicamente, un punto de vista teológico. Apartamiento y éxodo, de raíces metafísicas,  al que el creador se ve condenado y desde donde clama por la imagen preciada que volviera a expresar, de una vez por todas, la antigua realidad, la copiosa plenitud.

Para Baragaño, el poeta se exilia voluntariamente del mundo persiguiendo una intensa visión interior que pudiera devolverlo a su condición originaria, a la plenitud de su experiencia humana. No obstante, es en el miedo a quedarse sin imágenes, en el horror a un mundo carente de significados, donde se produce la revancha de las cosas y por ende, la angustiosa cosificación de la existencia, la cual se nos aparece entonces bajo las formas críticas de la locura y la muerte extrema. Nos abunda sobre eso el poeta en su “Himno a la muerte”, tomado de su poemario, Poesía, Revolución del Ser (La Habana, 1960):

“(…) Morir es caminar por tus abismos/ Es consolar la palidez de nuestro rostro/ En el único cambio verdadero/ (…) En tiempos oscuros de miedo y de locura/ (…) No sé qué rectitud ideal me la recuerda/ Qué reposo innombrable/ Qué peso que no pesa…”

La Ciudad del poeta no es así el París al que canta en sus versos Fayad Jamís, porque la Ciudad que éste evoca en sus poemas tiene un ligero acento de manifiesto cívico, y desde él expresa su hermoso sueño político, el matiz social que le acompaña y delinea, no sólo para brindarle una forma oportuna, sino también, para dejar bien establecidos sus inexcusables límites. La poética de Baragaño, si fuese remitida al escenario y al amplio ámbito cultural donde se inscriben Los puentes, sería el París de las andanzas nocturnas bordeando las ciénagas del Sena, donde el alma es llevada en bandolera, descendiendo con ella a los ínferos de la soledad y la concupiscencia, perdida y recobrada por medio de esos raros contubernios a los que, a veces, suele ser proclive la palabra. Nuestro poeta, muy a diferencia de Fayad, no se encuentra ubicado dentro de los límites convencionalmente preestablecidos de la existencia, su poesía es así mucho más imperfecta, sin embargo, por eso más intensa, sobre todo porque nos recuerda el apotegma que André Breton hiciera de la belleza: “será convulsa o no será”. Baragaño se ve ubicado en el borde exterior de todos los límites, colocado siempre más allá de cualquier rasgo de prudencia, y, desde ese extrañamiento fundamental, desde ese exilio irreductible, nos habla, mientras recorre sin descanso los peligrosos bordes exteriores de una ciudad amurallada, lo cual se convierte para él en el único modo o gestión humana permisibles. Y esa señalada ineptitud parece establecer el contenido sustancial de su obra y de su extraordinario periclitar. Por tanto, la poemática de Baragaño admite ser leída como una experiencia límite de la existencia y la palabra, pues nace de la mirada en lontananza hacia las planicies indiferenciadas del desierto donde se sitúan las amargas certezas, el gesto iracundo del Job bíblico ante una inhóspita Jerusalén, o frente a un dios que ha negado a los hombres toda bienaventuranza.

Indudablemente, José Álvarez Baragaño fue nuestro gran poeta maldito. Su poesía recorre en círculos el camino que va del drama de la existencia individual a la Ciudad de los hombres, a los grandes intereses y necesidades colectivas, aunque percibe que hay en él un golpe irreparable, una herida severa y tangencial que nada ni nadie podrá reparar. La certeza de esa enorme carencia labra su poesía, acaso su razón de ser, y se siente destinado a una Revolución en solitario que, según el primer Octavio Paz, es la revolución del verdadero artista de hoy para luego cargar consigo, “el peso desgarrador de la felicidad”.

Cuando pensamos en la muerte en 1930 del gran poeta vanguardista ruso, Vladimir Maiakoski, estamos tocando no sólo un hecho paradigmático, sino una de las regiones más sensibles de la intimidad del artista contemporáneo: ¿Por qué se suicidó Maiakoski? Hay sólo dos opciones, la primera es decir que esa pregunta no tiene respuesta, pues enuncia ese hito de vacío, de absoluta incertidumbre, que se suspende como un misterio sobre la vida de ciertas naturalezas privilegiadas: el poeta se suicidó por la angustia pura de vivir, una suprema insatisfacción que jamás podría resolverse. Sin embargo, la segunda opción nos dice que su muerte pudo ser evitada, que su descenso revela el fracaso de una específica política cultural en tiempos del Poder de los Soviet. Y supongo es la respuesta verdadera, la que nos deja opciones, la que no se traduce en mera instancia metafísica, ya que parte de la absoluta terrenalidad del artista y de los problemas que, en cada momento particular de la historia, le conciernen.

