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ORBITUARIO
Osvaldo Navarro padeció el exilio maldito durante 15 años hasta su muerte. No podía regresar a Cuba ni siquiera a ver a sus familiares ni sanos, ni enfermos, tampoco a sus muertos. Así de brutal es el exilio maldito. Un exilio que no tiene la gloria de aquellos producidos por las dictaduras militares y de derechas. Esos sortearon la travesía desértica, rodeados de la solidaridad de las izquierdas. Estas regatean cualquier gesto de mínimo apoyo a los perseguidos de la dictadura castrista, aduciendo que son instrumento del imperialismo en su afán de aplastar “el solitario socialismo en la isla”. Antes de partir, atravesado por el rayo demoledor de un infarto masivo, Osvaldo Navarro logró concluir tres libros : Melodías de Amor, Horror al vacío, éstos dos de poesía y Las Paces de Martí , ensayo teórico donde Navarro establece cómo en Cuba fue derrotado el proyecto civilista de Martí por el militarismo. Por ello, nos recuerda su compañero de exilio Félix Luis Viera: para Osvaldo fueron premonitorias las palabras de Martí dirigidas a Máximo Gómez “No se funda una república, general, como se manda un campamento”. El exilio maldito implicó para Osvaldo confrontarse con dolor a los tres mundos de Miami: el integrado por el originario de batistianos, el de la camada masiva del Mariel y el creciente de intelectuales disidentes del castrismo pero identificados con las causas de izquierda. Como parte de éste tercer universo Navarro sufrió el rechazo de las élites de poder de Miami y tuvo necesidad de laborar en sus cercanos 60 años, primero como cerillo en un Mall y después como carpintero. Siempre apoyado por Elena Tamargo, su amor, su cómplice y todo Osvaldo vivió con intensidad el privilegio de los años de la Glasnost y la Perestroika en Moscú, todavía como funcionario cultural de Cuba. Quizá esa experiencia y su espíritu crítico y rebelde lo llevaron a salir de ese mundo y adoptar la resistencia por medio de su extraordinaria pluma. Ejemplo de esa crítica corrosiva y al mismo tiempo gozosa es Hijos de Saturno. ¿Que todo esta muy bien? yo creo que eso ni el mismo caballo lo cree porque no hay que ser muy inteligente para darse cuenta que los caballos dicen sí con la cabeza pero con esa misma cabeza están pensando que no y sus motivos tienen porque mientras dicen sí lucen obedientes y generosos pero en cuanto se les ocurre mover la cabeza de un lado para otro ya parecen deslucidos y resabiados del amo… Nunca más exilio maldito Publicado en Milenio, periódico mexicano, sábado 9 de febrero de 2008 |
© Joel Ortega Suárez |