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RESEÑAS Y ARTÍCULOS [número cuarenta y seis edición invierno 2010] M A R Z O
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Raskolnikov o el deseo de ser un Napoleón
Entre los grandes personajes que han marcado la historia de la literatura clásica y que pueden considerarse, hoy en día, referencias absolutas en el arte de crear arquetipos o personalidades complejas e interesantes, Raskolnikov es indudablemente uno de los que, por sus ideales, sus teorías y sus aspiraciones, dan mucho de qué hablar. Este estudiante de derecho y de familia humilde sacado de la grandísima novela “Crimen y Castigo”, marca con sus maquinaciones y reflexiones las pautas y el ritmo extraordinarios de una trama única. Deseoso de liberarse del yugo de una denigrante y opresora prestamista, Raskolnikov planea la muerte de esa mujer anciana con frialdad, hallando en ese proyecto la posibilidad de financiar sus estudios y de prosperar. En el piso de la victima, el estudiante irrumpe con un hacha y un plan infalible pero, tras matarla, se ve enzarzado en una serie de imprevistos que le harán conocer los límites de la mente humana. El esfuerzo de planificación y el perfeccionismo de Raskolnikov se ven sacudidos por los eventos inesperados con los cuales es imposible contar y la imprevisión general del ser humano. El interés generado por este personaje mítico no sólo se limita a su plan escalofriante. Todo lo que sucede nos hace reflexionar sobre la moralidad y la legalidad de ciertas acciones, la culpabilidad y la autoridad en una sociedad de derechos, pero también nos abre una ventana sobre la extrema complejidad de la mente humana. Tras matar a su principal víctima en circunstancias extremas, Raskolnikov trata de justificar su acción y de combatir una paranoia que se refleja en el rostro de todos los que le rodean. Aunque el protagonista sea racional hasta un extremo, la presión y el trauma causados por su acto de agresión le conducen a un estado de conmoción insospechado que incluye desmayos, pérdidas de control, fiebres y malestar generalizado. El hombre, que al inicio ostentaba tanta seguridad, se ve presa de la indecisión y de pánicos incontrolables. Es interesante ver cómo el estudiante de derecho oscila entre la necesidad destructora de afirmar su genio y la de redimirse de su acto censurable. Pero también suscita mucho interés la relación que existe entre un artículo que publicó unos años antes en un periódico local (referente a la psicología de los “Napoleones”) y su forma de concebir el mundo. Raskolnikov considera que los seres extraordinarios o superiores (que él denomina Napoleones) son seres capaces de ignorar las leyes. En definitiva, las leyes son descritas como instrumentos de control masivo a los que, por ignorancia o simple miedo, la mayoría de la población se somete. Tras una persecución psicológica de gran intensidad, Raskolnikov confiesa a una mujer inofensiva, el motivo principal de su crimen y le explica que su intención era comprobar si era un Napoleón. Es decir un hombre extraordinario, capaz de ignorar las leyes en vigor y de imponer las suyas. Pero la realidad es totalmente distinta. El hombre entiende que no es capaz de aguantar las consecuencias de su crimen, se desilusiona profundamente por su invalidez y mediocridad, se deprime y lucha consigo mismo, contra su orgullo que le impide rendirse. Al final, la rendición y el amor aparecen como la única escapatoria, la única forma de salvarse y de sobrellevar un acto que ensombrece toda su existencia, pero aún así, es evidente que la vida de Raskolnikov no será la misma. Más que un Napoleón fallido, el protagonista principal de “Crimen y castigo” simboliza la triste imagen de los que se fijan metas enormes y se mueren en el intento de conseguirlas.
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© Johari Gautier Carmona (1979) es un joven narrador español nacido en París (Francia), amante de los viajes y de las experiencias culturales. Actualmente reside en Barcelona, ciudad central dentro de su creación literaria, tras una estancia de tres años en Inglaterra. La escritura representa, para él, un modo de conciliar la riqueza de sus raíces caribeñas y españolas. Ha publicado cuentos de ficción en antologías como “Qué me estás contando” de la Editorial Hijos del Hule e “Historias Verdaderas” de Silva Editorial. Es el ganador del premio “Relatos de viaje de 2007”, organizado por Ediciones del viento y finalista de otros numerosos premios. Ediciones Irreverentes ha publicado en Abril del año 2009 su novela “El Rey del mambo” y el mismo año la Editorial Almuzara edita su libro de “Cuentos históricos del pueblo africano”. |
Póquer de ases
‘Póquer de ases’ es la enhorabuena de este Otoño. Manuel Vicent en cierto modo nos devuelve el placer de la lectura y hace que aflore en nosotros esa semilla que existe para los que cultivamos el gusto por aprender. Destapando, sacando a la luz, secretos, detalles de nombres de renombre. 31 en concreto. ‘Póquer de ases’ es un libro infinito. De infinitas posibilidades que ojalá no acabase nunca. La prosa poética de Manuel Vicent y la determinación hacen de él una excelente amalgama de pequeñas biografías que son arquitectura precisa, orfebrería de palabras. Manuel Vicent posee el don de convertir todo en historias deseables para el oído. Convierte todo en historias que apetecen leer y escuchar. Manuel Vicent es de los que sin contemplaciones llaman al pan pan y al vino vino y eso gusta. El placer de llamarle a cada cosa por su nombre, de encontrar el adjetivo adecuado para cada persona, la frases perfecta para cada situación. Manuel Vicent utiliza las palabras como arma de precisión para comunicar, para trasmitir, para contar historias. El discurso de Vicent nunca es hueco. Siempre es certero. Porque a la legua se ve que ama su oficio. El oficio de trajinar con palabras. ‘Póquer de Ases’ es un libro para tirar del hilo y acometer la lectura y la relectura de esas grandes obras que volvieron ases a estos personajes, que Vicent con su elegancia característica deja literalmente en cueros en estas pequeñas biografías que retratan la trayectoria literaria, la vida, el alma y lo que es más difícil pero que al ojo de Manuel Vicent no se resiste, su esencia. En párrafos memorables como este sobre Rilke, (pag. 208): “Lo suyo era rozarse con las amantes como con las alas de los ángeles. Buscaba una mujer que fuera guardiana de su soledad. Por lo demás, el poeta sólo necesitaba silencio. Clara le dio el silencio y la lejanía...” Y así como quien no quiere la cosa nos dibuja y desvela todo lo que hay que saber sobre: Camus, Miller, Beckett, Cortazár, Greene, Casares, Joyce, Faulkner, Lampedusa, Céline, Parker, Conrad, Woolf, Scott Fitzgerald, Thomas, Capote, Pessoa, Pla, Williams, Rilke, Proust, Gide, Kafka, Stein, Hesse, Baroja, Heningway, Benet, Borges, Azcona, Mann. ‘Póquer de ases’ es un libro delicioso que pasa a ser entrañable después de su lectura, al que con acierto se le han unido los dibujos de Fernando Vicente y el saber hacer, el saber contar del que siempre será maestro Manuel Vicent.
© MARIA AIXA SANZ |
© María Aixa Sanz . (España, 1973) Escritora valenciana. Tiene publicadas las novelas “El pasado es un regalo” (2000), “La escena” (2001), “Antes del último suspiro” (2006) y “Fragmentos de Carlota G.” (2008). En mayo del 2008 publica el ensayo “El peligro de releer”, recopilatorio de los artículos literarios, con los que colabora en diversas revistas de España y Latinoamérica. En Junio también de 2008 la Editorial Séneca publica el libro “La escritura del no” que recoge sus artículos más importantes junto a los de una decena más de escritores profesionales. Ganadora de varios premios de narrativa breve, relato y cuento en distintos idiomas.
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Invisible
Para Adam Walker conocer a Born y a Margot es un hecho que le marca la vida, un punto de inflexión en su existencia, aunque más tarde, 40 años después cuando decide escribir una especie de biografía, comprobará como hubo otros muchos acontecimientos que le cambiaron para siempre. Auster ha imprimido a esta novela un ritmo trepidante, a ratos opresor y asfixiante, nos muestra como la vida es de todo menos un festival. “Invisible” es una buena novela, tal vez la más dura y triste de Auster, también la más cercana y para aquellos lectores que se acerquen a ella y lean la sinopsis solo decirles, que la sinopsis solo es el principio de esta historia donde nada es lo que parece. Donde el lector solo tiene una obligación dejarse llevar.
© MARIA AIXA SANZ |
© María Aixa Sanz . (España, 1973) Escritora valenciana. Tiene publicadas las novelas “El pasado es un regalo” (2000), “La escena” (2001), “Antes del último suspiro” (2006) y “Fragmentos de Carlota G.” (2008). En mayo del 2008 publica el ensayo “El peligro de releer”, recopilatorio de los artículos literarios, con los que colabora en diversas revistas de España y Latinoamérica. En Junio también de 2008 la Editorial Séneca publica el libro “La escritura del no” que recoge sus artículos más importantes junto a los de una decena más de escritores profesionales. Ganadora de varios premios de narrativa breve, relato y cuento en distintos idiomas.