Cuando llegó la Revolución de 1959 se pensó en un mundo nuevo en el que el socialismo resolvería los problemas que para el artista plantea la existencia, y que la propia filosofía del hombre encontraría, en la práctica más vivificante, la respuesta a todas sus preguntas. Hoy sabemos que no fue así. El Che, probablemente en el más conocido de sus textos, El socialismo y el hombre en Cuba, intentó sortear la aguda contradicción que creaba el binomio de un Estado del pueblo y una sociedad asalariada, donde el artista sería un becario estatal y donde, por tanto, su sensibilidad y su inteligencia estarían transadas, de antemano, con todas las bulas que a diario diseña el poder. El socialismo, hasta donde hoy lo conocemos, no ha resuelto los problemas que proyecta desde milenios el tema de la liberación humana -por el contrario, los ha enrarecido-, y el Che fue uno de los escasos líderes revolucionarios mundiales en creer con honestidad en la necesidad real de pensar y resolver ese inobjetable dilema.

Si nos atenemos a los Manuscritos económicos – filosóficos de 1844 de Carlos Marx, veríamos que el ateísmo filosófico que allí se proclama, sólo puede verificarse en la práctica coherente de una filosofía política la cual vindique la soberanía de la autoconciencia no sólo en un plano cósmico, sino en los renglones tanto económicos como políticos de la sociedad. Lo que llamamos angustia metafísica puede ser sólo un modo de cómo encaramos la reflexión sobre nuestro destino individual y el valor que para la vida poseen los significados; mientras la Revolución social que todos esperamos, solamente sería viable si la sentimos cumplirse en cada uno de nosotros; en ese espacio íntimo, discreto pero medular, donde acostumbra a latir la acuciosa sensibilidad del artista y se fragua la soberanía política de la autoconciencia; su antitotalitario ateísmo moral y el fundamento socioeconómico que, sin duda, la sostiene.

Cuando André Breton en el México de los años treinta firmó junto a León Trosky y Diego Rivera el “Manifiesto por un Arte Revolucionario Independiente” estaba intentando tocar las puntas de un triángulo equilátero. ¿Es posible todavía cambiar la vida? Es la pregunta que se hizo Baragaño, es la frase formulada por Rimbaud, es el Rimbaud traducido por Vitier, es el gran proyecto surrealista y las jornadas estudiantiles y obreras del París de Mayo del 68’; es el sueño dadaísta de Tristán Tzará en sus interminables partidas de ajedrez con Lenin en el legendario exilio de Zúrich de la segunda década del siglo XX. ¿Por qué, y a pesar de todo, persistimos en apoyar la Revolución de Enero? Porque es nuestra única opción, no hay otras, no habrá otras. Lo que puede haber de carne de mi vida, lo que pude constatar en el corazón de las esencias, es ese sueño postergado, es esa excusa que no acaba, (a pesar de la mirada extraviada de los burócratas del mundo, los grises pontificadores de “la verdad revelada”, los adocenados del gesto, el pensamiento y la palabra). Esa teodicea que no llega, esa aventura solar y estos borbotones de sangre jacobina. Ese lejano exilio irremediable -prudente, antiguo, cómodo, burgués- que mi propia mano me deparó un día. Esa vida preterida, ese exilio que no cesa... esa rosa de Rilke deshojada.

 

 

© Julio Pino Miyar 


Arriba


Un instante de abandono
Philippe Besson
Alianza 2010

por María Aixa Sanz



…Uno tiene derecho a construir su vida sobre un presentimiento.

