EL LABERINTO

A R I A D N A - R C . c om      c r e a c i ó n    l i t e r a r i a

[número treinta y cinco edición primavera 2007]

j u n i o

 

P R I M A V E R A

El Sur ha llegado y se ha metido entre los resquicios de esta primavera. Lo presentimos en los olivos, en la oleaginosa fragancia de las almazaras, en las acequias (trazadas con económica cautela), en la presencia poderosa de los pesticidas y los cortijos inmaculadamente blancos (salpicados a veces por un amarillo de ocres vocaciones). Por él transitan los trenes de grano, el caballo que aguarda la llegada del día, el miedo de un ángel cuando acaba el sedal del alba, la lluvia que viene cuando quiere. Así son los recuerdos del Sur, cargados también de la humedad criolla que nos acerca una balumba de catedrales que sestean sobre las isobaras. El Sur es esta luz acaudalada, capaz de desnudar las cosas y acercarnos a la vida privada de un hato de lucios que creen ser invulnerables bajo la protección de los pantanos.

E S P E C I A L   P O E S Í A   D E L   S U R


i m p r i m i r 


v o l v e r

 


En la ladera del parral · · · · · ¿Qué decirle a Raquel?

por José María Algaba

 

E N   L A   L A D E R A   D E L   P A R R A L (*)

Para Fermín Fatuo Reguera

Las palabras de Dios o de la muerte o del amor,
se quedarán aquí, como los pájaros.
Y si Dos fuese único o la muerte sola,
y sola la verdad sombría del amor,
la verdad del entonces y la verdad del luego,
en mí sólo estaría llegar y detenerme,
como lo hacen los pájaros que no tiene más Dios
ni más fronteras que esta ladera del parral.
Si pudiese elegir me quedaría, madre,
como ayer te quedaste en un instante muerto,
el instante en que vino a verse en mí la vida,
que en lugar de Dios y de la muerte estaba.
Y sé cómo sentí sus heladas navajas
y todo su silencio, como ahora,
en este griterío de pájaros helados,
hechos de sangre mía y de su soledad
aquí en la ladera.



¿ Q U É   D E C I R L E   A   R A Q U E L ? (*)


Van creciendo las niñas con dicha semejante
a la que da el amor, unas palabras justas.
No las palabras hueras, miserables, retóricas,
las palabras cortadas a raíz como flor
pudriéndose en la mesa. ¿Qué decirle a Raquel?
Yo no sé qué le aguarda y cómo afrontará
la injusticia del padre, la justicia de Dios.
Este abismo de arañas en los ojos. La guerra,
la abyección, la barbarie. ¿Qué decirle a Raquel,
cuando otros niños miran con ojos abatidos,
inocentes y bellos, unas rosas de cal?

(*) Los poemas pertenecen al libro “El silencio de Isaac” (Sevilla, 2002)

 


 

 

 

 

 

 

 

© José María Algaba. (Sevilla, 1954). Tiene editados La quimera encendida, La casa de las sirenas, El bruñidor de ágata, El sudario de Laertes, Donde el silencio es voz, El silencio de Isaac, Único fragmento, El acantilado y recientemente El poema de Ayax. Posee premios tan relevantes como el Cáceres, patrimonio de la Humanidad, Luis Cernuda, José Hierro o Ciudad de Salamanca. Se trata sin duda alguna de una de las voces más poderosas, jondas, escondidas y definitivas de la poesía española actual.


Síndrome de abstinecia

por Miguel de Francisco Barrero

 

Me había jurado muchas veces
que no me iría de este mundo
sin dejar alguna víctima,
así que decidí convertirme en asesino
Después de mi primer asesinato
no paré de vomitar en todo el día
y otro tanto me ocurrió con el segundo y el tercero
¡Qué penosa decepción!
Al cabo de algún tiempo me enteré
que es normal que esto suceda a principiantes.
Enmudecer la conciencia lleva su tiempo y esfuerzo
pero es una empresa rentable.
Ahora soy lo que se llama
un buen profesional.
Me he convertido en un burgués estable
con los muchos trabajos realizados.
Vivo bien, con cierto lujo,
y hasta tengo mi vejez asegurada.
Aunque ando algo nervioso ultimamente
y creo adivinar cuál es la causa:
no he asesinado a nadie desde el noventa y seis.

 


 

 

 

 

 

 

 

© Miguel de Francisco Barrero


Para lo que no existe

por Álvaro García

 

(Para lo que no existe. Ed. Pre-Textos. Valencia 1999)

C O N T I N U I D A D

Para borrarse y convertirse
en música o en muerte
tiene uno que existir, ser uno,
estar de pie en el mundo,
compartir
la múltiple estatura
del misterio.

En el olvido de la humanidad
está la sinfonía
de todas nuestras muertes.

La oyen sin oírla
los que viven.

 

R E G R E S O

Tocar un cuarzo ahumado, vítreo y negro,
como quien busca en su naturaleza indiferente
la reconciliación entre hombre y mundo.
Aprendemos a ser lo que ya somos,
y este trozo de piedra es un regreso.

La piedra, en su secreto, es armonía,
memoria silenciosa del planeta,
regalo de una luz que se ha hecho sólida.
Cuánta vida en lo inerte de este cuarzo
que es cristalización de los milenios.

El tacto es humildad.
Los dedos no conocen: reconocen;
comprueban un origen, se aseguran
de ser tan realidad como la roca.
Cuando los dedos rozan los sillares
en una catedral de umbría y siglos,
rozas casi al descuido los orígenes,
comulgas más que otros que comulgan.

Aquel niño buscaba con su cara
el frío intemporal del mármol frío.
Pegada su mejilla a la columna,
parecía escuchar en la pared
no el rumor que hay tras ella, sino a ella.
Sobre la mesa, el cuarzo, luz oscura,
su noticia que llega con retraso.
¿Cuántos siglos tendrá, tan silencioso,
tan delante de mí, tan en sí mismo?
Aprendo a ser lo que de hecho soy,
fugaz parte del mundo,
viendo el cuarzo.
Esta piedra secreta, antigua y súbita,
este trozo de mundo en la mañana.


 


 

 

 

 

 

 

 

© Álvaro García (Málaga, 1965) Doctor en Filología Hispánica, ha publicado los libros de poesía La noche junto al álbum (Premio Hiperión, 1989), Intemperie (1995), Para lo que no existe (1999), Caída (2002) y El río de agua (2005), así como el ensayo Poesía sin estatua (2005). Ha traducido al español libros de Kipling, Auden, Larkin, Margaret Atwood, Kenneth White y Ruth Padel.


Refutación de la elegía

por Eduardo García

 

 

 

(De Refutación de la elegía, 2006)

 

Disculpen la imprudencia, voy de paso,
me caí en esta página, no supe
medir mis fuerzas, apurar la brisa,
resistir su imperiosa invitación,
la página pedía un desaliento
a la altura del llanto y los zapatos,
pero no estaba yo para difuntos,
me brotó una sonora carcajada,
una encina colgada de un trapecio,
un tigre amamantando a una gacela,
un ciempiés saludando innumerable,
nada hay seguro aquí, ya me hago cargo,
a lo peor la página está inquieta,
reclama ya su hastío inmemorial,
y yo en las musarañas, tan contento,
acorazado, en fin, feliz, ya ven,
poco propenso a la melancolía,
convocando el deseo en la figura
de una mujer al término del goce,
sin tristeza post-coitum, no se apuren,
espléndido animal, fruta sin dueño,
deslumbrante en la página, sensual,
una refutación de la elegía,
una celebración de la alegría,
cuerpo fugaz, materia derramada,
se ríe de la página, transpira,
les dejo con su gozo, no sin antes
invitarles a arder por las raíces,
a vivir por la piel a contramano,
no me hago responsable si la página
persiste por inercia en su congoja,
si le gusta sufrir es su problema,
nosotros a lo nuestro, hacia alta mar.

 

 

 

 

 

 

 

 

© Eduardo García nace en São Paulo en 1965, hijo de españoles. Vive pues su primera infancia a caballo entre dos lenguas. Permanece en Brasil hasta los siete años, edad en la que su familia decide regresar a España. Se traslada entonces a Madrid, ciudad donde transcurre su adlescencia y primera juventud. Cursa allí la Licenciatura de Filosofía, especializándose en Estética. Profesor de Filosofía, obtiene en 1991 una plaza en Córdoba, donde reside en la actualidad. Como poeta es autor de los libros “Las cartas marcadas” (1965), “No se trata de un juego” (1998, 2ª edición 2004), “Horizonte o frontera” (Hiperión, 2003) y “Refutación de la elegía” (Generación del 27, 2006). Por “No se trata de un juego” recibió el Premio Hispanoamericano de Poesía “JUAN RAMÓN JIMÑENEZ”, así como el premio “OJO CRÍTICO” de Radio Nacional al mejor libro de poesía joven del año. “Horizonte o frontera” obtuvo el Premio Internacional de Poesía “ANTONIO MACHADO EN BAEZA”. Su obra ha sido recogida en las principales antologías de poesía última española: “La generación del 99” (José Luis García Martín, 1999), “Pasar la página” (Manuel Rico, 2000), la bilingüe “Poesía espanhola, anos 90” (Joaquím Mª Magalhães, Lisboa, 2000), “Yo es otro, autorretratos de la nueva poesía” (Josep Mª Rodríguez, DVD, 2001), “La lógica de Orfeo”, (Luis Antonio de Villena, Visor, 2003) y “Ultima poesía española” (1990-2005) (Rafael Morales Barba, Clasicos Marenostrum, 2006) entre otras. Ha cultivado el ensayo sobre el fenómeno poético en sus libros “Escribir un poema” (Fuentetaja, 2000; 2ª edición ampliada y corregida, 2003) y “Una poética del límite” (Pre-Textos, 2005), donde propone una epistemología de la escritura desde una visión integradora. En abierto diálogo con su propia aventura creativa. “Una poética del límite” ofrece una puesta al día en profundidad de nuestra actual concepción de la poesía a la luz de las aportaciones de las ciencias humanas, la estética y el psicoanálisis contemporáneos.


