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EL LABERINTO A R I A D N A - R C . c om c r e a c i ó n l i t e r a r i a
[número cuarenta y cinco edición OTOÑO 2009] D I C I E M B R E
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Esperanza, Primavera, Viento y Lunes / Cáceres
ESPERANZA, PRIMAVERA, VIENTO Y LUNES CÁCERES Marfileña luz sobre tus alcores
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© Juana Corsina González Fraga. Nace en Ferrol (La Coruña) el 20 de Febrero de 1958. El primer poema que guarda manuscrito es del año 1974 .“Los locos” Donde descubre el placer de utilizar la poesía para expresarse. Y surgen así sus “Siempre sueños…” que la siguen acompañando por las vaguadas del pensamiento. Es una admiradora de todo aquello que encuentra escrito y una enamorada del aprendizaje que la lleva, a través de Internet, hasta los foros literarios. Y en “Poetas universales” foro literario recoge parte de su colección de versos. Ha recibido numerosos premios en los certámenes que se realizan en Internet por sus Sonetos, poesía clásica y Verso Libre. Siendo a si mismo, directora y administradora del foro literario: “Poetas Universales”Es miembro de Poetas del mundo R.E-M-E.S.: Red Mundial de Escritores en Español. Poeta invitada en la presentación del libro de la Poeta Gallega: Carmen Patiño (La Coruña) en la Real Academia Gallega; donde recitó sus poemas. Poeta invitada para dar lectura a sus poemas en el IV aniversario del Foro “Aires Galegos” Recitales poéticos musicales organizado por la “Orden Tercera de San Francisco” en los actos culturales de Navidades , Semana Santa y otros, en la Ciudad de Ferrol. Poeta invitada a los actos poéticos de "La Casa de la Cultura" del ayuntamiento de Ned donde comparte tertulias con destacados Poetas de la comarca Ferrolana. Partícipe de las antologías: “Dias de Sol” (Editorial Centro Poético) |
Cómo contemplar un poema sin olvidar a una mujer / [Arqui(Texturas)]
Cómo contemplar un poema
El poema se extiende: un Digamos que: pero del campo no se conoce sino que es de flores. Y si escribo rosa Y si escribo lila, En consecuencia, Así, el amor es también la visión de dos cuerpos en armonía Y quiero recordar, además, en tanto que los mitos y decir que los ángeles existen bajo apariencia humana Pero decir que el cuerpo de una mujer,
(2) Cfr. Octavio Paz, Claude Lévi-Strauss o el nuevo festín de Esopo, 1969.
[Arqui(TEXTURAS)] w Busco una estructura secuencial que limite las sensaciones Todo ha comenzado con la subversión de los valores: El espacio es un vacío del que no estamos convencidos Ahora podremos descansar α
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© Juan Pablo Mejía (Lima, 1982) Comunicador Social por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Dirige la revista de creación “El Jinete de la Tortuga” y el sello “Paracaídas Editores”. Ha organizado concursos, encuentros literarios y recitales poéticos junto al Grupo Cultural “Nudo de Voces”, del cual forma parte. Poemas suyos aparecen publicados en diversas revistas y blogs de Literatura, así como en las muestras colectivas “Nudo” (2007), “Caja de Typos” (2007) y “Cuatro” (2009). Antologado en “Poesía Perú S. XXI: 60 Poetas Peruanos Contemporáneos” (2007). Pronto aparecerá “Balada de la piedra que canta”, su primer libro. Pueden leer otros textos suyos en http://.jpmejia.blogspot.com, su bitácora personal. |
Un orgasmo que ganar
Podría intentar una sextina erótica, ¿Quién sabe? Podría intentar hacerlo tan escandaloso Todo un alboroto. Podría intentarlo… Tristes tendrían que ser las voces de su composición. Si aun cuando a sus ancestros les debemos el placer, Penosos vocablos narrarán el sentido bifurcado del lagarto gila, Por el momento, no puede ser de otra manera… Sólo tristeza y muerte el capital está enraizando, Y en las selvas la excitación de la ley de oferta y demanda somete, Para la vida y el placer, naturalmente, No habrá más encendidas romanzas salvajes, Si así siguen las cosas, en pasado también se hablará Ni sextina erótica, Si en este momento intentara un cantar a las delicias del deseo, Incluso de cualidades dulces, Aun cuando con esmero cultivara un perfecto castellano; Entonces, el problema: ocultar las verdaderas relaciones. Y… ¿Y las de un cuerpo que pare y cría fuerza de trabajo ¿Con qué eufemismo? Si hiciera el intento… En este momento, no podría ser de otra manera: Hoy no puedo escribirlo. ¡No quiero! ¿Y el contrato matrimonial con el desasosiego? Hoy no puedo escribirlo. Hoy no. En este momento, no podría ser de otra manera. Y olvidando las opresiones que, Tendría que esconder, entre renglones, No quiero escribirlo hoy, Hoy no puedo escribirlo: Hasta que se unan en cópula perenne el erotismo y la esperanza, Hoy no quiero, Primero tenemos que suprimir la perversión del plusvalor… Si ahora sólo se riman amarguras y miserias y horrores. A menos… A menos…
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© Mariela Loza Nieto |
Castañas (Flor fenicia)
Conmovedor el útero hostil En su entraña la misma flor, Fúnebre marcha el clima Viejo patriarca de recias barbas, Los últimos ruidos del sol Conmovedora matriz tres huevos tu misterio oval En mis trémulos dedos Ahora a tu destino fenicio,
Ulises Varsovia
