La patria es una naranja
por Félix Luis Viera

Del poemario inédito La patria es una naranja

 

—22—

Un día te fuiste de la patria sin llorar
le dijiste adiós sin llorar al mar de la patria
pensando que su ausencia habría de matarte.
El mar allí suele ser azul añil,
beligerante,
pero sabe besar a las muchachas
y sería esto es lo que más extrañarías.
Si no lloraste al irte
sería porque te llevabas la patria
en cierto ojal de una camisa,
te la llevabas asimismo en una foto de tus hijos.

Aún tienes el polvo de aquel camino en la suela de ese zapato.

Luego, has llorado.

—31—

 

“Morir por la patria es vivir”
sólo porque desde el hueso del muerto una abuela
podrá seguir colando el café de las tres de la tarde,
pero también es falso:
la patria no le pide a nadie que muera por ella
la patria siempre se está muriendo por uno
si bien ella nunca morirá y uno sí,
aunque “morir por la patria” no sea siempre exactamente vivir.
La patria es el jugo de naranja
o esa dama que con el poeta se fugó para siempre en un tren cuyo destino
desconocían,
si bien, ya, lejos, uno llore en la distancia
porque ese charco de agua en una calle
recordada
sea la inalcanzable patria ahora
y la saudade acuchille, interminable.

—36—

 

Estoy hablando de mi madre
quien tampoco ha tenido jamás una pecera.
Mi madre se muere todos los días en mis pesadillas de despierto.
Mi madre con 85 años sin haber tenido nunca
una pecera
sin haber tenido un pececito anaranjado.
En estos mismos momentos
ella recorre las calles
que ahora son la patria para mí
pero que para ella son sólo sus calles.
Cualquier día mi madre muere de verdad
en carne física
fuera de mis pesadillas de despierto
y yo no podré cerrarle los ojos
y ella no podrá cerrar los ojos definitivamente
mirándome
como si pudo cerrarlos mirándome mi padre
quien tampoco tuvo una pecera
y dio por cierto que la patria era la naranja
que le calmaba la sed.

—42—

 

Mi hijo una vez se uniformó con el uniforme de la patria
y estuvo dispuesto a darlo todo por ella por ella haciendo estallar la pólvora hasta la muerte,
los generales también estaban dispuestos a morir por la patria
pero rara vez un general muere por la patria:
son los soldados los fieles clientes de la muerte.
Mi hijo se dio cuenta de que nunca había tenido una pecera
mientras los generales se enremansaban en ellas
luego de examinar los complicados planos
de la defensa de la patria.
He visto tanto generales y patriotas
engordar pegados a las tetas de la patria.
Mi hijo comprendió que sólo
moriría por la patria
el día que alguien o álguienes quisieran robarle una naranja
y las calles y el parque donde se sentaba en las tardes
y el recuerdo del primer amor o del penúltimo
o tratara de ponerle el polvo de otras patrias o el color de otra naranja
en la suya.
Hay quienes han aumentado 100 kilogramos de peso
defendiendo a la patria desde lo podios
–pero de todas formas la patria necesita generales y presidentes y patriotas
estetas,
mas éstos deberían morirse un día obligatoriamente por la patria
que entonces podría ser no más que la mujer que amaron
o una rama de la albahaca sembrada por mi abuela.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

© Félix Luis Viera Poeta, cuentista y novelista, nació en Santa Clara, Cuba, el 19 de agosto de 1945. Ha publicado los poemarios: Una melodía sin ton ni son bajo la lluvia (Premio David de Poesía de la UNEAC*, 1976, Ediciones Unión, Cuba), Prefiero los que cantan (1988, Ediciones Unión, Cuba), Cada día muero 24 horas (1990, Editorial Letras Cubanas), Y me han dolido los cuchillos (1991, Editorial Capiro, Cuba) y Poemas de amor y de olvido (1994, Editorial Capiro, Cuba); los libros de cuento: Las llamas en el cielo (1983, Ediciones Unión, Cuba), En el nombre del hijo (Premio de la Crítica 1983. Editorial Letras Cubanas. Reedición 1986. ) y Precio del amor (1990, Editorial Letras Cubanas); las novelas Con tu vestido blanco (Premio Nacional de Novela de la UNEAC 1987 y Premio de la Crítica 1988. Ediciones Unión, Cuba), Serás comunista, pero te quiero (1995, Ediciones Unión, Cuba), Un ciervo herido (Editorial Plaza Mayor, Puerto Rico, 2003) y la noveleta Inglaterra Hernández (Ediciones Universidad Veracruzana, 1997. Reediciones 2003 y 2005). El Premio de la Crítica es el mayor reconocimiento que recibe un libro en Cuba. Su libro de cuentos Las llamas en el cielo es considerado un clásico de la literatura de su país. Varias de sus creaciones han sido traducidas a diversos idiomas y forman parte de diversas antologías publicadas en Cuba y en el extranjero. En su país natal recibió diversas distinciones por su labor a favor de la cultura. Fue director de la revista Signos, de proyección internacional y dedicada a las tradiciones de la cultura. Su más reciente novela, Un ciervo herido –que aborda el tema de las Umap, eufemísticamente llamadas Unidades Militares de Ayuda a la Producción y, en realidad, campos de trabajos forzados establecidos en Cuba en la década de 1960-, ha recibido un notable reconocimiento de la crítica y de los lectores y ha circulado en España, Puerto Rico, México y otros países; durante cinco meses estuvo entre los libros más vendidos en Miami y recientemente ha sido traducida al italiano por la editorial L´Ancora del Mediterráneo. En Italia ha sido objeto de un notable reconocimiento de la crítica especializada, así como de los lectores. Recientemente ha concluido su novela El corazón del rey, que refleja los primeros pasos de la instauración del socialismo en Cuba, en la década del 60, y actualmente trabaja en el poemario La patria es una naranja, inspirado en la añoranza de su tierra natal y en sus vivencias en México, donde radica desde 1995. En México, ha colaborado en diversos periódicos con artículos de crítica literaria y de contenido cultural en general, ha impartido talleres literarios y conferencias, y asimismo se ha desempeñado como asesor de variadas publicaciones periódicas.*Unión de Escritores y Artistas de Cuba. (Colaboración. La Nueva Cuba)

 

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