Madre · · · · · Comercial senior

por Pablo García Casado

 

M A D R E

(De “El Mapa de América”)

Igual que esas estrellas que están muertas
tu cuerpo brilla aún en la pantalla tus pechos
no han perdido consistencia tu boca sigue subiendo y bajando

dónde te ha lanzado la suerte a qué punto del mapa
ahora que tu estrella sólo brilla en mis ojos cómo te trata la vida

ahora que debes acercarte a los cuarenta
qué corazón ocupa tus mañanas ¿un hombre? ¿un marido?
¿o ese niño de 11 años que descubre a su mamá
en un vídeo acompañada de otros hombres?

 

 

C O M E R C I A L   S E N I O R

(Poema Inédito)

En el parking le entregué el género y los catálogos. Sobre el capó estampamos las firmas y me dio una copia de las últimas comisiones. Mañana te harán el ingreso, dijo sin mirarme a los ojos.

No tuve fuerzas para volver a casa, qué le digo a Silvia, cómo vamos a pagarlo todo. Subí al local, pedí una copa y luego otra. Entonces el Yugo me dio una ficha, ande, suba, no lo piense más, invita la casa. Una niña asustada, fianza de un yonki con cara de ángel. Y yo, más asustado todavía.

 


 

 

 

 

 

 

 

© Pablo García Casado nació en Córdoba el 13 de mayo de 1972. Ha publicado Las afueras (DVD Ediciones, Barcelona, 1997), por el que fue I Premio Ojo Crítico de RNE 1997 y finalista del Premio Nacional de Poesía de ese año, y El mapa de América (DVD Ediciones, Barcelona, 2001). Ha sido incluido en diversas antologías de poesía española, como "La Generación del 99", de José Luis García Martín, "Feroces", de Isla Correyero o "25 poetas jóvenes españoles", publicada por Ediciones Hiperión.


 

La alquimia de un recuerdo · · · · · La abundancia

por Pablo Guerrero


L A   A L Q U I M I A    D E   U N   R E C U E R D O

(Poema inédito)

Un recuerdo sobre un cuerpo se adhiere,
trae la llamada, las sílabas de un nombre,
las palabras, como paños que abrigan
la oquedad de la piedra.

Los cántaros, donde suena y resuena
el fuego que da forma de mujer al barro.

La alacena, el olor a oro aireado,
la juventud, su amarillo
redondo de naranjas.

El caballo aguardando la llegada del día,
preparando el tiempo para un solo poeta.

Sobre su cuerpo dormido
los metales del sol lentamente renacen,
manchan limpias, palabras
de la luna sobre toda la tierra.

En su cesta, la fruta. En su copa, ambrosía.

 

L A   A B U N D A N C I A

(Poema inédito)

La ventisca no ha roto el amparrado
que mi padre plantó para echarse a la sombra,
aquí siempre, en la feraz madera,
en los goznes profundos
de la hospitalidad,
en los manteles de la bienvenida.

De él aprendí a cazar al acecho del tiempo.

Continúe mi amigo más amado
caminando incansable los pinares altos
del halcón peregrino, remontando sus ríos,
navegante en las tardes de la luz intensa,
la que impulsa la estela de las rocas de fuego.

De él aprendí a curarme de la lejanía.

Mientras, yo seguiré aquí,
en esta hora azul y respirada,
mujer que has hecho carne lo que antes era ausencia,
buscando en la ceniza.

De ella aprendí, paz y ciencia, el sentido
de la palabra espera.

 

Pablo Guerrero, con un verso de Mª José Flores.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

© Pablo Guerrero nació en Esparragosa de Lares, provincia de Badajoz, el 18 de octubre de 1946. Su vinculación a la canción nace del profundo amor a su tierra, Extremadura, y al intento de revitalizar la canción con raíces populares. En 1967 marcha a vivir a Madrid.
En 1969 se presenta al Festival de Benidorm con su canción "Amapolas y Espigas", interpretada posteriormente por artistas de la talla de María Dolores Pradera. Con aquel Festival surge la fama y el lanzamiento: obtiene el premio a la mejor letra y queda el segundo en la clasificación general. A partir de entonces sus canciones serán escuchadas por la geografía española como uno de los máximos representantes de la música popular, aunque tardará todavía en dedicarse al mundo de la canción, compaginando ésta con su profesión de maestro y sus estudios de Filosofía y Literatura. En 1972,después de algunos discos editados en "Acción" publica "A CÁNTAROS". La canción supone un aldabonazo en su carrera llegándose a convertir en el himno más poético de cuantos surgen en el momento.
En 1975 Pablo canta en el Olympia de París grabando un disco en directo. Posteriormente actúa en el Palacio Ducal de Venecia. Desde entonces se dedica a viajar incasablemente y a recorrer la geografía española con sus recitales. Su evolución musical y poética ha venido marcando pautas vanguardistas entre el resto de los cantantes habiendo sido uno de los que más ha aportado poesía a la canción popular española, desligándose de las corrientes del rock, y sitiéndose más cercano a la música de fusión y al sentir de los ritmos africanos."


 

No maldigas, payo... · · · · · Ortodoxia · · · · · Mi corazón pecador

por David Lago


N O   M A L D I G A S,   P A Y O


No maldigas, paya...
(“La bien pagá”)

No maldigas, payo,
nublando con el fundamento de la rala ciencia
la alegre maravilla del milagro,
que, si milagros no hubiese...
ay, dime cómo explicas tú en mis días tu presencia;
que la vida en asépticos laboratorios no se cuece,
sino que en misteriosas ecuaciones se resuelve.

(Madrid, 2 de marzo del 2001)

 

 

O R T O D O X I A

Las manos, nunca por encima de la cabeza. Nunca. Jamás.
La cabeza es la cabellera del león y debe ondear como una bandera.
Por eso, las manos, siempre, por debajo de los ojos,
a la altura de sus propios hombros.
Así es como bailan los hombres.
Son manos de hombre, para alas está la mariposa.
Su planear, sereno, sin florituras ni aspavientos,
austero, con la suavidad de un monoplano jugando con la brisa.
No deben pretender hincar las nubes con un rizo,
no son el bucle de un paje: son sólo las manos del bailaor,
piel de hombre, sueño que se inflama como el bálano
cuando su nariz abre ventanas y puertas hasta tragarse todo el aire del baile.
Así es como son los cosas, y como siempre han sido.

(Madrid, 16 de agosto de 2001)


M I   C O R A Z Ó N   P E C A D O R

Perdoa meu coração pecador...
Paulinho da Viola

Perdona este corazón que a la carne paga su diezmo
y no sabe guardar el espacio de tu cuerpo ausente
a pesar de saber que nadie como tú
colma la certeza de un murmullo silente,
rumor que en mi vientre ruido abunda
y arrastra el pecado a una desilusión ya anticipada.
Nunca miro al cielo, no sé si es luna llena o ya vaciada,
pero la noche tiene dientes y labios que se despiertan
para alzar del quieto lago olas de mar, tormentas de agua.
En lobo mi otra mitad se rompe,
en alcoholes se macera, y soy de noches sin cielo,
más que la fiera, la presa fácil, pez obnubilado por la fosforescencia del anzuelo.
Perdona, perdona mi corazón que peca,
que ha pecado y seguramente seguirá pecando,
y maldiciendo Madrid y esa oscuridad que no cesa.

(Madrid, 14 de abril de 2002)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

© David Lago. Camagüey, Cuba, 1950. Cursó estudios de Literatura Hispanoamericana en la universidad de su ciudad natal. Desde 1982 reside en Madrid, España. Ha publicado en diversas revistas literarias de Estados Unidos como “El Gato Tuerto”, “Linden Line Magazine”, y ha sido antologado en Poesía cubana contemporánea, y Poetas cubanos en España. Ha publicado Lobos, La resaca del absurdo, y Los hilos del tapiz.


Desde la otra orilla de la memoria

por Esperanza Mas Llabrés

 

Ese dolor lento que nace
de lo lejano,
de antiguas heridas
que no han cicatrizado.

Calles vacías,
toque de queda,
duele el silencio,
la muerte acecha.

Despliega la noche
su inmenso manto,
teñido de pólvora,
recubierto de llanto.

Mientras los aliados del horror,
se esconden tras el alba,
alimentando el terror,
van empuñando su arma.

Cuerpos inertes,
almas perdidas,
la guadaña de la guerra
ha segado sus vidas.

Los carros de la desolación,
repletos salen del paredón,
vilmente arrojados a las fosas del olvido,
por “verdugos disfrazados de amigo”.

Desde la otra orilla de la memoria,
donde amargos gritos se quiebran,
añicos se hace la historia,
y la verdad, reclaman los que quedan.

 

Primer Premio de Poesía Casa de Andalucía
“Federico García Lorca”

 

 

 

 

 

 

 

© Esperanza Mas Llabrés.


Naufragio

por Miguel Mejía

 

Sé cómo es estar muerto entre las olas, este peso
perdido, este hundimiento sólo a medias
este silencio blanco, nada más, pero las olas
regresan con caricias encrespadas
con uñas insaciables: no ver nada, no decir
sino algas como lenguas como espumas
sino pequeños peces
que aún quieren agitarse entre mis huesos, no saber
no saber si me escuchas cuando llego
a trozos, tantos años
después a tus arenas arrugadas
y soy este naufragio mordido por el sol
de esta tarde y el mar
queda siempre tan lejos y no termina nunca

 

 

 

 

 

 

 

 

 

© Miguel Mejía


Mi primer cuarto de baño

por María José Mora

 


T O D O S   L O S   C U A R T O S   D E   B A Ñ O

Hay cuartos de baño azules
pintados a mano,
y con baldosines.
Construidos en hoteles self-service,
o con lengua materna.

Hay un mundo imaginario,
en cada uno de ellos,
hecho de sexo antiguo
lápiz de labios y
noches de insomnio.