un instante de abandono.jpgALIANZA publica una nueva novela de Philippe Besson: ‘UN INSTANTE DE ABANDONO’. De nuevo nos encontramos con la prosa limpia, sin artificios, eficaz del escritor francés cuya resolución nos atrapa en un nuevo relato. ‘Un instante de abandono’ es el relato de los seres marcados. Una narración que aunque envuelta en misterio al lector le descubre todos los secretos, poco a poco, capa a capa hasta llegar al corazón de la historia. Besson desgrana la   narración capítulo a capítulo sin perder el objetivo primero que se marca como escritor: esclarecer toda la verdad,  llegar al centro de la misma. ‘Un instante de abandono’ trae consigo el enigma desde la primera palabra. Philippe Besson conoce, al igual que el protagonista de la novela Tom, que a menudo llegar a la verdad es el único camino para la salvación o para poder soportarnos a nosotros mismos o para sobrevivir. Pero Besson va un poquito más allá de la supervivencia. Besson con ‘Un instante de abandono’ va al lugar donde saber sobrevivir no es suficiente, va al lugar donde se debe encontrar un agarradero lo suficientemente sólido para decantar la carga que lleva a la espalda un ser humano hacia el lado de la salvación. La narración está situada en Falmouth, pueblo costero cerrado donde las murmuraciones y la desesperanza son los ejes de la vida, Tom, un lugareño comete un día un acto atroz en sí mismo, pero menos atroz de lo que creen sus vecinos, cinco años después, de vuelta de la cárcel regresa al pueblo, actitud que provoca malestar. Acude a Falmouth con un solo fin: esperar su salvación. Mientras las horas de espera se suceden Tom entabla conversación con solo dos personas del  pueblo: Rajiv, un emigrante pakistaní que regenta una tienda de ultramarinos y Betty, una muchacha vendedora de periódicos que se erige como redentora de Tom. Pero Tom ha escogido su propio camino, sin que el verbo escoger tenga la libertad que tiene para el resto de los humanos. Para Tom, escoger significa agarrarse a algo o a alguien para poder salvarse, este algo o alguien es el amor de Luke su compañero de celda, es a éste a quién espera sin saber si va a aparecer o no. Tom sabe que: o Luke o nada. Y sobre esa certeza se sostiene toda la narración. La prosa eficaz de Besson ayuda a mantener durante toda la novela el punto de intriga necesario para hacer de ‘Un instante de abandono’ una excelente narración sin caer en el amarillismo.

© MARIA AIXA SANZ

 

 

maixa

© María Aixa Sanz . (España, 1973) Escritora valenciana. Tiene publicadas las novelas “El pasado es un regalo” (2000), “La escena” (2001), “Antes del último suspiro” (2006) y “Fragmentos de Carlota G.” (2008). En mayo del 2008 publica el ensayo “El peligro de releer”, recopilatorio de los artículos literarios, con los que colabora en diversas revistas de España y Latinoamérica. En Junio también de 2008 la Editorial Séneca publica el libro “La escritura del no” que recoge sus artículos más importantes junto a los de una decena más de escritores profesionales. Ganadora de varios premios de narrativa breve, relato y cuento en distintos idiomas.

/www.blogs.ya.com/mariaaixasanz/ aixasanz(arroba)mixmail.com

 

Arriba


El mes más cruel
Pilar Adón
Impedimenta 2010

por María Aixa Sanz


el mes más cruel.gif
 … ¿Y si se sentaba a los  pies de Héctor y
le pedía que siguiera silbando aquella
melodía hasta el amanecer?

Una característica de los contadores de historias es que nos gusta que otros nos cuenten a nosotros sus historias. Historias por descubrir. Nuevas. Brillantes. Con su principio, su trama y su final, que es como en verdad se cuentan las historias que deleitan y atrapan al oyente. Me arrellané en el sofá en una tarde de mayo, en la que en el cielo, las nubes estaban preñadas de lluvia y los truenos lejanos eran el ruido de fondo. Me arrellané en el sofá y Pilar Adón empezó a contarme sus historias. Abrí el libro: ‘EL MES MÁS CRUEL’ (Impedimenta) y empecé a leerlo al azar como siempre hago con los libros de relatos, entre los catorce escogí: ‘El viento del sol’ y seguí con ‘El infinito verde’, ‘El fumigador’, ‘Clara’, ‘La huida de Virginia’… , volaron las horas y la tormenta y devoré sin darme cuenta ‘El mes más cruel’, pues había encontrado historias nuevas, brillantes, con su principio, su trama y su final. Historias bien contadas. Fascinantes. Contundentes. Sí. Contundentes. Pues Pilar Adón escribe de forma rotunda, contundente, creíble, una forma de escribir que atrapa, seduce, cautiva y ‘El mes más cruel’ se convierte en un libro de relatos fascinante, hermoso, sólido, y por supuesto, contundente. Un libro de relatos que es arte. En él, Pilar Adón, consigue asir con sus cuentos ese concepto tan fugaz que se denomina arte y que se materializa cuando una obra no deja indiferente, agita el alma y solo queda aplaudir. Adón en ‘El mes más cruel’ consigue poner a nuestros pies un mundo fantástico donde todo es posible y al lector sólo le queda adentrarse en él, perderse en él, para disfrutar, descubrir, curiosear y aclamarlo después. Pilar Adón ha abierto una ventana donde un aire fresco sin duda ninguna sacudirá todo el panorama de la literatura peninsular, algo que le hacía realmente falta a las letras españolas. Sencillamente genial.

