|
Egregias mujeres medievales.
Bienvenidos a La Torre del Misterio de Fermín Castro, el enclave donde se dan cita los amantes de la historia y la parapsicología. Dios escoge para su jardín aquellas flores que le son más queridas y amadas. Hay un ramillete de esas magnificas florecillas que brotaron en una época de oscuridad y desesperación, de epidemias aniquiladoras como la peste del siglo XIV, de guerras sin fin, del triunfo de la fuerza bruta sobre la razón. Hablar hoy de mujeres místicas de la época medieval parece un atrevimiento, ¿qué puede interesar la vida y obras de mujeres que murieron hace 800 o más años? ¿la mística a quien le puede impresionar en esta época sin alma en la que vivimos? Pero ah! Si sus enseñanzas hubieran sido escuchadas, si la Iglesia de Roma la hubieran puesto en practica cuanto horror y sufrimiento se hubiera ahorrado la Humanidad. Las voces de estas mujeres me resultan nítidas, puras, más aún son tonificantes como bálsamo en este constante mar de dudas, inseguridades y prisas materiales que es la vida contemporánea. En el año de 1194 germina entre los hombres un ángel, su nombre es Clara y será conocida por la historia como Clara de Asís. Al contrario de la mayoría de las jovencitas de su época, a las que se las educaba con el fin último del casamiento, Clara pronto mostró que un fuego distinto anidaba en su pecho. No era por frialdad, por falta de amor precisamente, sino que en ella el amor era el Amor a Dios. Un hecho marca su vida, a los 16 conoce al hombre más cercano a Cristo que la Historia a registrado, ese hombre era Francisco de Asís. Su radical emulación de Cristo, su despego a lo material, su búsqueda de la pobreza como medio de llegar a Dios, impresionaron a Clara con la fuerza del fuego. Clara escapa de su casa y es consagrada a Dios por el propios San Francisco de Asís. De poco valieron los intentos de los familiares de Clara de hacerla regresar. Hacia 1215 era ya abadesa de San Damián y es su vida un ejemplo vivificador del ideal de vida franciscana. Por los años en los que Clara de Asís conocía a San Francisco de Asís, en Magdeburgo Dios hizo brotar otro ejemplo para la humanidad y su nombre fue Mechtilde de Magdeburgo. En ella hay grandes misterios y secretos de los que solo algunos han sido desvelados, pues desde niña ya mostraba claras evidencias de estar marcada por el Espiritu Santo. Mujer valiente que fustigó en sus escritos los graves defectos del clero y de la Iglesia, la maldad y destrucción del Imperio. Al final de su vida se recluye en un convento huyendo de los poderosos enemigos que sus escritos le habían granjeado. Diez años antes que Mechtilde de Magdeburgo escribiese su obra “La Luz Rutilante de la Deidad”, en Amberes veía por primera vez la luz del mundo Hadewich cuyas visiones, cartas y poemas giran en torno a un tema central, tronco de todo su pensamiento, el amor. El deseo sincero de ayudar al necesitado, de emular a Cristo, de amar, que conforman su vida no pueden sino conmoverme. El que ama deberá sufrís por encima de sus fuerzas Antes que faltar en un solo punto al honor del amor. Hadewich de Amberes Hacia 1250 Margarita Poréte nace en Hainaut. ¡Que deliciosa rebeldía hay en su vida y escritos! ¡que arrojo y valentía cristalina! ¡ que resolución en la vida! ¡que integridad absoluta nos enseña Margarita Poréte! Su obra ha influido notablemente en místicos, poetas y pensadores posteriores, y sus escritos por prohibidos por la Inquisición fue de los más leídos durante siglos. Durante siglos su obra era de fuego pues podia quemar, pues la Iglesia consideraba perniciosa la lectura de esta mistica pues sus obras conducen a regiones inhabitadas y peligrosas para el alma, a designios oscuros pensaba la Iglesia en su tradicional cortedad de miras y falta moral. Fue apresada por la Iglesia y se le dio la opción de abjurar de su pensamiento o morir quemada. Pero margarita, una mujer de menudo y frágil cuerpo, se nos mostró como un gigante moral y ético pues prefirió la muerte a negar su forma de entender el amor a Dios. París la vio arder en 1310. Su obra “Espejo de almas simples y aniquiladas” suponen aún hoy en día un vertiginoso vuelo hacia Dios. Volvamos la mirada hacía las islas mágicas, hacia la esmeralda Inglaterra pues allí a mediados del siglo XIV aparece otra de esas maravillosas flores de Dios. Juliana de Norwich sufrió a los 20 años una enfermedad que la puso a los pies de la tumba pero milagrosamente se restableció y a partir de ese momento su vida dio un giro inesperado, se transformó en una mujer nueva. Es oportuno hacer notar que son muchos los casos en los que hay una enfermedad o accidente mortal que superado convierte al simple hombre en santo o santa, como si el haber estado muy cerca del otro lado les hubiera hecho percibir la Verdad. De Juliana de Norwich tenemos la reconfortante enseñanza de “Todos las cosas terminaran bien”, ella nos enseña que toda obra, todo trabajo y posición por pequeño y humilde tiene valor a los ojos de Dios. Siempre podemos redimirnos pues todo mal por obra y gracia de Dios acabará en bien. ¡Oh! Cuan alejados esta este pensamiento de los fuegos y azufres infernales de los curas negros y de los pulpitos venenosos. Su libro “ El Libro de las Revelaciones” es de absoluta necesidad en este momento de nuestra penosa historia, justo ahora que estamos en el cenit de nuestra civilización tecnológica, pero que ha olvidado lo más importante: el Amor.
|
© Fermín Castro |