Todos conducen al instante mismo del recuerdo,
al cepillo de nácar y
el primer albornoz de algodón.

Hay cuartos de baño grises
que dan miedo,
donde quedan supervivientes,
tras una guerra,
que no saben volver a su país.

Todos míos,
únicos, con sus ventanas interiores
como ciudades hospitalarias
como postales sin remitente.


P I E D R A,   P A P E L   Y   T I J E R A S

 

Mi pie en el water hace equilibrio,
como una bailarina de papel
sujeta las manos
sin doble pirueta.

Tuerzo el tobillo y
apunto con las tijeras
al pie derecho.
Ahí van una y dos,
tres, cuatro y cinco uñas cayendo.

En la sexta
pienso en aquel tío borde,
y en el cobarde, al séptimo.
A la octava en el mentiroso
y el perdonavidas
y el de los cuernos.

Y aún flotando
miran sin comprender,
antes de perderse por el desagüe,
que al mar llegan todos los ríos.

Tengo diez dedos
y diez uñas en cada pie.

 

E L   C E P I L L O   D E   D I E N T E S

 

Cinco cepillos de dientes anónimos
se tocan en un vaso de cristal.

Cinco cepillos de cinco bocas
que hablan y comen
de la alacena, a escondidas.
Casi sin respirar,
Casi sin desprenderse,
tocan las paredes del cuarto de baño

Sí, alguien más habita en esta casa,
alguien más copula en las habitaciones,
sin cama, edredón ni ropa interior.

Nada se resiste,
la cerradura, la tormenta o
la boca del tetrabrick,

Cinco anónimos,
cinco cuchillos,
en una casa de tres.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

© Mª José Mora, Maijo Mora (Huelva 1977) es periodista y fotógrafa. Tras sus primeros pasos en el colectivo onubense Madera Húmeda, ha colaborado en diversos espacios culturales madrileños Less is More, Espejo5 y La Fábrica de Lycors de Mallorca. Actualmente reside en las pitiusas donde trabaja en varios proyectos.
“Mi primer cuarto de baño” (Béjar, 2006) es su primera plaquette.


Poema

por Vicente Luis Mora

 

 

La historia terminó
y sólo es un despojo la memoria
pero me invade el resplandor a veces
y en ciegas noches puebla el escenario
vacío e inabarcable de mi cielo
imagen ya sin fondo proyector
como la luz sin luz de las estrellas
muertas
acecha la tiniebla en mis palabras
por eso permanecen los poetas
cuando guerras de amor han terminado
por eso no se acaban las canciones
se encargan de contar a los heridos
de declarar estado de emergencia
de llamar a los ángeles del miedo
a que calmen al mundo con sus alas
calla el poeta y queda la canción
como el miedo del ángel cuando acaba
en el sedal del alba diluido
de abanicar la noche con sus plumas
que tanto amor no sirva para nada
tan absolutamente para nada

 

 

 

 

 

 

 

 

 

© Vicente Luis Mora (Córdoba, 1970) ha publicado el libro de relatos Subterráneos (DVD, 2006, premio Andalucía Joven de Narrativa 2005), la novela Circular (Plurabelle, 2003), y los ensayos Singularidades. Ética y poética de la literatura española actual (Bartleby, 2006) y Pangea. Internet, blogs y comunicación en un mundo nuevo (Fundación José Manuel Lara, 2006). Asimismo, han visto la luz los poemarios Texto refundido de la ley del sueño (1999), Mester de cibervía (Pre-Textos, 2000), Nova (Pre-Textos, 2003), Autobiografía. Novela de terror (Universidad de Sevilla, 2003) y Construcción (Pre-Textos, 2005). Ejerce la crítica en marcha en su blog Diario de Lecturas (www.vicenteluismora.com), y es crítico de revistas como Quimera, Archipiélago, Clarín, Animal sospechoso, Puerto, Mercurio y Cuadernos del Sur.


Canción del Tajo · · · · Tienen sed los campos

por Manuel Moya

 

C A N C I Ó N   D E L   T A J O

Me quiero navegable como el Tajo
y que un hato de lucios o de tencas salten por mi vientre.
En invierno quiero dar calor a una comarca
y en verano arrancar el escalofrío de un niño.
Me quiero navegable y que los barcos crujan en mis huesos
y bailen las muchachas al compás de una orquesta,
que los viejos pesquen en mi orilla
y al arenero no falte su jornal, su vaso de alma.
Me quiero navegable y ser por un momento
reflejo de esos pájaros
que cruzan volando el continente,
nubes a quienes nada importa quedarse en el camino
o deshacerse como uva en el lagar del cielo.
Me quiero navegable y estar pasando a veces
y cantar a mi modo canciones muy sencillas y tristes.


T I E N E N   S E D   L O S   C A M P O S


Tienen sed los campos.
Ha llovido poco últimamente.
Pasaron las tormentas que no dejaron nada.
Sacaron a los ídolos y no vino la lluvia.
La lluvia viene cuando quiere. No tiene su sazón
hora fijada. Mucha o poca,
la lluvia jamás mide
cuanto otorga, ni prevé
dónde será bien recibida.
Llueve con simpleza, simplemente.
Se deja llover por puro gusto.
No castiga la lluvia, no condena.
Jamás la lluvia aplaude,
jamás se afirma en nada.
Es un don la lluvia, y no lo sabe.

 

 

 

 

 

 

 

 

© Manuel Moya nació en Fuenteheridos en noviembre de 1960, en un día de aguaceros. En Sevilla cursó estudios de filología que abandonó para echarse a los caminos. En la actualidad reside en su pueblo natal trabajando y persistiendo en la escritura. Poeta notoria y voluntariamente insular, casi eremítico, tiene publicados los libros, La Noche Extranjera, Las Horas Expropiadas, Las islas sumergidas, Salario, Pese al combate, Lección de sombras y Taller de máscaras, Jerruje, así como la colección de relatos Regreso al tigre y el catálogo lírico Los sitios del agua, en colaboración con el pintor J.Mª Franco. Frecuenta la creación, la traducción, la heteronimia, la crítica, el ensayo... y cuenta en su haber con notables premios literarios y participaciones en antologías no sólo nacionales. Libros suyos han sido traducidos en su integridad al francés y al portugués, si bien muestras menores de su obra conocen otras lenguas. Recientemente ha publicado la novela La mano en el fuego (Ed. Calima, 2006), un libro de relatos (rLa sombra del caimán, Ed. Onuba, 2006) y el poemario Interior con islas ( Ed. Pre-textos, 2006).


 

 

Catenaria · · · · Erosión

por Álvaro Muñoz Robledano

 

C A T E N A R I A


El turista ha caminado durante más de una hora por el pinar, sorprendido por la suavidad de la temperatura, por la facilidad con que arrastra la maleta por el sendero, por la limpieza del aire, por el silencio incrustado en la piel.

La playa que encuentra es tal y como la había deseado: el brillo turbio del aire salino y la arena, la corporeidad de la espuma, la fragilidad de los ojos y de las uñas sometidas al sol.

En ese mismo instante la excavadora recoge los últimos escombros del edificio que fue el hotel en que había reservado habitación. Queda una trama de varillas etálicas por todo presente, una señal de tráfico junto a un camino borrado.    

Paralela a la orilla está trazada la línea de algas muertas y despojos que indica el límite de la marea alta.

El turista descansa sentado en la arena.

Sabe que cuanto contempla es síntoma de una enfermedad.

Pero no la siente.


E R O S I Ó N


Worsely me dijo: “Jefe, tuve la rara sensación durante la travesía de que
había otra persona con nosotros”

(Sir Ernest Shackleton)

Algo les sucedió a cada una de las chicas: una tuvo un aborto; otra llegó a la menopausia. Ha engordado y le ha quedado en el rostro el rictus del asco y del calor.

Otra ha dejado de ser ella y no entiende por qué la miro como la miro cada vez que la encuentro en el autobús.

Hace cinco años me encontré con S., manejando títeres en la calle y pasando la gorra.

De Z. me contaron que ha llegado a catedrático en la universidad, pero ni eso le ha librado de la depresión.

Entonces, recuerdo, bebía té porque pensaba que hacerlo en un país tan pobre como éste era un gesto perfecto de crueldad.

Y luego todas aquellas ideas inglesas de las que no teníamos ni idea. Y los oemas hechos de contraseñas, las fotografías que evocaban tan sólo la aridez.

Más tarde aprendí lo de los despojos, aprendí lo que supone besar el hielo.

 

 

 

 

 

 

 

 

© Álvaro Muñoz Robledano. Nació en Madrid en 1965. Se licenció en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid. Ha publicado los libros: “Fotografías junto al pecio” (Málaga 1991), “Hoteles” (Madrid 1996), y “Cuartel de Invierno” (Madrid 2000), así como la edición virtual "Breve historia de la lucha de clases" (Ariadna-rc.com, 2003). Las revistas Ariadna-RC.com, Canente y Poeta de Cabra acogieron algunos poemas de sus libros. Acaba de recibir el III Premio Literario Café Mòn de Palma de Mallorca por el poemario "Salvoconductos",


 

Tercera enseñanza

por Isabel Pérez Montalbán



Materias que no enseñan en la escuela:
Tener mucha paciencia. Cuidar la duna móvil
y el barro ajardinado de los días.
Beber el llanto seco. Comer óxido y pan.
Conducirse en los tanques del domingo violento.
Desvestirse con prisa. Cerrar con fuerza el grifo
caliente del deseo. Contener toda náusea.
Leer a los suicidas, a los supervivientes
boreales del gulag, del holocausto.
Mirar lo que soñé en la distancia:
una casa en la playa hoy en ruinas,
guarida de las ratas y los yonkis.
No confundir molinos con gigantes.
Familia significa las voces de un pastor
que agrupa a su rebaño. Y también
perderse en lo nocturno por el monte,
pasar miedo, soltarse de la cuerda
colgada a un precipicio de abandono.

