RESEÑAS Y ARTÍCULOS

A R I A D N A - R C . c om

[número cuarenta y cinco edición otoño 2009]

DICIEMBRE

 


i m p r i m i r 


v o l v e r

 


Arrugas
Paco Roca

Bilbao, Astiberri, 2009 (4ª ed.)

por Álvaro Muñoz Robledano

 

 

 

Di la espalda al cómic hace muchos años, cuando concluí que ya me había entregado cuanto podía. Durante todo este tiempo, lo reduje a los modos y argumentos japoneses, apreciación falsa como pocas. Por suerte, más bien por lógica, ni los dibujantes ni los guionistas han tenido en cuenta mis opiniones. Y mientras al fondo de mi memoria se iban quedando los nombres míticos, Corben, Font, Giménez, Whrigtson... (ustedes ya me entienden), el cómic iba creciendo, asumiendo sus posibilidades, rompiendo el corsé de los géneros o del carácter "alternativo". Maus o Persépolis fueron avisos que mi desidia pasó por alto.

Ahora ha llegado a mis manos Arrugas, un cómic de Paco Roca en el que he descubierto (y no olviden que estas notas no son sino una crónica personal) una narrativa completamente capaz, distinta, que conoce su territorio, un territorio de gestos cuya expresividad marca el ritmo de la narración. La crónica del anciano entregado al mundo discorde, casi hostil, de una residencia, en la que ha de aprender a vivir su situación de olvido mientras otro olvido aún más terrible, el alzheimer, va adueñándose de él, es narrada con crueldad, quizás con ira. Ira dirigida hacia todos los que ignoramos premeditadamente lo que ocurre tras las fachadas, las de las residencias y todas las demás. El viaje del protagonista por las distintas estancias de su último hogar, que no puede ser tal, descubriendo soledad tras soledad, abandono tras abandono, muerte tras muerte al fin y al cabo, nos agarra por la garganta y nos crea dolor. Cada página posee una cadencia precisa, marcada, en la que juega tanto la gradación del color como el movimiento de los encuadres; pero cada dibujo es inexorable. Los viejos están ahí, donde los vemos, irremisiblemente condenados a la vejez y al ocultamiento, y nada puede distraernos de esos rostros a los que Paco Roca ha dotado de una insoportable ternura, de una atroz inocencia. Aquí está el espejo en el camino, para que contemplemos al otro como si no supiéramos que nos refleja a nosotros mismos. A lo largo de estas notas he insistido en juicios como el anterior con la terquedad con la que los viejos dementes intentan mantener su vida con ellos. Creo que el arte expresa algo determinado, y no me cansaré de repetirlo. Y Arrugas es, lo que muchos de ustedes sabían de antemano, una obra de arte.


A.M.R.


© Alvaro Muñoz Robledano Nació en Madrid en 1965. Se licenció en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid. Ha publicado los libros: “Fotografías junto al pecio” (Málaga 1991), “Hoteles” (Madrid 1996), y “Cuartel de Invierno” (Madrid 2000). Colaborador de ariadna-rc desde sus comienzos donde ha publicado su "Breve historia de la lucha de clases" (2003). Su último poemario "Salvoconductos" ha resultado ganador del III Premio Café MOn 2006.

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Cuentos Fantásticos
Ludwig Tieck

Nórdica Libros

por María Aixa Sanz

 

En una apuesta personal de Diego Moreno y Nórdica Libros ven la luz los ‘Cuentos fantásticos’ de uno de los escritores alemanes más importantes y más desconocidos: LUDWIG TIECK.

Ludwig Tieck se perfila para este Otoño como la apuesta personal y arriesgada de Diego Moreno, sus cuentos estrambóticos son un brochazo convulso sobre el lienzo de la literatura que triunfa en estos días. Ludwig Tieck, estrambótico como su obra, es un escritor que no se le puede encasillar en ningún género y ya Hermann Hesse dijo de él lo siguiente: “Si yo fuera astrólogo, lo primero que haría para poder decir algo de un escritor sería estudiar su horóscopo. Y apostaría a que el horóscopo de Ludwing Tieck es uno de esos vacilantes, dudosos, imprecisos y que se neutralizan a sí mismos, uno de esos en los que cualquier constelación buena se corresponde con otra mala (...) pues aúnan en sí ambas cosas y no viven en ese centro tranquilo y sereno que se halla entre ambos extremos, sino que la curva de su destino se balancea (...)”

En este volumen de ‘Cuentos fantásticos’ que publica Nórdica Libros se reúnen tres de los títulos más importantes y decisivos en la extraña trayectoria de Ludwig Tieck: “Eckbert el rubio”, “El monte de las runas” y “Los elfos”. Estos cuentos son ilusorios, fantásticos, extrañamente libres. Narraciones cortas a modo de espejismo. Un deleite con el que recuperar el sabor de los cuentos de toda la vida.

Un último apunte, si me permiten: para no perder ripio es también el prólogo de Hermann Hesse, con el que se abre el libro.


© MARIA AIXA SANZ

 

maixa

© María Aixa Sanz . (España, 1973) Escritora valenciana. Tiene publicadas las novelas “El pasado es un regalo” (2000), “La escena” (2001), “Antes del último suspiro” (2006) y “Fragmentos de Carlota G.” (2008). En mayo del 2008 publica el ensayo “El peligro de releer”, recopilatorio de los artículos literarios, con los que colabora en diversas revistas de España y Latinoamérica. En Junio también de 2008 la Editorial Séneca publica el libro “La escritura del no” que recoge sus artículos más importantes junto a los de una decena más de escritores profesionales. Ganadora de varios premios de narrativa breve, relato y cuento en distintos idiomas.

/www.blogs.ya.com/mariaaixasanz/ aixasanz(arroba)mixmail.com

 

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Revisiting Los Planetas (La noche en Blanco, Madrid 19 de septiembre 2009)
Atlantic Art Ensamble
Gonzalo Díaz Yerro (Composición y Dirección)
Gregorio Viera González (Imagen y video mix)
Sebastián Gil Armas (Dirección artística)

por Pedro Díaz Del Castillo

 

Tras la enorme noche en blanco vivida el pasado sábado 19 en Madrid he de resaltar el estreno de un brillante proyecto surgido en las Islas Canarias y que tiene como base la conocida obra del compositor inglés Gustav Holst, Los Planetas. El compositor y especialista en música visual, Gonzalo Díaz Yerro, ha creado una interesante obra que parte de los motivos musicales de Holst, los desarrolla y los actualiza en clave de jazz contemporáneo. Este Revisiting Los Planetas está compuesto para su ejecución a cargo de una big band dando especial protagonismo a la improvisación, la danza y videomix. La obra estrenada ayer en Madrid en una noche perfecta cuenta con la complicidad de la creación visual realizada para el proyecto por el video artista y VJ, Gregorio Viera González y la del músico y director artístico Sebastián Gil Armas.

El concierto arrancó a las 10 de la noche con el potente “Marte” el cual puede verse y escucharse en una versión anterior en youtube (www.youtube.com/watch?v=G9jiVVmwjYY). La Atlantic Art Ensemble,  sorprendió a los asistentes en la recóndita isla de tranquilidad en la plaza del Senado, entre las masivas citas nocturnas de la Gran Vía, la plaza de Oriente y la de España, con un proyecto diferente a lo que acostumbramos a ver en los escenarios de nuestro globalizado y aplanado mundo musical. Catorce músicos y dos bailarines deslumbraron en el monótono cielo de la noche madrileña. Es de agradecer la originalidad y el riesgo de la propuesta, la de músicos brillantes y experimentados que nos liberaron de prejuicios en un prefecto entorno conceptual rico en imágenes con el fondo de este año mundial de la astronomía. Espero larga vida a este magnífico proyecto que despegó el pasado septiembre en Madrid en la noche más allá de los límites del Sistema Solar y del “Neptuno” que cerraba el concierto (en 1916 no se había descubierto aún a Plutón

 

PDDC

).

 

 

 

 

© Pedro Díaz Del Castillo

 

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Perturbaciones. Antología del relato fantástico español actual
VV.AA. Edición y prólogo de Juan Jacinto Muñoz Rengel
Madrid, Salto de Página, 2009

por Álvaro Muñoz Robledano

 

En España no se leen cuentos. Este axioma, ya clásico, es tan irrebatible como increíble. Basta con acercarse a una librería y preguntar; seguramente recibirá un suspiro melancólico por respuesta (doy cuenta de una excepción: la librería Tres Rosas Amarillas, en Madrid, empeñada en contradecir a quienes sostienen que dedicarse a la venta de narrativa breve es una elegante manera de suicidarse). La suerte de los cuentistas es aún más triste que la de los poetas. Para ellos suelen ser las migajas de un banquete en el que por derecho propio, y en la mayoría de los casos, deberían presidir la mesa. La pelea de los escritores de cuentos y de sus editores ha sido épica, empeñados en corregir una situación absurda e injusta, en arrancar a los lectores la venda de novelas con la que se taparon los ojos hace tanto. Por fortuna, la situación parece estar cambiando; el relato corto comienza a llamar la atención, a causa, en mi opinión, del asentamiento de la literatura en la red, del surgimiento de las revistas digitales que marcan una alternativa a los cauces tradicionales, con mayor posibilidad de difusión que las maravillosas  (y casi desaparecidas) revistas en papel,  y que han permitido al texto recuperar su independencia fuera de los corsés que el libro como formato impone. 

Ahora, la editorial Salto de Página ataca al tópico anteriormente citado y a otro que jura que la literatura española es realista, y que ha contemplado lo fantástico (en realidad, cualquier literatura de género) como una extravagancia impropia de nuestro carácter. El ataque termina con la apabullante victoria de la editorial y de los autores escogidos. Desde el prólogo de Muñoz Rengel, lúcido, irónico y brillante, en el que ya anuncia lo que exige cada uno de los relatos del lector: que lea, que recoja su inteligencia y la emplee, y que disfrute al compartir este catálogo de mundos alterados. Por supuesto, los temas del género fantástico son limitados (el doble, el viaje en el tiempo, la aparición...); los temas de la literatura son pocos. No nos sorprende un desenlace que hemos leído en otras ocasiones, pero sí el pulso con que el relato se bombea a sí mismo hacia ese desenlace, hacia la duda sobre su imposibilidad, como nos sorprende el cuchillo en que se ha transformado el lenguaje para seccionar la realidad a la que acecha durante unas pocas páginas; de un sólo tajo, rápido, sin desmayos, sin desgarros.

No destacaré a ningún autor de los aquí recogidos. Faltan, por supuesto, pero no sobra ninguno. Salto de Página nos ha dado un aviso, si no el primero, sí uno de los más claros: de nuevo tenemos relatos junto a nosotros, y nos están desafiando.
Todo lo demás son excusas.


A.M.R.


© Alvaro Muñoz Robledano Nació en Madrid en 1965. Se licenció en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid. Ha publicado los libros: “Fotografías junto al pecio” (Málaga 1991), “Hoteles” (Madrid 1996), y “Cuartel de Invierno” (Madrid 2000). Colaborador de ariadna-rc desde sus comienzos donde ha publicado su "Breve historia de la lucha de clases" (2003). Su último poemario "Salvoconductos" ha resultado ganador del III Premio Café MOn 2006.