 

© MARIA AIXA SANZ

 

 

maixa

© María Aixa Sanz . (España, 1973) Escritora valenciana. Tiene publicadas las novelas “El pasado es un regalo” (2000), “La escena” (2001), “Antes del último suspiro” (2006) y “Fragmentos de Carlota G.” (2008). En mayo del 2008 publica el ensayo “El peligro de releer”, recopilatorio de los artículos literarios, con los que colabora en diversas revistas de España y Latinoamérica. En Junio también de 2008 la Editorial Séneca publica el libro “La escritura del no” que recoge sus artículos más importantes junto a los de una decena más de escritores profesionales. Ganadora de varios premios de narrativa breve, relato y cuento en distintos idiomas.

/www.blogs.ya.com/mariaaixasanz/ aixasanz(arroba)mixmail.com

 

Arriba


La sal de la vida
Anna Gavalda
Seix Barral 2010

por María Aixa Sanz

La sal de la vida.jpg

 

… Le desconcierta que estéis medio locas. Esa forma vuestra de ser tan divertida, tan libre… Creo que está como acomplejada. Le parece que, para vosotras, la vida es un gran patio de recreo…

 

 

 

‘La sal de la vida’ (Seix Barral) de Anna Gavalda. Es una novela ‘Gavaldiana’ fresca, eficaz, inteligente, es justo lo que el lector espera encontrar, el tubo de escape haciendo referencia al título de la misma en francés: ‘L’Échapée belle’ que siempre se busca en las historias de Anna Gavalda. La realidad pintada con una inmensa paleta de colores que les da el color, para que siempre con una sonrisa o un rayito de esperanza dibujado en el horizonte, terminemos la lectura. Saber lo que se va a encontrar es lo que hace que las novelas de Anna Gavalda tengan el éxito que tienen pues justamente por eso, por el quiebro que le hace a la realidad, por los colores con que la pinta, por ser tan reales sus historias, perfiladas de gestos y actitudes comunes y reconocibles nos atraen como un imán. ‘La sal de la vida’ es una comedia. Novela de hermanos. Que hará la delicia de los lectores que tengan hermanos con los que se lleven bien y que compartan con ellos todo un lenguaje lleno de recuerdos, infancia, complicidad y risas. Ese lenguaje con el que con tan solo una mirada los otros ya saben que les quieres decir y las risas se despliegan como una abanico donde se pierde la edad, la razón , los problemas, es decir, cuando en un instante se recupera un paraíso perdido y se convierte la vida en un lugar rematadamente genial y bonito. Novela cómica llena de encanto y de risas, donde por unos momentos como los protagonistas se puede olvidar, al menos, la rutina del día a día. Compartimos las horas más hermosas de cuatro hermanos: Simon, Garance, Lola y Vincent. Los tres primeros viajan juntos para asistir a una boda, una vez allí, al comprobar que su hermano pequeño no asistirá, se escapan como niños traviesos al lugar donde se encuentra éste, unos kilómetros más allá, un par de horas en coche. Al encontrarse de nuevo, los cuatro juntos, recuperan por unas horas su paraíso propio y común, recuperan la risa, los juegos, la complicidad. Horas de felicidad absoluta. Anna Gavalda con sus diálogos rápidos, libres, reales, nada artificiales ni pomposos, atrapa en esta novela al lector entre carcajada y carcajada en un tiempo reconocible en la memoria de cada uno de nosotros: el tiempo de nuestra infancia. ‘La sal de la vida’ es otra de las buenas historias con las que nos tiene acostumbrados Anna Gavalda y como siempre sigue escribiendo de manera genial y auténtica, en un mundo lleno de falsedades, siempre llega al fondo, a los abismos del interior humano, con su sencillez habitual, diciendo las verdades a la cara, poniendo las cartas boca arriba, para dibujar al final la sonrisa en los rostros y un rayito de esperanza. ‘La sal de la vida’ es garantía de unas cuantas horas felices de lectura para aligerar el alma, a la que le acompañan unas informales ilustraciones de trazo limpio de Emilio Urberuaga. Y como siempre a esperar la próxima…

