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La tumba de Keats (Fragmento)
por Juan Carlos Mestre
En la vida de un hombre siempre hay una mañana para la calamidad,
una mañana regida por las multiplicaciones del símbolo y la idolatría
/ órfica de la perduración.
En la vida de un hombre hay almacenes llenos de objetos y maderas
/ con insectos,
hay tensos mundos artificiales y canales por los que discurre la sangre
/
hasta los vasos,
hay fósforo y sonido del delirio del fósforo,
la respiración de un tigre y la mano del desobediente cortada,
hay calor entre un semejante y otro y hay destrucción
porque existe en ellos la proximidad y el imán que la ahuyenta.
En la vida de un hombre hay zapatos usados por un padre,
hay profusas noches que luego nos darán temor, hay cuerpos de adivina,
cuerpos por primera vez, espantosos labios con rencor, la voz que nos conoce
y se queda ahí mirándonos como una res moribunda en el estanque helado.
En la vida de un hombre lo que tiene importancia y lo que no tiene importancia,
lo que se resiste a desaparecer, la aparición de una ciudad, el cansancio
/de los viajeros,
lo que favorece la ambición y lo que elogia la idea de abstenerse,
la duda moral de una vida solitaria, el descargo de multiplicarse en otros.
5
Ese día vas a dejar flores a la tumba de Keats,
y allí el centinela silvestre, el vigilante mísero bajo la lengua de los hombres,
el que escribió su nombre en el agua como un culpable en la piedra,
el que en su vértice vacío está tumbado hacia arriba,
tocado por las raíces de los árboles como animal entre víboras,
el que sellado con cera abre de noche sus feroces pupilas de amante,
el transtornado por los elementos, el jinete viudo de las luciérnagas,
John Keats en el ácido alimento de los que escarban la tierra con el
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tenedor y la brújula,
los espectadores encadenados al argumento como la verdad al suicida,
la transfiguración de la Osa Mayor en estrella marina,
el hilo que entra por una oreja y descifra el cautiverio de lo oído en la otra,
el enigma de lo salvaje en la máquina del árbol,
el agitado ciervo que cruza la campiña de un sueño donde hay sangre,
la edad del centinela, la lengua del centinela, los ojos del centinela,
el método de los enamorados y las nubes, el método terrestre de
/
las catástrofes,
lo que el hombre sabe del hombre, los frutos de la inocencia y la clave
/
del pánico,
lo que diserta sobre las mareas el transparente ahogado en la espiral del éter,
lo que el turbulento de las tabernas y el descendiente de la pesadilla de Adán
saben de la iluminación de los cinco sentidos,
la ruina del hombre y el perfume de los burdeles, la alcoba iluminada
/
por la lujuria.
Oscuréceme videncia, une al condenado con el error y su coro,
que respire frenético en su rotación de polvo, que lo abrigue el trueno,
que lo abrigue el resplandor de las rosas, las lechuzas hijas del panadero,
que nada hiera su atmósfera de ciego ni el carbón que en él silba.
Venga el rayo y la boca del vaticinio del rayo con su estridente cascada
/
de cuchillos,
venga Jonás a sacarlo del húmedo cartílago,
reviente en su mina el mineral, abra la llave,
pues aquéllos son los ojos en los que llorarán los míos.
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© Juan Carlos Mestre (España).
poeta y artista visual, nace el 15 de abril de 1957 en Villafranca del Bierzo (León). En 1982 publica su primer libro, Siete poemas escritos junto a la lluvia, al que seguirán, en 1983, La visita de Safo y Antífona del Otoño en el Valle del Bierzo, poemario con el que obtiene el PREMIO ADONAIS de poesía en 1985.
En 1987, durante su estancia de varios años en Chile, publica Las páginas del fuego y, ya de regreso a España, La poesía ha caído en desgracia (Editorial Visor), libro por el que se le otorga en 1992 el PREMIO JAIME GIL DE BIEDMA.Como artista visual ha expuesto su obra gráfica y pictórica en galerías de Europa, EE. UU. y América Latina, así como editado numerosos libros de artista en colaboración con otros artistas y poetas como José María Parreño, Amancio Prada o Rafael Pérez Estrada.
Con La tumba de Keats, editado por Hiperión y escrito durante su estancia en Italia como becario de la Academia de España en Roma, obtuvo el PREMIO JAÉN de poesía 1999, año en el que se le concede una Mención de Honor en el Premio Nacional de Grabado de la Calcografía Nacional, semejante distinción que obtiene en la VII Bienal Internacional de Grabado Caixanova 2002.
Las estrellas para quien las trabaja, su publicación más reciente, apareció en la colección Cuadernos de la Borrachería, Zamora, en el 2001 |