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Orgullo y prejuicio
... una ligera predilección es bastante natural; pero muy pocos tenemos suficiente corazón Cuando el lector o la lectora desea tener una novela de la consagrada e inmortal literatura de todos los tiempos editada con mimo, lujo de detalles y exquisitez debe dirigir la mirada hacia la editorial ALBA, en concreto hacia los colecciones Alba Maior y Alba Clásica. Una edición exquisita de "ORGULLO Y PREJUICIO" de Jane Austen de la mano de Alba, en su colección Maior acaba de ver la luz y circula por las librerías para deleite de los lectores más sibaritas con las ilustraciones y miniaturas del año 1894 de Hugh Thomson, que acompañan a este gran clásico de principios del siglo XIX. "ORGULLO Y PREJUICIO" fue publicada por primera vez en 1813 y perfectamente puede resistir todas las relecturas como las primeras lecturas dos siglos después ya que la obra que la inglesa Jane Austen escribió en su día es de una vigencia absoluta. Los tejemanejes y trajines de amoríos casamenteros de la familia Bennet no son asunto lejano pues hoy en día sigue en boga "el tanto tienes tanto vales". Novela irónica, inteligente, de diálogos fluidos y actuales, femenina y feminista. Cuyos dos protagonistas principales se mueven entre el orgullo y el prejuicio antes de definitivamente ir apartándolos de sus vidas para que éstas sigan su curso y como contrapunto a la seriedad de los profundos sentimientos, la ironía del Señor Bennet, el padre de familia: (pag. 47, "-Bueno querida -dijo el señor Bennet, cuando Elisabeth leyó la misiva en voz alta-, si tu hija enferma gravemente, si acaba muriendo, será un consuelo saber que todo fue para pescar al señor Bingley...") No creo que no haya ningún lector ni ninguna lectora que no le guste imaginar que existen personas en el mundo que por amor son capaces de derrumbar todas las barreras, todos los obstáculos, aunque vivamos en unos tiempos de escepticismo total todavía nos gusta pensar que hay historias que solo las sustenta el amor y que ello es posible. La de Elisabethy la de Darcyes una historia de amor de las grandes y no hay lectora que no quisiera encontrar un Darcy en su vida. "Orgullo y prejuicio" es una novela inmortal e imperecedera, que nos hace recobrar el gusto por la novela, el respeto por ella, por la novela entendida como tal, con su principio, desenlace y final y también por unas horas encantadoras nos hace albergar la ilusión al leerla: que a alguien esto del amor por una vez le puede salir bien, al menos la literatura nos da la posibilidad de soñar, de creer que un amor como el de Elisabeth y Darcy es posible aunque solo sea en la ficción.
* MINIATURA: f. Pintura de pequeño tamaño, hecha con mucho detalle sobre una superficie delicada, en especial la que ilustraban manuscritos antiguos: cada letra capital tiene una miniatura alusiva al contenido. ** Jane Austen nació en 1775 en Steventon (Hampshire). En 1811 conseguiría publicar Sentido y sensibilidad, a la que pronto seguirían Orgullo y prejuicio (1813), Mansfield Park (1814), y Emma (1816), que obtuvieron un gran éxito. Después de su muerte, acaecida prematuramente en 1817, aparecería junto con la inédita La Abadía de Northanger, Persuasión (1818). © MARIA AIXA SANZ |
© María Aixa Sanz . (España, 1973) Escritora valenciana. Tiene publicadas las novelas “El pasado es un regalo” (2000), “La escena” (2001), “Antes del último suspiro” (2006) y “Fragmentos de Carlota G.” (2008). En mayo del 2008 publica el ensayo “El peligro de releer”, recopilatorio de los artículos literarios, con los que colabora en diversas revistas de España y Latinoamérica. En Junio también de 2008 la Editorial Séneca publica el libro “La escritura del no” que recoge sus artículos más importantes junto a los de una decena más de escritores profesionales. Ganadora de varios premios de narrativa breve, relato y cuento en distintos idiomas.
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Cintio Vitier: la casa de la patria
Cintio Vitier: La Casa de la patria “¿Murió?.... Sólo sabemos/ que se nos fue por una senda clara/ Antonio Machado
UNO
Cuando en nuestros primeros años de juventud entramos en contacto con un superviviente de algo demasiado grande, cuando se accede agradecido al afecto cordial y las cálidas palabras de un extraordinario investigador de la poesía, archiconocedor de la vida y el pensamiento de José Martí, compañero de jornadas de José Lezama, sentimos como si el destino nos hubiera colocado en una situación única, y que nos hemos asomado al borde esencial desde donde se contempla en lontananza la hondura escatológica de lo cubano. Porque conocer a Cintio significó para mí el discreto camino de una bienaventuranza. Con la muerte del poeta desaparece el último gran representante del movimiento artístico – literario Orígenes, (le sobrevive su esposa, la notable poetisa y ensayista Fina García Marruz) acaecido en nuestra cultura nacional, entre los años cuarenta y cincuenta del siglo XX republicano. ¿Qué fue Orígenes? ¿Una voluntad de consumación del sentimiento de universalidad que había estado operando en nuestras artes y en nuestras letras, desde la temprana década del treinta? O, por el contrario, ¿una mirada inmersa en lo nacional que buscaba allí su máxima razón de legitimidad -su singularísimo periplo y aventura-, y para eso no vacilaba en recrear nuestra propia tradición, asumida como una postulación hermética y como un poderoso afán de desentrañamiento e irrupción, en vías de realizar una poética del mundo? Curiosamente, lo que hay de consumación en Orígenes es paja mojada; pues se incorpora, en estricto, a la historicidad cultural de nuestra nación. Orígenes, es, esencialmente, una voluntad de nacimiento que tiene la extraña capacidad de seguir naciendo entre nosotros; de continuar estableciendo paradigmas -modelos sustanciales de acercarnos a la cultura- desde su centro de libélula que aletea, cual numen escatológico, postulados epistémicos. Entonces, ¿qué es? Podría apuntarse como respuesta, que nunca se entendieron mejor los fundamentos universales de nuestra cultura, que con el precipitado espumoso -el aceite alquímico cultivado al calor de la marmita- que un día nos dejara Orígenes; Lezama fue el poeta de las afinidades selectas, y su calle habanera de Trocadero devenía en metáfora de un trastocar radical -herético, franco, irreverente- de todas las cosas de la humana cultura, las cuales reaparecían permutadas bajo la gracia sin nombre de un dios risueño y festivo: (en la calle Zanja, en Centro Habana, nos acecha el tigre blanco de los imagineros chinos, y al mover el interruptor que da luz a mi habitación es engendrada una nueva causalidad que no sólo inaugura, con desenfado, cascadas en el Ontario, sino que reabre los horizontes de la poesía, y desde ese instante mi soledad se ha hecho más llevadera, porque he sabido abrir nuevos caminos entre el infinito de las cascadas, el asombroso tigre blanco y la soledad humana). Decía Lezama, que lo esencial del hombre era su soledad… y la sombra que éste va proyectando en el muro. Sin embargo, para Vitier la imagen bíblica de Moisés ante la zarza ardiente en medio de la soledad (des)comunal del desierto, se convierte en signo del fundamento gregario de la poesía. Al desierto se va a contemplar las maravillosas imágenes, mas nuestro poeta ha intuido allí lo que él llamó “el segundo movimiento de los místicos”: el regreso de la soledad -la entrada triunfal en la Civitas- en vías de fortalecer y enriquecer las instituciones humanas. Todo cuando se ha visto, -todo cuanto pudo ver o escuchar Moisés frente al fuego emblemático del desierto-, se convierte ahora en pletórico significado; la poesía regresa en busca de abrigo a la Casa de la patria y en ella despliega sus lentísimos rituales, mientras el fuego reaparece en el lugar común de los hombres y sus tareas cotidianas. Cintio Vitier y José Lezama configuran los dos polos de una misma concepción. Para el segundo, el mundo se le presenta como una increíble capacidad de disfrute; lo que el poeta debe aprender lo aprende por ósmosis, enteramente sumergido en la noche gelatinosa de la poesía. Pues para el autor de Paradiso el mundo expresa su interioridad, sus claves más arduas y secretas, mediante un acto supremo de la voluntad poética. Las esferas entonces se abren: aquí abajo la tierra y sus espirales germinativas, allí arriba el cielo y sus constelaciones de estrellas, entretanto un infierno, irónicamente vacío, nos revela la ausencia de culpa. Aunque la obra de Lezama no sólo es hija de la imaginación lúdica, sino de un laborioso afán de construir un nuevo orden en el que el rigor de sus temerarias visiones alcanzaría una expresión totalizadora. Siempre lo he creído así: la obra del gran poeta encierra tanta dificultad que fue concebida mucho más para ser pensada que para ser leída. Por eso es que los textos de Lezama nos obligan a un correlato; a un texto autónomo y paralelo, un cubrefuego que reorganice