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Menajem Mendel 
Sholem Aleijem

Nortesur

por María Aixa Sanz

 

..." Un sordo me contó, que un mudo le dijo, que un ciego vio que un cojo corría."

El libro de cartas, el epistolario que lleva por título, el nombre del protagonista del mismo: ‘MENAJEM MENDEL’ publicado por la editorial Nortesur y escrito por el autor judío Sholem Aleijem, es un goce de lectura.
Una chifladura desternillante.

De nuevo un epistolario entre una pareja, Menajem Mendel y su esposa Sheine Sheindel. La correspondencia, las cartas personales que se dirigen el uno al otro, son cartas que relatan las aventuras de Menajem Mendel sobre todos los negocios que emprende lejos de su mujer y sus hijos que viven en Kasrilevke, son cartas que trasmiten la emoción ante cada aventura que emprende Menajem Mendel y el asombro de éste cuando el negocio resulta ser una empresa fallida, y las cartas de Sheine Sheindel son cartas sinceras que braman al cielo, para que su marido vuelva a casa y deje sus desvaríos y sus ilusos proyectos enterrados en Yehupetz, (Kiev), ciudad en la que éste pasa en semanas de ser comerciante a comisionista a especulador a escritor a casamentero, etc, etc.

Menajem Mendel personaje inocente, ilusorio, caprichoso, acomete profesiones sin ton ni son, a una velocidad vertiginosa, tan pronto se ve como un potentado como no tiene ya ni un rublo en el bolsillo. Historia similar al cuento de la lechera, el contrapunto de su desvarío son las cartas de su mujer, Sheine Sheindel, que con un humor mordaz le canta las cuarenta ante la impotencia de su realidad:

    (...) En segundo lugar, te escribo para decirte que no estás muy lejos de la locura. Sólo te falta empuñar un palo y salir a correr por las calles. ¡Vean qué noticias tan extraordinarias nos trae! ¡El petróleo le sale por las orejas, vuela a París, reparte millones! (...) Recuerda bien mis palabras Mendel: te traerán a casa en cadenas o envuelto en una sábana como te mereces...(...)

Lo iluso de las cartas de Mendel contrasta con la abrupta sinceridad de las de su esposa y ésto hace que el epistolario se enriquezca de tal modo que haga de él un libro histriónico. De gozosa lectura. Pues a pesar de las fallidas de los proyectos de Mendel y la desesperación de su familia, Menajem Mendel no nos resulta un personaje odioso, o cruel, resulta ser un pobre hombre que nos cae simpático. Como dice Déborah Puig la editora de Nortesur tiene el encanto de Peter Schlemihl, de Charlot y de Woody Allen, pues en todos ellos se une humor, ternura y tragedia.

Menajem Mendel es un personaje que Sholem Aleijem construyó a partir de los avatares de su propia vida. Sholem Aleijem es uno de los autores más importantes que escribían en yiddish, en 1908 fue censurado en Rusia, no obstante sus libros se siguieron imprimiendo de forma ilegal, entonces se trasladó a Nueva York y su familia se afincó en Génova. Muere en Brooklyn en el año 1916 a los 57 años y como epitafio deja el siguiente párrafo:

    "Aquí yace un judío común. Escribió en la jerga yiddish de las mujeres y para el pueblo humilde. Fue un escritor, humorista; en sus menesteres rió de todo en esta vida, no perdonó ningún pecado. El mundo, al fin, mandó al cuerno, y él sólo fue un desventurado. Y cuando el público lector lo festejaba, él sollozaba en un rincón. Dios solamente lo sabía. Donde sea que muera, no se me sepulte entre aristócratas o ricos, sino justamente entre judíos sencillos, obreros, el auténtico pueblo..."

© MARIA AIXA SANZ

 

maixa

© María Aixa Sanz . (España, 1973) Escritora valenciana. Tiene publicadas las novelas “El pasado es un regalo” (2000), “La escena” (2001), “Antes del último suspiro” (2006) y “Fragmentos de Carlota G.” (2008). En mayo del 2008 publica el ensayo “El peligro de releer”, recopilatorio de los artículos literarios, con los que colabora en diversas revistas de España y Latinoamérica. En Junio también de 2008 la Editorial Séneca publica el libro “La escritura del no” que recoge sus artículos más importantes junto a los de una decena más de escritores profesionales. Ganadora de varios premios de narrativa breve, relato y cuento en distintos idiomas.

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Tristes sonrisas
por Maribel Rodríguez Soriano

 

A todos nos conmueve ver por televisión imágenes de tantas y tantas personas que pierden la vida por inanición o por alguna enfermedad en países en vías de desarrollo.

Se quedan grabadas en nuestra retina las caritas de esos niños, que muy probablemente no van a tener oportunidad de vivir un mañana, sonriendo tímidamente con la mirada perdida... tantos pequeños y adultos que enferman y son arrastrados a la muerte por falta de medicamentos. Creo que si todos ponemos nuestro granito de arena, se podría hacer mucho.

Por ejemplo, son muchos los subsaharianos que mueren de SIDA, y eso se podría evitar, poniendo al alcance de ellos los medios suficientes para evitar la propagación de la enfermedad. Muchos países del mundo necesitan apoyo. Hay muchísimas enfermedades que se pueden prevenir, otras muchas se pueden curar... pero se necesita ayuda económica. Se necesita colaboración. Cada nación tiene mucho que aportar, mucho que hacer, mucho que ayudar, pero casi nadie mueve un dedo. Con la fuerza de muchos se pueden mover montañas. Creo que los países deberían concienciarse y comenzar a hacer algo.
Vale la pena ver una sonrisa feliz en la carita de un niño porque eso te llena el corazón.
En los labios de un niño nunca debe dibujarse una sonrisa triste.

 

 

© Maribel Rodríguez Soriano. Nació en La Línea de la Concepción, ciudad andaluza, un 18 de marzo de 1975. Unida sentimentalmente a Italo Alfredo, su principal apoyo en todos los aspectos de su vida incluyendo sus proyectos literarios, junto a quien es muy feliz y de quien dice sentirse muy orgullosa. Mujer perseverante y perfeccionista  intenta por todos los medios conseguir lo que se propone, haciendo las cosas del mejor modo posible.Siempre le ha gustado escribir pero fue a partir del año 2002, impulsada por esa pasión que siente hacia los niños, cuando se lanzó a iniciar su primer proyecto “Cuentos para mi Tarek”. Su sobrino fue su fuente de inspiración. Su gran afición por la banda británica “Queen” hace que en 2006 comience a escribir otra obra: “Freddie Mercury con la fuerza de un huracán”. Ambos libros ven la luz en el año 2008. Se encuentran disponibles en www.lulu.com/bulsara y en www.amazon.com Maribel colabora con obras benéficas, donando parte de los beneficios obtenidos. Actualmente continúa trabajando en otros proyectos que muy pronto verán la luz.

 

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La necesidad de escribir (Un estudio sobre Rayuela de Julio Cortázar)
por Julio Pino Miyar

 

Fue una fría noche habanera de un mes de marzo de 1980 cuando pude ver sólo una vez a Julio Cortázar. Apenas dejaba atrás la adolescencia y me encontraba junto a mi padre, sentado a la barra de la Bodeguita del Medio; el más tradicional y conocido de los restaurantes cubanos. Mi padre me lo señaló con un gesto, “ese es Cortázar, me dijo en voz baja, tiene más de setenta años, aunque como ves aparenta no tener más de cincuenta. La causa es una enfermedad que padece que le impide envejecer”. Y volviéndose hacia mí subrayó: “vive en París y es una de las vacas sagradas de la literatura latinoamericana”.

Uno de los acompañantes de Cortázar reconoció a mi padre y la pequeña comitiva que venía junto a él intercambió saludos con nosotros. No volvimos a verlos hasta casi dos horas después, terminada la comida, a la salida del pequeño restaurante en la calle Empedrado y frente a la luz mortecina de los faroles que iluminaban la hermosa fachada barroca de la Catedral de La Habana. Allí, en medio de la vieja Plaza colonial, prácticamente desierta, Cortázar mencionó un singular club de Estocolmo, formado por inmigrantes españoles, que llevaba el nombre de Cronopios y a ratos se comunicaba con él. Mi padre aprovechó la ocasión para invitarlo a Suecia; el autor de La casa tomada se refirió, por su parte, al español Paco Uris, en ese momento el principal traductor del castellano al sueco. Yo había permanecido todo el tiempo en silencio, perdido completamente en mis pensamientos; se cumplía el primer ciclo de mi vida, dejaba abortada la que bien pudo ser una prometedora estancia en Europa y regresaba definitivamente a Cuba, mientras mi padre retornaba sin mí a su misión en el extranjero. En el instante postrero, cuando la pequeña comitiva se despedía con prisa de nosotros, Cortázar tuvo un gesto, se me acercó y estrechándome la mano murmuró “ojalá te sientas mejor”; entre tanto su mujer me dedicaba su más cálida sonrisa. Los contemplé alejarse de La Plaza en penumbras, en dirección a la Avenida del Puerto, y por la angosta calle de San Ignacio; nunca más los volví a ver.

Ese mismo año de 1980 conocí a un joven poeta y me vinculé con él en un proyecto común: la publicación de una revista literaria que nunca pudo -ni dejaron- cristalizar, pues era como el empeño personal de una utopía. Después supe -aprendimos mis amigos y yo- que utopía y literatura van juntas, y que la verdadera tarea de la poesía es llegar hacer de la metáfora “un espacio habitable”. Tal vez hubo mucho de metafórico en mi fugaz encuentro con Julio Cortázar; hoy sé, sin embargo, que él fue el escritor, por antonomasia, que hizo de su literatura un testimonio de su humanidad; pero, sobre todo, Cortázar es el autor que deseó que su escritura se convirtiera en ese espacio habitable, metafórico, que pudiera acogernos a todos y en el que viviéramos como reales y propios los problemas fundamentales de la literatura y el arte; problemas que, en la agitada década de los 60’ del pasado siglo, alcanzaron una situación límite que implicó no sólo a los artistas e intelectuales, a la juventud política mundial, sino que también permeó el sustrato de las sociedades contemporáneas. La novela Rayuela es, sin lugar a dudas, la transcripción fiel de esas necesidades históricas.

Desde un París concebido al modo de una “enorme metáfora”, los personajes creados por Cortázar representan un singular estilo de vida, un plano en particular del cosmos cultural que residía en el interior de ese extraordinario constructo urbano, artístico, literario, histórico que parece colindar con la leyenda, la hipérbole e incluso lo absoluto. Rayuela es una parábola de ese pertinaz afán de sobrevivencia, que convierte a sus personajes en héroes de un azaroso texto concebido como antítesis de las novelas de Balzac. Porque a diferencia del gran realismo literario del siglo XIX, la ficción cortazariana no fue hecha para reflejar la sociedad francesa de su tiempo, -la conquista, por algunos selectos individuos, del gran mundo parisino mediante la hipocresía, el desdén y el éxito literario. Rayuela parece haber descubierto un nuevo lugar de refugio para el espíritu humano, en este caso inscrito en el París más íntimo, pero que no atañe esencialmente a su brumosa geografía, sino a los valores más universales de la condición humana. Y ese lugar de acción y de refugio parece ser la obra misma, y llegar a entenderlo a cabalidad supone un acto de trascendencia que involucra nuestra naturaleza.

