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EL LABERINTO A R I A D N A - R C . c om c r e a c i ó n l i t e r a r i a
[número treinta y cuatro edición invierno 2007] m a r z o
I P r e m i o L i t e r a r i o |
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Bilingüemente
Poemas pertenecientes al tríptico "Bilingüemente" publicado por Nostromo editores en junio de 2000 con el número 12 de la colección Recitador Argentino y en edición electrónica en septiembre de 2005. Reproducidos con permiso del autor |
© Rolando Revagliatti (Buenos Aires, 1945) Paula Salmoiraghi nacio en Buenos Aires 1969. Es traductora y profesora de lengua y literatura |
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Las alas del tiempo
La oportunidad de la contracción, Este sentimiento, pues, Esta reacción orgánica-sentimental
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© Jesús Malia nació, para más señas vive y aquí le tienen. Para los aún insatisfechos, decir que fue Barbate el lugar de su venida, un día 15 de Enero, el del año 1978. Reside en Madrid, intentado asimilar la agradable sorpresa de que parece hora de desahacer los agravios que se vienen haciendo a los peatones tradicionalmente(o tal vez sea a los comercios del centro a los que se quiere contentar). En cualquier caso, Jesús, que comenzó a practicar la poesía poco antes de principiar a estudiar Matemáticas, pasa por un momento de imperiosa necesidad de autoconocimiento, por eso no les puede contar más de sí mismo. Ya saben, a los 28 años aún queda todo por hacer y nada se sabe ni se tiene. Y el libro al que pertenecen estos poemas, “Trayectoria estéril del tiempo”, inédito, es una obra que intenta una profunda, animosa y esclarecedora reflexión acerca del tiempo. Ustedes verán y juzgarán. Hoy, Jesús Malia, cada segundo Domingo de mes, coordina Diversos, en Artépolis, espacio encuentro de poetas. |
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El Puente de los Mártires
1 Con el corazón tañido por relámpagos, Aun cuando el cuervo blanco sobrevuele tu sima Y tu muerte no será la del gorrión dormido
2 La fatal semilla brota en tu estrella. Tu memoria Cuando el árbol bendiga la hoja al viento, cuando Volverás de la muerte hacia la vida,
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© Ángel Padilla. Padilla es fundador y director de Toro de Hierro, www.utopiaverde.net/torodehierro, editorial animalista que ya ha convocado, con ayuda de las sociedades protectoras de animales españolas y otras entidades afines al movimiento (radios, grupos musicales, etc.), varios concursos literario animalistas internacionales, como el “I Concurso de Poesía Antitaurina” o el “II Concurso de Poesía Animalista”. Ha ganado varios premios literarios, entre ellos, el Primer Premio XVI Certamen Nacional Casc Antic 2004 de Prosa Castellana, el Primer Premio VIII Certamen de Poesía Leonardo Cercós In Memoriam, y es ganador (entre otros 6 premiados) del 1er Certamen de Poesía para Lecturas Poéticas “Poesía en Abastos” del Ayuntamiento de Valencia. Etc. Tiene publicados varios libros. Entre ellos, La guadaña entre las flores y Mundo al revés, ambas obras de carácter animalista que el autor amplía y mejora para su reedición. Mundo al revés será reeditada próximamente en la editorial Parnaso. Y La guadaña entre las flores, poemario antitaurino con el que Padilla lleva trabajando 6 años, a la manera de las Hojas de Hierba de Whitman, está editada en su primera edición y lo vende la Asociación Nacional para la Defensa de los Animales, pero Padilla actualmente lo está ampliando y mejorando para su edición definitiva. De La guadaña entre las flores dijo el crítico literario y novelista Manuel García Viñó, en el Negro sobre blanco de TVE 2 de mayo de 2002, que “es uno de los mejores libros que he leído en el 2002”. El puente de los mártires" pertenece al poemario antitaurino "La guadaña entre las flores", de Ángel Padilla, el poeta de los animales, que está siendo en la actualidad traducido al italiano por Valentina Di Nicola, excelente traductora de español. |
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Poemas de la plaqueta
CANCIÓN DE CEMENTO Miramos a los perros La felicidad, me dicen que existe La ciudad es un imán Mis ojos palidecen y se enredan a una Estoy con la cara roja
Y NO ES UNA FOTO ESTA CIUDAD Y no es una foto esta ciudad
REFLEJOS DE PIEDRA Aprendí que no todo era un juego.
