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Rama
Sentado frente a una mesa cubierta de manuscritos, una figura escribe con una pluma negra sobre el papiro. Una amplia melena negra de cabellos encrespados volcados hacia delante le oculta el rostro como una cortinilla y se desparraman sobre los papiros como tentáculos. La escritura es febril, apunto de rasgar el papiro. Gotas de tinta salpican los documentos. Voluminosos libros se apilan en la mesa, podemos leer algunos títulos: Magia naturalis de Giambattista della Porta (1558), el Enchiridion del Papa Leon, el libro de defensa magica Libro de conjuros de Fray Diego de Céspedes, el libro para exorcizar de Girolamo Menghi Fuga daemonum (1577), Las estancias de Dzyan de Helana Petrovna Blavatsky y otros muchos que por lo ajados y envejecidos hacen irreconocibles sus títulos. La figura detiene la escritura, ha notado vuestra presencia, la cabeza se alza lentamente y entre los mechones aparece una cara. Se dibuja una sonrisa en su rostro: -Bienvenidds, apreciados iniciados, tomad acomodo en esta vuestra Torre del Misterio. Dejemos esta naciente oscuridad, acerquémonos a un hombre singular. Todo el mundo reconoce el nombre de Einsten como sinónimo de inteligencia y genialidad. Desgraciadamente muy pocos conocen a Srinivasa Rmanujan, el gran matemático de la edad contemporánea. Un hombre que imagino el infinito, un hombre que rozó con la punta de los dedos el mundo de los dioses. Su historia es conmovedora: nacido en la India en 1887, dentro de una familia con cierta cultura pero pobre. La pobreza le persiguió toda su vida, cursó estudios gracias a becas y su genialidad matemática era sorprendente. Ya desde tierna infancia dejaba sorprendidos a sus profesores y compañeros con su rapidez de calculo y sus descubrimientos. Nunca pudo terminar sus estudios de forma oficial, pero su genialidad matemática sorprendió al mundo y de la forma más humilde que imaginar se pueda. Famosísima es su carta a G.H. Hardy catedrático de matemáticas en Cambridge que no puedo evitar reproducirla aquí:
Hardy pegó un salto de la silla cuando leyó los trabajos que la acompañaban. Habría nuevos caminos para las matemáticas, zonas inexploradas, métodos desconocidos y extravagantes. Un genio llamaba a su puerta, y eso no ocurría todos los días. Desgraciadamente el descubrimiento del genio llegó tarde, enfermo de tuberculosis moriría en 1920, sólo cinco años después de que Cambridge y el mundo Occidental le abriese los brazos. Una anécdota muy interesante y divertida nos da una idea de su genialidad: una tarde Hardy fue a visitarlo al hospital, y comentó distraídamente que el taxi que le había conducido al hospital tenia un número bastante feo y soso el 1729. Ramanujan le miro y con una sonrisa le dijo: —No, Hardy. Es un número muy interesante. Es el más pequeño de los números que se puede expresar como la suma de dos cubos de dos maneras distintas. 1729 = 103 + 93 1729 = 123 + 13 Su método de trabajo era muy interesante, dormía y al despertar escribía y desarrollaba los descubrimientos matemáticos que en sueños la diosa Namagiri le inspiraba. Esto prueba la importancia del inconsciente en la labor científica. Y con esto damos por terminado nuestro conclave mensual. Unos trabajos de una mente sorprendente como la Ramanujan Fermín Castro. Palma del Río |
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