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© Ulises Varsovia. Nací el 2 de julio de 1949 en Valparaíso, cuyo mar y sus tempestades marcaron definitivamente mi persona y mi poesía. Estudié varias asignaturas humanísticas, y trabajé en tres universidades, tanto en historia como en historia del arte, al mismo tiempo que escribía poesía. En 1985 salí a doctorarme a Alemania, y como mi mujer es suiza, pude trabajar y quedar-me en San Gall, ciudad en cuya universidad hago un par de lecciones. He publicado 28 títulos de poesía, cinco de ellos en Chile, y tres dedicados a Valparaíso, el último: Hermanía: La Hermandad de la Orilla, en Apostrophes de Santiago (www.apos.cl). El libro más antiguo que he publicado es Jinetes Nocturnos, de 1974, pero tengo otros inéditos más antiguos. En 1972 publiqué un cuadernillo, Sueños de Amor, que circuló sólo entre amigos. Me han publicado más de 70 revistas de literatura de todo el mundo, en varios idiomas, y repetidas veces, y estoy en numerosas páginas web. En agosto del pasado año salió a la luz en Sevilla, España, mi libro de poemas Anunciación. Ángeles y Espadas, publicado por la Asociación Cultural Myr-tos. Esta misma entidad acaba de publicar mi Antología Esencial y Otros Poe- mas (1974-2005), que incluye dos poemas de cada poemario publicado, es decir, 52 poemas "esenciales", y tres poemas de 12 libros inéditos, lo que hace un total de 88 poemas. Lo último mío aparecido es Vientos de Letras, también antológi-co, en colaboración con el poeta andaluz Alexis R. , editado por Myrtos. De los 28 poemarios publicados, sobresalen Jinetes Nocturnos, de 1974/75 , Tus náufragos, Chile, de 1993, Capitanía del Viento , de 1994 , El Transe- únte de Barcelona , de 1997, Madre Oceánica, Valparaíso, de 1999 , Mega-lítica, de 2000, Ebriedad , de 2003, y la Antología Esencial. http://ulisesvarsovia.tripod.com www.ulisesvarsovia.ch |
Tres poemas
ciudad, escucho tus cloacas,
me complazco y reposo en cavilaciones que semejan,
olor de mandarina en los artefactos del sentido fundamental
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© Pablo Miravet |
La lluvia de abril
Quiero ser como ese gesto democrático de abril, La lluvia vuelve para llenarlo todo,
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© Antonio Polo |
Selección de poemas
CuandoQué piensas cuando callas Inolvidable febrero
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© María José Mures. Nace en Fernán Núñez, Córdoba, el 4 de abril de 1970. Es diplomada en Educación Especial por la Universidad de Córdoba y habilitada en Educación Infantil por la UNED. Es Máster en logopedia en Rehabilitación de los trastornos del lenguaje y el habla por la Universitat Politècnica de Catalunya. |
Selección de poemas
I
Amé desde el principio una mirada translúcida, Aún no he cambiado los cuadros de sitio. Esto es lo último que tengo escrito. En la habitación, las mujeres vienen y van Un televisor, bajo la intemperie del techo, En la habitación, las mujeres vienen y van Yo sé que muchos quieren Nadie ha cambiado los cuadros de sitio. El sol quema las calles. No he cambiado los cuadros, amor, tampoco las flores. El sol ya no me perfuma en sus sombras, cada mañana, con gritos de risa inocente. Muchos días, ellos vienen y cantan; Cuánto entusiasmo te dejaste aquí... Amé. Las nubes... Las nubes. En la habitación, las mujeres vienen y van hablando de Miguel Ángel. Y esto es lo último que tengo escrito. No sé si oigo pisadas, ¿oyes las pisadas, amor? Han cambiado... todos los cuadros de sitio. En el balcón, más allá, Mientras en el crepúsculo se juntan, como el rayo, En la habitación, las mujeres vienen y van El poniente está bañando todas las ventanas. Mañana me despertará el canto de las aves. Porque a pesar de ellos, a pesar de todo... Amé desde el principio una mirada translúcida, Esto es lo último que tengo escrito.
II
Avenidas del tiempo
La luna está creciendo, con la nítida irrealidad Y la ceniza de hielo baña la superficie; Como en las mejores puestas de sol, Y es, simplemente, como el primer día
III
Juega con tu tristeza, chiquillo. Pinta con sangre en las paredes de los que no te verán, Haz pedazos los relojes, los olores, los recuerdos. IV
Don QuijoteEl mundo te hizo parecer un loco estupendo, Quijote. Tú ya lo sabes. Allí donde los relojes se deshacen Querías encontrar la belleza y plasmarla, Y lo intuías, VNo sé desde dónde llamas. No sé a qué químicas llamas tú químicas; No sé si quisieras bailar conmigo a la luz de ese teléfono cósmico ¿Podrías salvar el abismo que, en segundos, se abre entre nosotros y que se cierra cuando tu boca roza mi boca a punto del calor? Me llevas hacia el humo, ¿Esperaré una vez más a que salgas de ahí? ¿A que salgas de aquí, de allí…? Déjame en paz,
Poemas incluidos en el libro “Avenidas del tiempo” (ed. Vitrubio 2009) |
© Izara Batres nació en Madrid en 1982. Es escritora y periodista (licenciada en Ciencias de la Información-Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid). |
Poema umbilical
Escribo sobre el vínculo matriz de la a a la z no hay más enigmática adivinanza que seguir viviendo, entrecruzando soliloquios y discursos en abierto, …por dónde iba…vínculo matriz- plexo conector tomando un respiro sólo por el mero hecho de escribirlo no es casualidad que en estos momentos me cruce con un trastornado mental que se hurga con el meñique su ombligo; cae en la desesperación al descubrir horrorizado que en el orificio sólo se hallan restos textiles adobados en sebo y sudor efectivamente, no hay más; diagnósticos aparte. de la a a la z hablan y dicen, haz la prueba,
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© Guillermo Borrás, para conocidos, familiares y símiles también conocido como Rubén Gros Torrente. Nacido el 12 de Octubre de 1978 en el seno de una familia inmigrada a Barcelona desde tierras aragonesas. Tras fracasar en el sistema educativo convencional, dedica sus esfuerzos y motivación al estudio de la música (solfeo y batería) para hacer de ello su profesión. Actualmente, compagina este sustento con su tarea como responsable técnico e iluminador en una cia. de teatro., además de colaborar espontáneamente en programas de radio como guionista, locutor e impostando voces. Guillermo Borrás es el otro-yo (alter ego) literario que recorriendo lugares, mundos y gentes se maravilla y perturba ante lo que ve dando rienda suelta a la pura emoción poética que ello le provoca. Nos leemos. |
Selección de poemas
UN FRACASO DE MAIGRET De muy atrás Disparo al rey del monopolio carnicero Un titulado fracaso del inspector de la policía judicial.