el libre horizonte de las interpretaciones. De algún modo Vitier estuvo exponiendo, entre nosotros, el diáfano perfil de ese correlato: volver claro lo oscuro, embellecer la claridad y formatizar lo abstracto para permitirle su necesaria inteligencia histórica, fue una de las tareas que nuestro poeta se autoimpuso dentro del contexto de la poética y la herencia origenista. Hay así en Vitier una innegable vocación historicista, la cual es entendida como un espacio absolutamente integrador, donde lo lúdico cede el paso a la reflexión más sosegada y lo ético se incorpora como principal sentido de la vida y el mundo. El autor de Lo cubano en la poesía fue el mejor exponente de una idealidad cultural que hunde sus raíces en nuestro siglo XIX y de la cual él, fue uno de los mayores exegetas. Cuando en uno de los primeros encuentros que tuve con el poeta, indagué por el contenido moral y estético de “las fugas” de Arthur Rimbaud, Cintio sonrió para decirme sentencioso: “la evasión de Rimbaud fue hacia la realidad”. El poeta podría así elegir, indistintamente, el camino de la trashumancia o decidirse habitar bajo la sombra de los graves portales capitolinos, escogiendo para sí el ágora o la soledad, pero siempre frente a él estaría la terrible advertencia: si tu obra no es auténtica -si transgredes tu vida y tu pensamiento debido “al falso imaginar”- te convertirás en pasto de la Esfinge. Mas, los imagineros de Orígenes recorrieron una órbita feliz, en la que nos mostraron que los orígenes de nuestra cultura estaban en el futuro, y que los verdaderos poetas -los esenciales-, estaban aún por nacer entre nosotros. En Orígenes cada poeta tuvo su propia escala, su personalísimo registro. Vitier, entre ellos, casi siempre prefirió pulsar la cuerda de la entonación más simple, ya que el escritor se empeñó en hacer proliferar su poesía en ese espacio transicional en el que el poema parece alcanzar la translúcida transparencia de la prosa. De este modo, la poética de Vitier presupone el fin de las iluminaciones maravillosas, -la casa desarbolada, hundida hasta la raíz entre cuatro columnas de humo, mientras los emidosaurios vagan bajo un cielo plomizo de ocaso. Él fue, sin dudas, muy consciente de este hecho: concibió la expulsión -la incomprensión y el escarnio, ocurridos allá en la intemperie- el destierro equívoco, el peregrinaje agónico y circular en busca de una tierra prometida, como el primer vasto movimiento de toda antropogonía. Lezama fue siempre el hombre del primer movimiento, sus selectas espirales de humo fueron solamente una señal de la pertinaz trashumancia a la que estuvo condenada la poesía. Pero existe un principio bíblico: Moisés -según la tradición judía, el autor del Pentateuco-, habría concebido un legado estéril, si no hubiese regresado a fundar junto a los suyos. Paradójicamente, la infinitud avasalladora del desierto proponía un término, un finiquitar cargado de sentido en aras del retorno; todo lo aprendido debía ser ahora reintroducido en la cultura de los hombres, y la poética del mundo comenzaría a ser redefinida, reorganizada, como la poesía para el mundo. El legado inmemorial, los anales de espuma de la poesía, se aprestaban para ese segundo movimiento liberador, -buscando convertirse en memoria, cristalizar en el significado-, porque, según Vitier, la Ciudad se vestía de fiesta y convocaba a los poetas: Era Enero de 1959; “ese punto irradiante al que siempre debemos volver...”
DOS La disyunción entre la verdad o la mentira de las cosas se aparta de lo que la tradición ha concebido desde siempre como el sentido y la misión del poeta y la poesía: el poeta es el gran imaginero, el contumaz propalador de mitos, el arriesgado volatinero de la palabra, el sempiterno trasgresor de todos los significados. Por su parte, el llamado “mundo verdadero” se nos aparece como un postulado abstracto de la conciencia estética y moral. Porque lo que el poeta ha venido comprendiendo desde milenios como verdad posee una inevitable carga de idealidad, de traspolación de la mirada hacia el mundo de las esencias puras e invisibles. Y es el mismo pensamiento que nos hace ver el desarrollo histórico como la lenta configuración de un porvenir hermoso y ético, el que le formula una petición de principio al mundo: la peregrina petición de que sea verdadero; que su verdad más intrínseca fuese la razón de ser del poeta y la palabra. ¿Es la verdad, de esta manera entendida, la intención suprema de una poética del mundo? Y, ¿ésta quedó así inserta en nuestra cultura, como la búsqueda nuclear del movimiento Orígenes? O, ¿fue, como algunos afirman, una traslación del sentido y el propósito de la idealidad origenista, en la que la idea de una teleología nacional, elaborada en su momento por Lezama, resultó recapitulada por Vitier, reconducida por él hacia los predios de una muy específica realización histórica? Es bueno recordar que lo que hay de juego metafórico en Orígenes, de instancia prominentemente lúdica, conspira contra cualquier intento de plasmación histórica de su legado. Entretanto, su principal orientación gnoseológica, sustentada en la pretensión de un conocimiento fundamental de lo cubano, colinda con una interpretación histórica sui generis, eminentemente metafórica y metahistórica, que obedece a otro campo de expansión e intelección de la cultura, estrictamente basado en la sensibilidad y la capacidad de especulación del artista. Es en ese terreno que Orígenes se nos presenta no sólo como un postulado teleológico, sino además teológico, ya que a una doctrina de la finalidad histórica -extraña a la historia misma- se le añade la intelección poética de un mundo “ideal, necesario y verdadero”. Por otra parte, una provocativa postulación de la verdad que se entremezcla con el mito y la fábula, y que es adjudicada a la labor del poeta trashumante en las largas noches de su soledad, no encuentra su finalidad en sí, si no en el sueño legendario de poder reinscribir la palabra en el portalón de las instituciones humanas, haciendo retroceder al desierto y expandiendo los límites de la Ciudad favorecida. Vitier creía que la misión más alta del poeta y la poesía se encontraba cifrada ahí, en la compleja cuestión del significado: resignificar la poesía, hacerla volver de su marasmo de siglos, en vías de construir para nuestra historia nacional un contenido el cual expresar, y con el cual comprometerse, y donde se vería por fin realizado el gran sueño secular. Esto se traducía en una instancia obvia: Cuba es la patria de Martí. Por tanto, de lo que se trataba era de consumar el programa aplazado de la poesía; de esta manera, el proyecto de la liberación nacional encontraba su fundamento último en la poética del mundo. Existen unas invocatorias páginas de Lezama (La Casa del Alibe), escritas en la década del 50’ y encontradas por Vitier a mediados de la década del 80’, las cuales hablan de una futura reconstrucción de la nación cubana, expresándose alegóricamente al referirse “a una humilde casa campesina” que contiene, simbólicamente, “el alma de la patria”. Esa casa podría ser muy bien la Casa del significado. Para Vitier, la Revolución de Enero había hecho regresar a la poesía de su incausalidad para convertirse en la expresión causal de un pueblo, en tanto la palabra ya no era el patrimonio exclusivo de los poetas, sino que había devenido en el fundamento unánime de una Ciudad emancipada. Y todo eso acontecía por primera vez y de un modo único, porque aquella era “la Revolución de los humildes, para los humildes y por los humildes”; la milenaria utopía -consustancial a la espiritualidad cristiana- desentrañada de la historia. Pero Vitier no ignoraba los enormes peligros a que nos entrega el tiempo sucesivo, -esa angustia básica ante lo corrosivo- y, por tanto, la imperiosa necesidad de regresar siempre para beber de las fuentes primordiales; allí, en ese instante providencial, donde poesía e historia acudieron a encontrarse y donde ocurrió el pacto más fundamental de nuestra historia y de nuestra cultura; allí, donde por primera vez, a la poesía le fue permitido expresar su significado. No obstante, el poeta y amigo, ya fallecido, Ángel Escobar se dedicó, en una ocasión, a repensar unos versos de Vitier: “El hijo pródigo”: “Me fui lejos, a ver qué había/ Pasé por un fuego clandestino/ Estuve solo entre los míos/ Un leño ardía, la cal ardía blanca y ciega/ Regresé con despojos que yo no deseaba/ Terrible es el deseo del deseo...”