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Jorge G. Aranguren La aparición de este libro en el catálogo de un distribuidor supone, o así me lo he tomado yo, la reparación de una ofensa que el tiempo me debía desde 1979, año en que compré otro del mismo autor, De fuegos, tigres y ríos..., premio Adonais de 1976 (ya ven que lo mío con ciertas colecciones es fijación). Desde aquel momento, y como si fuera la mujer recordada por Everett Sloan, no hay mes que no haya sentido la necesidad de volver a sus páginas, a aquella terrible suavidad de las tardes vencidas y las muchachas cuyo amor se perdía sin brusquedad, con alivio, cada cuerpo una lectura más ante la que entrecerrar los ojos para no saber que ya el encantamiento de las palabras, o de la piel, nos había abandonado. Nunca volví a encontrar un libro de Jorge Aranguren, ni ninguna referencia acerca de él, pero mientras cambiaban mis amores, también los humanos, mantenía mi cita con “Glub”, el poema más hermoso, triste y vital del libro. Hace un par de años me topé con un poema suyo en una revista, creo recordar que en Cuadernos del Matemático, pero la mala fortuna quiso que el ejemplar se perdiera entre los otros muchos que por aquí sobreviven malamente a los constantes cambios de orden, y nunca he sido capaz de recuperarlo. Hasta ahora, cuando entre las páginas manoseadas de un catálogo, encontré la portada, un tanto oportunista, el título y, sorpresa, el nombre del autor ya fuera del bucle al que lo condené durante casi treinta años. De un abril frío está conformado por quince relatos, de varia lección e intención, sin que haya una verdadera unidad temática o estilística; caben aquí la llamada de atención acerca de las víctimas del terrorismo etarra, el relato fantástico, la ensoñación, la mirada a los años sesenta desde una perspectiva realmente original, la broma erudita y pedante... es el tiempo el que ha reunido verdaderamente estas piezas; lo que las amalgama es su voz, una voz baja que entona las palabras despacio, no con impostada sabiduría o con altivez, ni con desorientación. Los personajes de Aranguren, el mismo Aranguren cuando ejerce de narrador, hablan con la parsimonia de quien descubre, o quizás lo descubrió hace tiempo, que es así como vivieron la vida, como les toca vivir la que les queda, incluso la que ya terminó. He vuelto, leyendo cada uno de estos relatos, ha imaginarme al hombre que en una cafetería de carretera susurra para sí: “así que la derrota es esto...” A.M.R.
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© Alvaro Muñoz Robledano Nació en Madrid en 1965. Se licenció en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid. Ha publicado los libros: “Fotografías junto al pecio” (Málaga 1991), “Hoteles” (Madrid 1996), y “Cuartel de Invierno” (Madrid 2000). Colaborador de ariadna-rc desde sus comienzos donde ha publicado su "Breve historia de la lucha de clases" (2003). Su último poemario "Salvoconductos" ha resultado ganador del III Premio Café MOn 2006. |