De memoria aprenderse y después olvidarse.


 

 

 

 

 

 

 

 

© Isabel Pérez Montalbán (Córdoba, 1964) ha publicado los siguientes poemarios: No es precisa la muerte, Puente levadizo, Fuegos japoneses en la bahía, Cartas de amor de un comunista Los muertos nómadas, De la nieve embrionaria, El frío proletario, Nocturnos de tinta y La autonomía térmica de los pingüinos. Poemas y textos suyos han sido recogidos en diversas antologías y publicaciones colectivas.


 

 

Manifiesto para un sueño democrático del agua

por Antonio Polo


Que las aguas circulen libremente
y Heráclito se bañe en un río distinto cada día.

Que los aljibes tengan un cráter en la Luna
para regar los parques solo a medianoche.

Que los arroyos descansen en el remanso de los meandros
y el Amazonas tenga la condición de una divinidad antigua.

Que se mantenga el idilio de los deltas
con las aguas fronterizas de las desembocaduras.

Que los neveros sean la pila bautismal de las cataratas
y bañarse desnudo sea tan solo un acto de contrición.

Que dejen desandar el camino a todos los salmones.

Que las lagunas nos hagan invulnerables a la altura del corazón,
y dejemos que Aquiles se arranque una flecha de fresno.



 

 

 

 

 

 

 

 

© Antonio Polo. San Fernando (Cádiz) 1957. Ha publicado distintos trabajos: “Quince líneas” Ed. Tusquets, « Lavapiés » Ed. Ópera Prima; “La vida en Hermenauta” Ed. Ariadna, colaborador en varias revistas literarias: ”Cuadernos del matemático”, “Luces y Sombras”, “Arena y Cal”, etc. Traducción del italiano “Odore dei racconti” y “Los chicos de Vico Capriata” de Paolo Barsanti, 2006. Ha sido finalista en varios premios literarios: C. Cuentos Canal Isabel II, Madrid. 2001, Premio Villa de Pasaia 2000, San Sebastián; I Concurso de Relatos de Viaje de la Revista Cartográfica, Premio Encuentro Entre Dos Mundos, Geneve (Francia) 2000, Premio de Narrativa Géminis 1999, Aspe (Alicante); Villa Constitución 1998, Argentina; Certamen de Narrativa Nitecuento 2002, Barcelona; Premio Internacional de Poesía de Pedraza 2002, Segovia; II Premio Tilo Wenner de Poesía 2003, Argentina; Premio Constantí de Relatos de Viajes 2004, Tarragona; Concurso de Microrrelatos de la Comarca de Matarranya 2005, Teruel; Premio. XXI Premio Internacional de Poesía El Yantar de Pedraza 2006, Segovia. Constantí de Relato 2006 Historias de la Historia.


 

Poemas

por Francisco Vaz

 

I. M

Cuando el árbol deshoje los otoños
acaso amanezca iluminada la respuesta:
no habrá respuesta solo preguntas
seguir caminando desnudo y ciego a la derrota
cargando enigmas como único equipaje
deshojará el espejo frente a ti sus páginas en blanco
y apresar, morder será imposible
como imposible es escribir lo nunca escrito
y sin embargo sabrás
tú sabrás que está ahí aunque ya no importe
se agrieta la pasión se desenreda
entre los dedos amarillos del reloj
las alas encogidas buscarán cobijo y no cielo
querremos permanecer, permanecer
como una lengua desértica de sed y de mensajes
mas primaveras desbordadas nacerán incontenibles
y rozarán la mejilla del árbol deshojado
ufanas mostrarán sus diarios no iniciados todavía
en ellos podrás leer el enigmático misterio de la vida
y ver el rostro del amor que junto a ti camina.

 

IV. M-1


Toda montaña aspira a ser La Cumbre
pero ninguna cima dejará huella en el rostro
del niño enmohecido y preso en tus adentros
desde arriba él observa los sencillos misterios del valle
oye la diáfana conversación entre corazón y arroyo
y comprende que no se trata de ganar sí preservar
la emoción absorta en cada nacimiento renovado
las hojas que renacen cada primavera la nueva luz
cada mañana decorando el mundo en nuestros ojos
un mundo que no cabe en nuestras manos
y sin embargo desea ser acariado por ellas
él sabe que es posible arraigar una semilla en el desierto
que nació del fuego y el lodo y la tormenta
hasta la brizna más ínfima de hierba lo recuerda
y se aferra al valle a la orilla del arroyo al corazón
se entristece se muere de pena el niño porque sabe
que al nacer ya lo ganó todo y no quiere el hombre
comprender que en su lucha solo hallará pérdidas
mientras el amor que la vida nos ofrece como un fruto
se pudre en el silencio invisible a nuestros ojos

 

IV. M-2


Anegados de riquezas los ojos deambulan
enloquecidos por un laberinto aun no escrito
pero cada paso que das a él te lleva ignorante
de la brisa sin ira el océano calmo el asombro
del misterio que dejaste olvidado a cada paso
el misterio asombrado de que no lo elijas
porque nació para ti solo para tus ojos perdidos
que lo buscan en La Cumbre helada del éxito
en mitad de la tormenta el huracán y no
en los labios del valle bebiendo del arroyo
se confunde se irrita el hombre cuando sabe
que el niño enmohecido en sus adentros
tiempo atrás fue él y le mostró el misterio
la semilla germinando en el desierto la luz
mostrando un nuevo día la mano y la caricia
por qué dejar de ser niño entonces desdeñar
el misterio al comprender el enigma de la vida
si ya sabemos que no somos historia no seremos
rastro o huella salvo el amor que impregna la mirada
de un niño maravillado en el fondo de tus ojos


 

 

 

 

 

 

 

 

 

© Francis Vaz


 

Poema para localizarme

por Raúl Rivero

 

 

 

Escríbeme una nota que me hable
del azar, de tu cara y de las venas
una nota de duelo, de regreso
desde las catedrales de las penas.

Que diga confusión y firmamento
indemne, encadenada y presunción.

Un manuscrito que esperado siempre
una escaleta de arrepentimiento
un dolor que me toque y que me asalte.
Un llanto relativo que me empañe
los ojos tristes y los espejuelos.

Una reseña del amor perdido
la crónica letal de esos que fuimos
Las palabras finales con el mapa
(la cruz de tinta que señala el sitio)
donde abriste la tumba en la que vivo.


 

 

 

 

 

 

 

 

© Raúl Rivero Castañeda. (Morón, Cuba. 1945). “Periodista de estirpe y autor de poemas cubanísimos” según Eliseo Alberto, “el primer popeta cubano” según Guillermo Cabrera Infante. Ha publicado numerosos libros de poesía y varios de reportajes. Trabajó durante años en los principales periódicos y revistas de la isla, así como en Prensa Latina (agencia oficial de noticias) y en la UNEAC (Universidad de Escritores y Artistas de Cuba) como asesor de Nicolás Guillén. En 1991 firmó la Carta de los 10, carta abierta al gobierno cubano pidiendo reformas y espacios para todos, por lo que fue condenado al ostracismo y se le prohibió viajar. El 4 de abril de 2003, en juicio sumario, fue condenado a 20 años de cárcel, que cumplió, en el penal de Ciego de Ávila en condiciones infrahumanas, hasta su excarcelación el 30 de noviembre de 2004. Desde primeros de abril de 2005 vive en España. Ha publicado “Sin pan y sin palabras” Ed. Península. Este poema lo escribió en la carcel, junto a otros que hoy conforman el libro “Vidas y Oficios” Poemas de la cárcel. Ed. Península 2006. “Casi todos en una celda de castigo donde solo podía caminar seis pasos”. Ese fue su hogar durante un año, entre la primavera del 2003 y el inviernillo cubano del 2004, cuando ya estaba seguro de que es era el lugar donde iba a buscar la muerte. Ariadna publicó varios poemas y artículos en el verano del 2003, junto al relato titulado “La cuartilla” que le dedicó su amigo y periodista cubano Rafael Alcides.



El poeta habla de su amada y la compara a su
propia sombra ··· Miguel en el castillo

por Jesús Urceloy

 

 

EL POETA HABLA DE SU AMADA Y LA COMPARA
A SU PROPIA SOMBRA

Para ella, que se vistió de bellísimo oscuro.

Hablan de ti, de mí, y algunas veces
nos lo cuentan después en voz muy baja
ignorando que somos, con ventaja,
protagonistas de esas idioteces...

Hablan de mis maneras: que pareces
como el astuto fuego ante la paja,
y dicen que me voy a dar de baja
sólo para observar cómo te creces.

Te sigo: me rechazas. Te rechazo:
me sigues. Y me abrazas. Y te abrazo.
Calma que anuncia siempre otro seísmo...

Bocas que un ángel nos repite atento:
Repúblicas del viento...
Noches sin Dios. Mañanas de egoísmo.

 

Jesús Urceloy / diciembre 06.

 

MIGUEL EN EL CASTILLO

 

En lo más alto del monte está el Castillo. Un edificio de órdenes tangenciales: alabastro y ónice. Y tres puertas de plata. Pudiera ser un oxímoron, pero Miguel está en lo alto de la escalera que conduce al corredor que rodea el Castillo que permite el acceso a todas las puertas de plata. Con la boca bien apoyada en la mano, con la sonrisa sagaz del coleccionista de máscaras.

Sabemos que ha observado cada una de ellas, que conoce –por lo tanto- el porqué de las tres ninfas que adornan vestidas cada uno de los gabletes y al tiempo se desnudan al alcance de la mano en cada una de las tres aldabas.

La luna asciende los pináculos del horizonte. Un viento nuevo amenaza hilarnos. Y entonces Miguel desaparece. Lo buscamos en derredor. Y no está. Ha cruzado una puerta. Y no estábamos mirando.

Perséfone, la ninfa de la locura, ha sido esculpida boca abajo, como lanzada desde un alto trampolín: quien su puerta atraviesa conoce los misterios del alacrán, la pintura pre-rafaelista, la mueca cuando Góngora descifró la Anábasis. La naturaleza de cada gota de sangre que anuncia las rodillas de una virgen orante.