¿Qué cuestión fundamental pudo vislumbrar Ángel en estos versos, cuando amargamente nos dice como preludio de su propia cita: “(…) todo acabado de nacer y en devenir, naciendo, como principio y fin de lo inarreglable”? ¿De qué rara visión parecen haber regresado despavoridos los dos poetas? ¿De qué catástrofe inevitable, aunque tan consustancial a lo que somos como nuestros propios versos? ¿En qué momento tan ajeno el poeta se vio obligado a reconocer la nuda realidad del mundo y aprender entonces que esa realidad era terrible? ¿Fue la misma dolorosa certeza que condujo a Ángel Escobar a repensar estos versos, la que condujo a Cintio Vitier a escribirlos? Y, ¿qué es en definitiva lo que hemos venido llamando, junto a los poetas, “el mundo verdadero” edificado en franca oposición a la realidad concreta y específica de las cosas? Decía Federico Nietzsche que si la verdad nos entrega consuelo y bienaventuranza es falsa. Porque nada hay más difícil y doloroso, añadía, que la búsqueda auténtica de la verdad y el conocimiento. Acorde con ese estado de ánimo podríamos volver a preguntar: ¿La historia siempre fracasa porque no tiene sentido, o es su propio sentido lo que nos conduce paradójicamente al fracaso? Es decir, ¿estamos obligados a fracasar como individuos -y con nosotros toda nuestra escala de valores- al ser arrastrados por el movimiento abstracto e indiferente de la historia? La pregunta por el significado nos arroja inermes a la soledad del desierto, a la “terrible blancura” del cosmorama abisal. Hay un lugar común -cíclico- en nuestra historia nacional donde las relaciones humanas, los más caros afectos, la vida, la economía y las instituciones son sometidos a una implacable saharización. El poeta nos cuenta haber regresado de allí “con despojos que no deseaba”, mientras su propio deseo se le iba volviendo ajeno... Ángel Escobar, por su parte, nos vuelve a decir en una línea que abunda en la angustia metafísica del hombre y la poesía: “(…) velo intraspasable, signo sobre signo, añorando siempre el Significado”. Cintio me expresó en una ocasión que Lezama siempre les dijo a los origenistas, que a la única generación a la que se debía pertenecer era a la de José Martí. Sin embargo, su actitud política refleja lo que en esencia vio, creyó y esperó su generación: un compromiso que él mismo consideraba existencialmente insuperable. También inspiradas en “El hijo pródigo”, Ángel Escobar escribió estas palabras: “(…) el espíritu quiere encarnar, romper la máscara, dejar de ser signo, ser: se sabe parte caída de lo velado, su insistir inexcusable quizá busca remedio en la aceptación y la confianza...” Hay algo en la Revolución de Enero, -si incorporamos esas preguntas sobre el valor de la confianza y el insistir en la aceptación de las que Ángel hablaba con tanto énfasis-, que parece haber fracasado de un modo esencial. Tal como si hubiéramos vuelto a extraviar el significado y el poeta estuviera condenado a iniciar un nuevo período de trashumancia, y la saharización se impusiera -con el polvo, la fiebre y el regreso tenaz a la intemperie- en lo más íntimo y doloroso de las relaciones humanas. Volviendo a quedar desarbolada la Casa de la patria, al retorno del poeta a la soledad más implacable se le suma la crisis de la Ciudad, el deterioro mortal que hoy sacude sus instituciones y con ello el naufragio de cualquier bienaventuranza. Decía Carlos Marx que el capitalismo condena al hombre a la soledad -como norma capital de la saharización del mundo moderno. Por ende, la crisis que nos sacude no es metafísica, es mundial y es histórica. No es, por tanto, consustancial a la condición humana, sino producto de un proceso histórico que ha revelado globalmente sus fallas. Por lo que, ¿existe, en esencia, el mundo ideal, justo y verdadero como verdad concomitante con el desenlace teleológico de la nación cubana, tal como lo concibieron y esperaron los maestros origenistas? Lo importante es saber que los poetas son los guardianes de la palabra, y que sigue siendo posible -como pensaba Vitier- hacer regresar el significado a su más legítima condición, contigua con una refundación de la vida y la Ciudad, en la que la lastimada esencia de las cosas fuera devuelta al mundo y la poesía lograra su ansiada historicidad. Tal vez lo que sucede es que el artista ha comprendido la laxa ambigüedad de las cosas y sabe que ya no hay certezas, y que el arte es el gran muro levantado por nuestra especie frente a la implacable facticidad de lo real. Si partiéramos de la verdad de esta concepción, haríamos regresar a la cultura a su condición elemental de metáfora. La poética del mundo nos hablaría en consecuencia, de una añeja verdad que busca ser reinstalada en la vida de los individuos, penetrada por su sentido poético más hondo: ser, a la vez, vehículo de comunión y de diálogo -tabernáculo y ágora-. La vida y la muerte, la agonía y el exilio, dejarían de ser entidades aisladas, mónadas ajenas entre sí, para devenir en porciones del movimiento metafórico e integrador de la historia. Por fortuna, abundan en el desierto las verdades iniciáticas: el precio de la soledad nos conduce a contemplar sin miedo las maravillosas imágenes y comprender el ministerio civil al que están predestinados los poetas; el instinto gregario orientado siempre hacia el retorno. Como pensaban los grandes imagineros de Orígenes, es el movimiento inevitable y fundacional de la poesía. Cintio Vitier, te seguiremos buscando, con el espíritu de los pobres y en los blanquísimos acantilados de la mañana.
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© Julio Pino Miyar |
DOMUS
DOMUS Tiene que ser la casa, el nudo, la luz de la medida, un útero extravagante con sus celdillas dispuestas con escrúpulo jerárquico, y, si es posible, si la capacidad de los que la habitan supera la incontrolada furia de la crecida se puede llegar al final con los pertrechos intactos y la extrañeza del ciego, bien sujeto a la boca del serpentín, saltimbanqui en su noche decisiva. De su mano y por su mano orientamos al deseo y al miedo, pequeños y silenciosos dioses que nos conmueven y alertan, perdemos o ganamos un bosque o un solo árbol, porque las naturalezas son abundantes o precarias y de esa taxonomía precisa obtenemos la palabra o el silencio. Virgen, la casa espera a su arquitecto, solitaria nos acompaña muda con la inquieta servidumbre del empleado perfecto; frágil, aparece y se desvanece sin raíces, sin huellas, con la mortalidad absoluta de las piedras y el rumor huraño de las despedidas; distante, después de muchos años nos observa sin curiosidad porque lo sabe todo de nosotros y espera el gesto, la voz y el cuerpo que la complete, inerte y paradójico destino, casi moribunda y al contemplarla, polifonía locuaz, sombra esclarecida del tiempo.
DOMUS Fue entonces la casa, el viejo artesonado de yeso, el crujir lastimoso de las vigas riostras y los rancios tules del entelado. Fue la morada que nos mostró su decrepitud como la casa orgánica que Manuel Mujica Laínez vio morir un día del verano austral: “¡Pobre techo italiano, pobre cortejo de la balaustrada!”. Fue entonces la casa, la que se pronunció a través de aquella crucifixión de ventanas, la casa que renacía en la memoria y entregaba al renacimiento un viejo tapiz del Antílope de Ticiano, el puño cerrado de un llamador solemne y la delicuescente sangre que brotaba del viejo corazón de Jesús arrinconado en una hornacina al fondo del pasillo. Entonces fue la casa, la que llamó golpeando sus aldabas sobre el cardenillo de los bronces, un llamado tenaz y decidido, como quien toma una fotografía y enmarca el motivo central con cuatro trazos rojos. Entonces fue la casa, la que levantó sobre la memoria un nuevo Urbanismo de viejas alamedas, de perdidas arboledas y callejuelas empedradas por donde acuden afiladores al son de sus silbatos y alegres marineros de permiso. Tuvo que ser la casa, la señal en la página de un libro que vuelve a abrirse, acaso la sensación de estar tan lejos.
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© José Ángel Fernández Colón y Antonio Polo González |
Ángulo de reposo
Retrata con disciplina un mundo a todas luces lejano para la sociedad cosmopolita a la que pertenece, Susan Burling Ward fluctúa entre el entusiasmo de lo que le ofrecen esas nuevas vidas, decenas de veces emprendidas, y la soledad del exilio intelectual al que por ellas se ve sometida. Wallace Stegner utiliza para narrar la historia de esta mujer pionera, única, femenina, feminista e intelectual la voz de su nieto: Lyman Ward, historiador, quien a los 58 años de edad se retira al que fue el rancho de sus abuelos y emprende allí la tarea de archivar, clasificar la correspondencia y el trabajo de su famosa abuela. Mientras tanto escribe la novela ‘Ángulo de reposo’ con el fin de contar la vida de ésta o como el mismo dice: "Lo que a mi me interesa de todos esos papeles no es la novelista e ilustradora Susan Burling Ward, ni Oliver Ward, el ingeniero, ni tampoco el Oeste donde pasaron sus vidas. Lo que realmente me interesa es cómo dos partículas tan distintas pudieron fundirse, y con cuánta presión, para rodar cuesta abajo hacia el futuro y hasta alcanzar el ángulo de reposo en que yo los conocí. Ahí es donde está el interés." Y lo consigue, después de cerrar el libro, después de haber pasado la última página un gusto agridulce recorre nuestro cuerpo pues ya sabemos que significa el ángulo de reposo, un termino de ingeniería que como dice Susan Burling Ward es demasiado bueno para la tierra...