MALDAD BAJO EL SOL Cuerpos ¿Un piscolabis, cariño? Trayecto a la Ensenada (y Cueva) del Duende MISTERIO EN EL CARIBE Ojo — de vidrio— con el comandante Palgrave Rubiedad a orillas de la noche Conjeturas: labor de aguja. EL MISTERIO DE SANS SOUCI Convocatoria para madres adulteradas Quinta ¿Que qué cosas, Déborah, no pueden DONDE QUEDA ESE PAÍS Propenso a los bordes Tony se distrae la hache va la hache va España no es el país que dónde queda
EL VUELO DEL TIGRE Disípase la carraspera TRAVESÍAS En la República Argentina los náufragos retornan a sus consistencias En la República Argentina un túnel conduce al amanecer EL DOCTOR FISCHER DE GINEBRA La nieve OTRA VUELTA DE TUERCA
El relámpago de la perspicacia en la soledad
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© Rolando Revagliatti nació el 14 de abril de 1945 en Buenos Aires, ciudad en la que reside, la Argentina. LIBROS PUBLICADOS (entre 1988 y 2009): Obras completas en verso hasta acá, De mi mayor estigma (si mal no me equivoco):, Trompifai, Fundido encadenado, Picado contrapicado, Tomavistas, Propaga, Ardua, Pictórica, Desecho e izquierdo, Sopita, Leo y escribo, Del franelero popular, Ripio, Corona de calor (poesía); Las piezas de un teatro (dramaturgia); Historietas del amor, Muestra en prosa (cuentos y relatos); El Revagliastés (antología poética personal), Revagliatti – Antología Poética (con selección y prólogo de Eduardo Dalter). Casi todos cuentan con ediciones electrónicas disponibles gratuitamente en bibliotecas digitales. |
Selección de poemas
Desde mi aurora diviso la vida
Mira que en los labios no hay relojes,
Te vas
Refulgen, en tus ojos, los páramos del otoño,
Yo por la tierra, tu por el mar
Me fui por la tierra;
Poemas de libro “Los versos de la ausencia” Ed. Vitrubio 2009 |
© José Cercas. Me llamo José Cercas Domínguez, nací en Santa Ana provincia de Cáceres en 1.959 Soy educador social. Empiezo a escribir a finales de los años 70, A principio de los años 80, colaboro asiduamente con la revista “Vivencias” y “Generación”. En 1.981 sale a la luz mi primer libro, en colaboración con los poetas “Miguel Gámez Quintana, Ricardo Timiraos y Antoana. Participo en la revista “vientos del pueblo” y colaboro en el viaje a Orihuela en el 40 aniversario de la muerte de Miguel Hernández. En los años 80 obtengo varios premios literarios participo en infinidades de recitales poéticos de los que se hacen eco algunos periódicos de la época, tales como “El país” y “Diario 16”. En 1.988 colaboro activamente en el desarrollo de la feria del libro de Requena. (Valencia). En 1.989 inauguro junto a Pablo Motos la feria del libro de Requena. Llevo un programa literario en Radio Requena, de que es director Pablo Motos. En el año 2006 sale a la luz mi libro “el tiempo que me habita” publicado por la editorial alfasur, con gran éxito de crítica. Fue presentado dicho libro en la biblioteca “Delgado Valhondo” de Mérida, Feria del libro de Cáceres, Casa de las provincias de Sevilla, Ateneo de Badajoz, Feria del libro de Requena, casa de cultura de Bicorp en Valencia, Ateneo de Mairena del Aljarafe en Sevilla. En el año 2009 sale a la luz mi libro “los versos de la ausencia y la derrota” que publica la editorial Vitruvio. Presento dicho libro en Feria del libro de Cáceres, Feria del libro de Badajoz, Feria del libro de Mérida., Casa de Cultura de Santa Ana, Feria del libro de Requena (Valencia), Gran Café Victoria, Coordino el libro “los poetas del mundo con Cáceres 2016”, Publico en una antología de poetas hispanoamericanos, Publico varios poemas en el libro disco del grupo Alfeizar de música folklórica., Esta a la espera de publicación mi próximo libro “Terra lírica”y un ensayo en prosa sobre la vida de un héroe anónimo. Desde el año 2006 valoran y premian mi trabajo literario algunos foros poéticos de Internet. Escribo en varias revistas y me distinguen como poeta extremeño del siglo XXI la revista el ancla de Badajoz. |
Literatura metalinguística
"La arquitectura está más allá de los hechos utilitarios. La arquitectura es un hecho plástico. (...) La arquitectura es el juego sabio, correcto, magnífico de los volúmenes bajo la luz. (...) Su significado y su tarea no es sólo reflejar la construcción y absorber una función, si por función se entiende la de la utilidad pura y simple, la del confort y la elegancia práctica. La arquitectura es arte en su sentido más elevado, es orden matemático, es teoría pura, armonía completa gracias a la exacta proporción de todas las relaciones: ésta es la "función" de la arquitectura" Le Corbusier (Vers une Architecture, 1923).
Danza De/lirio alma del fuego : el canto (de Lámpara de Fiebre)
Osmosis Tú: Yo
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© Jorge Castillo Fan.- Piura, Perú, 1967. Miembro del Movimiento Internacional de Metapoesía. Es una de las voces más relevantes de la actual Poesía escrita en Lengua Hispana. Ha publicado Insurrección del Silencio (Sindicato de Petroperú, Talara, 1994), Eco del Fuego (Artetéreo Ediciones, Piura, 1995), Revólver del Amor (revista La Tortuga Ecuestre, Lima, 1996), Canción Triste de Cualquier Hombre (Ángeles del Abismo Editores, Talara, 1998; Editorial Delirio, Lima, 2003;Editorial Zignos, Lima, 2006), Lámpara de Fiebre (Editorial Delirio, Lima, 2003;Editorial Zignos, Lima, 2006) y Yo Soy Aquel Espejo (Editorial Delirio, Lima, 2003; Editorial Zignos, Lima, 2006). Poemas suyos han sido difundidos por diferentes canales de Arte, Literatura y Comunicación Social de América y Europa, así como en las antologías Homenaje al Centenario de César Vallejo, Poetas de la Región Grau (revista Intihuatana, Sullana, 1992), El Verdor del Algarrobo, Muestra de Ocho Poetas Piuranos (revista La Tortuga Ecuestre, Lima, 1997), Karminka, Antología de la Poesía Piurana, de Julio Aponte (Juan Gutemberg Editores, Lima, 2000), Literatura de Piura, de Harold Alva (Fondo Editorial Cultura Peruana, Colección PERÚ LEE, Lima, 2006), Poética Piurana de las Postrimerías: Sus Pulsaciones Seculares y Sus Rasgos Divergentes, de Ricardo Musse (Municipalidad Provincial de Piura, Piura, 2009), Antología de Poesía Hispanoamericana, de Blanca Orozco de Mateos (México: www.palabravirtual.com) |
El hombre del martillo
En el edificio de la Bolsa hay una urna llena de lágrimas. En el frontispicio donde se forjan los milagros hay una ventana de cinabrio. En la guarida del Minotauro los niños cosen balones de cuero. Dedos frágiles señalan el camino a Ariadna mientras doncellas de doce años dejan de serlo En el frontispicio de la Bolsa hay un suicida que sostiene un libro de poemas,