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© Paolo Mario Astorga Requena (Lima-Perú, 1987) Sus primeros poemas recogidos en libro aparecieron en una antología llamada: Reflejos del Alma. Es Director y editor de la revista digital de creación literaria Remolinos. Ha publicado sus poemas en páginas literarias y revistas digitales como: Encontrarte, Margen Cero, Letralia, el Hablador, Serpoeta.com, Azul@rte, Almaegen.net , tu Breve espacio y Oxigen, así como en la edición impresa y digital número 55 de la revista española Voces, además de haber publicado también sus poemas y algunos artículos en el portal de Liceus. Es Creador y editor de la I Antología Digital de poesía La Voz Del Mundo. Antología digital de poesía la cual reúne a más de 24 poetas de todas partes del mundo. Últimamente ha publicado su primer poemario en formato electrónico llamado Anatomía de un vacío. Prepara eternamente la salida de su próximo libro Aves en la Piel. Página Personal: www.paoloastorga.pe.kz . Contacto: das_adler@hotmail.com |
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Así... / El río / Hambre
ASI... Nerviosas
EL RIO pestilencia negra del recodo del río
HAMBRE quejido balbuceo dolor
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© Aleida Anselma Rodríguez. "Es cubana de nacimiento y ciudadana americana. Trabaja como Profesora Asociada en la U. Howard desde hace 20 años. Tiene un título de educadora de Cuba, un Bachillerato de Ciencias de Brookling, New York, y la Maestria y el Ph.D. (de Literatura) de la Universidad de Maryland, College Park, donde se especializó en Literatura colonial. Ha publicado artículos académicos en ese campo y también un libro titulado: "Arqueologuia de Omagua y Dorado", Mediterranean Press, Rende, Italia: 1990. Escribe poesía, las que ha publicado en revistas de literatura y periódicos." |
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De amor tan solo
I El corazón maduro, ¿Qué me falta si me faltas? Me falta el espejo del mundo II Yo sé bien de las formas repetidas de una misma pena. III Cómo tus palabras quisieran dulces apaciguarme A mí que quise apenas condenarte IV ¿Por qué tú, por qué yo V Cuando llegas, ah, cuando llegas VI Y llaman olvido VII ¿me escuchas? Soy yo que como alambre De tanto preguntarme VIII Acude fulgurante a mis ojos, Para que yo desista de ti IX con varios besos muertos Un hálito, un halo, Una cancela para mi corazón cancelado.
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© Olga Guadalupe. Licenciada en Filología Hispánica por la Universidad Autónoma de Madrid (1986), escribe en la actualidad su tesis doctoral para la University of Pennsylvannia (Filadelfia, EEUU) sobre el género epistolar en el Siglo de Oro y es Profesora Asociada de Lengua y Comunicación en la Universidad Antonio de Nebrija de Madrid desde el año 2002. También es traductora free-lance (Inglés-Español).Toda su carrera académica previa se ha desarrollado en EEUU: University of Pennsylvannia (Filadelphia, Pennsylvania); Bucknell University (Pennsylvannia) y University of Wisconsin (Milwaukee, Wisconsin). Igualmente ha impartido la asignatura de Literatura y Cine en la New York University de Madrid (2002-2004). Sus publicaciones incluyen reseñas en la Hispanic Review y artículos en publicaciones universitarias de EEUU y España en el ámbito de la filología y la pedagogía de lenguas extranjeras. Antes de regresar a España, residió un año y medio en Haití, donde impartió clases en una universidad privada y colaboró como corresponsal extranjera con la agencia EFE (1999-2000).Su incursión en el terreno de la creación literaria es muy reciente: su primer libro de poemas, De amor tan solo, se inicia el verano pasado y se concluye en el otoño. Siete de los poemas de dicho poemario han sido recientemente finalistas en dos concursos poéticos y publicados en respectivas antologías :”De amor tan solo”. I Certamen de poesía erótica internacional Buho Rojo. Madrid: GrupoBuho, 2006. “De tan alta marea”. Antología poética. Desde mi ventana: Soledad y Vértigo. Madrid: Editorial Ábaco, 2006. Y varios poemas más de De amor tan solo saldrán en noviembre en Nueva poesía hispanoamericana (Perú: LordByron Ediciones, 2006). Así mismo hay edición digital reciente de otro poemario “Haití: El lenguaje y la flor”. Nebrija Digital Digital . (Revista Digital de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Antonio de Nebrija n° 014-Ene-Mar, 2006. Y de cuatro poemas de un nuevo libro en preparación en la revista digital Claustro poético (número 6, Otoño 2006)). |
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La segunda piel / El problema no es volverse viejo La segunda piel He mirado la noche y descubierto sus defectos. He mirado tus hazañas, la risa del condenado y la del hombre que nos envidia y el desprecio de la nostalgia. Estamos lejos. Muy lejos. Absolutamente lejos. Nada nos une, nada converge entre nosotros. Pero yo que soy un empírico reflexivo sueño, imagino, creo, sospecho, pienso y deseo que todo nos una He calculado la tarde para pedirte que cierres los ojos y darte la sorpresa. He disparado tres dardos a mis propias ilusiones, en mi lucha coja por obtener el reino que prodiga tu atención. Pero el río de la vida, ese río de garúas frías y músicas extrañas que pasa por hogar me ha dicho que debo esperar, El problema no es volverse viejo El problema es tener litros de recuerdos sobre los pies hambrientos y haber transitado por intuición como si fuéramos aves. Dolernos hasta los tuétanos con la presencia de cosas amadas que jamás fueron nuestras y no poder sumergirnos en el juego de las alegrías ajenas.