Con la lectura de escritores como Balzac, nos encontramos frente a los problemas técnicos y estilísticos que se le plantean al literato de genio, -entendido como trasmisor de una tradición cultural en específico- en el terreno del consciente desempeño de su profesión de autor que intenta expresar el concepto de su época. No obstante, los problemas implicados en la lectura de Cortázar se muestran ante nosotros -sus lectores-, como los dilemas que rondan desde adentro al hombre que escribe, que con esfuerzo maneja la dolorosa pulsión de su escritura, y que el propio autor aspira hacer valer. Pues de lo que se trata es de llegar a expresar la verdadera naturaleza del hombre arrastrado por el terrible magma de su tiempo. Entre tanto, el oficio estricto del literato, asumido como un proceso convencional de aprendizaje, se disuelve para ceder lugar a las lecciones que se reciben directamente de la existencia, la cual decanta para sí significados, valores y motivaciones. Lo mismo ocurre con la tradición, ya que la única tradición posible -para el hombre que se ha atrevido a asumir sin concesiones su moderna misión de escritor-, es la irrupción y ya nada puede entonces repetirse ni siquiera la imitación.

Hay un notable cuento de Jack London donde una joven pareja de hermanos persigue tenazmente a un hombre bajo la inclemencia de los blancos paisajes de Alaska. Al final lo alcanzan y le dan muerte. ¿Por qué lo hicieron? ¿Quiénes eran esos jóvenes? ¿Quién fue la víctima? No hay respuestas. London se limitó a narrarnos un fragmento de la vida y nada más. Un personaje de Rayuela, Morelli, expone una propuesta similar: la vida está compuesta de fragmentos y retazos, elementos dispersos que, en el mejor de los casos, podrían llegar a componer un registro -una colección fotográfica-, pero carente de largas secuencias, porque en la práctica se nos hace casi imposible darles seguimiento. Rayuela es eso entre otras cosas: un acercamiento fragmentario a la vida; una acumulación de retazos que se anudan en torno a una serie de experiencias vitales, correlativas a un grupo de exiliados ubicados en el París de principio de los años 60’. Lo  curioso es que esta forma de componer, de estructurar, una novela establece una relación mucho más cercana con la manera en que contemplamos la vida que las convencionales narraciones lineales. Aunque para lo que se propone, Cortázar necesita imperiosamente de un lector cómpliceque le acompañe sin prejuicios a jugar su rayuela, que de algún modo participe intelectualmente en el ordenamiento de los fragmentos dispersos y que haga con esto posible, verificable, una nueva inteligencia del texto.

En una de las “casillas” de la novela aparece un breve texto de la escritora Anaïs Nin, es una mención al laberinto: nos damos cuenta que el viaje emprendido por los jugadores de la rayuela es circular porque hay temas “que se repiten con exactitud”. El nombre del libro es clara alusión a un juego infantil; el salto en una sola pierna -de casilla en casilla- eligiendo bien donde caer. Y quien ejecute mejor los procedimientos, siendo fiel a la estructura básica del juego, es el que ha vencido.

En algún lugar del texto, Horacio Oliveira, el irreverente  protagonista de este texto multiforme y descentrado, murmura, a modo de una plegaria o una imprecación, y una vez ha acabado de hacerle el amor a la Maga: “Devolver el toro al mar y el mar al cielo”. Según la leyenda helénica el toro vino del mar y el mar, en su inmensidad, es una réplica en la tierra del cielo. Es el pensamiento analógico que opera estableciendo asombrosas similitudes, relaciones insospechadas: el hombre, pese a todo, es semejante al universo y la poética del mundo es la cara nova ciencia. “Hay ríos metafísicos, Horacio, le dice -nos dice- la Maga, vos te vas a lanzar un día a uno de esos ríos”. Para a continuación afirmar Horacio Oliveira de sí mismo: “Yo contemplo los ríos metafísicos desde los puentes, pero ella -la Maga- los nada”. ¿Quién es la Maga? “Es un camino, nos afirma tajante Horacio, la literatura es otro”. En la literatura alemana nos encontramos en el Drama de Fausto con Margarita; según Goethe ella es “lo eterno femenino” que nos conduce a las alturas… En un momento clímax de Rayuela, Horacio desciende en un montacarga a la morgue de un manicomio. ¿Qué fue a buscar? Según el autor, una cerveza helada en el frigorífico donde se encontraban hacinados los muertos. El lugar de la locura se convierte así, para Cortázar, en el de la muerte; el no lugar de la razón parece abrigar una lectura maléfica que se desplaza, como una atroz metonimia, hacia el reino de Thánatos. Según mi valoración personal, después de mencionar a la ninfa Eurídice secuestrada por la noche plutónica, el personaje descendió allí en busca de la ironía.

Creo que la propuesta literaria que nos hace el escritor argentino sobre un indefinible ‘roman comique’encierra este conspicuo modo de asumir la existencia. Según el ‘roman comique’, lo único que importa en una obra es su proceso de gestación, y al exponer eso colinda con Borges que escribió algo bastante parecido: “Cualquier obra humana es deleznable, pero su ejecución no lo es.” Es, por tanto, la obra literaria, en su perenne calidad de gestación, lo que hay que atreverse a mostrar al lector para que ella lo arrastre en su agonía, en su inquietante estado de latencia. Toda obra, independiente de su naturaleza, es perecedera y no podrá resistir el paso devastador del tiempo; incluso las pirámides de Egipto se derretirán ante el sol implacable del desierto y se convertirán, algún día, en “mierda de camello.” Intentar por eso una literatura completamente opuesta a nuestro tiempo, que represente un retorno a un tiempo absoluto, a una hipotética Edad Media de la cual esperamos, para nosotros, una discreta “santidad no religiosa”, es lo que no exige además el ‘roman comique’. Pero la concepción misma del roman comique’expresa todavía una nueva certidumbre extraída, esta vez, del milenario credo católico romano: “no hay salvación posible si no es con todos”.

Con esta última declaración Cortázar se enfrenta a la médula del concepto burgués de Modernidad. Pues en ella el hombre ha quedado aislado del resto de los hombres, atrapado en el interior del estrecho interés individual, viéndose obligado a renunciar al fundamento moral de la libertad y al significado universal -gregario- de la salvación humana. Ya que es mediante la privatización de las entidades económicas y la atomización de los sujetos políticos, donde se expresa con fuerza la raíz luterana y liberal de la actual concepción de sociedad. La restitución en el hombre de su hambre metafísica, del concepto radical de su libertad y una doctrina de la salvación que comience por las virtudes del altruismo y la compasión, nos conducen, sin embargo, a una de las visiones más introspectivas de Rayuela: “debajo de los párpados, con los ojos vueltos hacia dentro (…) se salía a una playa desierta, a una extensión sin límites”; a una obra plural. Una obra que, al invertir sus procedimientos, sea capaz de crear su autor y que condicione sus modos, sus vivencias, sus deslices involuntarios de conciencia, el indiscreto afán de la memoria… de esa rara avisque podría muy bien volver a nacer entre nosotros, desplegando sus alas de maravillosa libélula, mostrándonos sus pulidas armaduras a la luz de un nítido atardecer de invierno.

Horacio Oliveira había creído que el amor le era útil porque le revelaba propiedades hasta ese momento desconocidas de su ser. Luego supo que su amor era impuro, pues el verdadero amor no espera otra cosa que el amor mismo. (“Una pequeña mano un poco húmeda por el amor, o una taza de té”). ¿Era Cortázar el último romántico de un siglo sin dudas procaz? Según el propio Cortázar, el escritor romántico aspira a ser comprendido y el escritor clásico a dejar una enseñanza, mas él aspiraba a un lector cómplice a quien invitar a las urgentes tareas de la solidaridad, a una extraña comunión que lo hiciera regresar de su angustiosa soledad, de un egoísmo secular, para entonar juntos himnos de alabanza y desplegar banderas al viento. ¿Era ingenuo Cortázar? Él tenía la terrible inocencia de los apóstoles y la fatal ingenuidad de los mártires. No obstante, él también podía reírse de esas metáforas, ya que aspiraba a una obra que fuese una autocrítica constante, incisiva, irónica, mordaz… y dejando siempre puntos suspensivos para que otros los fueran rellenando después. Había además que incendiar el lenguaje, rechazar todo lo que oliera a tradición -“por amor a cosa viva”- y proceder en lo fundamental como un guerrillero: “usando la novela como quien usa un arma para defender la paz”.

“Estoy obligado a tolerar que el sol salga todos los días. Es Monstruoso. Es inhumano”. Oliveira se levantaba, en ocasiones, con una angustia cósmica y proponía en su lugar una nueva cosmogonía: “un sol que se queda fijo o cambie de forma”. “Un cielo elástico.” ¿Estamos simplemente en presencia de un juego? o, ¿de una de las necesidades más intrínsecas del espíritu humano? ¿Hay algo prefijado en la composición del universo que nos impide la felicidad y que justifica incluso nuestra angustia? Por qué ese afán de medirlo todo, de juzgar al hombre por una medida y no pensar, en cambio, que cada hombre tiene su medida; su imperturbable reloj sin manecillas y su relojero esencial. ¿Qué es lo anda mal en los secretos mecanismos del universo que nos revela que aquí abajo tampoco las cosas funcionan bien? Hay en Rayuela una cita de Malcolm Lowry, la cual un poeta como José Lezama Lima convirtió en uno de los puntos principales de aproximación a la novela: “¿Cómo convencerá el asesinado a su asesino de que no se le aparecerá?” Cómo convencerlo, si para eso tenemos que darle una señal, dejarle una huella, enviarle una misiva, y eso le revelaría nuestra precaria presencia victimada, que es justamente lo que no queremos recordarle. Porque lo peor no es que el hombre esté condenado para siempre a su soledad, sino que es mejor dejarlo así, pues renunciar a su salvación es el único modo de no hacerle daño, y esto último es absurdo y se vuelve una consideración lastimosa e inútil. Hay algo imposible en las relaciones humanas que la fe en una revelación superior parece no poder resolver. La teoría de la alienación tiene que sumar a una enajenación histórica -socioeconómica- de nuestra especie, una catástrofe cósmica, la cual ha sido expuesta durante milenios por todas las teogonías. ¿En qué hecho esencial el cristianismo, con su doctrina de la conciliación, el perdón y la caridad, ha fracasado y con él la Civilización Occidental? ¿En qué punto de la historia está el comienzo de esa “gran burrada”, la misma que hoy seguimos cometiendo a diario? Realmente necesitamos de un planeta como el del pequeño príncipe, en el que tengamos el poder de elegir, en un solo día, un millar de atardeceres.

“¿Ha notado usted, señor director, la escasez de mariposas este año?” Pocas frases reflejan tanta capacidad de ironía como esta pregunta alojada en una de las “casillas” de Rayuela. La pregunta, “al señor director”,  es una burla emitida contra el concepto de autoridad. Un fino matiz dentro de un variado pentagrama en el que se aprietan las clavijas de la sensibilidad humana; un llamado que nos previene no sólo ante una catástrofe de signo ecológico, sino inclusive moral. El semiólogo Umberto Eco escribió que una novela era una máquina de generar señales. Morelli, por su parte, se pronuncia contra el orden cerrado de la novela, preconiza un orden abierto, o, quizás, una ausencia de orden que, en su abertura, deje pasar toda la luz de la realidad.