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© Antonio Polo. San Fernando (Cádiz) 1957. Ha publicado distintos trabajos: “Quince líneas” Ed. Tusquets, « Lavapiés » Ed. Ópera Prima; “La vida en Hermenauta” Ed. Ariadna, colaborador en varias revistas literarias: ”Cuadernos del matemático”, “Luces y Sombras”, “Arena y Cal”, etc. Traducción del italiano “Odore dei racconti” y “Los chicos de Vico Capriata” de Paolo Barsanti, 2006. Ha sido finalista en varios premios literarios: C. Cuentos Canal Isabel II, Madrid. 2001, Premio Villa de Pasaia 2000, San Sebastián; I Concurso de Relatos de Viaje de la Revista Cartográfica, Premio Encuentro Entre Dos Mundos, Geneve (Francia) 2000, Premio de Narrativa Géminis 1999, Aspe (Alicante); Villa Constitución 1998, Argentina; Certamen de Narrativa Nitecuento 2002, Barcelona; Premio Internacional de Poesía de Pedraza 2002, Segovia; II Premio Tilo Wenner de Poesía 2003, Argentina; Premio Constantí de Relatos de Viajes 2004, Tarragona; Concurso de Microrrelatos de la Comarca de Matarranya 2005, Teruel; Premio. XXI Premio Internacional de Poesía El Yantar de Pedraza 2006, Segovia. Constantí de Relato 2006 Historias de la Historia. III Concurso de Relatos Cortos de Viaje 2008. |
Selección de poemas
APENAS (SONETO BLANCO)
LOS PERFILES DEL AIRE
Cae la tarde. AULLIDOS DE MANADA
Hay un lobo agazapado |
![]() © Amelia de Querol Orozco nació en Ferrol allá por los años sesenta. Aprendió a leer con un poemario en las manos y ha bebido de las fuentes de la poesía toda su vida. Aunque lectora compulsiva, empezó a escribir de forma constante con ya bastantes años sobre las espaldas: poesías, cuentos y relatos breves, en la intimidad, y artículos de opinión, cara al público. Durante más de dos años, todos los jueves, sus crónicas y opiniones fueron publicadas en el Diario de Ferrol y, de forma puntual, en La Voz de Galicia. En Internet empezó a desarrollar una frenética actividad literaria, colaborando en diversas páginas de contenido social y político donde ha ido dejando sus artículos, así como en múltiples foros de literatura, en los que ha recibido distintos galardones por sus obras. Actualmente mantiene activos varios blogs literarios. Paralelamente ha colaborado como tertuliana, con cierta periodicidad, en radio Intereconomía, en dos programas, “A Fondo” y “En el país de la maravillas”. Ha participado en varios recitales de poesía, en colaboración con otros poetas. |
Accidente en la biblioteca perdida
Todos los días, a las diez de la noche, Juan olvidaba su trabajo de contable y se dedicaba a escribir cuentos. Aquel día la historia trataba sobre un joven oficinista llamado Pedro Pérez. La fértil imaginación de Juan escribió que el protagonista había decidido cambiar su formal vida de administrativo, por otra mucho más bohemia y aventurera como poeta vagabundo. Desde aquel día, y escandalizando a todo el barrio que le había visto crecer y hacerse un hombre, Pedro Pérez se dedicó a escribir estrofas y venderlas por la calle al mejor postor, o a recitarlas a cualquiera que quisiera escuchar. Juan no tenía talento. Su narrativa era mediocre. Aun así, suplía todas las limitaciones con esfuerzo y entusiasmo. Pedro Pérez era un genio incomprendido que ocupaba una buhardilla destartalada del centro de Madrid. Aquella noche Juan escribió moldeando la personalidad del personaje fatal y trágico que ensoñaba. Pedro Pérez vivía sus días entonando lamentos rimados, y pasaba las noches en estrafalarias aventuras quijotescas. Un techo y cuatro paredes, una bombilla luciérnaga, una mesa un escritor y un poeta, y la buhardilla estaba en ruinas. Las palabras brotaban desde un lugar lejano y mágico, transitando hasta el folio en un viaje imposible de explicar, pero real como la negra tinta que caligrafiaba sobre el papel. Ya eran las tres de la madrugada. El camión de la basura paró debajo, en la calle. A lo lejos pudo oírse el sonido de una ambulancia surcando la autovía a toda velocidad. Sonidos lejanos y cercanos. Sonidos conocidos o desconocidos. Sonidos de rutina o de muerte. Dos conceptos que nos envuelven en un complejo tapiz de vivencias con diferentes texturas. Mañana volvería a despertarse, con sueño como siempre. Volvería a despertarse molesto ante la evidencia de que no existía otro remedio a su forma de vida. Volvería a comprobar que los cuentos de la realidad no se habían escrito en hojas de papel, sino en el profundo surco que el tiempo rasga en el pozo de nuestra alma. Y la amargura va haciendo sedimento y convirtiendo el corazón en piedra poco a poco, como una deyección geológica formada de rutina y de muerte. Juan miraba la bombilla, incandescente, viva. Aquella luz era un pedazo de la mañana fuera de lugar; un trozo de día perdido en mitad de la noche. Repartidas por la mesa estaban las cuartillas, como trozos de ilusión desordenada. Apagó la luz y se acostó en la cama. Cuando alguien divaga entre las sabanas es muy difícil dormir. Y es normal divagar si te acuestas tarde, en la madrugada, con la mente saturada de palabras y fantasías y de historias incompletas. La noche siempre ha sido una traidora vestida de negro, otra cara más siniestra del significado de las cosas. Hace mucho tiempo el ser humano temía a la noche, y era natural, porque la noche era peligrosa. En la oscuridad aparecían cazadores hambrientos y carnívoros que aniquilaban. Hace mucho tiempo el ser humano vivía cada atardecer con el miedo de sobrevivir una noche mas al ataque de los depredadores, y este miedo era real y aterrador. Juan siempre ha seguido la inercia de lo que es razonable hacer. Desde muy niño su planteamiento era simplemente hacer lo que los demás le habían dicho que se debía hacer. Estudiar. Ayudar a su familia. Trabajar en el campo…. La primera vez que hizo algo fuera de lo común fue cuando decidió emigrar desde su pueblo a la ciudad. Emigrar a la ciudad para trabajar de oficinista. Como tantos otros. Y lo hizo. Aquí estaba ahora. No había sido suficiente. Habían pasado los años. Las ilusiones se habían convertido en un conjunto extenso de rutinas bien acopladas. Rutinas perfectamente engranadas una tras otra. Rutinas funcionales, ideales para la productividad de un país. Juan estaba aquí. Imposible el vacío. Un hueco lleno de él mismo. El reloj del Salón marcó las cinco de la madrugada. Cerró los ojos. Necesitaba dormir. Mañana debía volver a trabajar como siempre. Allí en la