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© Marco Antonio Valencia. Magíster en Filología Hispánica. Especialista en Pedagogía de la Lectura y la Escritura, Licenciado en Literatura y Lengua Española, con Diplomado en Docencia Universitaria - Escritor – Periodista. 2º Puesto II Premio Iberoamericano de Poesía “Pablo Neruda 100 Años”, en Temuco Chile. 2004. Premio Nacional de Poesía Carlos Héctor Trejos, Riosucio Caldas, 2004. Premio Nacional “descanse en paz la guerra”, Poesía Sin Banderas, Casa Silva Bogotá, Mayo del 2003. Premio Nacional de Poesía Ciudad de Chiquinquirá. Año 2003. 2º Lugar VII Concurso Nacional de Poesía Universitaria “Euclides Jaramillo Arango”. Armenia 2001. Mención de Honor Especial. Primer Concurso de cuento y poesía Radio Universidad del Cauca, Popayán, 9 de junio de 2000. Premio Departamental de periodismo Francisco Lemos Arboleda. Modalidad Mejor Crónica de Radio. Gobernación del departamento del Cauca. Agosto 12 de 1994. Oscuro por Claritas, Novela. Editorial Trueque. Año 2002. Catorce crónicas de Marco A. Valencia Calle. (Monográfico) Revista Ojo al cuento. Edita Fundación Fundemos. Los versos de la iguana. Poesía. 3º edición año 2005. Colección literaria Estuario. La segunda piel, poesía. Edición de la Cámara del Comercio del Cauca, mayo del 2003. Poesía con Mirada de Mujer, (Selección y prólogo), Asociación de Institutores del Cauca, edición de 2.000 ejemplares, Popayán año 2002. NUEVAS VOCES DE FIN DE SIGLO. (Coautor) Poesía Colombiana. Selección y prólogo Juan Revelo Revelo. Epsilon Editores. 1999. EL RASTRO DE LAS IDEAS. (Editor) “Columnistas de El Liberal” Asociación Caucana de Escritores. Popayán. 2004. |
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Algunos aguaceros Algunos aguaceros son inútiles y otros Y allí llega el rumor del agua Y ya cuando cesa la lluvia, abres
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© Antonio Polo. San Fernando (Cádiz) 1957. Ha publicado distintos trabajos: “Quince líneas” Ed. Tusquets, « Lavapiés » Ed. Ópera Prima; “La vida en Hermenauta” Ed. Ariadna, colaborador en varias revistas literarias: ”Cuadernos del matemático”, “Luces y Sombras”, “Arena y Cal”, etc. Traducción del italiano “Odore dei racconti” y “Los chicos de Vico Capriata” de Paolo Barsanti, 2006. Ha sido finalista en varios premios literarios: C. Cuentos Canal Isabel II, Madrid. 2001, Premio Villa de Pasaia 2000, San Sebastián; I Concurso de Relatos de Viaje de la Revista Cartográfica, Premio Encuentro Entre Dos Mundos, Geneve (Francia) 2000, Premio de Narrativa Géminis 1999, Aspe (Alicante); Villa Constitución 1998, Argentina; Certamen de Narrativa Nitecuento 2002, Barcelona; Premio Internacional de Poesía de Pedraza 2002, Segovia; II Premio Tilo Wenner de Poesía 2003, Argentina; Premio Constantí de Relatos de Viajes 2004, Tarragona; Concurso de Microrrelatos de la Comarca de Matarranya 2005, Teruel; Premio. XXI Premio Internacional de Poesía El Yantar de Pedraza 2006, Segovia. Constantí de Relato 2006 Historias de la Historia. |
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A Idoia
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© Soledad Fernández Gomá (Cáceres, 1962). Realizadora de TV y Profesional de la comunicación, especializada en la Cultura Andaluza y el Flamenco. Entre sus muchas producciones televisivas, Sol ha sido Guionista y Realizadora del programa “EL ARRIATE”, especializado en la poesía flamenca y emitido por Canal Sur TV. Durante años se ha limitado a escribir coplas flamencas y a la creación de espectáculos como “A compás del tiempo” o “Camelando Ostebé” En 1991 publica sus propias coplas en la antología de Poesía Flamenca, “DE LA TIERRA AL AIRE”, presentado en el Pabellón de Sevilla de la EXPO’ 92. Dos años más tarde, publica “POR SOLEÁ”, que presenta durante la Bienal de Flamenco de Sevilla con un espectáculo poético-musical , estrenado también en Madrid con la colaboración del prestigioso cantaor flamenco José Menese. Además de su actividad en los Medios de Comunicación y el Espectáculo, ha participado en uno de los proyectos más importantes para el Flamenco como es la Recopilación y Estudio de las Coplas del Flamenco. |