En una de las tantas “casillas” aparece esta frase de Morelli proponiendo  un final para la novela: “En el fondo no se puede ir más allá porque no hay”. La frase se repite a lo largo de la página, la cubre completamente como un impenetrable mural vanguardista compuesto por ladrillos. ¿Qué hay más allá? Después del lenguaje se encuentra la vida en sus más variadas formas. El escritor argentino se refirió a esto cuando dijo, que el debate entre forma y contenido era un falso debate, porque lo que existía era la relación entre la realidad, expresada por medio del lenguaje, y el lenguaje en cuanto tal. Pero la realidad en sí misma no existe -es tan sólo una hipótesis- ya que invariablemente se nos aparece en su constante relación con nosotros. Desde Platón sabemos que la idea y el mundo componen para el hombre una unidad indisoluble, y con Marx entendemos que esa relación es esencialmente dialéctica y que la teoría y la práctica van juntas y que el único momento del espíritu es la realidad.

La gran aventura formal iniciada en nuestras letras por Cortázar incitó a una reorganización total del texto y la palabra, a un cambio de signo en el seno de las habituales relaciones de la palabra y la realidad, y todo esto dentro del contexto de la más irreverente vindicación del arte. Porque Rayuela es ese texto siempre en gestación que incita a la rebelión y Cortázar es ese escritor que quiso arder en su propia obra, entre tanto la obra lo purificaba. Su obra se prolonga así por un largo camino plagado de señales -algunas incomprensibles, otras repletas de significado-, en busca de un contenido al parecer abstracto, o de una música demasiado lejana. Sin embargo, hoy sabemos sin dudas qué era aquello que él afiebrado buscaba y que paradójicamente nos dejara como extraordinario legado: su singular camino en pos de esa utopía en cuyo final “nos está esperando (trémulo, palpitante, sin ceremonias) el hombre”.

Cuentan que al final su esposa y él murieron de la misma enfermedad, (ella en 1982; él en 1984) y que ella dijo que prefería que “Julio” muriera primero para evitarle así la angustia de su propia ausencia. También escuché decir -me dijo quien los vio- que Carol Dunlop y Julio Cortázar parecían un par de adolescentes tomados de la mano por las calles y los parques de París. Ambos están enterrados juntos en el viejo cementerio de Montparnasse y es costumbre -apunta Wikipedia- dejar una copa o un vaso de vino y una hoja de papel, o un billete de metro con una rayuela dibujada junto a la tumba de Cortázar.

        

 

 

 

 

©  Julio Pino Miyar  http://juliopinomiyar.blogspot.com

 

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Todas las tardes café
Santiago García Tirado

Sevilla, Ediciones Irreverentes, 2009

por Álvaro Muñoz Robledano

 

Hay libros en los que se está cómodo; libros en los que se siente el enamoramiento del escritor por sus páginas, por los personajes que sabe alzar de entre las palabras para que caminen, hablen y miren al lado de quien lee, que ya no es lector, sino parroquiano de una cafetería que parece imposible, pero que es, al tiempo, el lugar en que se ha sentado a pasar esas pocas horas. Los personajes de Santiago miran, sobre todo miran. Al ser observados por el curioso responden con una sonrisa e invitan a un cigarrillo, a una frase cortés, a un segundo de silencio. Sus vidas, sus muertes, su marcha y su regreso, tienen poco de especial, pero nada de vulgar. Están cerca, no al acecho, sino atentos al fragmento de vida que les corresponde. De nuevo, el relato corto devuelve al lector la fascinación por la narración que la novela, la dictatorial y manida novela (de acuerdo, con las debidas excepciones) nos está hurtando día tras día. De nuevo el lector, al menos este lector, siente la estupefacción de encontrar el pulso de la gran escritura arrinconado por el pecado de mostrarse en un género que, irracionalmente, ha sido declarado maldito, cuando es, en mi opinión, el lugar más alto que cualquier escritor puede aspirar a ocupar. Los escritores de cuentos, y los pocos editores que aceptan arruinarse dándolos a conocer, tienen algo de aventureros que deambulan por puertos olvidados, algo de corsarios, algo de suicidas.

Hay libros en los que uno se siente cómodo, libros de los que de vez en cuando se levantan los ojos para decir en voz alta y con deseo de ser escuchado:

-¡Joder, que bien escribe este tío!


A.M.R.


© Alvaro Muñoz Robledano Nació en Madrid en 1965. Se licenció en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid. Ha publicado los libros: “Fotografías junto al pecio” (Málaga 1991), “Hoteles” (Madrid 1996), y “Cuartel de Invierno” (Madrid 2000). Colaborador de ariadna-rc desde sus comienzos donde ha publicado su "Breve historia de la lucha de clases" (2003). Su último poemario "Salvoconductos" ha resultado ganador del III Premio Café MOn 2006.

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jj-crespo blogspot
http://jj-crespo.blogspot.com/

por Álvaro Muñoz Robledano

 

Hay un paso más en lo experimental, en lo visual, en esa otra poesía que nos exige diálogo y crítica, que no construye un discurso sino que se conforma con un fogonazo de realidad superpuesta a la realidad, como si tal logro fuera pequeño. No se trata de crear una poesía ilegible, sino de hallar en lo ilegible el poema, en las magnitudes, no en sus unidades de medida. Cuando sentía la poesía experimental anquilosada en los logros de hace veinte años, me he topado con otro paso más, una vuelta de tuerca aún más lúdica, más activa y, al mismo tiempo, más reflexiva. Un paso sobre los clásicos de un género casi secreto, y creo que Crespo es quien camina ahora mismo.


A.M.R.


© Alvaro Muñoz Robledano Nació en Madrid en 1965. Se licenció en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid. Ha publicado los libros: “Fotografías junto al pecio” (Málaga 1991), “Hoteles” (Madrid 1996), y “Cuartel de Invierno” (Madrid 2000). Colaborador de ariadna-rc desde sus comienzos donde ha publicado su "Breve historia de la lucha de clases" (2003). Su último poemario "Salvoconductos" ha resultado ganador del III Premio Café MOn 2006.

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Cartas
Emily Dickinson

Lumen

por María Aixa Sanz

 

... Otra vida no tengo sino esta - para conducirla aquí-

"CARTAS" de EMILY DICKINSON publicado por la editorial LUMEN. Es un libro sublime. Literatura pura. Obra de arte que puede curar al lector de todos los males, pues son solo las obras de arte aquellas que consiguen emocionar, aquellas que no dejan indiferente a nadie, las que son capaces de dibujar una sonrisa en un rostro o desprender un lágrima olvidada en alguna parte del cuerpo. Estas cartas son obras de arte. Carta a carta. Cada carta es un deleite. Un placer. Una obra. 101 cartas escogidas entre las 1.000 que Emily Dickinson escribió desde los 20 años hasta la fecha de su muerte. Obras de arte minuciosas que escribía y enviaba a sus familiares, amigos, amores. Hermosas palabras. Este volumen de cartas está editado para ser releído. Estas cartas perduran en el tiempo para ello, para ser releídas mil veces desde el siglo XIX. Las cartas que Emily Dickinson escribió se releen para recuperar la confianza en las hermosas palabras, la fe de la sinceridad de los escritos. Las cartas de Emily Dickinson poseen la calma de la belleza de las obras de arte.

Dickinson era cual reflejo de las cartas por ello, todas ellas retratan su manera de ser mejor que ninguna fotografía. Emily Dickinson era ágil, despierta, divertida, profunda, fuerte, irónica, dura consigo misma, de ideas firmes y claras, amable, torbellino de energía. Uno de sus amantes y amigo, Higginson, confesó: "Nunca estuve con nadie que me haya drenado tanta energía. Sin tocarla me exprimía." Emily Dickinson tuvo unos cuantos amores, la mayoría hombres casados, puesto que ella no estaba hecha para el matrimonio convencional, ni para las tareas del hogar y según ella: "El amor, era lo más difícil y lo que requería mayor paciencia" así que su vida sentimental estuvo cubierta con grandes amores de caballeros casados. ¿Excéntrica, peculiar, en la sociedad del siglo XIX? No. Emily Dickinson era una alma libre. Una alma libre que sabía lo que quería y lo que no. Su lucidez era asombrosa. Con una lucidez apabullante ya se mostraba en las primeras cartas escritas cuando tenía 20 años y escribía sobre la vida, la muerte, el goce instantáneo, el tiempo, su aprovechamiento:

    " (...) Da la impresión, querida Abiah, de que todos los momentos que abarrotan este pequeño mundo, unos pocos podrían habernos sido otorgados para pasarlos con aquellos que amamos -una hora aparte- una hora más pura y verdadera que las horas comunes, donde podríamos detenernos un momento antes de continuar nuestro viaje -pasamos un rato agradable hablando la otra mañana- si hubiera sabido que aquella era toda mi porción la hubiera aprovechado más -pero nunca regresará para demostrar si sí o si no. ¿No crees que a veces estos breves encuentros imperfectos encierran un cuento? (...)"

 

Poeta que no imprimía sus trabajos, por respeto a su padre, que era contrario a que las mujeres publicaran sus escritos, ella no los imprimía, pero de algún modo si que los publicaba pues estaban en manos de todos sus allegados. Emily Dickinson siempre se refirió por ello a imprimir nunca a publicar puesto que la frase implícitamente escondía que eran leídos por terceros. Por todos. Los enviaba a remitentes distintos y amoldaba el poema a la piel de cada uno de ellos, por eso se guardan distintas versiones de sus poemas. Cuando murió encontraron un baúl con toda su obra cosida en fascículos. Fue después de su muerte cuando se empezó a imprimir. Pero lo que ocupa este artículo es el volumen de cartas, sus cartas, las cuales, muchas, firmaba con E. pues tenía la costumbre de escribir apurando la hoja, sin margen, apenas dejaba espacio libre ni tan siquiera para su firma. Emily Dickinson siempre se quejaba de los fabricantes de papel.

    " Susie, qué haré -no hay suficiente espacio; ni siquiera la mitad suficiente para contener lo que iba a decir. ¡Por qué no le dices al hombre que fabrica las hojas de papel que no le tengo el menor respeto!"

 

‘CARTAS’ (Lumen) recoge 101 cartas de Emily Dickinson seleccionadas con pulcritud y tino por Nicole D’Amonville Alegría entre el millar que se conservan de la poeta, escritas desde 1842 a 1886, a infinidad de destinatarios entre los que se encontraban su amiga Abiah y su amiga y cuñada Susan, su hermano Austin, su amor y ‘Maestro’ el reverendo Charles Wadsworth, su amigo y amante Higginson. Muchas de las cartas terminaban con la siguiente frase: "¿puedo cometer la osadía de incluir un recuerdo?", e incluía una flor...

Pero si tienen algo de especial la cartas de Emily Dickinson es su comienzo, el comienzo de cada carta marca el inicio de una historia de un cuento inmortal. Un placer para todos los sentidos del destinatario, del lector, del literato. Es como si Emily Dickinson hubiese escrito 1.000 cuentos distintos para contar la misma historia.

 

© MARIA AIXA SANZ

 

maixa

© María Aixa Sanz . (España, 1973) Escritora valenciana. Tiene publicadas las novelas “El pasado es un regalo” (2000), “La escena” (2001), “Antes del último suspiro” (2006) y “Fragmentos de Carlota G.” (2008). En mayo del 2008 publica el ensayo “El peligro de releer”, recopilatorio de los artículos literarios, con los que colabora en diversas revistas de España y Latinoamérica. En Junio también de 2008 la Editorial Séneca publica el libro “La escritura del no” que recoge sus artículos más importantes junto a los de una decena más de escritores profesionales. Ganadora de varios premios de narrativa breve, relato y cuento en distintos idiomas.