oficina. Los vacíos no dan de comer tostadas y filetes. Los huecos llenos de uno mismo se llaman personas, y arrastran sus cobardías para hacer un mundo mejor. En la noche hay que dormir. Y dormir es como volar por el espacio durante horas para luego despertar y no recordar casi nada. ¿Existe algo mas gratificante y reparador que dormir y hacer lo que te de la gana para luego justificarlo diciendo que “es sólo un sueño”? Verdaderamente soñar es visualizar la libertad. Dormir es conectarse con el universo. Dormir es flotar y liberarte de tu propia máscara. Todos los seres humanos dormimos por lo menos una tercera parte de nuestras vidas. Todos huimos ocho horas a un lugar que apenas percibimos. Casi todos a la vez, en las horas nocturnas, cuando cae la noche, todos huimos a un mundo donde nos relajamos de manera inconsciente. Porque necesitamos descansar, y lo sabemos, allí vamos, y allí aplicamos la palabra sueño sin complejos. Soñar, perderse en el vacío, no ser tú, no ser nadie definido. Sin darnos cuenta, un silencioso baile de palabras, de predicados vagos imposibles de clasificar, de proposiciones indomables por la razón, de semánticas ambiguas que se agazapan tras las palabras; soñar , estar dormido, tener un sueño, vivir una pesadilla, estar despierto, estar a punto de despertarse, estar medio dormido, profundamente dormido, muy despierto….La incertidumbre se apodera de cualquier concepto razonable. Y dormir es un aspecto muy importante, aunque uno puede soñar despierto, porque el sueño se escapa de la cama para esconderse tras un anhelo, y no deja de ser tan importante, más aún, doblemente importante, porque su existencia bebe de dos fuentes inagotables de la vida como son la inconsciencia y el movimiento. Nuestro amigo Juan duerme, sus ojos cerrados. Llegó la mañana de otro nuevo día, como siempre demasiado temprano. - ¿Querría comprarme una poesía? Alzó la vista. Por un momento creyó estar mirándose en un espejo grotesco. - Una limosna por mis poesías……
El vagabundo se desplazó por el pasillo. No había duda. Era Pedro Pérez. El vivo retrato de Juan vendiendo poesías. Las vías del metro chirriaron. Las luces parpadearon en la oscuridad y se hizo la luz de un nuevo andén. Nuestro Juan bajó la vista apesadumbrado. La ficción se materializaba. El vagabundo se dio media vuelta y le miró antes de bajarse; su sonrisa era burlona. Juan se bajó dos o tres estaciones después. Llamó a la oficina y dijo encontrase indispuesto. Después se fue a su casa de vuelta. Entonces empezó a intuirlo. Una vez leyó que en algún lugar del universo existía una inmensa biblioteca donde se encontraban todos los libros que se podían imaginar. Allí, en las infinitas galerías en que se dividía la biblioteca, a través de los pasillos que se prolongaban rectos hasta perderse por el horizonte, con libros ordenados según todos los criterios de ordenación existentes, sobre las inmensas estanterías hechas del material con que se hacen los cielos, entre el espacio negro y estrellado se podían encontrar todos los libros. Libros que existían y libros ni tan siquiera concebidos. Libros escritos en todas las lenguas habladas, y en todas aquellas que se dejaron de hablar mucho antes de que naciera el primer hombre. Libros de todos los temas, de ciencias milenarias, de materias olvidadas. En aquella biblioteca estaba toda la sabiduría, y los dioses acostumbraban visitarla para poder aprender entre las duras tapas de libros eternos como el nacimiento del universo. Y en estos tomos de la magnífica biblioteca está escrito el principio y el final de todo. Se descubre la cara del dios supremo. Se hallan las palabras primordiales que este pronunció para crear el universo. Es la biblioteca perdida. Allí se encuentran nuestras vidas escritas. Y del verbo nacieron sus destinos. A lo mejor fue el azar, o quizás un accidente, es posible que se tratara de una treta irónica de algún diablo burlón. Pero Juan estaba seguro. No necesitaba creer en ello. Como si fuera un manantial, el instinto brotaba la verdad a borbotones. Pedro Pérez había saltado desde el otro lado del espejo. Sus caminos habían chocado, confrontado. El misterio había cruzado oscuros umbrales, desde donde se agazapan los enigmas, para brincar hasta las aceras. Pedro Pérez quería ser Juan, venía a reclamar un tributo por las fechorías existenciales de su creador.
Rondarían las nueve la noche cuando Juan encontró al farsante en la puerta del Sol. La luz de las farolas se reflectaba entre la niebla. Hacía frío. El poeta entró en un bar y se bebió una copa. Juan lo observaba desde la acera, a través de las cristaleras del escaparate, mientras apretaba el mango del cuchillo con fuerza en su bolsillo. Plaza de España, San Bernardo, siguió hacia Glorieta de Bilbao, de allí hacia Bravo Murillo. Juan empezó a almacenar sombríos augurios en su cabeza. Aquel mendigo debía morir. El poeta paró frente al portal. Las llaves tintinearon entre sus manos. La puerta se abrió y pasó. Juan se acercó hasta donde Pedro Pérez había entrado. Sí. Era su propia casa. Entonces tuvo miedo. El ascensor se paró en seco frente a su piso. La puerta estaba entornada. Dentro reinaba la oscuridad. El farsante había pasado al interior y no se había molestado en volver a cerrar; le esperaba. Juan cerró la puerta sigilosamente tras él. Nadie escaparía de allí. Se detuvo y escuchó conteniendo la respiración. Pasaron los minutos. Cada segundo retumbaba en su corazón con fuerza. Nada se oía. El sudor empezó a deslizarse por su frente. Sacó las manos de los bolsillos de la gabardina. El filo del puñal acariciaba su muslo. Un leve murmullo se oyó en el cuarto de baño, al final del pasillo. Juan se abalanzó con furia hacia el interior. Las nubes se asomaban a través del ventanuco. Notó algo a sus espaldas y se giró. Allí estaba, contempló de nuevo aquella sórdida sonrisa y observó los ojos saltones del vagabundo. Se abalanzó sobre él sin concesiones; una puñalada, dos puñaladas, tres puñaladas. El cuchillo se había doblado. Juan estaba destrozando el espejo. Allí estaba Pedro Pérez, al otro lado del espejo roto, riendo a carcajadas frente a él, mientras Juan caía de rodillas y lloraba; como si fuera una imagen grotesca de su propia persona, un reflejo mentiroso y maligno. Al día siguiente se levantó temprano y salió a la calle. Las nubes grises y pesadas lloraban una suave melodía de lluvia sobre las aceras. Se metió en un bar y pidió una copa. Debía cambiar sus tristes poesías por alguna moneda caritativa.