© MARIA AIXA SANZ |
© María Aixa Sanz . (España, 1973) Escritora valenciana. Tiene publicadas las novelas “El pasado es un regalo” (2000), “La escena” (2001), “Antes del último suspiro” (2006) y “Fragmentos de Carlota G.” (2008). En mayo del 2008 publica el ensayo “El peligro de releer”, recopilatorio de los artículos literarios, con los que colabora en diversas revistas de España y Latinoamérica. En Junio también de 2008 la Editorial Séneca publica el libro “La escritura del no” que recoge sus artículos más importantes junto a los de una decena más de escritores profesionales. Ganadora de varios premios de narrativa breve, relato y cuento en distintos idiomas.
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Caperucita en Manhattan
‘Caperucita en Manhattan’ (Siruela) es una novela para niños, pero ¿de qué edad? Yo todavía soy niña y juego y ojalá no me canse nunca de jugar. Pues jugar es de las pocas cosas que dan sabor a la existencia. Pero dejando de lado los derroteros del juego y entrando en materia: ‘CAPERUCITA EN MANHATTAN’ (Siruela) de Carmen Martín Gaite es una novela para todo quisqui, porque aprender y reaprender y poner los puntos sobre las ies de los valores que deben regir la existencia ni tiene edad ni es un tema baladí. Recuperar el peso, la generosidad y el sentido de los valores humanos es lo que hace que esta novela se haga irresistible ante cualquiera que tenga un mínimo de lucidez. La maestra Gaite, como una hada sabionda nos otorga el privilegio de en una cuantas palabras recordarnos el sentido de la vida. Eso es arte y la Gaite lo hace utilizando a una Caperucita del siglo XX que vive en Brooklyn y con ello pretende y consigue que lo fundamental de la vida no se nos olvide. (...) "Para mí vivir es no tener prisa, contemplar las cosas, prestar oído a las cuitas ajenas, sentir curiosidad y compasión, no decir mentiras, compartir con los vivos un vaso de vino y un trozo de pan, acordarse con orgullo de la lección de los muertos, no permitir que nos humillen o nos engañen, no contestar que sí o que no sin haber contado hasta cien... Vivir es saber estar solo para aprender a estar en compañía, y vivir es explicarse y llorar...y vivir es reírse...He conocido a mucha gente a lo largo de mi vida, comisario, y créame, en nombre de ganar dinero para vivir, se lo toman tan en serio que se olvidan de vivir. (...) Para mi la única fortuna, ya le digo, es la de saber vivir, la de ser libre." Con su talento indiscutible, con su solvencia característica revisa el tradicional cuento y crea a unos maravillosos personajes donde el lobo es una magnate pastelero, la abuela una cantante de cabaret y Caperucita un niña que persigue con ansia la libertad. Convirtiendo ese todo en un cuento largo bellísimo. Siruela en pequeñas dosis mantiene viva la voz de Carmen Martín Gaite, la mejor escritora de la península sin duda, ahora acaba de reeditar: ‘Ritmo lento’ y ‘El balneario’. Disfrútenlos. © MARIA AIXA SANZ |
© María Aixa Sanz . (España, 1973) Escritora valenciana. Tiene publicadas las novelas “El pasado es un regalo” (2000), “La escena” (2001), “Antes del último suspiro” (2006) y “Fragmentos de Carlota G.” (2008). En mayo del 2008 publica el ensayo “El peligro de releer”, recopilatorio de los artículos literarios, con los que colabora en diversas revistas de España y Latinoamérica. En Junio también de 2008 la Editorial Séneca publica el libro “La escritura del no” que recoge sus artículos más importantes junto a los de una decena más de escritores profesionales. Ganadora de varios premios de narrativa breve, relato y cuento en distintos idiomas.
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El caribe en la literatura universal: mitos y realidades
Lugar exótico y suficientemente lejano para suscitar sueños de eterna felicidad, el Caribe es a menudo considerado como un destino paradisiaco, ajeno a las guerras, al efecto del capital y de las peores vicisitudes de Occidente. Esta imagen se ve reforzada por los anuncios de las agencias de viaje, a las vacaciones de muchos famosos o los relatos de conocidos que regresan con aires nostálgicos. En resumidas cuentas, los mitos del pasado y la idea de un Eldorado eterno se reproducen en nuestras mentes sin ser cuestionados. Pero, ¿cómo se describe a este lugar en la literatura universal? En este artículo analizamos las representaciones de cuatro escritores que han dedicado una parte importante de su obra a captar esa luz única y deslumbrante del Caribe. V.S. Naipaul, premio nobel de literatura 2001, describe en su obra “Miguel Street” una calle humilde de la isla de Trinidad que le vio nacer y recrea un periodo de la segunda guerra mundial en el que los estadounidenses aparecen como invasores y héroes a la vez. Todo acontece bajo el ritmo acompasado y melodioso de los calipsos, una música típica de la isla, que recogen todos los dramas de sus habitantes: mujeres que dejan a sus maridos después de haberles robado todo, hombres rabiosos en busca de sus mujeres desaparecidas, mujeres que necesitan a hombres responsables para formar familias estables o la insostenible competencia de los yanquis en los líos amorosos. En la isla caribeña de Naipaul, el tiempo pasa con una lentitud inexplicable y los personajes que la representan son todos almas misteriosas que se encierran en situaciones sórdidas, se complacen con destinos sencillos, hacen “lo que no tiene nombre”, venden poemas por las calles o tienen la costumbre de salir al umbral de sus casas con un vaso de ron por la mañana. El ron es más que un elemento básico, es un símbolo identitario que une y divide, que ambienta muchas fiestas pero que también destruye matrimonios. La isla de Trinidad que pinta Naipaul también es un lugar en el que confluyen las costumbres de diferentes etnias, la india, la afro y la británica, creando así un escenario excepcional y casi esperpéntico. La influencia de Estados Unidos, con sus modas y su estilo liberal, se entremezcla con el tradicionalismo de la India, sus castas y sus creencias, en un cóctel cuyo sabor es único. No todo es alegría en el Caribe del premio nobel pero tampoco es un drama. La gente aprovecha la mínima ocasión para hacer huelgas interminables, los chinos son dueños de numerosas tiendas, la corrupción carcome el cuerpo policial, hombres y mujeres demuestran su creatividad a través de tacos novedosos y siempre más atrevidos, los predicadores protestantes pululan en todas las esquinas, los indios salen a la calle con sus dhotis para leer el ramayana, las parejas se rompen y vuelven a unirse sin que esto tenga demasiada importancia porque la vida sigue con la misma tranquilidad. El romanticismo es uno de los principales elementos que el autor rescata de aquella sociedad y lo expresa con las cuantiosas descripciones de la ciudad colonial, retratando sus vericuetos empedrados, sus músicas y flores, sus balcones de madera oscura, sus muchachas con sombrillas de colores y volantes de muselina. Además, y refiriéndonos ahora a su gente, el Caribe es el escenario de encuentros entre personas que “aman con una pasión sin sentido”, “aman el mar y el amor” sin límites de espacio o de tiempo. La fuerza de los sentimientos, quizás potenciados por la calidez del clima, es infinita, abrasadora e incontenible, y somete la gente a situaciones extremas, a veces humillantes o desoladoras. El amor es incluso descrito como una enfermedad que debilita el pulso, provoca sudores pálidos dignos de los moribundos y afecta la respiración hasta transformarla en una respiración arenosa. Los síntomas del amor son tan grandes como los del cólera y con esto, Gabriel García Márquez nos invita a reflexionar, de forma alegórica, sobre lo que realmente se acapara de la cotidianidad caribeña: ¿el amor o el cólera? En esta pregunta, el cólera puede ser concebido como cualquier daño que asola la sociedad caribeña: la corrupción, el despotismo o la inestabilidad. Por otro lado, el amor omnipresente convive con una intransigencia natural y un padecimiento impuesto por los padres que obligan a sus hijos, con total autoridad, una repetición viciosa de su propia historia. Los que sufren de un amor impuesto son los que acaban imponiendo a sus hijos un amor igual de intransigente y totalitario. Más allá de la fuerza de las pasiones y de los síntomas de una enfermedad destructora, el autor colombiano nos narra también las costumbres fuertemente arraigadas de las zonas costeras, como las peleas de gallos en los patios, las músicas de acordeones en las esquinas y las enormes parrandas que entretienen a un pueblo hospitalario y fiestero. Otra concepción interesante y peculiar del Caribe es la del famoso escritor cubano, Alejo Carpentier. Su prosa densa reconstruye en la novela “Los