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De dioses y de sueños
por Raúl Ortega
El hombre necesita
dentro del trozo de pan que desayuna diariamente
colocar una lasca de su dios preferido
para ocultar su mezquindad
sus miedos
para creer que alguna vez rozará la nobleza.
Hasta ahí podríamos justificar esa obsesión
porque un hombre sin dios es un sillón de ruedas
que florece en los jardines de un hospicio.
La aberración nos llega
cuando es el hombre mismo el que se cree Dios.
Su cinismo averigua cómo es la vestimenta que utilizan los dioses.
Se disfraza.
Y empieza a repartirle caramelos a todos los demás
a quienes (por decreto) ya considera siervos.
Si aun así no somos nada / sin sueños seríamos la nada.
Y este impostor de dios
Inteligentemente
casi siempre inaugura su academia de sueños.
Pocos se han dado cuenta que quien regala un sueño
se siente con todos los derechos de pisotearte la cabeza.
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© Raúl Ortega. Poeta cubano. Reside en México DF. El poema seleccionado pertenece a su libro “La memoria del queso”.
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