 

© MARIA AIXA SANZ

 

 

maixa

© María Aixa Sanz . (España, 1973) Escritora valenciana. Tiene publicadas las novelas “El pasado es un regalo” (2000), “La escena” (2001), “Antes del último suspiro” (2006) y “Fragmentos de Carlota G.” (2008). En mayo del 2008 publica el ensayo “El peligro de releer”, recopilatorio de los artículos literarios, con los que colabora en diversas revistas de España y Latinoamérica. En Junio también de 2008 la Editorial Séneca publica el libro “La escritura del no” que recoge sus artículos más importantes junto a los de una decena más de escritores profesionales. Ganadora de varios premios de narrativa breve, relato y cuento en distintos idiomas.

/www.blogs.ya.com/mariaaixasanz/ aixasanz(arroba)mixmail.com

 

Arriba


La hija de Robert Poste
Stella Gibbons
Impedimenta 2010

por María Aixa Sanz

Encantadora y deliciosa novela es ‘La hija de Robert Poste’ (Impedimenta). Astuta, divertida, feminista, es tanto la novela como la propia Stella Gibbons, capaz de sacarle toda la miga y todo el partido a cualquier situación que se le plantee. Un amigo mío suele decir que: ‘las mujeres que leen son peligrosas y si escriben todavía más’. Ésto se podría aplicar perfectamente al carácter de Stella Gibbons carácter que imprime sin duda a la novela, Stella Gibbons es capaz de reírse de su propia sombra. Y pluma en mano es terriblemente peligrosa. Una joya a la hora de narrar. Hacen falta en el mundo más novelas como ‘La hija del Robert Poste’. Hacen faltan más novelas que sean buenas comedias, con cuya comicidad, ironía, inteligencia, sarcasmo se metan al lector en un tris-tras en el bolsillo. Esta es una novela de mujeres que no es lo mismo que una novela para mujeres. Un título genial de nuevo de la mano de Impedimenta, otro tanto a su favor. Es tal la maestría de Stella Gibbons que con un clic demuestra que fácil es darle a la narración un estilo u otro, lo demuestra constantemente página tras página. ‘La hija de Robert Poste’ por sus peculiaridades es un texto único que te mantiene en vilo hasta la última palabra. Flora Poste decide ir por una temporada a la granja de unos familiares, exactamente, a la granja de ‘Cold Comfort Farm’, con ella en el lugar entra la civilización, la amplitud de miras, también es verdad que se planta en la granja como un elefante en una cacharrería, produciendo un gran desbarajuste y abre una grieta por donde la luz del mundo entra en las mentes de la decena de personas que habitan el lugar. Flore Poste se desplaza desde Londres a la granja con ese propósito, con el de llevar e introducir consigo un poco de orden y civilización en la vida de sus primos con la única garantía y aval de que Charles, su amigo especial, si ella le dice: ‘Sácame de aquí’. Él lo hará sin dudarlo ni siquiera un segundo.

‘La hija de Robert Poste’ es una sorprendente novela, de una comicidad aplastante, divertida e inteligente. Recomendable al cien por cien, con una galería de personajes sin igual y una Flora Poste enérgica y brillante.

© MARIA AIXA SANZ

 

 

maixa

© María Aixa Sanz . (España, 1973) Escritora valenciana. Tiene publicadas las novelas “El pasado es un regalo” (2000), “La escena” (2001), “Antes del último suspiro” (2006) y “Fragmentos de Carlota G.” (2008). En mayo del 2008 publica el ensayo “El peligro de releer”, recopilatorio de los artículos literarios, con los que colabora en diversas revistas de España y Latinoamérica. En Junio también de 2008 la Editorial Séneca publica el libro “La escritura del no” que recoge sus artículos más importantes junto a los de una decena más de escritores profesionales. Ganadora de varios premios de narrativa breve, relato y cuento en distintos idiomas.

/www.blogs.ya.com/mariaaixasanz/ aixasanz(arroba)mixmail.com

 

Arriba


Carnaval y otros cuentos
Isak Dineses
Nórdica Libros 2010
traducción de Jaime Silva

por María Aixa Sanz

El historia bien narrada. El cuento perfecto. La calma construida con palabras dentro del maremágnum de continuo caos en el que nos perdemos. Así son los cuentos de Isak Dinesen.