pasos perdidos” una ciudad de la cuenca del Caribe en medio de un paraíso terrenal, cerca de pueblos milenarios y de una vegetación riquísima que, por sus atributos, podría referirse a cualquier lugar de latino-América. Su enfoque indaga en las raíces del pueblo americano, en la definición de su identidad, y destaca la cercanía de la naturaleza, la existencia de culturas, muy a menudo ignoradas, que conviven en armonía con el medio ambiente. Es, según el autor, la tierra de los pueblos que hacían sonar antiguamente “el bastón-tambor y la jarra funeraria”. También nos habla de un mundo de extremos y de desconciertos en el cual nunca son suficientes los desagües para luchar contra las lluvias de abril, los vehículos son arrastrados por los diluvios a otros barrios y se extravían en callejones ciegos. La naturaleza se impone a todo y el esfuerzo del hombre que anhela vivir en una ciudad moderna ha de ser constante para neutralizar sus efectos. Algo indecible, la combinación quizás de la naturaleza y del clima, genera cambios imprevistos y alteraciones que complican la vida de los habitantes. Sin la menor explicación posible, los aparatos de precisión nuevos de una empresa se desajustan, las ampolletas de suero de un hospital amanecen llenas de hongo, y, como siempre ha de haber un culpable, la población señala “al gusano” como responsable de todos estos acontecimientos. Ese gusano misterioso se describe como un ser ambiguo, nacido del lenguaje local, que se refiere a todo lo innombrable y a todo lo inexplicable. En la obra de Alejo Carpentier, los habitantes consideran también al gusano como el causante de los innumerables golpes de Estado y las súbitas revoluciones, como si el miedo a hablar o la relativa indiferencia les impidieran manifestar claramente sus problemas para solucionarlos. Aunque lo haga con una tonalidad más ponderada y un estilo menos sorpresivo, la perspectiva maravillosa del escritor cubano se asemeja a la de Gabriel García Márquez y recrea un mundo en el que lo cotidiano puede ser magia y la realidad brilla por su irracionalidad. Con una prosa directa e vibrante, José María Mendiluce dibuja a un mundo aislado e incomunicado, corrompido por el turismo occidental, viciado por los excesos de unos visitantes que sólo conciben placeres y beneficios inmediatos. Inspirado por su experiencia en Costa Rica, el autor español expone en su obra “Pura vida” un Caribe insólito, un triste ensamblaje de dominantes y dominados, invasores y desterrados, en el que conviven dos estilos de vida incompatibles: por un lado, el hedonismo occidental y, por otro, el ostracismo indígena. En ese cuadro oscuro, resalta el duro destino de la negritud y la crueldad de la raza blanca, y coexisten dos idiomas (el español, lenguaje oficial, y el inglés traído por las minorías negras oriundas de Jamaica). La incomunicación persiste pese a la modernidad porque los avances económicos sólo benefician a ciertos polos minoritarios. La perspectiva de Mendiluce insiste en el dolor, se agarra al malestar, pero deja entrever un deseo inapagable de felicidad y la profundidad de los sentimientos de su gente sincera y abierta. El Caribe de Mendiluce descuella por su ambivalencia, sus conflictos internos y su doble-personalidad.
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© Johari Gautier Carmona (1979) es un joven narrador español nacido en París (Francia), amante de los viajes y de las experiencias culturales. Actualmente reside en Barcelona, ciudad central dentro de su creación literaria, tras una estancia de tres años en Inglaterra. La escritura representa, para él, un modo de conciliar la riqueza de sus raíces caribeñas y españolas. Ha publicado cuentos de ficción en antologías como “Qué me estás contando” de la Editorial Hijos del Hule e “Historias Verdaderas” de Silva Editorial. Es el ganador del premio “Relatos de viaje de 2007”, organizado por Ediciones del viento y finalista de otros numerosos premios. Ediciones Irreverentes ha publicado en Abril del año 2009 su novela “El Rey del mambo” y el mismo año la Editorial Almuzara edita su libro de “Cuentos históricos del pueblo africano”. |
Antología
Esta es la memoria de Gatti. No sus memorias. Aquí no se entierra a nadie.
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© Alvaro Muñoz Robledano Nació en Madrid en 1965. Se licenció en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid. Ha publicado los libros: “Fotografías junto al pecio” (Málaga 1991), “Hoteles” (Madrid 1996), y “Cuartel de Invierno” (Madrid 2000). Colaborador de ariadna-rc desde sus comienzos donde ha publicado su "Breve historia de la lucha de clases" (2003). Su último poemario "Salvoconductos" ha resultado ganador del III Premio Café MOn 2006. |
Por qué la teoría de la evolución es verdadera
Este libro es algo más que un libro de divulgación científica. Es un arma. Un arma que Jerry Coine ha cebado contra la la superstición que a duras penas nos cuesta concebir, pero que va ganando terreno día a día, no sólo en Estados Unidos, sino en esta vieja Europa, donde la ignorancia y la barbarie acechan aún, como si no hubiésemos tenido bastante. Los creacionistas, aupados en una crítica presuntamente política que no es más que acumulación de prejuicios, hacen de su estolidez una cuestión de conciencia: el darwinismo es el caos social, es el fin de cualquier moral, es producto de un pensamiento dictatorial disfrazado de ciencia... a este pobre reseñista le cuesta entender como hay quien no se avergüenza de profesar (o perpetrar, que es más exacto) semejantes opiniones, aunque sea por motivos estéticos, ya que ni la razón ni la ética parecen habitar en ellos. Conway no escribe para los intolerantes, sino para los curiosos, para los que aún conservan la capacidad de asombro, para los que el conocimiento es un motor vital y no un enemigo. Conway escribe con un estilo poderoso, emotivo, claro, siguiendo la mejor tradición de los científicos americanos que nunca vieron la divulgación como una tarea menor, al contrario que a este lado del mar, donde, salvo excepciones tan honrosas como escasas, los investigadores han tenido por desdoro el abrir su ciencia al común de los ciudadanos. Y quizás estemos pagando ese error. Donde debiera haber ciencia, hay más y más superstición. Hay menos y menos inteligencia. Hay menos y menos ética. Menos y menos belleza.
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© Alvaro Muñoz Robledano Nació en Madrid en 1965. Se licenció en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid. Ha publicado los libros: “Fotografías junto al pecio” (Málaga 1991), “Hoteles” (Madrid 1996), y “Cuartel de Invierno” (Madrid 2000). Colaborador de ariadna-rc desde sus comienzos donde ha publicado su "Breve historia de la lucha de clases" (2003). Su último poemario "Salvoconductos" ha resultado ganador del III Premio Café MOn 2006. |
Anna Karénina
"Su mundo petersburgués se dividía en dos grupos completamente irreconciliables: el primero, inferior, banal, estúpido y, sobre todo, ridículo, estaba formado por personas convencidas de que el marido debe ser fiel a su legítima esposa; las muchachas, inocentes; las mujeres, pudorosas; los hombres, viriles, firmes y moderados, por no hablar de la necesidad de educar a los hijos, ganarse el pan, pagar deudas, y otras sandeces por el estilo. En fin, gente grotesca y chapada a la antigua. La segunda, a la que pertenecían todos ellos, estaba formada por gente de verdad, que situaba por encima de todo la elegancia, la belleza, la magnanimidad, la alegría y el valor, capaz de entregarse sin ningún rubor a cualquier pasión, riéndose de todo lo demás." De la mano de Alba Editorial y con la nueva traducción de Víctor Gallego nos invitan a descubrirla o a redescubrirla y sé que si Tolstói al que le costó Dios y ayuda ver editada esta novela, pues en forma de libro no se publicó hasta 1878, antes lo hizo por entregas en ‘El mensajero ruso’, levantara la cabeza y descubriera esta edición estaría tremendamente orgulloso. 1002 páginas de literatura rusa en edición de lujo.
© MARIA AIXA SANZ |
© María Aixa Sanz . (España, 1973) Escritora valenciana. Tiene publicadas las novelas “El pasado es un regalo” (2000), “La escena” (2001), “Antes del último suspiro” (2006) y “Fragmentos de Carlota G.” (2008). En mayo del 2008 publica el ensayo “El peligro de releer”, recopilatorio de los artículos literarios, con los que colabora en diversas revistas de España y Latinoamérica. En Junio también de 2008 la Editorial Séneca publica el libro “La escritura del no” que recoge sus artículos más importantes junto a los de una decena más de escritores profesionales. Ganadora de varios premios de narrativa breve, relato y cuento en distintos idiomas.
