| "Homenaje"
I Ya tengo 2 años y el que viene cumpliré 3 y después 4, 5 y… 6 y 7 en los siguientes. Soy rubita, menuda y tengo muchos granos por todo el cuerpo. Los médicos dicen que es por los mosquitos de la ría o sino por las pulgas de la playa. No me suelo dar cuenta cuando pican porque son muy, muy diminutos y mi experiencia de la vida es corta. Mi abuela ha decidido poner mosquiteras en todas las ventanas y la persona que me cuida unta con amoniaco cada picadura. Me escuece mucho y pese a todos los remedios cada día me siguen picando y me salen más granos. Yo no digo nada pero se que no hay nada que hacer (cuando sea mayor, enseguida reconoceré las dermatitis). Por las noches, aunque soy pequeña, casi no duermo. No se como se duerme uno. Lo olvido en los veranos. Mi habitación es blanca. Las colchas y cortinas están pintadas con flores muy bonitas. Las noches no acaban nunca, son muy oscuras y negras. Pero al otro lado de la ría que está bajo nuestra casa oigo pasar los trenes que pitan y hacen mucho ruido metálico. No me gusta ir a la cama, se me pone un nudo en la garganta y los ojos me brillan. Me pierdo en esa cama grande. Quiero que venga mi madre. La necesito. Pero se que no vendrá porque esta muy lejos. Por las mañanas la Señorita Ingrid que es austriaca y casi no habla español me lleva a la playa con un cubo metálico y una pala de madera (me las ha regalado un amigo de mi familia que nunca he visto y que tiene una ferretería). Mi abuela dice que aunque no la entienda(a la Señorita Ingrid ) no importa, seguro que aprenderé alemán (en cuanto sepa hablar mejor). Se que soy diferente porque mis primos tienen cubos de plástico con dibujos de peces de colores y pasan los veranos con sus padres y hermanos. Me cuesta mucho estar alegre pero tampoco lloro casi nunca y me porto muy bien para que no me regañen en casa y mis tías me quieran. Pero seguro que no soy una niña buena ni guapa.
2 Cuando pasó la infancia, llegaron otros años (11, 12…14) y así muy despacito también más libertad. Por la Virgen de Agosto, aquél mar se incendiaba de luces y cohetes. La abuela me dejaba dormir en casa de unos primos mayores. Allí aprendí a leer y admirar las bravas aventuras de héroes proscritos (Dick Turpín, Robín Hood, Guillermo Tell…) que eran unos ladrones peculiares, repartiendo entre los mas humildes riquezas y ganancias indignas de los ricos. Aquello originó en mí y en mi prima pequeña, una rara inquietud (hacia la izquierda) que aun nos pertenece. Y fue también allí donde, una y mil veces, mi tía nos leía en la cama a su hija y a mi la historia del Principito (cuyo autor es Saint-Exupery) que según ella, era el cuento más bello que jamás se había escrito. Y la verdad, no lo entendía. Por entonces, a mi me parecía que aquel extraño niño ni era príncipe ni era nada porque llevaba un ridículo manto colgando de su cuello y viajaba por distintos planetas que carecían del menor interés. …Al cabo de los años, sin embargo, yo también le leía a mi hijo el mismo cuento con el que se dormía (seguro que tampoco entendía sus andanzas). Esa historia encerraba emoción, algo maravilloso detrás de las palabras: -Amar la Rosa. Y aunque algo tarde, comprendí que ¡No hubo príncipe azul, en todo el universo, como aquel Principito de mi infancia!
3 La Bella Durmiente no es sólo de W. Disney o antes, de los Hermanos Grimm. La Bella Durmiente se llama Ana y es mi sobrina. Es una jovencita con la piel muy morena y su pelo es tan negro y brillante que irradia reflejos azules cuando se mueve o canta. No es hija de los famosos Reyes de aquel país. Es la hija querida de sus padres, la hermana de su querido hermano, nieta de sus abuelos y de Tata. Y tiene muchos tíos e innumerables tías, primos, gentes amigas que le permiten cambiar el color de su ropa… con varitas humanas (de euro-regalos, claro). Ella es buena y muy guapa ¡tan femenina que podría estar hecha de cascadas, de pequeñas piedrecillas blancas y helechos luminosos! Y de preguntas sabias. En esa foto: Ana ¡morenita y nevada! Con sus esquís ligeros, allí arriba, muy alta en las montañas. Una gacela suave. Con su cuerpo delgado como un junco mimoso que flexible se tumba y se levanta una y otra vez, se levanta y se tumba tierna y…dolorosamente a causa de unas ramas internas.¡AY SUS RAMAS! que hace ya varios años germinaron en la tierra tan pura de su cuello y su alma… Las Magas y los Magos del Futuro quisieron, desde siempre, llevársela con ellos y disfrutar sus Dones Especiales. Y sembraron semillas. Que luego fueron ramas, que luego han sido olas de hada buena. Semillas inmortales. Ahora pienso en su historia. Y en la del Principito. Tal vez Ana es la Rosa (con su espina y sus ramas) enamorada del espíritu de un Príncipe Valiente y Encantado que la besa y besaba, amorosamente, en cada Recaída. Cuando al fin se dormía, como Bella Durmiente, en los hospitales de su tratamiento interminable. Un Príncipe cuyo mayor anhelo es volver a su lado y que ya nunca, nunca dejará de cuidarla.