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La mirada de José Costero sobre Vallejo
por José Costero

 


En el mapa poético de América, después del prado otoñal poblado por el Darío de albos corderos y engalanadas marquesas, se alza César Vallejo, morador del inmenso macizo andino habitado por cóndores y de aridez sísmica.

Este cholo peruano, huesudo, tormentoso, hecho de raíz de grito, socavado por el hambre, herido por la pena, sucumbió sin exequias ni llantos solemnes. Su existencia terrena fue un calvario recóndito, sin otra geografía que la espiritual, sin otro cordón umbilical que el dolor de España. Fue un juglar de la protesta ahogada, viajero impenitente, ombligo y nervio del ara en que se convirtió su corazón. Y asumiría su propia muerte como dogma vital. Cuando el dolor le acosa se vuelca sobre las cuartillas y forcejea con la muerte y escribe, escribe, como quien se desangra.
Decía haber nacido un día que Dios estuvo enfermo, grave. El dolor de vivir nace del juego cruel y disparatado de lo fortuito. Duele la miseria y también el misterio incomprensible de la existencia. El azar absoluto es la muerte súbita de un niño, la de un anciano tiritando de soledad, la de un amante entre las sábanas tibias aún de amor. Y como no puede resignarse se alza contra el desorden, el caos, la injusticia.

Sostiene Vallejo que el dolor es inmenso, llega a ser cósmico, pero nuestros dolores son cotidianos: Y el mueble tuvo, en su cajón, dolor. Aconseja el poeta que debemos actuar, luchar por desterrar el sufrimiento del mundo; hay hermanos, muchísimo que hacer, porque el dolor no es bueno, aunque nos haga sentir con hondura y nos hunda en la desesperación hasta forzarnos a gritar la esperanza. Ensanchando el lenguaje, desarticulándolo –siempre a través de la experiencia humana- de los ámbitos lingüísticos. Su poesía refleja la actitud fatalista y resignada que Vallejo padeció a lo largo de su vida. Es una confesión abierta, una continúa oración en busca de redención: la búsqueda que él siempre anheló de un mundo mejor.

Y si después de tantas palabras
no sobrevive la palabra!

Podríamos decir que en Vallejo hay un gran dualismo entre lo que él considera amor sensual y amor puro. En Los heraldos negros se nota todavía su erotismo de tendencia romántica, con las ideas constantes de la muerte y la sepultura. Se siente el amargo desaliento que sigue al acto físico del amor. Se ha dicho que su erotismo es el del mestizo, no obstante pudiera ser el resultado de su adherencia personal a su madre, a su hogar campesino, con muchas hermanas, y muchachas lugareñas, inocentes y sencillas en contraste con la pasión de las mujeres de las grandes ciudades. Quizá la tragedia personal de Vallejo acentúa este dualismo; su pobreza, la ausencia de su hogar y sus primitivas raíces y por ello persiste en el recuerdo, en su nostalgia, en la remembranza perpetua.

Y hembra es el alma de la ausente
Y hembra es el alma mía.

Pero en César Vallejo existe otro amor en su última etapa que absorbe sus conflictos y sublima su desbordante necesidad de un afecto inmenso, puro y elevado. Es una querencia ya no a la mujer sino a la humanidad. El dolor otorga una identidad común, es la realidad última del conocimiento. Su dimensión abarca fundamentalmente al hombre abandonado, como él, a los pobres y a los desamparados. Para él no hay más naturaleza que la humana ni más paisaje que la desdicha humana.

-Un hombre pasa con un pan al hombro.
¿Voy a escribir, después, sobre mi doble?-


La mayor parte de los poemas de Trilce fue escrita en la cárcel. Huyendo del sumario que se instruye contra él, llega a París en 1923. Allí, en la capital francesa, aquel poeta provinciano que era, experimenta que es un ser sin un hogar verdadero, sin dinero ni reconocimiento intelectual. Son quince años de exilio, años de estrecheces y de miseria. Vallejo escribió innumerables artículos periodísticos, algunos ensayos y la novela El tungsterno. Y versos, muchos versos, donde comunica con digno abatimiento la soledad del hombre frente al mundo, entre el dolor y la vida. En ese claroscuro se perfila su voz expresionista y solidaria. Una búsqueda de una coherencia gramatical que pueda, al mismo tiempo, dar fe de lo intelectual y de lo emocional.

Llamo, busco al tanteo en la oscuridad.
No me vaya a ver dejado solo,
y el único recluso sea yo.


El estallido de la guerra incivil española le afecta profundamente. Fruto de esta experiencia es España, aparta de mí este cáliz, libro escrito sobre papel fabricado por los soldados republicanos del ejército del Este, que iba a ser publicado por ellos mismos y que al parecer fue destruido al ocupar Catalunya las tropas franquistas. Sus poemas son un canto ahogado a la supervivencia de España, otorgándole a ésta el carácter simbólico en cuanto se refiere a la humanidad entera. Una visión apocalíptica de la contienda y su propio lenguaje se ven impregnados finalmente de un tono profético y visionario. Como señala Larrea, el drama español precipitó el propio drama de Vallejo. Su preocupación por el hombre como colectivo, del individuo frente a la masa, del poeta frente al poema. A través de los versos va integrándose en la gesta colectiva. Acude a los escenarios de batalla más cruentos, en fraterna comunicación con los milicianos.

Después de recorrer el frente, regresa a París, se siente agotado y sufre una enfermedad que los médicos no saben diagnosticar. Muere un viernes santo, el quince de abril de 1938, Me moriré en París, con aguacero/ un día del cual tengo ya recuerdo/ Al parecer, durante su agonía repitió insistentemente: Me voy a España.

Pese a todo, logró que ni la historia ni la miseria asesinaran al niño que jamás dejó de ser. Llevaba su orfandad y tristeza como un fardo en sus entrañas, conservando en su corazón toda la magia y la inocencia de su infancia.


Amado sea aquel que tiene chinches,
el que lleva el zapato roto bajo la lluvia,
el que vela el cadáver de un pan con dos cerillas,
el que se coge un dedo en una puerta,
. . . . . . . . . . .
el puro miserable, el pobre pobre.

Como afirma Carlos Meneses, a nuestro cholo la angustia que le domina va más allá de la humillación que sufre su raza mestiza y asume por completo el triste designio de ser peruano. Recordar, aquí y ahora, a César Vallejo no responde a ninguna indecente necrofilia. Tampoco significa enarbolar su esqueleto como arma de ataque. Hay que entender que Vallejo no es el poeta de una secta, sino de todo el género humano. Esta es la auténtica estatura de este cholo enlutado, flaco, de rostro cobrizo, con fama de bebedor de coñac, mujeriego insaciable, famélico y sifilítico, pero con la fuerza ancestral de sus telúricos picos andinos.

Es de madera mi paciencia,
sorda vegetal.

una madrugada cualquiera.


Escribió José Costero

 

 

 

 

©  José Costero

 

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El cuento de nunca acabar
Carmen Martín Gaite

Siruela

por María Aixa Sanz

 

El incentivo de los amores, como el de los cuentos,
radica en su capacidad de sorpresa.
Ni al que se pone a querer ni al que se pone
a contar les va a servir de nada
prefigurar el trance amoroso o narrativo.

 

Las historias hay que empezarlas a contar desde el principio, con ganas y contarlas como uno sabe a su manera pero creando emoción en el interlocutor, haciendo que este se sienta participe de la historia y único, eso pretendo en esta reseña, intentar abarcar esa inmensidad que es ‘EL CUENTO DE NUNCA ACABAR’, (SIRUELA) tan inmenso que ni la propia CARMEN MARTIN GAITE se vio con las ganas suficientes de acabar: ¿pues cuándo después de qué palabra, de qué chascarrillo es correcto poner el punto y final? La editorial SIRUELA, reedita ahora en este 2009, ‘EL CUENTO DE NUNCA ACABAR’ para que sea redescubierto.

‘EL CUENTO DE NUNCA ACABAR’ encierra infinitas historias, infinitos cabos sueltos, escondrijos, atajos, sendas, vericuetos, posibilidades. Reseñar este libro es de las tareas más arduas que he acometido puesto que no se puede reseñar lo inabarcable y ‘EL CUENTO DE NUNCA ACABAR’ es inabarcable como la vida misma, tal como dice Martín Gaite, ‘EL CUENTO DE NUNCA ACABAR’ nunca termina, es como la vida que solo se quiebra con la muerte, por eso hay que poner el punto de manera abrupta. De modo que un día de verano de 1982 mientras otros hacen la siesta ella decide poner el punto y final a ‘EL CUENTO DE NUNCA ACABAR’, el libro que lleva a cuestas desde hace nueve años. De pronto en una certeza de esas que nos asombran ve que es el momento preciso o adecuado de dejarlo estar.

Pero ‘EL CUENTO DE NUNCA ACABAR’ no es un libro inacabado al revés, vale la pena su lectura y nos deja con ganas de más, el lector piensa en su foro interno: “Ojalá durara siempre”, puesto que la Gaite una vez más con su forma tan clara de narrar lo cotidiano nos enseña la trastienda de la escritura pero también aboca una luz sobre la coherencia, la vida, la infancia, el amor, el desamor, la mentira, lo fugaz ... Hace inventario de su existencia, de su amor por la literatura y por la vida, por las nubes, por la contemplación. ‘EL CUENTO DE NUNCA ACABAR’, son reflexiones que escribió a vuelapluma y luego tomaron la forma de un cuaderno de todo. De esos cuadernos de todo que su hija le regaló. A los que tenemos cierta edad nos traerá muchos recuerdos de nuestra propia infancia y desde la primera palabra hasta la última será un continuo descubrimiento en el que nos reconoceremos y ante el cual sonreiremos.

Es difícil elegir entre unos capítulos y otros pero me arriesgo una vez más porque la vida si se quiere vivir intensamente es riesgo constante y recomiendo la lectura de los textos titulados: ‘El gato con botas’, ‘Los toros de Guisando’, ‘La entrada en el castillo’, ‘Lugar a dudas’, ‘Amores de derribo’ y también ‘Ruptura de relaciones’ donde el lector podrá encontrar el quid, el secreto, el germen de este libro, ensayo, o permítanme nombrarlo como la Gaite: cuaderno de todo.

 

** Cuaderno de todo significa, o viene desde el día en que a Carmen Martín Gaite su hija de cinco años por su cumpleaños le regala un cuaderno de los típicos con los que estaba acostumbrada a ver a su madre trajinar y escribir, pero su hija en la primera hoja le escribió con su letra infantil y única, ‘Cuaderno de todo’ y de entonces en adelante la Gaite acuño de ese modo a sus cuadernos también hay que contar que desde ese día y empujada por su hija perdió el miedo y en ellos se lanzó a escribir y apuntar ‘todo’.