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Mentiras de mujeres
Anagrama permite un nuevo encuentro de los lectores con una de las escritoras rusas que gozan de mayor prestigio en la actualidad en Europa: Liudmila Ulítskaya. Si antes lo hizo con las novelas: ‘Sinceramente suyo, Shúrik’ y con ‘Sóniechka’, ahora es con el libro: ‘MENTIRAS DE MUJERES’. En el prólogo la escritora indica que: "así como los hombres mienten de un forma práctica, con un fin las mujeres lo hacen de pasada, por descuido, sin causa sin motivo, con ardor, de improviso, poco a poco, sin orden ni concierto, desesperadamente, de modo completamente inmotivado...," nos dice: "Aquellas que poseen ese don mienten desde la primera hasta la última palabra que pronuncian." * * *
Bien, esa es la opinión de Ulítskaya. Durante los seis relatos Zhenia esta rodeada de infinidad de mujeres que se cruzan en su vida, mujeres tan bien retratadas que el lector no duda de su existencia ni de su dolor ni de su felicidad. Mujeres todas ellas que le van contando su vida a Zhenia, entre ellas están: una vecina de un alojamiento turístico, la hija de su casera, una sobrina, su vieja profesora, media docena de mujeres que son estudio para uno de sus trabajos... Mujeres todas ellas reales, de carne y hueso, que ríen, lloran, sufren, se enamoran, hacen daño, las dañan, se desenamoran y que Zhenia de manera involuntaria, ya sea por casualidad, por estar ahí en un momento concreto, o porque la han elegido como confidente con alevosía, es testigo de como sin darse cuenta de manera inconsciente o no todas ellas cuentan su historia, la de su vida, fabricándola desde la mentira. Arman con palabras una historia falsa que no les pertenece para presentarse ante los ojos de Zhenia y de los otros como mujeres más interesantes, valientes, osadas, prestigiosas..., cuando lo que realmente hacen es mentirse a sí mismas porque la realidad de su existencia no les agrada, no la toleran, y entonces la maquillan del mismo modo que se maquillan el rostro cada mañana y un día tras otro la mentira se vuelve algo tan real que acaban creyéndosela ellas mismas. ‘Mentiras de mujeres’ es el relato o los relatos de una verdad como un templo que a veces para seguir viviendo o sobreviviendo es preciso mentirse a uno mismo hasta creérselo para apartar la fealdad y la crueldad de la existencia. Ahora yo: escritora, lectora, mujer pongo en duda que ello sea solo patrimonio de las mujeres. La realidad es que casi todos los seres humanos, tanto hombres como mujeres, alguna vez en nuestra vida hemos maquillado la verdad de nuestros días para seguir adelante y pensar lo contrario perdónenme pero huele a un rancio machismo arcaico y caduco que se da de bruces contra la realidad del alma humana. En lo de mentirse a uno mismo, hombre y mujeres andamos a la par.
© MARIA AIXA SANZ |
© María Aixa Sanz . (España, 1973) Escritora valenciana. Tiene publicadas las novelas “El pasado es un regalo” (2000), “La escena” (2001), “Antes del último suspiro” (2006) y “Fragmentos de Carlota G.” (2008). En mayo del 2008 publica el ensayo “El peligro de releer”, recopilatorio de los artículos literarios, con los que colabora en diversas revistas de España y Latinoamérica. En Junio también de 2008 la Editorial Séneca publica el libro “La escritura del no” que recoge sus artículos más importantes junto a los de una decena más de escritores profesionales. Ganadora de varios premios de narrativa breve, relato y cuento en distintos idiomas.
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Dos damas muy serias & placeres sencillos
Extravagante y estrambótica, es la historia de estas dos damas que se alejan de su título, son pues dos damas nada convencionales que hacen de su vida literalmente lo que les da la gana, como no les gusta su existencia la cambian como si fuese la cosa más fácil del mundo, pero la cambian caiga quien caiga, le pese a quien le pese, aunque este cambio sea su propia destrucción. Pero ellas dos, la Señora Copperfield y la Señorita Goering, de verlas morir, morirían felices por haber ido en busca de su felicidad y haberse sumergido en esa búsqueda haciéndose cargo de todas las consecuencias. Ambas viven con intensidad, ajenas al que dirán, lo triste es que Jane Bowles nos muestra solo unas horas de estas dos mujeres lunáticas, atípicas, extrañas, estrambóticas. Y al igual que en ‘Dos damas muy serias’ en ‘Placeres sencillos’ Jane Bowles nos presenta unas narraciones con fuerza, sin tapujos, desternillantes a veces, absurdas otras, profundas siempre. Narraciones perfectas para exploradores de otra clase de literatura.
© MARIA AIXA SANZ |
© María Aixa Sanz . (España, 1973) Escritora valenciana. Tiene publicadas las novelas “El pasado es un regalo” (2000), “La escena” (2001), “Antes del último suspiro” (2006) y “Fragmentos de Carlota G.” (2008). En mayo del 2008 publica el ensayo “El peligro de releer”, recopilatorio de los artículos literarios, con los que colabora en diversas revistas de España y Latinoamérica. En Junio también de 2008 la Editorial Séneca publica el libro “La escritura del no” que recoge sus artículos más importantes junto a los de una decena más de escritores profesionales. Ganadora de varios premios de narrativa breve, relato y cuento en distintos idiomas.
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Mondo y otras historias
Mondo el niño protagonista del primer cuento sigue estando en los siete siguientes, en cada uno bajo una piel, un aspecto y lugar diferentes. También lo está su manera de ver y de estar en el mundo su forma de amar la mar. La mar eje de este libro, la mar siempre la mar, la mar como forma de vida, como sentido, como destino, como ruido de fondo, como sueño, como un igual, como búsqueda, como huida. La mar: la libertad. Mondo, Lullaby, Jon, Juba, Daniel, Alia, Pequeña Cruz, Gaspar... los protagonistas de estos cuentos son personas hechas de agua. Personas de agua. De esas que se escurren entre los dedos, que no se dejan atrapar, que cambian de forma. Efímeras, bellas en su fugacidad. ‘Mondo y sus historias’ es un canto, una completa fusión con la mar, el cielo, la tierra y el aire, con la naturaleza, con el Universo donde los seres humanos son los extranjeros. Historias embriagantes que ni el lector sibarita despreciara, ni tampoco lo hará el amante de las buenas historias, porque Le Clézio es uno de los mejores contadores de historias, y por supuesto no se apartarán de él las personas hechas de agua, que de existir existen. En ‘Mondo y sus historias’ Le Clézio de nuevo demuestra como la literatura puede ser una enseñanza aparte de un entretenimiento. Le Clézio le de otra finalidad al oficio de contar historias.
© MARIA AIXA SANZ |
© María Aixa Sanz . (España, 1973) Escritora valenciana. Tiene publicadas las novelas “El pasado es un regalo” (2000), “La escena” (2001), “Antes del último suspiro” (2006) y “Fragmentos de Carlota G.” (2008). En mayo del 2008 publica el ensayo “El peligro de releer”, recopilatorio de los artículos literarios, con los que colabora en diversas revistas de España y Latinoamérica. En Junio también de 2008 la Editorial Séneca publica el libro “La escritura del no” que recoge sus artículos más importantes junto a los de una decena más de escritores profesionales. Ganadora de varios premios de narrativa breve, relato y cuento en distintos idiomas.