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© Rafael Guerrero Ríos |
Un viaje poco común
Cuando subí aquella mañana al tren en el que voy cada día a mi trabajo, apenas apuntaba el amanecer deslucido de un día frío y lluvioso. La estación, sumergida en la claridad lechosa del alumbrado eléctrico, parecía una gran burbuja de luz flotando en la oscuridad, y los andenes empezaban a animarse con el trasiego de gentes que arrastraban sus maletas de un lado para otro o entretenían la espera apurando bebidas de las máquinas.
Al abrir los ojos, me encontré frente a un hombre inclinado sobre mí, que me observaba con cara de pocos amigos. Era alto, delgado con un bigote canoso. Vestía un uniforme gris muy ajado y su aspecto no podía ser más vulgar.
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©Carlos Montuenga |
Bendito y bello
De repente, se fue la luz. Segundo apagón en una semana. Mónica acababa de salir del dentista y con la boca anestesiada, maldijo el terrorismo tercermundista. Maldijo también a su dentista porque, habiendo tantos edificios modernos y con grupo electrógeno, él todavía seguía atendiendo en el mismo consultorio del cuarto piso, además sin ascensor, de ese vejestorio llamado “Edificio Señorial” en pleno centro de Miraflores. Te hubieras quedado en Nueva York, hijita, disfrutando de las bondades de la sociedad de consumo mientras protestabas contra esos gringos capitalistas, alumbrada por los neones de Broadway. Así cualquiera protesta. Total, fuiste tú la que decidió abandonar derecho en los últimos ciclos de la carrera para seguir a tu amor, el economista de moda, a su puestazo en uno de los bancos más grandes del mundo. A todos les dijiste aquella vez que ya habías aprendido lo esencial para defenderte en la vida: cómo ganar una discusión. En fin, allá seguiste cursos de historia y otras linduras culturales que no dan plata, pero eran los días en que no necesitabas ganarte un solo dólar. Hasta que a tu maridito le cortaron el contrato y acá estás, despertando de tu sueño americano en medio de la dura realidad limeña. Afuera, las luces y bocinas de los autos intentaban avanzar en medio de esa ceguera urbana. Y adentro, en el corredor negro, sólo una penumbra esperanzadora se colaba por la rendija de una de las puertas. Se acercó y asomándose lo justo, pidió pasar. —¿Qué desea, señorita? —preguntó alguien detrás del escritorio. El hombre se puso sus lentes y prendió otra vela. A pesar de la poca iluminación, era fácil reconocer en ella ese perfil de pituquita inofensiva. Por su lado, ella observaba lo austero del lugar: un escritorio del año de la pera, los estantes destartalados y papeles, muchos papeles. Ningún adorno, imagen religiosa, cuadro o foto familiar. Nada. El entorno combinaba perfecto con ese look algo desaliñado de intelectual consecuente con sus ideas. Como debe ser. —Pase nomás, señorita. Mordiéndose la lengua aún insensible por la anestesia, ella le agradeció la única silla disponible y sonrió cortésmente. El hombre —cincuentón y canoso pero todavía con buena melena— volvió a sumergirse en sus papeles, ignorando su presencia. Los minutos pasaban en medio de un denso silencio hasta que en un instante fugaz, ella reconoció esa cara. Entonces, su cortesía inicial se transformó en sorpresa: —¡Usted es el profesor Nepomuceno Bendezú Belleza, “bendito y bello”! ¡Claro que es usted! Está igualito sólo que más... —e interrumpió su desatino con una carcajada. Él se sonrojó. Comprendió que esta mujer había sido alumna suya en aquel colegio de monjas. Hacía veinte años clavados, a principios de los setenta, cuando el gobierno militar impuso la docencia mixta obligatoria. Y él, además de ser uno de los primeros varones que quebró el tradicional magisterio femenino de aquel colegio, fue asignado por el Ministerio de Educación para dictar el curso de Instrucción Revolucionaria, una nueva asignatura creada “con el propósito de conocer la realidad nacional”. O sea que tanto él como el curso fueron una novedad entre aquellas niñas criadas para muñecas. También se ponía como un tomate cada vez que en clase empezaban con la cantaleta “bendito y bello”. Ay, qué risa. Y ustedes se pintaban las uñas o se pasaban de carpeta en carpeta el último número de “Susy, secretos del corazón”, mientras él hablaba entusiasmado sobre el marxismo, Fidel Castro y la URSS. Ahora, arrinconado en ese escritorio, estaba lejos de ser aquel admirador del fin de la oligarquía, de los latifundios y del principio de... ¿la oscuridad? —De hecho, usted no puede haberse olvidado de mí porque yo sí participaba bastante en su clase; a cada rato le rebatía sus teorías —le dijo muy orgullosa y añadió—: me sentaba al fondo y aunque no era de las chanconas, ingresé a la universidad con buen puesto, participé en las marchas y hasta simpatizaba con la izquierda. En medio de todo, sus enseñanzas no cayeron en saco roto. Seguro que no me cree. Efectivamente, Nepomuceno Bendezú Belleza no le creía. Ella continuó: —¿Sigue enseñando? ¿En colegio particular o estatal? ¿Está afiliado al SUTEP? Ay, porque ese sindicato es... ¡Imagínate si hubieran salido un rato! Así, en la próxima reunión de exalumnas, en lugar de representar como muchas, la feliz continuidad de cualquier episodio de “Susy, secretos del corazón” —¿Qué haces-te casaste-cuántos hijos tienes?