 

© MARIA AIXA SANZ

 

 

maixa

© María Aixa Sanz . (España, 1973) Escritora valenciana. Tiene publicadas las novelas “El pasado es un regalo” (2000), “La escena” (2001), “Antes del último suspiro” (2006) y “Fragmentos de Carlota G.” (2008). En mayo del 2008 publica el ensayo “El peligro de releer”, recopilatorio de los artículos literarios, con los que colabora en diversas revistas de España y Latinoamérica. En Junio también de 2008 la Editorial Séneca publica el libro “La escritura del no” que recoge sus artículos más importantes junto a los de una decena más de escritores profesionales. Ganadora de varios premios de narrativa breve, relato y cuento en distintos idiomas.

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La palabra más hermosa
Margaret Mazzantini

Lumen

por María Aixa Sanz

 

La nueva y esperada novela de Margaret Mazzantini después de ‘No te muevas’, es ‘La palabra más hermosa’ (Lumen) y como la anterior es un golpe seco en el estómago solo destinado a lectores valientes que están dispuestos a arriesgarse hasta la última página. Las novelas de Mazzantini son inmensamente bellas por su fragilidad pero terriblemente despiadadas con el lector pues este pasa junto a los personajes por momentos muy duros de los que es imposible salir inmune. ‘La palabra más hermosa’ es un viaje valiente, arriesgado que al lector le remueve todo el interior. ‘La palabra más hermosa’ es una de esas historias que se quedan durante semanas prendidas en la piel. Una de esas historias que se cuelan en nuestros sueños y en el duermevela.

Sarajevo 1984: Diego y Gemma se conocen en la Olimpiadas de Invierno. Un genovés y una romana. Sarajevo 1992: Pietro un niño viene al mundo. Sarajevo 2008: Gemma y Pietro regresan a Sarajevo desde Roma en un viaje que le sirve a Gemma para tirar del hilo, junto a una galería de personajes incuestionables a los que les oyes latir su corazón.

Con estos datos con esta información se perfila la novela, y cualquier lector puede imaginar que detrás solo hay una historia de amor, de desengaño, de reencuentro, de muerte y de vida, pues si piensa eso yerra, se equivoca, ‘La palabra más hermosa’ mira de frente a la guerra de los Balcanes. Es relatada por los ojos europeos de Margaret Mazzantini.

‘La palabra más hermosa’ lentamente se va introduciendo en la sangre del lector, mezclándose con los órganos del cuerpo, las células, los fluidos, hasta llegar el momento en que el lector se siente dentro de la historia y nota como fragmenta su interior. Le convierte en pedacitos rotos, en fragmentos diminutos dispersos y algo se quiebra, tal vez la paz del ser. El lector se siente culpable hay que seguir leyendo para saber de qué o por qué se siente culpable, para poder aprender a salir a la superficie y que los pedacitos rotos compongan otra figura, otra imagen. Porque todo ocurrió allí tan cerca, el otro día, donde ahora muchos van de vacaciones, impunes, livianos y el otro día la guerra estaba allí y no le importaba a nadie. Fragmentos que buscan la conciencia. El lector pide que le den una ventana, un agujero por donde poder respirar, porque ‘La palabra más hermosa’ asfixia. Asfixia pero el lector quiere seguir adelante puesto que hay que darles la voz a los que no la tuvieron o teniéndola ningún oído les prestó atención. Unos pasos y el lector sigue adelante, página tras página, es un camino que no se puede abandonar. ‘La palabra más hermosa’ es un camino que no se puede abandonar, el lector se lo debe a sí mismo, debe tranquilizar su conciencia. El lector sabe que recorre este viaje para tranquilizar su conciencia.

Margaret Mazzantini quiere que los lectores se sientan vivos. ‘La palabra más hermosa’ es una novela para las personas que quieren sentirse vivas. Es una puñalada a traición, un golpe en el estómago, un chasquido de dedos frente a la cara, un grito, para que las mentes dormidas, anestesiadas, despierten y sin embargo no es una novela densa, cargante, lo que es densa es la mala conciencia, Mazzantini consigue meternos bajo la piel de los personajes. La indiferencia no cabe, no tiene lugar en estas páginas, el pasar el rato tampoco. Si te enfrentas a las 600 páginas de ‘La palabra más hermosa’ te enfrentas a la vida y la vida duele y esta novela es solo para lectores valientes que viven intensamente, que asumen los peligros y sus consecuencias.

Gemma, la protagonista, tiene que elegir entre la vida o la muerte, entre los ojos hundidos de Diego el amor de su vida o el futuro, entre Sarajevo o Roma y el lector tendrá que elegir si arriesga o se detiene, si asume toda la historia hasta las últimas consecuencias o se detiene en mitad del camino y nunca conoce cuál es la palabra más hermosa.

‘La palabra más hermosa’ (Lumen) ya les digo se queda prendida de nuestra piel, vive en el lector, necesita de él. Es una historia que sin dudarlo vale la pena conocer, sentir, leer.

© MARÍA AIXA SANZ

 

maixa

© María Aixa Sanz . (España, 1973) Escritora valenciana. Tiene publicadas las novelas “El pasado es un regalo” (2000), “La escena” (2001), “Antes del último suspiro” (2006) y “Fragmentos de Carlota G.” (2008). En mayo del 2008 publica el ensayo “El peligro de releer”, recopilatorio de los artículos literarios, con los que colabora en diversas revistas de España y Latinoamérica. En Junio también de 2008 la Editorial Séneca publica el libro “La escritura del no” que recoge sus artículos más importantes junto a los de una decena más de escritores profesionales. Ganadora de varios premios de narrativa breve, relato y cuento en distintos idiomas.

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El cielo es azul, la tierra blanca
Hiromi Kawakami

Acantilado

por María Aixa Sanz



Hiromi Kawakami ha creado una pequeña obra exquisita, una filigrana, una pequeña joya de orfebrería y minuciosidad oriental. ‘El cielo es azul, la tierra blanca’, es el retrato minucioso, precioso, plástico del entorno que envuelve a los protagonistas de la novela, Kawakami se recrea en el detalle, en la descripción. En ‘El cielo es azul, la tierra blanca’, se pueden leer hasta los silencios entre los dos protagonistas, de ahí viene su exquisitez, con las palabras justas nos retrata a Tsukiko, extrovertida, imprudente, indecisa y a Matsumoto, introvertido, prudente, hombre sin tribulaciones que maneja los tiempos y el camino a su son.

En una medición abrumadora de los tiempos en ‘El cielo es azul, la tierra blanca’, nada ocurre en balde y lo que sucede se produce en el preciso momento ni antes ni después.

Hiromi Kawakami nos conduce como lo han hecho a lo largo de los tiempos cientos de escritores al epicentro de ese microuniverso que forman dos. Tsukiko le puede parecer al lector una marioneta que Matsumoto con treinta años más mueve a su antojo, conduciéndolas sin ella notarlo por los caminos que éste desea. Pero ‘El cielo es azul, la tierra blanca’, no es más que el retrato de un microuniverso de pareja que demuestra una vez más que el amor es asunto de dos, que se entienden en su complicidad y en sus despropósitos. Quien se crea capaz de juzgar a los protagonistas de ‘El cielo es azul, y la tierra blanca’ tendrá que juzgar también su propio microuniverso.

‘El cielo es azul, la tierra blanca’ es una pequeña joya cómica en sus diálogos, profunda y tierna en las emociones, solitaria en las descripciones, completa como obra, que nos llega de Japón de la mano de Acantilado.

© MARÍA AIXA SANZ

 

maixa

© María Aixa Sanz . (España, 1973) Escritora valenciana. Tiene publicadas las novelas “El pasado es un regalo” (2000), “La escena” (2001), “Antes del último suspiro” (2006) y “Fragmentos de Carlota G.” (2008). En mayo del 2008 publica el ensayo “El peligro de releer”, recopilatorio de los artículos literarios, con los que colabora en diversas revistas de España y Latinoamérica. En Junio también de 2008 la Editorial Séneca publica el libro “La escritura del no” que recoge sus artículos más importantes junto a los de una decena más de escritores profesionales. Ganadora de varios premios de narrativa breve, relato y cuento en distintos idiomas.

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Juegos Reunidos
Memoria 1967-2007 y pico

Juan de Loxa

Granada. Alhulia, 2009

por Álvaro Muñoz Robledano




Pocos se han divertido tanto con la poesía como Juan de Loxa, y pocos como él han logrado extraer, de su diversión, magia. No se ha limitado a soñar y escribir lo soñado, a meditar y dar cuenta de ello. Ha provocado el sueño, lo ha realizado. Durante cuarenta años ha transformado Granada en el paisaje de sus poemas, sobreponiendo su risa al aura trágica que la rodea si en sus poetas pensamos. Factotum de la vida cultural granadina, heredero de tantas memorias, ha conformado la suya hecha de presentes imposibles y, por ello, reales. Fotografías, carteles, convocatorias, matasellos, escobas, vasos de vino, tartamudeos... tales han sido los materiales del poeta para escribir en una ciudad que, al cerrar el libro, se nos antoja suya, intransferible, envidiable.

 


A.M.R.


© Alvaro Muñoz Robledano Nació en Madrid en 1965. Se licenció en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid. Ha publicado los libros: “Fotografías junto al pecio” (Málaga 1991), “Hoteles” (Madrid 1996), y “Cuartel de Invierno” (Madrid 2000). Colaborador de ariadna-rc desde sus comienzos donde ha publicado su "Breve historia de la lucha de clases" (2003). Su último poemario "Salvoconductos" ha resultado ganador del III Premio Café MOn 2006.

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Sombras y textos
1990-2007
Jaume Plensa

Barcelona, Círculo de lectores/Galaxia Gutenberg, 2008

por Álvaro Muñoz Robledano


Podemos preguntar acerca del cuerpo, preguntar al cuerpo mismo, pero no podemos solventar la pregunta que el cuerpo encarna. Una visita al trabajo escultórico de Jaume Plensa mostrará al curioso la construcción de lo corpóreo como signo posible, aún oscuro, pero cargado, si no de sentido, sí de presentimiento.

Ahora es el papel no como soporte, sino como argumento añadido a la investigación. La connotación que pueda impregnar los datos a priori objetivos, la posibilidad de afirmar un espacio del que no se dispone, la descripción del hecho como hecho en sí...más que un cuaderno de trabajo, aunque esa es su naturaleza, el libro que ahora nos ocupa forma un prisma de múltiples facetas, el que su forma, la escritura, no es más que una opción. Plensa ha hecho arte gestionando los datos que ha logrado alcanzar. Arte estrictamente contemporáneo, riguroso, fecundo y mórbido.

 


A.M.R.


© Alvaro Muñoz Robledano Nació en Madrid en 1965. Se licenció en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid. Ha publicado los libros: “Fotografías junto al pecio” (Málaga 1991), “Hoteles” (Madrid 1996), y “Cuartel de Invierno” (Madrid 2000). Colaborador de ariadna-rc desde sus comienzos donde ha publicado su "Breve historia de la lucha de clases" (2003). Su último poemario "Salvoconductos" ha resultado ganador del III Premio Café MOn 2006.