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El mundo mágico de Mia Couto
Los grandes autores de ficción se diferencian por el mundo que recrean y el lenguaje que emplean, se destacan por el impacto y la magia de sus imágenes, la sutileza de sus palabras y la crudeza de la realidad a la que aluden. Mia Couto es uno de esos escritores lusoparlantes que no dejan indiferentes, que enganchan y atrapan al lector con un mundo repleto de hechizos, anacronismos, atavismos, sueños, recelos y contradicciones. Su producción literaria, ya muy extensa y reconocida especialmente en el país vecino, Portugal, nos abre los ojos sobre un mundo que desconocemos y al que sólo nos solemos referir, aquí en Europa, con breves reportajes televisivos que describen su triste situación. Mozambique, el país en el que Mia Couto nació en 1955, es la piedra angular sobre la cual edifica su obra. Todos los hombres, las mujeres, los animales, las costumbres y los problemas que describe son de allí, nutren un especial nexo con la tierra, comparten creencias milenarias y visiones misteriosas, y, increíble paradoja y apreciable curiosidad de la literatura, parecen tan cercanos de nosotros a la vez y muy comprensibles. Los personajes de Mia Couto sufren y sueñan con un lenguaje místico, casi lírico, y sus comentarios suenan como a música armoniosa que, no obstante, contiene tanto sufrimiento y sabiduría. La prosa del autor es única. Se construye de forma entrecortada con numerosas expresiones misteriosas, imágenes humorísticas, e incluye una cantidad apreciable de neologismos que aportan viveza y ligereza al texto. La ironía es constante porque, finalmente, Mia Couto es un autor crítico y social, que describe el calamitoso efecto de las guerras y las bajezas del comportamiento humano. Aún así, sus escritos se dejan leer como si fueran comedias, enganchan al lector con el humor de sus diálogos y la agudeza de sus comparaciones. Su lenguaje vivo y cambiante, eficaz y atractivo, es cautivador en todos los aspectos, no sólo por las ideas que evocan sino por las otras realidades que despierta en el lector. El mundo de Mia Couto no sólo se rige en una dimensión: entrelaza distintos universos que comunican entre ellos, que se alegran o se avergüenzan de las acciones de los otros y que buscan, constantemente, un equilibrio. Así es como muertos y vivos, hombres y animales, ancianos y jóvenes, objetos y elementos indecibles, se relacionan, se observan, se quieren o se odian, y todo esto en un mundo narrativo que trata de dar, sin encontrarlo, un significado a todos estos desencuentros. En sus obras, Mia Couto denuncia la absurdez de las guerras, reflexiona sobre la injerencia de otros países, se indigna del efecto de la colonización pero con una sutileza y un sentimiento extraordinarios. La primera de sus novelas, “Tierra Sonámbula”, describe un país devorado por la guerra. Un país en el que el paisaje se mueve solo, se desplaza lentamente en busca de una paz ilusoria. Los personajes confunden el pasado con el presente, desconocen el significado de la paz, viven constantemente bajo la dura realidad de la muerte y el hambre lancinante que les impide pensar y expresar sus sentimientos. Sin embargo, el amor y la ternura siempre sobreviven. Se refugian en lugares inesperados y representan la única esperanza de un mundo en el que el tiempo parece detenerse. Con esta novela, Mia Couto firma una obra magnífica que relata la infamia de la guerra y la humanidad de los inocentes que la padecen. Por otro lado, en “El último vuelo del flamenco”, otra de sus destacables novelas, Mia Couto se refiere a un país paralizado y destruido por un conflicto que nadie sabe interpretar. Con unos cascos azules impotentes y representantes de una segunda colonización, la paz se vuelve tan, o más, absurda que la guerra. Los dirigentes políticos, todos corruptos y distanciados del pueblo, aprovechan el hambre de su población, la movilizan en las calles, para incentivar las donaciones y perpetuarse al mando. Todo es aprovechable y todo es vendible, hasta la dignidad. El denso mundo de Mia Couto es uno de esos pocos que descuellan por su crudeza y su magia, que seducen e indignan a la vez. Es un universo filosófico y pragmático. Todo es posible, todo es creíble, porque, según una creencia que lo caracteriza: “Los hechos sólo son verdaderos después de ser inventados”.
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© Johari Gautier Carmona (1979) es un joven narrador español nacido en París (Francia), amante de los viajes y de las experiencias culturales. Actualmente reside en Barcelona, ciudad central dentro de su creación literaria, tras una estancia de tres años en Inglaterra. La escritura representa, para él, un modo de conciliar la riqueza de sus raíces caribeñas y españolas. Ha publicado cuentos de ficción en antologías como “Qué me estás contando” de la Editorial Hijos del Hule e “Historias Verdaderas” de Silva Editorial. Es el ganador del premio “Relatos de viaje de 2007”, organizado por Ediciones del viento y finalista de otros numerosos premios. Ediciones Irreverentes ha publicado en Abril del año 2009 su novela “El Rey del mambo” y el mismo año la Editorial Almuzara edita su libro de “Cuentos históricos del pueblo africano”. |
Durante mucho tiempo he echado de menos este libro. Tengo para mí que la investigación acerca del arte contemporáneo se ha empeñado, denodadamente, en observar la producción actual con criterios mistéricos y románticos que preservan al artista en su burbuja creativa, capaz de todo aquello que su reflexión le dicte. Muy raramente el estudioso me ha enseñado la lucha entre el artista y sus posibilidades, la consideración del momento artístico como una consecuencia del momento tecnológico. Ése es el bisturí de Ignacio Rejano. Entendiendo el bricolage como una estrategia de reutilización de elementos y de su reconsideración funcional, explora el papel que la máquina ha tenido en el arte contemporáneo, como ideología, como herramienta, como elemento de alteración y como lenguaje suficiente, desde el optimismo de las primeras vanguardias del siglo XX, al empleo autorrefencial de la máquina (ateniéndose al concepto de máquina que Rejano desarrolla con una envidiable claridad de visión) en las obras que abandonan la necesidad de significación; desde el escepticismo y el entusiasmo de Duchamp al hieratismo de artistas como Dan Flavin o Walter Carlos, que muestran el resultado de un proceso técnico posible con los elementos y herramientas de que disponen. El arte deja de ser testigo del tiempo para ser uno de sus resultados. Deja de ser creación para ser bricolage. Desde esa perspectiva podemos, quizás, hablar. Ignacio Rejano me ha dado la pauta que necesitaba.
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© Alvaro Muñoz Robledano Nació en Madrid en 1965. Se licenció en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid. Ha publicado los libros: “Fotografías junto al pecio” (Málaga 1991), “Hoteles” (Madrid 1996), y “Cuartel de Invierno” (Madrid 2000). Colaborador de ariadna-rc desde sus comienzos donde ha publicado su "Breve historia de la lucha de clases" (2003). Su último poemario "Salvoconductos" ha resultado ganador del III Premio Café MOn 2006. |
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© Alvaro Muñoz Robledano Nació en Madrid en 1965. Se licenció en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid. Ha publicado los libros: “Fotografías junto al pecio” (Málaga 1991), “Hoteles” (Madrid 1996), y “Cuartel de Invierno” (Madrid 2000). Colaborador de ariadna-rc desde sus comienzos donde ha publicado su "Breve historia de la lucha de clases" (2003). Su último poemario "Salvoconductos" ha resultado ganador del III Premio Café MOn 2006. |
Quien se enfrenta al reto de una novela no puede olvidar que se enfrenta, ante todo, a una narración. Y que la narración es, ante todo, el lenguaje con que se trama. El esforzado lector de estas notas sabe que soy pesimista con respecto a la novela que nos venden hoy en día, y que echo de menos las novelas realmente escritas, cuyo lugar ha sido ocupado por ¿historias? torpemente hilvanadas, que ignoran (no ellas, sino quien las perpetra) cuanto de cierto hay en las palabras si se escriben para crear, y cuanta creación cabe en la realidad que contemplamos. También en la realidad de las novelas. César Romero ha recogido dos hechos perfectamente codificados, la memoria de la guerra y la llegada del extranjero, y ha modelado un fascinante juego de espejos en el que voces diversas pugnan por reconocerse en lo que relatan, en los recovecos de lo que recuerdan o de lo que escucharon de otros. El espejo muestra un pueblo de Sevilla en el que conviven tiempos distintos: el pasado ominoso y silente de los años del franquismo, cuando víctimas y verdugos de cualquier condición se vieron condenados a convivir y a reconocerse en cada encuentro, y el presente en que ese pasado sobrevive aún, a pesar de lo que algún que otro iluminado, fantásticas caricaturas con las que me he reído de buena gana, pretenda obviar, cuando lo único cierto es su ignorancia. Ian Tracy, el hispanista inglés que repite conscientemente los pasos de otros ilustres antecesores, no encuentra un tiempo detenido, sino un tiempo que se arrastra sobre sí mismo, y unas historias que no reclaman su estudio sino su pervivencia, que reclaman las palabras en que están y que les han sido hurtadas. Hay algo en la escritura de César romero que no es estilo, que va más allá de la noción habitual de estilo y de la verosimilitud. Algo mucho mayor que la eficacia o la observación. Lo vi (y di cuenta de ello) en sus relatos, y vuelvo a verlo en esta novela. Quizás la sensación de que páginas como éstas son realmente necesarias, que el empeño puesto en ellas atañe más a la vida de quien las escribe que al mero oficio. Y que el resultado, Campo de minas, se convierte para el lector en algo más que un lapso de tiempo o una confrontación con lo escrito. Ese algo más se llama, ahora sí, novela. Y soy pesimista respecto a su actualidad, pero hay ocasiones, como la que nos ocupa, en que mi pesimismo retrocede y vuelvo a buscar libros como el que acabo de leer.
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© Alvaro Muñoz Robledano Nació en Madrid en 1965. Se licenció en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid. Ha publicado los libros: “Fotografías junto al pecio” (Málaga 1991), “Hoteles” (Madrid 1996), y “Cuartel de Invierno” (Madrid 2000). Colaborador de ariadna-rc desde sus comienzos donde ha publicado su "Breve historia de la lucha de clases" (2003). Su último poemario "Salvoconductos" ha resultado ganador del III Premio Café MOn 2006. |
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