—, podrías contar algo insólito, como haberte tomado un café con “bendito y bello”. Hubiera sido muy gracioso. Pero a los padres de familia de entonces, no les hizo ninguna gracia saber que ese profesor medio comunista estuviese metiendo ideas raras a sus niñas. Se quejaron a las monjas, pero ni caso les hicieron porque ellas también andaban fascinadas con esas peroratas sobre la Teología de la Liberación, las reformas y las estatizaciones. Ahora, el mundo ha cambiado de rumbo: se han tumbado el muro de Berlín y aquellas inquietudes han perdido fuerza. ¿Tú que opinas, Mónica? —Opino que la justicia debe estar enfocada en que todos puedan tener su casa decente, al menos un carro –no una carcocha, claro– y ciertas comodidades. Los gringos son magníficos socialistas porque el bienestar alcanza para todos. En cambio acá, la famosa revolución militar ha sido una traición para el progreso. El apagón iba para largo. Lo único que estaba claro era que él no tenía el menor interés en seguir discutiendo. Ella sí: —¿Por qué no pone un afiche del Che? Usted lo admiraba. Además, alegraría sus paredes. Yo le puedo conseguir uno bien bonito. Iba a preguntarle también por qué revisaba tanto papel, pero la anestesia ya estaba cediendo y el dolor de la muela curada podría ser insoportable. Era absolutamente necesario un calmante aunque tuviera que ir a tientas. —Le invito una cocacola —y enseguida corrigió su error—. Ay, qué burra: ustedes los comunistas no toman bebidas yanquis; mejor le traigo una incakola, de auténtico sabor nacional. Sin esperar respuesta, bajó a comprar las dos bebidas. En eso, una explosión hizo retumbar las paredes; sonaron disparos y gritos dispersos. Murmurando unos cuantos putacarajos, siguió bajando por los peldaños tenebrosos recordando esa virtud llamada prudencia, que por cierto, ella nunca tuvo. Faltándole medio piso para la portería, irrumpieron cuatro tipos. Ladrones, pensó, y abrazó su cartera. Estaba realmente asustada. —¡Dinos de una vez dónde está el camarada Bello, pedazo de mierda! Respiró hondo para ganar aplomo. Dicen que respirar hondo también es bueno para aliviar el dolor. Al pasar por la portería los saludó amablemente como si fuesen sus vecinos neoyorquinos, pero ellos se perdieron en el corredor oscuro sin devolver el saludo. Entonces, aprovechó para salir rapidito, dejando atrás un grito “¡Te jodiste, Bello: lo que te espera es bien feo!”. Chistoso el jefecito. Ya te has dado cuenta que los que se han metido al edificio son unos tombos jalando la lengua a dos arrepentidos. Para variar, se pelaron, porque además de equivocarse de piso, buscan a la persona equivocada: un simple izquierdoso setentero como él, jamás pasaría a la acción. Ni hablar. Oye, ¿y si de verdad el profe fuese terruco? Qué miedo. Cruzando la avenida bloqueada por conductores desesperados, estaba la antigua farmacia “La Moderna”, todo un símbolo de resistencia frente a los vaivenes de una ciudad tan novelera como es Lima. Estaban atendiendo a través de una ventanilla, por precaución, una maravilla poder comprar sin receta. “Sí, en sobrecitos está perfecto, gracias”. Sin la censura del alumbrado, la farmacia parecía moderna y las parejas clandestinas podían pasear tranquilamente sus romances. Las tinieblas permitían lo prohibido. Al volver al edificio, tomaste el calmante rogando que el dolor pasase rápido. Ahora, mucha cautela y ojo con lo que haces, pues en situaciones como ésta, todo se vuelve confuso. Bien locas tus ocurrencias: mientras guardabas las gaseosas en tu cartera, dos en cada bolsillo —qué linda tu cartera, seguro que no es de acá—, te imaginabas estar actuando en esa serie de suspenso llamada algo así como “Manos a la obra”. La escena sería en los claustros de tu colegio, lúgubres y misteriosos como los interiores de este edificio y, justamente por eso, cómplices perfectos de varias travesuras adolescentes. Como cuando mezclaron unos polvos con los líquidos del laboratorio y se reventaron los tubos de ensayo en plena clase de química, ay qué risa, la cachetona que enseñaba ese curso se quedó lívida. ¿Te atreverías a hacerlo de nuevo? Qué nervios: ahora tocaba el infinito negro de la subida. No se oía ni un susurro y como tampoco se veía nada, cualquiera podría tropezarse con los tipos de antes sin mayor aviso. Sonó un portazo. Se estremeció, pero igual que antes, respiró hondo para ganar aplomo y decidió que si se los encontraba, actuaría normal: nuevamente los saludaría como si fuesen los vecinos neoyorquinos y les regalaría las gaseosas. Parece mentira cómo la gente se conforma con tan poca cosa. Animada por su brillante idea, empezó a subir con sigilo. Ningún ruido delator hasta que en el rellano del segundo piso, empezaron a oírse pasos. Eran los tacos de una sesentona chismosa: “¿Puedes creer, hija?, dicen que arriba vive un terrorista”. Y la limeñísima respuesta de alarma: “¡ay, no puede ser: qué espanto!” Llegó sin novedad. Pero si esos fulanos no estaban en la escalera, ¿estarían metidos en algún departamento o al acecho en los corredores? ¿Se habrían ido con su trofeo? Llegó a la puerta: la rendija era suficiente señal de que se podía pasar. Sin embargo, la oscuridad era total y podían estar todos adentro. Y si lo estaban, ¡cómo les iba a preguntar por “el profe”! Entonces entró despacio: —Buenas noches, ¿alguien se sirve gaseosita? Cortesía de la administración del edificio. Mientras prendía las velas, Mónica le explicó que era una broma eso de la administración del edificio. Las llamas oscilaban, apenas alumbraban, pero claramente podía verse la angustia en su cara. —¿Se siente mal, profe? —preguntó con ojos firmes, fingiendo no saber los motivos. Cada uno tomó sus correspondientes inkakolas. Qué alivio, el calmante estaba haciendo efecto. Te miró con desprecio. Hubieras jalado su curso, Mónica. Mejor quédate callada y mejor todavía, vete de una vez: aprovecha que ya sabes caminar a oscuras. Así que recogiste los envases vacíos y te despediste con un beso. Él, nuevamente se sonrojó, te dio las gracias por la bebida y por fin, sonrió. En realidad, hizo una mueca de amargura desvanecida en un bostezo. Se moría de sueño, el pobre. Los medios difundieron la noticia: “Durante el apagón reciente, efectivos del Cuerpo de Inteligencia Policial capturaron a dos presuntos miembros de la facción “Cultura de Sangre”, liderada por Nepomuceno Bendezú alias “camarada Bello”.Pese a negar su condición de sediciosos, los sujetos ofrecieron colaborar con las autoridades indicando que Bendezú se ocultaba en el edificio denominado “Señorial” sito en una conocida arteria miraflorina; lamentablemente, debido