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El ruido eterno
Escuchar al siglo XX a través de su música
Alex Ross

Barcelona, Seix Barral, 2009

por Álvaro Muñoz Robledano


No es una historia de la música, ni una historia del siglo XX, sino la narración del olvido en que la gran música ha ido cayendo, relegada no al auditorio en que se reúnen unos pocos felices, sino a las grutas en las que habita un callado gentío de alucinados. Por supuesto, la frase es injusta. La música culta (convengamos en llamarla así) está más presente en nuestro espectro de lo que estamos dispuestos a afirmar; más allá del chiste que relega la atonalidad a las películas de terror (no por chistoso carece por completo de razón) los hallazgos de los compositores e intérpretes del pasado siglo, y de este nuestro, están imbricados en nuestra cultura, en nuestro arte, en la disposición con la que nos enfrentamos a cuanto nos rodea. Alex Ross  narra las vicisitudes de los músicos que debieron enfrentarse a la incomprensión, al éxito, a ellos mismos y, demasiadas veces, al terror. Y lo hace con seguridad, con solvencia, con pasión y con humor. En este libro he encontrado finales de capítulo de antología, y desarrollos narrativos espléndidos, capaces de sonrojar a no pocos presuntos eruditos y no menos presuntos narradores. Aquí está nuestra música, aunque no queramos reconocerla, aunque nos hayamos, insensatamente, despegado de ella. Ahora nos toca ser inteligentes. Nos toca escuchar.

 


A.M.R.


© Alvaro Muñoz Robledano Nació en Madrid en 1965. Se licenció en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid. Ha publicado los libros: “Fotografías junto al pecio” (Málaga 1991), “Hoteles” (Madrid 1996), y “Cuartel de Invierno” (Madrid 2000). Colaborador de ariadna-rc desde sus comienzos donde ha publicado su "Breve historia de la lucha de clases" (2003). Su último poemario "Salvoconductos" ha resultado ganador del III Premio Café MOn 2006.

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Francisco de Quevedo desde la Torre de Juan Abad
José María Lozano Cabezuelo

Ayuntamiento de torre de Juan Abad y Fundación Francisco de Quevedo, 2007

por Álvaro Muñoz Robledano

Fue Quevedo señor de Torre de Juan Abad, título que obtuvo al no satisfacerse unas deudas que el municipio había contraído y que la madre del escritor hizo suyas en subasta. Lo que en un principio fueron estancias en pos del dinero que el pueblo le debía, y que tanto precisaba una vida a caballo entre el peligro y el estudio como la suya, terminó por convertirse en el retiro anhelado por un poeta cuyo humor cruel y soberbio no le bastaba para ocultar su amargura por un país entregado a la ruina. Allí pasó años de exilio y de refugio, también los últimos. Cerca de allí murió, en Villanueva de los Infantes, donde acudió por encontrar mejor asistencia que en el lugar de su señorío. Hoy en día, la casa de Quevedo en Torre de Juan Abad ha sido convertida en centro de estudios acerca de su obra, cuyo primer y lógico fruto ha sido este libro, en el que José María lozano sitúa en su paisaje a un Quevedo anciano, entristecido, quizás derrotado, harto de frío y prisiones. La casualidad me llevó hasta el libro, y es favor que le debo desde ahora, porque más allá de la reivindicación del lugar a través de su más ilustre huésped, costumbre lícita de los lugares, aunque a veces peligrosa, José María Lozano ha logrado retratar un estado de ánimo, un pensamiento tallado por el tiempo día a día, necesidad tras necesidad, alivio tras alivio. La documentación, mucha e impecablemente recogida, vive. Cartas y cuentas, peticiones y agradecimientos, confesiones y censos que hablan de lejanía, de fatiga, de pequeños placeres y remedios para la extraña humedad asentada en los huesos del poeta tras años de poemas, de intrigas, de espionaje, de cárcel, de odio. No es, aunque a veces pueda parecerlo, un libro hagiográfico que olvida la famosa mala leche y la crueldad de Quevedo. Lozano es consciente el poder que tuvo el poeta, y del uso malvado que de ese poder hizo, pero, sencillamente, no es ese su hombre. El suyo encuentra poemas en calles vacías, en eras y retamas, en arrobas de aceite y trebejos de tabaco (sí, Quevedo fumaba), y encuentra una manera de revivir lo vivido y de esperar el final. En Torre de Juan Abad encontró Quevedo acomodo para la filosofía estoica por la que siempre se sintió atraído. En su casa quedan su tintero y su sillón, y el aire de las sierras  cercanas. Hay nombres escritos en el agua, y hay libros, como éste, escritos con aire. Libros que deben ser respirados.


A.M.R.


© Alvaro Muñoz Robledano Nació en Madrid en 1965. Se licenció en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid. Ha publicado los libros: “Fotografías junto al pecio” (Málaga 1991), “Hoteles” (Madrid 1996), y “Cuartel de Invierno” (Madrid 2000). Colaborador de ariadna-rc desde sus comienzos donde ha publicado su "Breve historia de la lucha de clases" (2003). Su último poemario "Salvoconductos" ha resultado ganador del III Premio Café MOn 2006.

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Cuatro hermanas
Jetta Carleton

Libros del Asteroide

por María Aixa Sanz

 

‘Cuatro hermanas’ es una novela maravillosa. La única novela escrita por Jetta Carleton y publicada ahora por Libros del Asteroide ha sido todo un descubrimiento. ‘Cuatro hermanas’ o ‘Moonflower Vine’ título original en inglés, nos traslada a Misuri y lo que podría ser una novela de la América más profunda se convierte en una historia universal e inmortal.

Jetta Carleton, escritora de una sola novela, es uno de esos casos increíblemente excepcionales en que la maestría y el talento se demuestran en una sola y única obra. Así pues, ‘Cuatro hermanas’, contiene el talento de los mejores novelistas, la frescura y agilidad de las mejores plumas y la energía de los mejores contadores de historias. Libros del Asteroide ha dado de lleno en la diana publicando esta excelente y gran novela. Jetta Carleton narró la historia de la familia Soames, optando por una estructura que siempre resulta arriesgada: la de narrar la misma historia desde la perspectiva de cada uno de los protagonistas. En este caso, la de cada uno de los miembros de la familia, las cuatro hermanas: Jessica, Leonie, Mathy, Mary Jo y la de sus padres Mathew y Callie. Su lectura nos traerá al recuerdo reminiscencias de ‘Mujercitas’ de Louisa May Alcott, hasta que una vuelta de tuerca dulce y menos inocente nos destapa poco a poco los secretos que guardan en sus corazones. Detrás de las damas de noche o las Moonflower, de esa belleza efímera, majestuosa, se esconde una unidad familiar que puede ser o puede tornarse en un momento dado efímera o indestructible como es el caso de la familia Soames. Estoy segura de que Jetta Carleton utilizó la metáfora de las damas de noche con la intención de mostrar la fragilidad de la vida y de las familias, de sus miembros, de todos esos pequeños detalles que se producen entre hermanos y padres y que pueden unir o desunir. Por ello ‘Cuatro hermanas’ resulta ser una novela universal pues el tema central: las familias y sus secretos, es un tema común en todos nosotros, es imposible como lector no sentirse reflejado así como es imposible no sentirse cómplice en compañía de Jessica, Leonie, Mathy y Mary Jo o no sentirse cómodo, satisfecho y conmovido con la espléndida y elegante descripción del paisaje, de los hechos, del lugar, de la historia en si. No se pierdan su lectura.


* dama de noche: Planta solanácea, de flores blancas, muy olorosas durante la noche.
**  Jetta Carleton (1913-1999) nació en Holden, Misuri. Después de pasar la infancia junto a sus hermanas mayores en la granja de sus padres, cursó estudios universitarios. Las estancias veraniegas en casa de sus padres con sus hermanas le inspiraron su primera y única novela publicada, Cuatro hermanas (1962), que rápidamente se convirtió en un best seller. A mediados de los noventa, tras enviudar, empezó a escribir una nueva novela que nunca llegó a ver publicada.

© MARIA AIXA SANZ

 

 

maixa

© María Aixa Sanz . (España, 1973) Escritora valenciana. Tiene publicadas las novelas “El pasado es un regalo” (2000), “La escena” (2001), “Antes del último suspiro” (2006) y “Fragmentos de Carlota G.” (2008). En mayo del 2008 publica el ensayo “El peligro de releer”, recopilatorio de los artículos literarios, con los que colabora en diversas revistas de España y Latinoamérica. En Junio también de 2008 la Editorial Séneca publica el libro “La escritura del no” que recoge sus artículos más importantes junto a los de una decena más de escritores profesionales. Ganadora de varios premios de narrativa breve, relato y cuento en distintos idiomas.

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Las cenizas de Gramsci
Pier Paolo Pasolini

Madrid, Visor, 2009

por Álvaro Muñoz Robledano

Vuelve al catálogo de la editorial Visor un libro capital, un libro que no debiera haber sido olvidado ni un solo día. El rescate no podía pasar desapercibido, más aún si tenemos en cuenta que se ha añadido el texto en su idioma original, elemento imprescindible en cualquier libro de poesía traducido de la lengua que sea, aunque nos las tengamos que ver con el alfabeto cirílico o los ideogramas japoneses.

Quien se decida a leerlo encontrará, sobre cualquier otra consideración, una voz de poeta, distinta a la del narrador y al del cineasta que convivían en la misma persona. La voz del poeta Passolini es la del espectador alejado de los hechos a su pesar, la voz del que reconoce en el lenguaje el tiempo, y en el tiempo, en la barrera que le separa de él, el desarraigo. Los poemas de Las cenizas... están surcados de paisajes y de lo que los paisajes encierran; aún así, no hay en ellos narración ni verdadera descripción, sino enfrentamiento con las palabras como tales, como mediadoras entre lo que denotan y el pensamiento que tal denotación provoca y que no consigue regirse por ninguna lógica, insuficiente cualquiera que ose presentarse a tal tarea. El paisaje en el que el tiempo ha sucedido, las palabras que no son dicho paisaje sino quien lo observa, y los rastros que tales palabras  dejan... Passolini escribió en este libro la elegía por alguien, él mismo, que sólo pudo saber lo que había ocurrido; alguien que caminaba por las calles e intentaba saber, presentir, qué había sucedido. Passolini llegó a ser una de las figuras capitales de la historia de Italia en el siglo XX. Fue uno de los pocos artistas cuya obra llegó a convertirse en un hecho político. sin embargo, el poeta Passolini supo desde un primer momento que había sido expulsado de la historia. También supo, y ésta es la muestra, que es imposible la belleza sin lucidez.

 


A.M.R.


© Alvaro Muñoz Robledano Nació en Madrid en 1965. Se licenció en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid. Ha publicado los libros: “Fotografías junto al pecio” (Málaga 1991), “Hoteles” (Madrid 1996), y “Cuartel de Invierno” (Madrid 2000). Colaborador de ariadna-rc desde sus comienzos donde ha publicado su "Breve historia de la lucha de clases" (2003). Su último poemario "Salvoconductos" ha resultado ganador del III Premio Café MOn 2006.

