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Tres poemas
por Alberto Jiménez
(15)
algunos días
me gusta esta vida…
me da por ahí, como si no tuviese
otra cosa en la que pensar.
Desde mi cocina
veo árboles, tengo esa suerte.
Y un jardín.
Cocino y miro entre la celosía,
miro la gente que pasea,
los que se sientan sin nada que hacer.
Hoy vi una pareja de mujeres
y un perro negro,
una de ellas le enseñaba a recoger
los excrementos de su perro,
pero la mujer que tenía
la bolsa negra de plástico
en la mano, palpaba y palpaba
el césped del jardín… sin dejar
que su acompañante la ayudase
a encontrarlo…
al final,
encontró lo que buscaba.
Una ciega
aprendiendo a recoger
los excrementos de su perro…
así de simple
es algunos días la vida, llega
y zas, te hace sonreír como un idiota.
Siento una profundo respeto
por esa mujer… un respeto grandísimo,
tanto como el que ella me tiene a mí
al aprender eso tan sencillo.
Y me siento muy afortunado antes de ponerme a cenar
me siento afortunado por poder ver la vida
a su paso, pisoteando
el asco que algunas veces
me da el mero hecho de contemplar la vida
detrás de la celosía
mientras preparo la cena.
(16)
al y yo estamos echando
impuestos al depósito
de combustible
del coche,
donde el estado
nos cobra a precio
de oro el caldo
para que nos podamos mover…
para que ellos luego,
los muy hijos de puta
lo repartan
entre otros cuatro hijos de puta
para que otros a su vez
luego lo den
para que un tío, que quiere
ser una una tía
se opere la polla,
y esto lo digo sin querer
molestar a nadie,
lo digo porque me jode
el sistema,
solo porque mi madre
no tiene dientes
y la puta seguridad social
no le ha pagado
ninguna de las dentaduras
con las que lleva malcomiendo
desde hace un montón de años.
Se acerca septiembre
y mañana me voy de vacaciones,
siempre procuro irme
cuando todo esta de vuelta
y los sitios a donde quiero ir
no están atestados de gente,
una pareja se acerca
sendos carros de la compra sin la bolsa,
únicamente
para llevar el embase vacío
del calor de los pobres…
no sé cuanto
puede costar una bombona
de butano, y tengo miedo
de la insana curiosidad que me acompaña
a todas partes…
cuando me lo dicen,
al me pregunta por qué
se me ha puesto tan mala cara…
me quedo de plástico
y me doy cuenta
que yo también soy pobre…
no dejamos de soltar dinero
a una vaca
que lo único que nos da
a los que nos levantamos
a las 5:30 de la mañana,
son unas hermosas
putas cagadas
de una mierda apestosa
que para lo único
que nos vale
es para morirnos
en el pasillo
de un hospital,
y lo más cojonudo
es que lo más probable
es que en ese mismo hospital
donde seguro que me voy
a morir de puto asco
hay un tío
queriéndose quitar la polla,
y lo peor
es que yo se lo estoy pagando.
Y esto no lo digo sin ánimo de ofender,
lo digo
para que el que lo lea
y se quiera operar la polla
sepa que mi madre
seguirá teniendo que ahorrar
para ponerse una dentadura postiza
y unas gafas,
y a él le pagaré su puta operación,
lo digo para
ver si así se te cae la cara
de vergüenza
pedazo de hijo de la grandísima puta,
y al que le joda…
que le dé más gusto.
Cuando pago la gasolina
voy de la mano de mi hijo
pensando en comprar
una caja de cerillas
y a ver que cojones pasa…
(17)
me gusta planchar
temprano,
cuando la humedad
de la tristeza de la noche
aun se abraza a la tela
del pantalón,
me gusta hacerlo
despacio
acariciando
apenas
la tela
con el acero
ardiendo.
Sin hacerla daño,
despacio
pasando el hierro
muy despacio,
acariciando
con la misma
levedad
con que se dibuja
el vapor
en mis ojos.
Lentamente
para que no se queje…
ahora…
simplemente
me dedico a aporrear
las teclas
de la computadora.
Son las mañanas
de domingo
de insomnio.
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© Alberto Jiménez
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