Cleo, la de ojos turbios, se balancea arqueada en un trapecio. Nos invita a tocarla: nos mira, acalla nuestra elocuencia. Quien tras ella se pierde gana el don del blasfemo y cubre de nieve los arcos de los puentes: observará olas y bálsamos, olas y árboles muertos, y alfileres.

Y Deméter, la roja, parece caminar resuelta sobre un río de alfanjes. Descalza, subversiva. Quien su puerta cruza cree en jacintos y en rostros ondulados, conoce los sistemas de los números ene, sabe que en cada verso un callarse espera.

Desde aquí no sabemos por cual Miguel ha entrado. El recuerdo del humo de un cigarro, tal vez el envoltorio férreo del cava, la guirnalda en el ojo sobre un aroma azteca, le delatan.

 

Jesús Urceloy / Enero, 2005


 

 

 

 

 

 

 

 

© Jesús Urceloy. Madrid, 1964. Seudónimo de Jesús L. García Lorenzo. Escritor y poeta. Profesor de Poesía del Taller de Escritura de Madrid desde 1999, y del Taller de Escritura Creativa Dédalo desde 2003, también de Madrid, Fundador y Coordinador de la sección de Poesía de la revista en internet Ariadna-rc.com, Coordinador de los ciclos de Poesía del café Libertad-8, de Madrid, Coordinador de los ciclos de Poesía de la Universidad Alcaláa de Henares desde 2002 y miembro del Jurado del Premio Nacional de Poesía 2003 y del Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil 2004, ambos del Ministerio de Cultura. Libros publicados: Poesía: Poemas eróticos (Ayto. Galaroza, Huelva, 1996), Libro de los Salmos (Devenir, Madrid, 1997), La profesión de Judas (Sial, Madrid, 2000). Antologías: 100 sonetos (La Luna de Mérida, Mérida, 1998), Feroces (DVD, Barcelona, 1999), La voz y la escritura (Ateneo de Madrid, Madrid, 2001), Quinta del 63 (Celya, Salamanca, 2002), Entonces, ahora (Ayuntamiento de Rivas-Vaciamadrid, Madrid, 203), La paz y la palabra (Odisea Editorial, Madrid, 2003), Madrid, once de marzo (PreTextos, Valencia, 2004), 11M (LF Ediciones, Salamanca, 2004). Ediciones y estudios: La vuelta al mundo en 80 días, de Julio Verne (Anaya, Madrid, 2002), el círculo carmesí, de Edgar Wallace (Anaya, Madrid, 2002), Las minas del Rey Salomón de Henry R. Haggard (Anaya, Madrid, 2002), Todo Sherloc Holmes, Edición de Jesús Urceloy (Cátedra, Madrid, 2003, 2ª ed. 2004), El día en que nos dimos cuenta de todo, Prólogo de Jesús Urceloy. (Taller de Escritura de Madrid. Madrid, 2004). Traducido al portugués en Poesía Española anos 90. Edición de Manuel Magallanes (Relogio d’agua, Lisboa, 2000), 23 Poetas y un DNI (El Árbol-Espiral). Poemas sobre el curso 2003-2004 impartido por Jesús Urceloy. Béjar. 2004.


 

Algún día no estaremos
por Augusto Rodríguez

 

Somos la escritura rebelde que el agua no se lleva.
Las cuatro vides que conforman la página.
Los días encabritados. Algún verso encendido.
¿Sabes adónde vamos? ¿Me recuerdas?

Luis Armenta Malpica

I

Algun día no estaremos. Ellos vendrán a recoger las cáscaras, las frutas mordidas, el odio a la urbe, los espejos rotos de la ira. Las páginas en blanco donde se escribieron los mejores poemas a nadie. Mirarán subir y bajarse de autobuses a decenas de hombres que habrán perdidos sus manos de tanto acariciar los cuerpos (de los muertos). Nos mirarán en viejas fotos amarillas con los filos quemados, con la misma extrañeza con que nosotros miraros en la noche a un bicho que se eleva en el jardín. Sabrán muy poco de nosotros, mas que somos polvo en algun cementerio de la ciudad que nadie sabe donde queda, ni tiene idea donde está.

II

Ellos tratarán de rastrear nuestros pasos, descubrir las huellas digitales en tanto cuerpo amado y tratarán de descifrar cartas o manuscritos de nuestro vagabundo paso sin pena ni gloria por este mundo-hombres que se impusieron el milagro de ser felices pero que no pudieron ni siquiera llegar a sus orillas- y ahora sólo descansan varios metros bajo tierra. Hombres-calaveras, hombres-zoológicos, hombres-chimpancés, hombres-jaulas; seremos productos de investigación etnográfica y de publicidad en alguna percha al final de los supermercados.

III

¿Quién nos oirá? ¿Los oídos del viento, el mar de leche o un pájaro que se anida en una nube? ¿O los niños que no saben qué es la muerte pero que con sus lápices de colores, pintan a la muerte de sus escasas pesadillas?

 

IV

¿Qué dirá Dios después de tanto bullicio? ¿O Dios estará enterrado en otro cementerio que nadie sabe donde queda, ni tiene idea donde está?

V

Nuestro corazón frío latirá de vez en cuando, sólo por angustia o por capricho, nunca lo sabremos; pero lo cierto es que latirá con suma fuerza, tantas veces que lo oirán en todas las esquinas de la urbe.

VI

Qué pasará con nuestros ojos, a qué ciegos se los donarán. Qué harán con nuestros recuerdos. Qué harán con nuestras manos que encendieron inviernos y sirvieron como rutas para los caminos del amor turbulento. Qué pasará con nuestras rodillas que sólo supieron en este mundo suplicar a los dioses mejores días en este mundo. Qué harán con nuestra voz, acaso se las darán a los mudos para que aprendan a gritar enloquecidos, como sus miserables dueños.

VII

Tal vez seremos la escritura rebelde que el agua no se lleva. O tal vez estemos condenados para siempre a vivir comos locos de remate entre las cuatro paredes de este mundo.

VIII

Viviremos al fondo del precipicio de nuestras camas. Viviremos con camisas de fuerza y en coma, amarrados a los vidrios de las horas. Tan sólo galoparemos con nuestros deseos a lugares parecidos al purgatorio. Seremos ángeles decapitados, ángeles asesinos, ángeles rufianes que solo anhelan dialogar con nuestros muertos.

IX

Ellos buscarán en nuestras manos los últimos indicios o rastros de humanidad que nos quedan. Pero ya será tarde.

X

¿Dónde quedarán nuestros signos o nuestras pocas señas particulares?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

© Augusto Rodríguez (Guayaquil, Ecuador, 1979) Licenciado en Comunicación social. Es una de las voces más interesantes y apasionantes de la nueva poesía ecuatoriana. Ha publicado los poemarios Mientras ella mata mosquitos (2004), Animales salvajes (2005) y La bestia que me habita (2005). Sus textos aparecen en varias antologías locales y en países como España, Uruguay y Argentina. Ha obtenido el Premio Nacional de Poesía David Ledesma Vásquez (2005), el Premio Nacional Universitario de Poesía Efraín Jara Idrovo (2005) y Mención de Honor en el Concurso Nacional de Poesía César Dávila Andrade (2005). Es miembro fundador del grupo cultural guayaquileño Buseta de papel. Ha sido invitado a varios encuentros de literatura en el Ecuador y el extranjero. Parte de su obra poética está traducida al inglés, al catalán y al francés. Poemas suyos han salido en importantes periódicos y en revistas impresas o virtuales de Ecuador, México, Argentina, España, Canadá, Perú, EE. UU. Y Uruguay. Editor de la revista literaria El quirófano.


 

Poemas
por Teresa Esparza Oteo

 

1

Algún día sólo habrá sal para cenar
miraremos con ternura cómo se nos atragantan los sonidos
lavaremos lo vasos
pondremos las sillas arriba de la mesa
taparemos los hoyos con poemas vírgenes.
No quiero que dejes de ser sonido
acuéstate del lado izquierdo de la cama
espera –como yo lo hago- hasta quedar dormido
acomoda tu pelo desde otra mano
camina de este lado de la calle
mira con paciencia la luz de la ventana
cuando el insomnio compra tu noche.
Siente mí frío.

 

6

Mi casa es historias en los tendederos
libros escurriendo sensaciones
que intentan revivir las fotos enterradas.
Beto dice, “la vida no es buena ni mala
es sólo vida”, la misma para todos
terrenos baldíos repartidos equitativamente
cada cual hace con su parcela lo que pueda,
-la mía escondida en la ciudad más grande de todas las ciudades
donde la gente vive parchada-
la habito con mi familia.
Vivimos en espera de algo
a veces llega un poco, pero es tan poco
que no logro indentificarlo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

© Teresa Esparza Oteo nació el 28 de mayo de 1960 en la ciudad de México.
Ha publicado el libro de poemas Desde lo cotidiano (2006) y asimismo sus poemas aparecen en seis antologías de poetas mexicanos publicadas por diversas editoriales; Rumor de Fuego Latiendo en la Piel , Amates 19, Vientos del Pasado, Días de Sol, entre otras. Sus textos poéticos, además, han visto la luz en variadas revistas culturales. Durante cinco años formó parte del taller literario que imparte en México el poeta Félix Luis Viera. Los poemas de Teresa Esparza Oteo se distinguen por su lenguaje directo, árido en ocasiones, pero siempre portadores de una indudable fuerza dramática; mas, su dones principales, quizás, sean esa rara virtud de convertir lo aparentemente baladí en poesía de alto vuelo.