La muestra, el ejemplo, la enseñanza, la esencia del cuento, de como deben ser los cuentos en su forma más auténtica, de como contar una historia para trasladarte a otro lugar con elegancia, sabiduría, con acierto, con saber poner el punto y final y medir los tiempos, la posee Karen Blixen, para el público Isak Dinesen.

Karen Blixen es la maestra.

Karen Blixen conoce como nadie el arte de contar cuentos perfectos. Redondos.

Los cuentos de Isak Dinesen poseen la belleza y el tiempo de la forma de narrar que como música de fondo, como entretenimiento, como única compañera del silencio se forjo en las veladas africanas, Karen Blixen creció como contadora de historias en África para luego exiliarse a su Dinamarca natal y convertirse en la escritora Isak Dinesen y toda la gratitud, los lectores, debemos mostrársela a Denys Finch-Hatton, pues fue él quien le regaló una pluma y le dijo: "Escribe todas esas historias".

Nórdica Libros reúne en ‘Carnaval y otros cuentos’ once piezas esenciales para la literatura, aprovechando el 125 aniversario del nacimiento de la autora danesa.

Por su elegancia, por su magnitud, por la forma perfecta de narrar, por ser la contadora de historias por excelencia, conocemos que estamos de suerte cada vez que se reedita un volumen que recoge esas historias. Pues es imprescindible que se sigan leyendo las historias de Isak Dinesen, imprescindible para los lectores, para todos los escritores incluso para que el mundo conserve su belleza.

© MARIA AIXA SANZ

 

 

maixa

© María Aixa Sanz . (España, 1973) Escritora valenciana. Tiene publicadas las novelas “El pasado es un regalo” (2000), “La escena” (2001), “Antes del último suspiro” (2006) y “Fragmentos de Carlota G.” (2008). En mayo del 2008 publica el ensayo “El peligro de releer”, recopilatorio de los artículos literarios, con los que colabora en diversas revistas de España y Latinoamérica. En Junio también de 2008 la Editorial Séneca publica el libro “La escritura del no” que recoge sus artículos más importantes junto a los de una decena más de escritores profesionales. Ganadora de varios premios de narrativa breve, relato y cuento en distintos idiomas.

/www.blogs.ya.com/mariaaixasanz/ aixasanz(arroba)mixmail.com

 

Arriba


La dama y el recuerdo
Silver Kane
Planeta 2010

por María Aixa Sanz

 

"Aquella mañana ocurrieron en Jackson, Kansas, cuatro cosas juntas que no habían ocurrido nunca: se pararon a la vez cien relojes de cuerda, llegó un jefe indio que quería comprar la paz para su pueblo, un pistolero llenó un saloon no de clientes, sino de muertos, y un hombre perfectamente vestido quiso comprar un cementerio.  Nunca antes había estado en venta el cementerio de Jackson. " (párrafo inicial de la novela)

‘La dama y el recuerdo’ (Planeta) es el título de la nueva novela, bastantes décadas después, de Silver Kane. Silver Kane autor prolífico de novelas del Oeste allá por los cincuenta, con 400 títulos en su haber, en tiradas hoy impensables de miles de ejemplares, vuelve al panorama literario en formato de lujo y a cara descubierta, pues debajo de Silver Kane, tras el seudónimo, está la pluma y la maestría del gran escritor Francisco González Ledesma que ha querido obsequiarnos y sí, sé lo que digo: Obsequiarnos con ‘La dama y el recuerdo’, todo un regalo.

Detrás de ‘La dama y el recuerdo’ hay toda una novela, hay todo un saber hacer.

Sorprende el ritmo, su tono directo sin rodeos, los diálogos, la socarronería y la retranca que encierran éstos. Son de agradecer en días como hoy, como lo es: separar el bien del mal, la justicia de la injusticia, los buenos de los malos, el honor de los hombres de palabra de los traidores, la lealtad de la deslealtad.

‘La dama y el recuerdo’ tiene personajes que pasaran a formar parte de la memoria del lector: Taylor, Glenda Peter, Lancaster, Freda, Lena, Ketty River, Fred, Michael Ford, Silver Kane ( director del diario de Jackson) al que González Ledesma con un guiño a convertido a su seudónimo en personaje. Cada uno de ellos tiene un carácter esculpido por el paisaje y su propias vivencias de un Oeste duro.