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Desvestidas
El cuerpo y la forma real
Carlos Reyero

Alianza Forma

por María Aixa Sanz

 

‘Desvestidas’ (Alianza). Es un recorrido por toda la pintura sobre mujeres desnudas o desvestidas pues es la vestimenta quien oculta todos los secretos que un cuerpo puede llegar a revelar. Carlos Reyero apunta como se apuntó en el siglo XIX que esos cuadros son de mujeres desvestidas no desnudas. El cuerpo desnudo resulta sensual desde el momento en que es desnudado y mirado. A través de los años, de las décadas, de los siglos cientos de pintores y escultores han deseado un cuerpo y al desvestirlo y fijarlo para siempre en un cuadro o en una escultura han mostrado al mundo no el cuerpo en sí de la mujer sino el deseo del propio pintor, del propio escultor, de quien mira. Esa mirada es la que esta plasmada en un lienzo o en una escultura. Carlos Reyero catedrático de la Historia del Arte repasa las decenas de cuadros de desnudos de mujeres desvestidas y como éstos eran reflejo de la sociedad en la que vivían, de la moda, de los usos y costumbres, a la vez del silencio admirativo del pintor o del escultor. ‘Desvestidas’ (Alianza) es un libro exquisito, ilustrado, con la complicidad de saber que nadie puede negar que los cuerpos desvestidos en su naturaleza, en la armonía del momento, siempre son bellos.

Reyero ha dividido en inteligentes partes el libro: ‘El desnudo moderno’, ‘La española cuando se desnuda’, ‘Cuerpos aparentemente exóticos’, ‘Historias protagonizadas por mujeres desnudas’, ‘Dormidas’, ‘En el baño’, ‘El cuerpo se vende’, ‘Cuerpos que se tocan’, ‘El mirón’, ‘Juntas para ser miradas’, ‘Inoportunos’, ‘Cosa de hombres’, ‘El trasero’, ‘Con la ayuda del espejo’, ‘Desnudar a la gran dama’, ‘La seguridad de ser admirada’, ‘Síntomas de excitación’, ‘El poder de la insinuación’, ‘La ambigüedad del desnudo de espaldas’, ‘Pintar, el acto sexual’... y un largo etcétera sabiamente fragmentado que hace de este libro un magnífico y delicado ejemplar de la pintura como símbolo del deseo y del erotismo plasmado a lo largo de los tiempos en lienzos, que se convierten en obras de arte, todas dispuestas a contar un historia.

(Imágenes contenidas en el libro, las reproducidas aquí son: de Ramón Casas, Antonio Cortina y Joaquín Sorolla)

© MARIA AIXA SANZ

 

 

maixa

© María Aixa Sanz . (España, 1973) Escritora valenciana. Tiene publicadas las novelas “El pasado es un regalo” (2000), “La escena” (2001), “Antes del último suspiro” (2006) y “Fragmentos de Carlota G.” (2008). En mayo del 2008 publica el ensayo “El peligro de releer”, recopilatorio de los artículos literarios, con los que colabora en diversas revistas de España y Latinoamérica. En Junio también de 2008 la Editorial Séneca publica el libro “La escritura del no” que recoge sus artículos más importantes junto a los de una decena más de escritores profesionales. Ganadora de varios premios de narrativa breve, relato y cuento en distintos idiomas.

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La carta cerrada
Gustavo Martín Garzo

Lumen

por María Aixa Sanz



... Y por eso  la tía decía que
ninguna vida se basta a sí misma,
y que necesitamos las vida y
los sueños de los demás para completarnos...

‘La carta cerrada’ (Lumen) la nueva novela de Gustavo Martín Garzo nos hace regresar a esos mundos que tan bien plasmo en ‘El pequeño heredero’, ‘Una tienda junto al agua’, ‘La vida nueva’...

Gustavo Martín Garzo es el gran retratista de la naturaleza y del alma de las mujeres. Gustavo Martín Garzo es de esos escritores que como los corredores de fondo tejen una trayectoria envidiable de manera silenciosa, con pasos suaves, sin estridencias. Trayectoria literaria avalada por sus 26 obras.

En ‘La carta cerrada’, su nueva novela se intercalan dos voces, es una novela a dos voces, dos monólogos, el de un hijo y una madre. ‘La carta cerrada’ es una carta que la madre le escribe al hijo en un momento puntual y decisivo en su vida. ‘La carta cerrada’ encierra todos los secretos y todos los deseos de la madre y esa carta cerrada nunca será leída por el hijo pues cuando está en su poder decide no hacerlo y se la devuelve a ella, la madre la quema en una caldera y solo nosotros los lectores somos quien la leemos en el monólogo que nos trae su voz. Es justamente la voz de ésta quien atrapa al lector, la voz de la mujer. Una mujer que vive, siente y sufre intensamente y que en todo momento esta acompañada de una galería de protagonistas femeninas secundarias que hacen de la obra casi que una obra coral: rica en vidas, en matices, en ilusiones, en chascos, en feminidad.

La voz del hijo es la voz del niño que descubre el mundo a través de su madre y que va siendo consciente de que no todo tiene porque ser blanco o negro y que deslizarse por las medias verdades es muy fácil. Es a menudo lo cotidiano.

‘La carta cerrada’ para aquellos que conocen a Gustavo Martín Garzo no les desencantara al revés rememoraran todo ese mundo de ‘El pequeño heredero’ y demás y para aquellos que todavía no han descubierto a este autor, ahora tienen la oportunidad de hacerlo mediante esta novela, que atrapa con sensibilidad, suavidad y elegancia las grandes verdades de la vida, de la naturaleza y del alma de las mujeres.

 

© MARIA AIXA SANZ

 

 

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© María Aixa Sanz . (España, 1973) Escritora valenciana. Tiene publicadas las novelas “El pasado es un regalo” (2000), “La escena” (2001), “Antes del último suspiro” (2006) y “Fragmentos de Carlota G.” (2008). En mayo del 2008 publica el ensayo “El peligro de releer”, recopilatorio de los artículos literarios, con los que colabora en diversas revistas de España y Latinoamérica. En Junio también de 2008 la Editorial Séneca publica el libro “La escritura del no” que recoge sus artículos más importantes junto a los de una decena más de escritores profesionales. Ganadora de varios premios de narrativa breve, relato y cuento en distintos idiomas.

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Avenidas del tiempo
Izara Batres

Ediciones Vitrubio

Por María Soledad Guillén

 

En los poemas del libro “Avenidas del tiempo”, Izara Batres (1982) consigue que la carga emocional, la hondura de ideas y sentimientos, el planteamiento metafísico y la sensibilidad estética estén presentes desde el primer verso hasta el último.

La escritora y periodista alumbra, en su primer libro, las “avenidas” por las que transcurren el latido del ser y su búsqueda de sentido; la espiritualidad del sueño frente al hielo del desencuentro, los recovecos de la psique, las ironías de la realidad; la pasión y el dolor, la capacidad creativa y soñadora, la perspectiva crítica y el amor. Y lo hace trazando bellas imágenes, pues las ideas parecen estar dibujadas – tal es el dominio del lenguaje y la metáfora –, y logrando, a través de la variedad de temas e imaginería lírica, eliminar la monotonía en pro de una lectura ágil y atractiva.

[…] Con su “Homenaje a Eliot” ( “Hay una esfera de luz, jugando / con pinceladas de agua / Te elevas en la burbuja ingrávida / entre gotas de lluvia interminable), la autora nos obsequia con unas pinceladas psicológicas perfectas, vívidas, penetradas de lirismo, en un poema que podría convertirse en un potente soliloquio teatral. “Don Quijote” tiene un tinte crítico que destaca la ironía existente en la sociedad, en la que, probablemente, los considerados locos son los más cuerdos, y viceversa. Y es imposible leer “Avenidas del tiempo”, el poema que comparte título con el libro, sin que se inflame el pecho y las lágrimas acudan, como excitadas por una serie de emociones e imágenes tan naturalmente esculpidas en el papel que realmente parece que nos hayan trasladado a otro espacio-tiempo: “como en las mejores puestas de sol / el aire tiene, entonces, una claridad distinta / Lo que sentimos, lo que creemos; / todo lo que hemos visto, lo que hemos escrito / conforma una gigantesca burbuja de sentido”. [...] “Avenidas del tiempo” es una lectura que recomendaré a mis alumnos sin dudarlo.

 

 

 

 

© María Soledad Guillén.  Profesora de Literatura y Licenciada en Filosofía

 

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Apología para la mujer que escribe
Jenny Diski

Circe

por María Aixa Sanz

 

En ‘Apología para la mujer que escribe’ (Circe) la londinense Jenny Diski narra en un libro que es un híbrido entre novela y ensayo, la vida de la editora de las obras de Michel de Montaigne: Marie Le Jars de Gournay. Lo primero que debe realizar el lector es situarse en el siglo XIV, en el año 1578 cuando Marie Le Jars a la edad de trece años junto a sus cinco hermanos y su madre abandonan París para irse a vivir tras la muerte de su padre a un château en medio de lo que para Marie Le Jars será la nada. Marie Le Jars apartada de París descubre en el château un cuarto donde su padre para pasar a la posterioridad como ‘hombre de bien’ instaló una biblioteca comprando 200 títulos por encargo sin saber, ni conocer ni títulos, ni autores. Esa biblioteca se convierte en su refugio y allí aprende a leer a los clásicos y de forma autodidacta aprende latín y griego comparando y traduciendo por sí misma ejemplares que la biblioteca tiene en francés, en latín y en griego. Ante la mirada detractora de su madre y de toda la sociedad Marie Le Jars crece con el deseo de convertirse en una ‘mujer de letras’, con la complicidad de su tío Louis quien va aportándole a su vida solitaria nuevos títulos y las novedades de las veladas literarias que se suceden en su añorado París. Mediante su tío Marie Le Jars descubre los ‘Ensayos’ de Montaigne, esos libros nuevos en forma de ensayo que nunca se habían leído antes, pues fue Montaigne quien inventó esa forma de narrar que en la actualidad es tan común y que a un libro le otorga la calificación de Ensayo. Marie Le Jars queda embobada por los Ensayos de Montaigne es su propósito de entonces en adelante conocer al autor en persona y por esos lances que tiene la vida conoce a Montaigne y se convierte a su muerte en la editora de sus obras. Para una mujer en el siglo XIV y principios del XV ser editora de Montaigne es escoger el camino más difícil. Marie Le Jars conocida desde entonces como Marie de Gournay acomete la dura labor de abrirse paso en una sociedad de hombres así como la de hacer perdurar la obra de Montaigne a través de infinitas reediciones de sus obras. Aunque invitada a las tertulias literarias de la corte francesa no puede decirse que el suyo fue un camino de rosas, triunfó en el empeño que puso en hacer grande a Montaigne aunque pasasen los años y los siglos y en la otra vertiente: la de la escritora que quiso ser, solo alcanzó en tener una voz propia como escritora al final de sus años con dos ensayos feministas: ‘Égalité entre les hommes’ y ‘Les femmes et Grief des Dames’. No obstante su figura ha trascendido como editora de Montaigne, por ello es conocida Marie de Gournay que para un siglo XIV o XV no es poco. El libro de Jenny Diski publicado por Circe es una buena oportunidad para tener más referencias y convertir en un personaje vivo a esta figura de la realidad intelectual francesa.

 

© MARIA AIXA SANZ

 

 

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© María Aixa Sanz . (España, 1973) Escritora valenciana. Tiene publicadas las novelas “El pasado es un regalo” (2000), “La escena” (2001), “Antes del último suspiro” (2006) y “Fragmentos de Carlota G.” (2008). En mayo del 2008 publica el ensayo “El peligro de releer”, recopilatorio de los artículos literarios, con los que colabora en diversas revistas de España y Latinoamérica. En Junio también de 2008 la Editorial Séneca publica el libro “La escritura del no” que recoge sus artículos más importantes junto a los de una decena más de escritores profesionales. Ganadora de varios premios de narrativa breve, relato y cuento en distintos idiomas.

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