a la falta de fluido eléctrico, los efectivos de inteligencia no pudieron culminar su objetivo. Fueron los propios vecinos quienes han encontrado esta madrugada un cadáver que, según fuentes fidedignas, se trata del citado camarada. Aunque no hay pruebas concluyentes, el occiso, de contextura mediana y cabello cano, estaría vinculado a la subversión a juzgar por los documentos hallados en el lugar de los hechos, junto a una nota con la frase “Bello, traidor”.Las investigaciones de rigor esclarecerán las causas del deceso, ya que, si bien no hay signos de violencia física, no se descarta la ingesta de alguna sustancia venenosa. Asimismo, la nota que dice “Bello, traidor” haría sospechar de algún ajuste de cuentas pero es posible que sólo haya sido escrita con el objeto de entorpecer las pesquisas. Por su parte, el Cuerpo de Inteligencia Policial se atribuye el éxito de la operación, señalando que se trata de un certero golpe al terrorismo que flagela nuestro país”. En las esquelas de El Comercio, dos conocidos colegios y una tal AMASDESCOM, “Asociación Magisterial al Servicio del Desarrollo Social Comunitario” participaban con profundo dolor el inesperado fallecimiento de su dilecto e ilustre amigo, el doctor Nepomuceno Bendezú Belleza, elogiando sus virtudes como educador y humanista. Y tú, Mónica, qué malcriada, sigues pasándote la lengua por la muela que te han curado, ¿ya ves?, se te ha caído el empaste. Otro tipo inútil tu dentista. Ahora qué vas a hacer si ya estás con el cinturón puesto, lista para volar a Nueva York y allá los dentistas te cobran carísimo. Pero nadie traiciona el progreso. Aprovecha el despegue para darle un vistazo al colchón de nubes que cubre Lima, donde puedes hacer esas cosas que jamás te las permitiría un racional primer mundo, donde todo funciona y donde todo se resuelve en un toque. A todo esto, ¿contarás algún día lo que pasó aquella noche? Si prefieres, entérate de las noticias: justo ahí viene la fly hostess ofreciendo periódicos. De paso, fíjate si “bendito y bello” aparece en primera plana.
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© María Rosa Lohmann |
Las tres cuerdas de la lira
Comió las pasas de uva que aún le quedaban y prosiguió la marcha en dirección nordeste. Al llegar al río supo que estaba cerca y que ya nada podría detenerlo. Astroso, cubierto su rostro por una barba mugrosa, dispuso de un largo rato junto al cauce de agua para recuperar su aspecto humano.En la penúltima noche, el hondo sueño lo abandonó. Sobresaltado, vagó en una indecible región que se extendía entre el desmayo y la vigilia. Comprendía lo espantoso de su situación. Aterido por el frío, acechado por los lobos, solo el crepitar del fuego le recordaba que aún estaba vivo.Por la mañana bebió toda el agua que pudo y se encaminó hacia la mancha amarronada, que a lo lejos, ofendía con su ondulación la recta traza del horizonte. En efecto, coronado por pequeñas nubes, se veía el renombrado contorno de los Ródope. El fin del inclemente periplo estaba al alcance de los ojos.Sabía por Mimnermo y por Aecio que las encontraría (o lo encontrarían) en algún sitio impreciso, en las escarpadas laderas del más alto de aquellos montes. Seca su boca, dolorido el estómago por el hambre, al ponerse el sol se tumbó al pie de la cuesta. Debía reunir las pocas fuerzas que le quedaban para acometer el último tramo, acaso el más difícil.Aletargado el pensamiento por densos vapores oníricos, tuvo extrañas ensoñaciones en las cuales se le entremezcló el tiempo. Entreveía a las hermosas jóvenes, ya danzando, como en el óleo de Baldasarri Peruzzi, ya manifestándose con lastimosos lamentos en el funeral de Patroclo, ya riendo junto a Apolo, ornadas sus cabezas con blancas plumas.Acurrucado junto a las cenizas de un fuego extinguido, aterido por el frío, se despertó cuando el disco del sol se insinuaba en los confines de la tierra. Llamaron su atención algunos trozos de amarillentos papiros, con ilegibles signos, clavados en algunos árboles. Los huesos blanquecinos roídos por las fieras lo alarmaron. Sin hesitar trepó con ahínco, y en la frenética escalada se le estragó el cuerpo. Cuando el atardecer se le vino encima, no había avanzado demasiado. Sabía que estaba al borde del desfallecimiento. Una quietud inmensa se extendía en derredor de aquel hombre alucinado. Intentó gritar y apenas logró que brotara de su garganta un agudo quejido. Cuando volvió en sí, Nete le humedecía la frente con un breve y suave paño de lino, impregnado de nieve y aromático aceite. Era bella como una flor y le susurró palabras incomprensibles. Le dio de beber ambrosía y la pesadez inefable una vez más lo tumbó. Abrió los ojos cuando el sol estaba alto. Nete le sonreía. Advirtió que Mese e Hípate, sus hermanas, jugaban y cantaban un poco más allá, a la sombra de unos robles. Cuando se sintió mejor, lo llevó a caminar, tomado de su mano, por estrechos senderos que viboreaban entre olivares añosos. Al caer el sol, fatigados, ambos se tendían en alegre intimidad sobre la fresca hierba. El hombre, con la lucidez que ilumina cuando la niebla del placer se disipa, conjeturó que debía volver a su tierra sin dilación. Algo en su fuero íntimo le decía que poco tiempo duraría el favor de la coqueta y que grande sería el pesar cuando el hastío arribara. La despedida fue penosa y el regreso a Delfos trabajoso. Quienes lo vieron llegar se sorprendieron de su desmejorada condición física y del raro brillo de su mirada. Poco o nada dijo de su experiencia en tan lejanos dominios. Se alejó de la sociedad de los hombres y escribió incansablemente. Murió un par de años más tarde y como es de rigor, sin tardanza sobrevino el olvido. Su nombre se ha perdido y de su obra han sobrevivido tan solo unas inspiradas estrofas y algunos fragmentos del relato de aquel viaje.”
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© Eduardo Protto. Argentina |
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