Novela situada en el Oeste Americano en un lugar de Kansas, historia de amor y cazadores de recompensas, de posesión y cazadores de recompensas, de justicia y cazadores de recompensas, de venganza y cazadores de recompensas, donde debajo de alguno de los tipos duros hay un corazón y donde debajo de algunas mujeres hay toda una historia de lucha, de supervivencia.

Una historia como ‘La dama y el recuerdo’ sorprende en estos tiempos, sorprende y es de agradecer, como ya he dicho, y por supuesto hay que darle la razón a González Ledesma hacía falta homenajear a Silver Kane, hacia falta recuperar las novelas del Oeste que nutrieron a muchas generaciones pero que por el contrario otras no conocemos. Puesto que en el momento actual es un buen toque de atención ya que tal vez el viejo Oeste guardaba en él unos valores en desuso hoy, obsoletos, apartados de nuestros días, que deberían ser recuperados. Creo que González Ledesma no solo ha resucitado a Silver Kane sino que ha resucitado todo un mundo que merece tener en cuenta, descubrir y valorar. Esta novela por todo ello es grande y creo que pocos lectores podrán resistir la tentación de no seguir adelante después de leer el primer párrafo del libro, pero lo mejor de todo es que hasta el punto final, todos sentirán una misma emoción: que ‘La dama y el recuerdo’ vale la pena, que no es tiempo perdido, que es todo un descubrimiento y un disfrute, que ningún lector que se precie debe perderse

© MARIA AIXA SANZ

 

 

maixa

© María Aixa Sanz . (España, 1973) Escritora valenciana. Tiene publicadas las novelas “El pasado es un regalo” (2000), “La escena” (2001), “Antes del último suspiro” (2006) y “Fragmentos de Carlota G.” (2008). En mayo del 2008 publica el ensayo “El peligro de releer”, recopilatorio de los artículos literarios, con los que colabora en diversas revistas de España y Latinoamérica. En Junio también de 2008 la Editorial Séneca publica el libro “La escritura del no” que recoge sus artículos más importantes junto a los de una decena más de escritores profesionales. Ganadora de varios premios de narrativa breve, relato y cuento en distintos idiomas.

/www.blogs.ya.com/mariaaixasanz/ aixasanz(arroba)mixmail.com

 

Arriba



Señales que precederán al fin del mundo
Yuri Herrera

Cáceres, Periférica, 2009

por Álvaro Muñoz Robledano


 
A veces la identidad no es más que un velo demasiado ligero que se alza con la más pequeña brisa, dejando a la intemperie un cuerpo sensible y necesitado, pero también sensual y atroz; un cuerpo que se mueve entre palabras lejanas cuyo sentido se revela con mayor dificultad, con mayor lejanía, a cada momento: memoria, amor, hogar, nombre... y no hablo de locura, ni siquiera de magia, sino de esos territorios anejos a nuestros hogares en los que la vida es, poco más o menos, los días que se soportan unos a otros y donde el bien y el mal no son asunto de relojeros. Hasta de lugares así hacemos una marca, jugamos con ellos y en ellos abrimos franquicias de nuestra suficiencia. Llenamos el mundo, éste y en este preciso momento, de parques temáticos de la alienación, lo disolvemos en el licor occidental y nos quedamos con un leve aroma de salsa especiada.

Aunque a veces alguien escribe tales lugares, y tales cuerpos, en la novela, todo lo contrario a escribir la novela de tales lugares y cuerpos. Lo segundo no pasa de ejercicio manierista y post........ (rellene usted mismo la línea de puntos). Lo primero, lo que ha hecho Yuri Herrera tan magníficamente, devuelve a la narración su condición de pregunta, de cable tendido en en el vacío donde el equilibrio es, más que habilidad de funambulista, necesidad del que vive, del que tiembla. Ese temblor que tampoco nos sirve para reconocernos, pero que no cesa.



A.M.R.


© Alvaro Muñoz Robledano Nació en Madrid en 1965. Se licenció en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid. Ha publicado los libros: “Fotografías junto al pecio” (Málaga 1991), “Hoteles” (Madrid 1996), y “Cuartel de Invierno” (Madrid 2000). Colaborador de ariadna-rc desde sus comienzos donde ha publicado su "Breve historia de la lucha de clases" (2003). Su último poemario "Salvoconductos" ha resultado ganador del III Premio Café MOn 2006.

