| Un día más
por Mónica Grandes

ilustración de P.Díaz Del Castillo
El miércoles, en cuanto apagó el despertador, se preparó un café, se fumó un pitillo y se acostó de nuevo para descansar durante tres minutos. Luego se levantó, abrió la ventana del dormitorio y se metió en el baño. Recién duchado, cerró la ventana, se vistió, estiró la cama y fregó la taza del desayuno.
El jueves, en cuanto apagó el despertador, se preparó un café, se fumó un pitillo y se acostó de nuevo para descansar durante tres minutos. Luego se levantó, abrió la ventana del dormitorio y se metió en el baño. Recién duchado, cerró la ventana, se vistió, estiró la cama y fregó la taza del desayuno.
El viernes, en cuanto apagó el despertador, se preparó un café, se fumó un pitillo y se acostó de nuevo para descansar durante tres minutos. Luego se levantó, abrió la ventana del dormitorio y se metió en el baño. Recién duchado, cerró la ventana, se vistió, estiró la cama y fregó la taza del desayuno.
El sábado, en cuanto apagó el despertador, se preparó un café, se fumó un pitillo y se acostó de nuevo para descansar durante tres minutos. Luego se levantó, abrió la ventana del dormitorio y se metió en el baño. Recién duchado, cerró la ventana, se vistió, estiró la cama y fregó la taza del desayuno.
El domingo, en cuanto apagó el despertador, se preparó un café, se fumó un pitillo y se acostó de nuevo para descansar durante tres minutos. Luego se levantó, abrió la ventana del dormitorio y se metió en el baño. Recién duchado, cerró la ventana, se vistió, estiró la cama y fregó la taza del desayuno.
El lunes, en cuanto apagó el despertador, se preparó un café, se fumó un pitillo y se acostó de nuevo para descansar durante tres minutos. Luego se levantó, abrió la ventana del dormitorio y se metió en el baño. Recién duchado, cerró la ventana, se vistió, estiró la cama y fregó la taza del desayuno.
El martes, en cuanto apagó el despertador, se preparó un café, se fumó un pitillo y se acostó de nuevo para descansar durante tres minutos. Luego se levantó, abrió la ventana del dormitorio y se metió en el baño. Recién duchado, cerró la ventana, se vistió, fregó la taza del desayuno y estiró la cama. Ése día, fue muy feliz.
© Mónica Grandes
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