Lucía
por Javier Guerrero Rodríguez

Lucía tenía un despertar glorioso, sol y agua en la mirada lobezna, brillante y acuosa, como si fuera el colofón del llanto extinguido, dos estrellas verdes que yo encontré en la noche, el rostro natural, salvaje y bello de las mujeres tribales, y la cascada de cabello oscuro fluyendo por su espalda desnuda. Yo no paraba de mirarla, cuando se cepillaba el pelo, cuando viciaba el color y la tersura de su piel con cosméticos de bagatela, cuando lucía el tanga por el pasillo, cuando resoplaba el mechón dorado porque le incomodaba. Hasta que no recurría a los potingues le dedicaba una mirada de deleite que luego se tornaba al resentimiento y a la incomprensión. Era más bella al despertar, luego ella se encargaba de adquirir condición de princesa cheli del colorete, cuando adulteraba la belleza de su rostro de aborigen y se vestía con el último modelo de la venta ambulante. Pero en su despertar parecía existir un pasado de princesa árabe, de belleza divina, de hombres que tirarían por la borda su honor, su fidelidad, su vida, lo que fuera, por estar junto a ella. Lucía era una estrella al despertar que perdía brillo cuando visitaba el cuarto de baño, una fuente primorosa que derramaba ganas de entrega carnal, de vivir y ella mismo iba agotando, hasta la llegada la noche, cuando las pinturas de su cara representaban algo así como las lágrimas de un payaso resentido y alicaído por el fracaso de la función. Fue todo y hoy es nada. Cuando los nervios agradables que bailaban en mis tripas se convirtieron en angustiosas punzadas en la boca de estómago eran las nueve de la mañana de un día fresco que iniciaba el otoño.


 

 

 

 

© Javier Guerrero Rodríguez es de formación jurídica. Resultó finalista con el relato Lucía en el concurso Cuanto Cuento de la Fundación Acuman, y formó parte de un recopilatorio, y con su relato El Forastero en la Semana de cine fantástico, bizarro y terrorífico de La Monstrua, y formará parte de una antología que saldrá a finales de 2007.


El frigorífico
por Antonio Polo


"A tu lado", solo es el título de un viejo tango...

“A tu lado”, eso fue lo que dijo Isabel cuando se cruzaron la última vez en el portal. “Lo que quiero es vivir a tu lado” –le dijo ella cuando salía a toda prisa para tomar el último metro de la línea 1. “Luis, lo que quiero es vivir a tu lado. Que me bajes la Luna y nos perdamos juntos en la otra cara” –así, de un tirón se lo dijo.

Luis recordaba como una antigua premonición esa lluviosa noche de noviembre mientras cruzaba el Paseo de la Castellana. Al fondo sobresalía la torre octogonal del Hospital de la Paz disminuido ahora por los rascacielos que se construían a su alrededor. Imaginaba a Isabel en la décima planta de aquel edificio ajena por completo a la vorágine nocturna de Madrid. La Unidad de Neonatos en donde trabajaba era el orgullo de la dirección actual, y es que en los últimos meses el departamento competía con los más prestigiosos centros hospitalarios de Europa y Estados Unidos. Cada semana Isabel asistía al milagroso esfuerzo de mantener en el mundo a pequeños seres que se debatían en la frontera de la vida. “Cariño, hoy he traído uno de seiscientos gramos. La naturaleza es increíble” –leyó el mensaje en un post-it amarillo que había pegado en el frigorífico. Comoquiera que era la primera vez que le dejaba una nota escrita con aquel entusiasmo, abrió de inmediato la nevera pensando que dadas las fechas –un noviembre tardío– y las últimas lluvias, lo que la naturaleza podría haberle reportado de excepcional acaso fuera un níscalo de más de medio kilo. Isabel que conocía su debilidad por los boletus un día le dijo que los hongos eran los seres más antiguos de la Tierra, y que su capacidad de supervivencia era milagrosa,“como la de los niños” –solía decir entusiasmada. “En el cajón de abajo. Están al fondo. Los rovellons están al fondo” –dejó escrito al día siguiente junto a otro escueto mensaje: “¡Esa indolencia va a ser tu ruina!”

Luis volvía a casa muchas veces dando un rodeo para ver la imagen de aquella torre encendida. En ocasiones, se demoraba en algunos de los pubs que estaban abiertos en el Paseo de la Castellana. En uno de ellos, se reunía un grupo de ruteros que repartían la prensa entre los distintos puntos de la provincia. Luis tenía entonces la oportunidad de leer el periódico en un rincón iluminado al final de la barra. Sin embargo, la ventaja de conocer las noticias a esas horas era en realidad un hecho intrascendente, porque esa misma anticipación era devorada por la lentitud de las noches. Pocas veces tenían oportunidad de comentar juntos las incidencias del día anterior. Apenas había lugar para aquella magnanimidad de la naturaleza que sobrevolaba las incubadoras por las noches, un momento para intercambiar los quehaceres domésticos, y mucho menos para valorar las andanzas de aquel camarero metido a concejal de Marbella. Lo cierto es que cuando Isabel llegaba a casa, Luis salía camino a la oficina. Por eso a veces recordaba aquel primer encuentro con una desganada sonrisa.

Tan pronto como Luis encendió el ordenador recibió diez mensajes que tenían el mismo asunto, prioritario y perentorio como de costumbre. Su colega, un becario alemán que hacía prácticas en la filial de Madrid, lo miró con envidia: “Dos semanos fuera de la oficina. ¡Qué suerto!” –dijo marcando fuertemente las erres. Luis sabía lo que significaba una agenda de esa clase. A la locura de preparar el plan de márketing, le seguía un maratón de jornadas interminables con el departamento de contabilidad, las reuniones con los agentes de ventas, la revisión de contratos con los ditribuidores, las tormentosas sesiones con los abogados y su enrevesado lenguaje, los sandwichs a media tarde, la premura, los lexatines, la úlcera. No habían dado todavía las once y media de la mañana cuando cayó en la cuenta de que había estado jugando todo el tiempo con uno de los post-it del frigorífico. Durante la reunión de márketing, tuvo la sensación de que la secretaria de dirección no hacía más que fijarse en sus manos, inquietas y sudorosas. Fue entonces cuando se dio cuenta del puré amarillo que estaba cocinando. Con disimulo abrió la palma de la mano bajo la mesa y a duras penas pudo leer algunas de las palabras escritas. “...olvides... pasar por... ...seiscientos gramos. Cariño”. “...y por favor, no te olvides”. Levantó la cabeza a hurtadillas y comprobó que la secretaría –una arpía con indudables dotes criptográficas– sonreía, sabedora del berenjenal doméstico que se le avecinaba.
“...y por favor, no te olvides” –eso era lo más preocupante.

Cuando salió de la oficina estaba diluviando. En casa tuvo el tiempo justo para hacer el equipaje. Después enfiló la Avenida de la Ilustración con el propósito de pasar por el hospital para hablar con Isabel. Si se daba prisa –pensó– aún podría encontrarla a la salida. Circulaba despacio, pegado a la acera, convencido como estaba de que Madrid y Beirut eran dos ciudades hermanadas por el despropósito de la guerra o de las obras. “¿Qué pasaría si no pasase nada? Firmado: Ruíz Gallardón” –leyó en un cartel municipal ante la encrucijada totalmente colapsada. “¡Isabel! ¡Isabel!” –gritó cuando la vió entrar en la estación de Metro. “¿Qué pasaría si no te hubieras presentado a las elecciones?” –dijo mientras cogía el móvil para llamarla. “El terminal está desconectado o fuera de cobertura” –confirmó una voz metálica. “¡Faraón!” –gritó mientras cruzaba ante otro panel que pedía disculpas por las molestias. “¡Pocero!” –exclamó en una queja que le salió del alma.

Al llegar a casa, Isabel se encontró el dormitorio completamente revuelto. Luis había alquilado el salón para celebrar una conferencia de paz entre kurdos y armenios a juzgar por el olor a pipa de agua y al montón de cojines apilados en una esquina. Tras esquivar la cesta de la ropa para planchar que estaba en mitad del pasillo pudo acceder a la cocina, la única estancia que había sido preservada de aquel tornado matutino. Entonces lo vío. En la puerta del frigorífico había pegado un post-it amarillo que decía: “Me voy a La Coruña cuatro días. Se me han sublevado las corbatas en el armario y estoy seguro de que mis gafas han sido devoradas por los loros del cojín. Ya hablaremos de lo del niño”. Isabel entonces frunció el ceño y recordó que cuando le dijo que a su lado quería perderse en la Luna, no imaginaba cuán poderoso podría llegar a ser el deseo de estar visible, de abandonar aquel lenguaje de papel engominado que se estaba apoderando de sus vidas, y sobre todo ese deseo de ser madre que se iba apoderando de ella. Sacar adelante a su hijo gramo a gramo como hacía en el hospital, compartir, entregarse en cuerpo y alma sin la presencia mayestática de aquel frigorífico que se manifestaba como el oráculo de su existencia.

“Ya hablaremos de lo del niño”. Aquella frase se le clavó en un rincón del tercer espacio intercostal. “Ya hablaremos” –sencillamente. Isabel sabía que esa frase era toda una declaración de intenciones, sin duda, el abandono de la diligencia, el aplazamiento sine die, la dilación de la memoria. Cuando se conocieron, la Luna solo tenía una cara y siempre estaba llena. Luego vinieron los contratos en prácticas, el turno de noche, el curso de postgrado en el hospital, los vuelos semanales a Francfurt de Luis, las letras de un pisito a las afueras, las guardias, los días, las noches.

Finalmente las gafas no llegaron a ser devoradas por ninguno de los loros de aquellos horrorosos cojines, en realidad reposaban cuidadosamente sobre el último dominical de El País. Un artículo de Almudena Grandes sobre la incompatibilidad familiar de una madre soltera que trabajaba en Telemadrid la dejó petrificada en aquel salón desde el que, a veces, se veía lucir con plenitud la Luna llena. Entonces recordó los descansos de las guardias cuando contemplaba la vorágine de Madrid desde la décima planta del hospital. Por mucho que se esforzaba, no podía imaginar qué tipo de personas podrían pararse a mirar una torre encendida en mitad de la avenida o leían las noticias que serían, inexcusablemente, devoradas por la lentitud de las noches.