4 Al Sur, ahora, desde mi ventana, las vistas son paisajes urbanos como si fueran cuadros de Antonio López. Y, sin embargo Ana mira la sierra, el Norte, las montañas nevadas en invierno, los árboles de su enorme jardín, el agua. Ella cree que la vida que vive no es la vida…pero la vida misma le acompaña. Tiene 16 años. Piensa que es diferente porque estudia en su casa (y no en el cole), porque apenas conoce la ciudad sin compañía, porque quiere ser madre entregada y vital como la suya, porque su salud es de cristal y no de hierro, porque sabe de enfermedad y de paciencia enorme y de impaciencia, porque calla y escucha el trinar de los pájaros, porque desea pasear por los jardines y ser madrina de su pequeño primo y la mejor cantante de Eyescross y la niña mimada de su padre, su hermano, sus padrinos, la familia, la Tata, Mariquilla, Manolo y tantos otros… Por mi parte, ¿Qué podría contar?...En febrero cumplí 55, soy acuario. Han pasado los años y otras cosas… Aún sigo mal durmiendo aunque existen remedios que me calman. He cambiado de casa muchas veces y viajé por el mundo en ocasiones. Militante precoz en la política. Tardía feminista. Trabajadora intensa. Soñadora. Contenta de ser madre. Amante. Buscadora. Perdida. Débil, frágil y enferma (en parte, como ella… con mis Ramas…). A veces ganadora y orgullosa, otras muchas equivocando mi camino. ¡Ay Ana! Por más que me esforcé en vivir lo que me fue llegando, no creas que aquello que más quise o con lo que soñé, llegué nunca a tenerlo como yo lo quería, como entonces lo hubiera deseado. Y como todavía, aunque sea pasado, en ocasiones duele y duele…ya sin culpa, sin ira, sin tiempo por delante. ¡Anuski, Niña Mía!, no son los años…tan solo es el camino que comienza donde otro se acaba. 5 Querida Ana, hace poco que he visto una película con tu nombre en el titulo: “Caótica Ana” y luego ya no pude dejar de pensar en vosotras, Las Anas… ¿Tu crees en la Reencarnación?...Yo también. No querría renunciar al Misterio. ¿Quién sabe de verdad, La Verdad?. La Ana de la peli (una mujer fantástica) ha olvidado sus vidas anteriores y sólo dejándose dormir (hipnotizada), otra Bella Durmiente, llega al punto final de sus orígenes donde encuentra, por fin, lo mejor de si misma: la Fuerza, la Belleza, sus impulsos de Paz y de Justicia… Se trata de una pintora extraordinaria. Pinta puertas cerradas. Y éstas se van abriendo, poco a poco, con ayuda de quienes la aman. Así va descubriendo, lentamente, los misterios de sus vidas pasadas y se abre a la nueva, Renovada. La Verdad y el Misterio también están en ti ¡querida Ana! Tus luces interiores se extienden con el viento de tu sonrisa suave sobre todos nosotros. La Verdad se convierte en un polvo de estrellas invisibles que ya no tiene en cuenta nuestro dolor mortal, nuestro miedo al vacío y a la ausencia. Siempre serás el sueño de la hija del sol y de la luna. Despierta en el resquicio de las tardes felices. Dorada en el reflejo del agua de los ríos por cuyas orillas venías caminando, despacio, con tu cesta cargada de canciones o textos de teatro (sorprendentes para tu corta edad). Siempre serás el eco de la risa, mariposa, ¡pequeña campanilla!, al amanecer en el país de “Nunca Jamás”. Y todos mis recuerdos de balsas y sirenas que llegan de mis paisajes ancestrales. Provienen de otras vidas. Todos se llaman Ana, como Tú. Madrid, septiembre de 2007 © Pilar Domínguez
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