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Llegaron en tres caravanas LLEGARON EN TRES CARAVANAS, o eran tres carros grandes, quizás llegaron en enormes coches del color que tiene la Pero llegaron como llegan los circos o las expediciones que se han cansado antes de decidir si al final del viaje regresarán a sus casas a medio cerrar. Los niños saltaron primero, brincaban casi desnudos alrededor de las ruedas con sus enormes radios de madera sucia, o neumáticos de tractor gigante. Sin recordar muy bien cuándo me fijé en las mujeres gordas como las vacaciones de un ciego, rancias en las caderas que han protegido la fertilidad para más ser y tener que, ¿bajarse de los carromatos? ¿Eran roulottes? Dos adolescentes de sexo indeciso se acariciaban bajo el techado lluvioso de todo el hambre del mundo, gemían con el aburrimiento de quien conoce las propiedades curativas del insomnio. Te arqueas, negra de ojos verdes, cuando baja el patriarca del primer taxi londinense que no ha tenido tiempo para ir al lavabo, se aparta y contra un poste telefónico, o es la porra donde ataban a los chicos malos, no mearás como un perro.
Y ahora es cuando lo montan todo, destartalado como los dientes de mi tío alcohólico, que un día se me apareció, tantos años después de muerto, que ya no recordaba mi nombre: IESUS CHRISTI me llamaba, invocando un trago más, un trago más, IESUS CHRISTI. El del bigote más grande participa, invitado claro, en el amor de los adolescentes, ¿por dónde? Y se acerca a mí tras repartir pescozones y órdenes, caricias y billetes sudados entre las mujeres que ya están cocinando el olor tranquilo del cerdo más septentrional que han podido preservar del calor. Y se acerca a mí para pedirme indicaciones o fuego o nada porque yo soy un niño que nunca ha visto un circo ni una familia que llega en tres caravanas al desierto de mi barrio. Y se acerca a mí antes de que pueda salir corriendo, sin más miedo del que ya tenía en mi casa. Y me huele mientras los niños también se acercan a mí. Y me duele que los niños no hayan llegado a rozarme siquiera. Y huyo sin saber si eran caravanas o carros grandes o coches del color que la miel tenía en el más oscuro armario de mi cocina.
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© Juan Manuel Navas. Madrid, España (1971), Cursa estudios de Derecho y Filología Española en Madrid. Dirigió la revista Poeta de Cabra, y el proyecto editorial del mismo nombre, hasta su desaparición. También codirigió la revista de creación y reflexión literarias Anónima. Ha publicado los libros de poesía “La sonrisa del saltador”, Colección Poesía nº 293, Ediciones Endymion, Madrid, 2002 y “El cáncer de las mariposas”, Colección El Árbol Espiral, lf ediciones, Béjar (Salamanca), 2002. Sus poemas han aparecido en antologías como “Aula CEU de Poesía”, Universidad San Pablo CEU, Madrid, 2000 o “Al aire nuevo. Antología de poesía española actual”, Ediciones Desierto, San Luis Potosí, S.L.P., México, 2001. Ha colaborado como crítico en las revistas Prima Littera, Poeta de Cabra, Anónima y Literaturas.com. |