De regreso a Madrid, Luis fue directamente a casa. Aquel día iba a ser especial porque Isabel podía cambiar el turno de noche con otra compañera. Al llegar al rellano de la escalera no tuvo más remedio que dejar el maletín en el suelo y cambiar de mano la botella de vino que había comprado para la ocasión. Entró precipitadamente y se dirigió a la cocina. Mientras atendía los últimos mensajes de su contestador telefónico metió descuidadamente la botella en el frigorífico. “Tiene diez mensajes nuevos” –dijo la voz metálica que ya le era tan familiar. Sin dudarlo, apagó el móvil al oír la tercera llamada de la oficina. “Qué hay que no pueda esperar un día” –se dijo. En el salón encontró todo lo que necesitaba. Dispuso la mesa de manera que pudieran contemplar Madrid desde el mirador del salón. Colocó las copas, la cubertería de plata que apenas tuvieron ocasión de estrenar desde que se casaron, la luz indirecta que dejaba un tono anaranjado sobre el mantel de lino, las velas, la música. Miró el reloj por primera vez a las ocho y cuarto; dos horas más tarde todavía seguía de pie frente a la cristalera del salón. A esas alturas la ciudad comenzaba a devorar las torres a su alrededor. Una sombra cruzó entonces la calle. Si no fuera por la Luna apenas hubiera podido apreciar la mujer que cruzaba al otro lado. Un taxi se paró a recogerla. Isabel cerró la puerta y el coche arrancó dejando atrás una pequeña nube de humo blanco. Inquieto, se dirigió a la cocina con el objeto de llamarla por teléfono. No había empezado a marcar cuando apreció el post-it en una esquina del frigorífico. La nota decía: “Te olvidaste. El médico lo ha confirmado. Ya no tendremos que hablar de lo del niño. Te dejo” . Giró la nota y en el reverso, pudo leer entonces: “Los rovellons siguen estando al fondo. Lo más doloroso ha sido comprobar que“A tu lado”, solo es el título de un viejo tango”.


 

 

 

 

© Antonio Polo . San Fernando (Cádiz) 1957. Ha publicado distintos trabajos: “ Quince líneas ” Ed. Tusquets, « Lavapiés » Ed. Ópera Prima; “ La vida en Hermenauta ” Ed. Ariadna, colaborador en varias revistas literarias: ” Cuadernos del matemático ”, “ Luces y Sombras ”, “ Arena y Cal ”, etc. Traducción del italiano “ Odore dei racconti” y “Los chicos de Vico Capriata” de Paolo Barsanti, 2006. Ha sido finalista en varios premios literarios: C. Cuentos Canal Isabel II, Madrid. 2001, Premio Villa de Pasaia 2000, San Sebastián; I Concurso de Relatos de Viaje de la Revista Cartográfica, Premio Encuentro Entre Dos Mundos, Geneve (Francia) 2000, Premio de Narrativa Géminis 1999, Aspe (Alicante); Villa Constitución 1998, Argentina; Certamen de Narrativa Nitecuento 2002, Barcelona; Premio Internacional de Poesía de Pedraza 2002, Segovia; II Premio Tilo Wenner de Poesía 2003, Argentina; Premio Constantí de Relatos de Viajes 2004, Tarragona; Concurso de Microrrelatos de la Comarca de Matarranya 2005, Teruel; Premio. XXI Premio Internacional de Poesía El Yantar de Pedraza 2006, Segovia. Constantí de Relato 2006 Historias de la Historia.


 

De la paciencia y brevedad
por Marisa González

 

… en las cosas sencillas he guardado un vuelo de paloma,
el néctar del rocío
y el piélago del tiempo;

… de nuevo, por la greda,
—una vez más— he recogido piedrecillas y las he puesto allí,
junto a la vida, para saber que queda la paciencia aún,
el fiel conocimiento con que poder abrir los soles y las conchas;

… algo tendrá que ver la brevedad,
pues que dejamos testigos por la orilla,
aquí y allá destellos, rayas, brillos…

… qué difícil describir una imagen y estar dentro.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

© MARISA GONZÁLEZ Natural de Vecilla de la Polvorosa (Zamora). Abogado. Reside en Castro Urdiales (Cantabria). Fue cofundador del “Grupo Poesía 4” en el ámbito de la Asociación Artística Vizcaína en 1975. Su poesía comienza a aparecer en el libro “Veintitrés voces…”, CLA, Bilbao 1976, para continuar en las siguientes obras: Antología Club Internacional de Escritores, Madrid 1981; “Los siete rostros del amor” Madrid 1988; Antología Poética General, de Carlos Murciano y Carlos María Maínez, Madrid 1990; en 1995 Editorial SE-uba, Barcelona, publica “Yosel”, y en 1996, con “Del agua y del fuego” obtiene el Premio Nervión de Poesía convocado por la Sociedad El Sitio de Bilbao. Su obra se encuentra en las bibliotecas de diversas universidades y centros. Actualmente comparte poesía, relato y novela.


 

Las putas de la Merced
por Félix Luis Viera

 

Las putas de la Merced
serán tal vez las más tristes de la ciudad de México
Las he visto caminar al atardecer
como una canción que quiere derrumbarse en cada nota,
más pálidas que la leche
las putas de la Merced tienen los ojos
tras cuatro cuevas
y si alguien amase a la poesía
abjurará de ella cuando vea a las putas de la Merced:
no será posible amar a nada
al menos durante 72 horas
después de conocerlas,
en la Plaza
las putas de la Merced
parecen muchachitas que han abandonado las escuelas bajo el fragor de un
bombardeo,
son las putas más baratas de la gigantesca Ciudad,
por 20 pesos averiguan cualquier entraña
sacan cualquier zumo
por 40 se juegan el sida a la Ruleta Rusa
por 60 serían capaces de montar a un cadáver

En las pálidas tardes de la Merced
las putas pálidas en la palidez de la Ciudad empalidecida por la contaminación
parecen arbolitos que se desprenden de la tierra
o proyectiles rotos inmediatamente después del disparo

Si yo supiera rogar pediría un salón luminiscente para ellas
donde aprendiesen a tomar los cubiertos
a limpiarse los labios con las más delicadas servilletas según marcas
a leer de corrido
a escribirle cartas al Presidente de la República
reclamando un puesto en el Senado
o un papel protagónico en la próxima telenovela,
todas uniformadas de rosa en el gran salón luminiscente
donde tendrían hijos y lentejuelas y tarjetas de crédito
donde el agua del baño sería azul y las noches transcurrieran
en la inmediatez y el dulzor que precede al arribo a la clase media
Si yo supiera rogar

Las putas de la Merced siguen naciendo
ahora mismo están naciendo cuatro
y ahora mismo están naciendo 200 hombres
que habrán de penetrarlas por unas monedas sacadas a la calle o al prójimo
dentro de 14 años
Y nosotros aquí,
como si nada,
hablando y hablando
y hablando.

 

 

 

 

 

 

 

 

© Félix Luis Viera Poeta, cuentista y novelista, nació en Santa Clara, Cuba, el 19 de agosto de 1945. Ha publicado los poemarios: Una melodía sin ton ni son bajo la lluvia (Premio David de Poesía de la UNEAC*, 1976, Ediciones Unión, Cuba), Prefiero los que cantan (1988, Ediciones Unión, Cuba), Cada día muero 24 horas (1990, Editorial Letras Cubanas), Y me han dolido los cuchillos (1991, Editorial Capiro, Cuba) y Poemas de amor y de olvido (1994, Editorial Capiro, Cuba); los libros de cuento: Las llamas en el cielo (1983, Ediciones Unión, Cuba), En el nombre del hijo (Premio de la Crítica 1983. Editorial Letras Cubanas. Reedición 1986. ) y Precio del amor (1990, Editorial Letras Cubanas); las novelas Con tu vestido blanco (Premio Nacional de Novela de la UNEAC 1987 y Premio de la Crítica 1988. Ediciones Unión, Cuba), Serás comunista, pero te quiero (1995, Ediciones Unión, Cuba), Un ciervo herido (Editorial Plaza Mayor, Puerto Rico, 2003) y la noveleta Inglaterra Hernández (Ediciones Universidad Veracruzana, 1997. Reediciones 2003 y 2005). El Premio de la Crítica es el mayor reconocimiento que recibe un libro en Cuba. Su libro de cuentos Las llamas en el cielo es considerado un clásico de la literatura de su país. Varias de sus creaciones han sido traducidas a diversos idiomas y forman parte de diversas antologías publicadas en Cuba y en el extranjero. En su país natal recibió diversas distinciones por su labor a favor de la cultura. Fue director de la revista Signos, de proyección internacional y dedicada a las tradiciones de la cultura. Su más reciente novela, Un ciervo herido –que aborda el tema de las Umap, eufemísticamente llamadas Unidades Militares de Ayuda a la Producción y, en realidad, campos de trabajos forzados establecidos en Cuba en la década de 1960-, ha recibido un notable reconocimiento de la crítica y de los lectores y ha circulado en España, Puerto Rico, México y otros países; durante cinco meses estuvo entre los libros más vendidos en Miami y recientemente ha sido traducida al italiano por la editorial L´Ancora del Mediterráneo. En Italia ha sido objeto de un notable reconocimiento de la crítica especializada, así como de los lectores. Recientemente ha concluido su novela El corazón del rey, que refleja los primeros pasos de la instauración del socialismo en Cuba, en la década del 60, y actualmente trabaja en el poemario La patria es una naranja, inspirado en la añoranza de su tierra natal y en sus vivencias en México, donde radica desde 1995. En México, ha colaborado en diversos periódicos con artículos de crítica literaria y de contenido cultural en general, ha impartido talleres literarios y conferencias, y asimismo se ha desempeñado como asesor de variadas publicaciones periódicas.*Unión de Escritores y Artistas de Cuba. (Colaboración. La Nueva Cuba)


 

Poema a Plutón
por Ana Vidal


Era agosto cuando dejaron de ser nueve,
los niños perdieron el ritmo de la canción,
en los colegios, el vacío de la sílaba aguda
hizo que Plutón se desinflara,
aún más, pobre planeta enano.
Los griegos tenían un Zeus subterráneo,
y al planeta lunar los americanos lo malnombraron.
Hay en él, pese al desprecio, algo ilustre,
de dignidad antigua, secreta.
Queda ahora de repente deportado,
cese ya de ser cuerpo celeste del sistema solar,
Caronte, su satélite,
(como Sancho) lo acompaña,
y que nadie ose a caer, ahora,
en la laguna estigia.