Arriba



¿Puede un computador escribir un poema de amor?
Tecnorromanticismo y poesía electrónica
Dionisio Cañas - Carlos González Tardón

Madrid, Devenir, 2010

por Álvaro Muñoz Robledano 


¿Y si pudiera? ¿si un día leemos un poema extraordinario y nos enteramos de que es el resultado de una programación previa que ha elegido sus datos entre los introducidos en un ordenador?

¿Entonces, qué?

Nos cuesta mucho reconocer los territorios de lo poético. Nos atenemos a una concepción del mismo que sirve como barricada con la que detener la irrupción de nuevos códigos, de nuevas parcelas de realidad que trastocan la nuestra, sin que nos detengamos a pensar hasta qué punto es real nuestro ámbito, más y más ficticio si a lo convencionalmente poético nos atenemos. Desde luego, hay mucha cháchara acerca de los nuevos lenguajes y las nuevas vanguardias, y mucho descubridor de América entonando las proclamas de Marinetti como si se le hubieran ocurrido a él. Y sin embargo, vamos insertando nuestra vida en elementos y procesos tecnológicos que están alterando profundamente nuestra sensualidad, nuestras posibilidades de acción y de contemplación, la información a nuestro alcance, nuestra capacidad de reflexión. No es posible que la poesía permanezca inmune. Los autores han abierto con este ensayo un debate no sobre la posibilidad planteada en el título, una posibilidad más que real a día de hoy, sino sobre su legitimidad. No sólo la de los contenidos generados tecnológicamente, sino la de los ámbitos tecnológicos en el que lo poético puede surgir. La búsqueda de lo que quiera que sea pero que sabemos reconocer como poesía, les ha llevado a rastrear en películas y relatos de ciencia ficción, en videojuegos, en la red, en proyectos multimedia no siempre artísticos, con rigor, perspicacia y un sentido del humor y del estilo que provocan envidia, al menos la mía.

Creo  que hay un calificativo (puede que me equivoque) que nunca he utilizado en estas notas, y que me estaba guardando para poder escribirlo a manos llenas y con ganas. Este libro me parece una ocasión inmejorable:

Fascinante.

A.M.R.


© Alvaro Muñoz Robledano Nació en Madrid en 1965. Se licenció en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid. Ha publicado los libros: “Fotografías junto al pecio” (Málaga 1991), “Hoteles” (Madrid 1996), y “Cuartel de Invierno” (Madrid 2000). Colaborador de ariadna-rc desde sus comienzos donde ha publicado su "Breve historia de la lucha de clases" (2003). Su último poemario "Salvoconductos" ha resultado ganador del III Premio Café MOn 2006.

Arriba


Autoría
Julieta Valero

Barcelona. DVD, 2010


por Álvaro Muñoz Robledano 
 


 A veces no basta con observar. Sentimos la necesidad de recoger los objetos que se nos aparecen, tenerlos en las manos, sopesarlos, notar su textura, llevarlos con nosotros. Ocupan un lugar en los estantes, en los cajones, en los bolsillos. Son como los cuchillos viejos que hablan constantemente, con voz distinta en cada ocasión, aunque siempre reconocemos en lo que dicen algo de niebla, algo de oleaje.

A veces los objetos son versos; versos cuyo alcance ni siquiera sospechábamos antes de leerlos, como el trazo de lápiz que forma un rostro o un momento de silencio en el que podemos ubicar cuanto ansiamos.

Y mientras discutimos si tal o cual enjambre de signos es o no es verso, es o no poesía, Julieta valero va colocando los suyos en los estantes hasta llenarlos de memoria, la suya, pero también la mía, que he leído; de encuentros, de escenarios en los que el amor o el asombro, o las palabras, por ellas mismas. Y a la vez llenando mis bolsillos de esos cuchillos que tanto añoro y que acaricio sintiendo su erotismo.

En efecto, la poesía no es sino la inteligencia, cuando por fin se decide a mostrarse.


A.M.R.


© Alvaro Muñoz Robledano Nació en Madrid en 1965. Se licenció en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid. Ha publicado los libros: “Fotografías junto al pecio” (Málaga 1991), “Hoteles” (Madrid 1996), y “Cuartel de Invierno” (Madrid 2000). Colaborador de ariadna-rc desde sus comienzos donde ha publicado su "Breve historia de la lucha de clases" (2003). Su último poemario "Salvoconductos" ha resultado ganador del III Premio Café MOn 2006.

Arriba




v o l v e r


ARIADNA-RC.com - Todos los derechos reservados