 

 

 

 

 

 

 

© ANA VIDAL EGEA. Finalista premios jóvenes talentos de la editorial booket, grupo Planeta, 2006 ( Jurado: Juan Manuel de Prada, Lorenzo Silva, Ramón pernas, Santos Palazzi, Paz Gaspar y Carmen Garrijo). Finalista del concurso de relatos El Fungible 2005.El jurado del concurso formado por Jorge Eduardo Benavides y Luís Mateo DíeZ. Entrevista en el programa El séptimo vicio, en el apartado Metrópolis, en Radio Nacional de España, Radio 3, acerca del cine en Finlandia ( 12 de junio 2006) Premio regional de narrativa ( I.E.S AlfonsoX El Sabio.Murcia.2002). Ganadora del XV Certamen de Poesía “Blais de Infante” del Baix Llobregat. (Barcelona. Febrero del 2001). Participación en el recital poético en la gira Ardentísima como poeta local en Torre Pacheco. (Murcia.2002). Miembro de la asociación de artistas y escritores de España y del grupo de poetas jóvenes "“nocturno i" (año 2003.Madrid). Premio al mejor relato en el concurso Fernando Belmonte 2005. Primer premio de poesía 2005 del Colegio Mayor Isabel de España (Ciudad Universitaria 28040,Madrid). Finalista en la categoría de poesía de los premios Murciajoven 2005. Recital de poesía junto a Ana Gorría en el Museo de la Ciudad con motivo del día de los museos y los jóvenes (18 de mayo del 2006, Murcia)


Mi hogar está encendido
por Mario Gallo


Mi hogar está encendido.

Afuera hace frío y mi hogar, por suerte, está encendido.

A pesar de tener un calefactor a gas, moderno, al ladito; a pesar de tener la posibilidad de optimizar mejor el rendimiento del calor, prefiero reconfortarme -o jugar a que me reconforto- con unas cuantas maderas allá, en el fondo de ese agujero en la pared, que es mi hogar.

Hoy, en la carnicería del pueblo, comentaron que la helada sería terrible. Que el invierno sería terrible.

La luz del living está apagada.El fuego se mueve alocado.

El humo que aleatoriamente sale a presión de la punta de algún tronco dibuja extraños espectros.

Puedo pasarme horas mirando, como hechizado, el fuego agitarse en el fondo de ese agujero en la pared, que es mi hogar.

Me imagino el aroma de ese humo que se encarama por la chimenea y que se mezclará con el de otras casas: una confluencia de recuerdos, de esperanzas, de miradas, de angustias, de derrotas...

La noche es silencio. La noche, que agoniza una vez más desde tiempos inmemoriales, está en silencio. Los perros ya no ladran. El frío les ha hecho recordar quién manda, quién es el líder. La vida, afuera, está como expectante, aletargada.

Observo las maderas.

Por Terra Australis, durante el invierno, suelen verse hombres, mujeres y niños con bicicletas y carritos. En los carritos la leña forma pequeños atados. Cada tronco, cada pedazo de madera, les permitirá a esos pobres diablos, fantasmas que me acompañarán para siempre, cocinar el guiso, calentar agua o los protegerá a los ponchazos del brutal ensañamiento que les dispensan, año tras año, Natura y el chaperío hostil. En Terra Australis, los carritos arrastrados por destartaladas bicicletas cubiertas de óxido, que se mueven subrepticiamente en la noche como alimañas, buscan refugio de tanto en tanto en las banquinas para evitar que los autos, lujosos algunos, tan destartalados o más otros, los destripen como a bestias. En Terra Australis, las motosierras, con sus bramidos salvajes, aquí, allá, en todas partes, cortan, tronchan, laceran, mutilan feroces, indómitas, despiadadas, sin importarles los slogans, las sugerencias, el futuro o la consecuencia. Lo único que importa es el presente. No es para menos: el frío como el hambre no dan tiempo para las reflexiones filosóficas ni para los reiterativos discursos baratos y estúpidos.

Observo las maderas.

Días atrás compré un pedazo de quebracho de unos veinte kilos, y el dueño, mientras me cobraba cinco pesos, me pidió disculpas. Me dijo que le daba vergüenza ajena ese despropósito. Le dije que no se preocupara. Le dije que al menos nosotros, por ahora, lo podíamos pagar. ¿Qué quise decir con “nosotros”? Esa frase, eso último que dije esa vez tan inconsciente como imprudentemente, hoy la califico de inmoral.

Observo las maderas en el fondo de ese agujero en la pared, que es mi hogar.

Las maderas, que se queman a destiempo, tienen su historia. Es como si trataran de llamar mi atención. Yo puedo, con los ojos abiertos o cerrados, seguirles el rastro que es su historia, que es la mía.

Hay maderas de pallets desechados que corté junto a mi padre en los últimos asados que compartimos. Mi padre se tomó la molestia de desarmarlos uno por uno. Quitarles los clavos meticulosamente. Mi padre nunca escuchó mi pedido de que no hiciese ese trabajo, para su edad, faraónico. Con mi padre corté maderas de pallets desechados en los últimos asados que compartimos mientras me contaba historias de la familia y de ese barrio en el oeste.

Hay tronquitos de fresno... hay tronquitos de sauce eléctrico... hay tronquitos de ligustro y de tala que corté junto a mi hijo entre charlas eclécticas y reflexiones en el bosque de enfrente que ya no está, ese bosque oscuro y, por momentos, casi impenetrable, siempre dispuesto a hacerme imaginar historias de terror citadino o de locura misionera, Collins en mano. Yo tengo un Collins. Yo heredé el Collins de mi padre, que él heredó de su padre, mi abuelo.

También hay maderas de eucalipto en las que resumo la preocupación de mi familia por alivianar gastos innecesarios.

Hay tronquitos de ciruelo de las podas que hice junto a Patricia, y que, junto a los de fresno, ahumaron los quesos y jamoncitos caseros, sencillas las recetas, que como un juego preparábamos para los aniversarios.

La mente me convida un corto paseo hacia más atrás.

Cuando en el invierno de 1984 regresé con Patricia a la casa que existe aún en un lugar de la Argentina llamado Villa del Lago y que mi abuelo materno e inmigrante comparó, víctima de la angustia y la añoranza, con un pueblo de Italia, en la leñera encontré, después de lidiar con candados y trabas de seguridad, tronquitos de espinillo de veinte centímetros exactos apilados hasta el techo. Se notaba a simple vista que las polillas habían tenido su gran fiesta. Mi abuelo materno e inmigrante, el que comparó, víctima de la angustia y la añoranza, con un pueblo de Italia ese lugar de la Argentina llamado Villa del Lago, hacía siete años que estaba muerto. Sin embargo su leña, la que alimentó hasta su último momento y más allá la cocina económica con su apellido, según me contaron, fundido en la puerta del horno por gentileza del fabricante, ahí me estaba esperando, para sacarme del cuerpo eso llamado frío. Tuve la sensación mientras tocaba toda esa leña de que tocaba sus manos; tuve la íntima necesidad mientras quemaba esa leña, la escarcha acomodándose en las tejas, de un reencuentro. Esa noche me acosté tarde y el murmullo de la ruta 20 acompañó mi vigilia y luego veló mi sueño y mis posteriores pesadillas. Pero él no apareció.

Descubro con la misma tristeza y con la misma añoranza que se desprende de mi genealogía, y, a la vez, con cierta necesidad inexplicable, que no tengo un solo pedazo de esa leña que mi abuelo cortó, meticulosamente, en trozos de veinte centímetros.

De regreso, me levanto, voy a la biblioteca y tomo mi diccionario latino como por instinto y, tratando de buscar el origen, el momento inaugural en que fue pronunciada por primera vez, lo que los griegos llamaron etymon o lo cierto, voraz corro al encuentro de la palabra en cuestión: Frigidus: helado (por el frío de la muerte), moribundo, muerto; que hiela de espanto.

Termino por comprender que la devoción que siento por ese agujero en la pared, que es mi hogar, pasa más por lo romántico que por lo práctico, y que, por otra parte, es hora de acercarle algo a ese fuego que decae.

Padre, abuelo: termino por comprender que en Terra Australis me siento acorralado por la incertidumbre, por la hipocresía, por los eternos Judas Iscariotes, por la verdad disfrazada, por el doble discurso, por la sordera...; termino por comprender que en Terra Australis, de vez en cuando, me siento como esos pedazos de madera que están a punto de consumirse, inevitablemente.

 

Mario Gallo
del libro TERRA AUSTRALIS
editorial LA LUNA QUE


 

 

 

 

© Mario Gallo, Argentina (1958). Escritor, traductor y profesor de inglés. Colaborador en diferentes e-zines, diarios y programa radiales. Sus trabajos han aparecido en distintas partes del mundo y antologías. Libros publicados: En 2000, Revelaciones a orillas del Luján (Ed. de autor) -cuentos-. En 2003, Excursión (Dunken) -novela-. En 2004, Arrojando Sombras (Dunken) - cuentos-. En 2006, Terra Australis (La Luna Que) -cuentos-. Inéditos: C58, novela. Poemas Larvarios, poemas. Cuentos Condenados, cuentos. Su Sitio Oficial es www.mario-gallo.com.ar En 2006 fue incluido en www.lalupe.com “Círculo Internacional de Literatura Vanguardista”.


 


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