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El desterrado El parque madrileño que frecuento
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© Julio San Francisco. Cuba, 1954. Poeta, cuentista y periodista cubano desterrado. Autor de “Acrobacia Roja” La Habana 1986; “Todo mi corazón y otros agravantes”, poemas escritos en La Habana y Madrid. Madrid 2002. “Nada y otros cuentos del absurdo” Madrid 2006. Reside en Madrid desde 1997 por luchar por la libertad de prensa en su país. “El desterrado” fue estudiado en La Sorbona en 2004 en una comisión de estudio de la poesía contemporánea a cargo de la catedrática Nuri Rodríguez Lázaro. Este poema será difundido por los periódicos digitales más importantes del exilio cubano. |
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Manifiesto para la aduana general de la República
Déjenme allá soñar que no me he ido Permitan el libre flujo del delirio No se dejen seducir por los papeles: Los fantasmas sinceros no usan joyas. El sufrimiento no sale en las pantallas Vuestros agentes especiales No ilegalicen la tristeza. No le impongan impuestos Las ruinas de la patria están seguras.
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© Raúl Rivero Castañeda. (Morón, Cuba. 1945). “Periodista de estirpe y autor de poemas cubanísimos” según Eliseo Alberto, “el primer popeta cubano” según Guillermo Cabrera Infante. Ha publicado numerosos libros de poesía y varios de reportajes. Trabajó durante años en los principales periódicos y revistas de la isla, así como en Prensa Latina (agencia oficial de noticias) y en la UNEAC (Universidad de Escritores y Artistas de Cuba) como asesor de Nicolás Guillén. En 1991 firmó la Carta de los 10, carta abierta al gobierno cubano pidiendo reformas y espacios para todos, por lo que fue condenado al ostracismo y se le prohibió viajar. El 4 de abril de 2003, en juicio sumario, fue condenado a 20 años de cárcel, que cumplió, en el penal de Ciego de Ávila en condiciones infrahumanas, hasta su excarcelación el 30 de noviembre de 2004. Desde primeros de abril de 2005 vive en España. Ha publicado “Sin pan y sin palabras” Ed. Península. Este poema lo escribió en la carcel, junto a otros que hoy conforman el libro “Vidas y Oficios” Poemas de la cárcel. Ed. Península 2006. “Casi todos en una celda de castigo donde solo podía caminar seis pasos”. Ese fue su hogar durante un año, entre la primavera del 2003 y el inviernillo cubano del 2004, cuando ya estaba seguro de que es era el lugar donde iba a buscar la muerte. Ariadna publicó varios poemas y artículos en el verano del 2003, junto al relato titulado “La cuartilla” que le dedicó su amigo y periodista cubano Rafael Alcides. |
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Poemas de “del agua y del fuego” (4 poemas)
ROSAS DE AGOSTO - … a mi casa de Vecilla de la Polvorosa; ... esto que estoy mirando es la casa de mi niñez; ... éramos muchos en los días hermanos de los días [... y qué cosas pasan; inexorablemente sobreviene la ruina ... ríos de vida me devuelven seres y años con que fui feliz
HABLAR DE AMOR ... para hablar de amor, ... para hablar de amor, ... oh, qué diré,
DESCUBRIR LAS COSAS ... amigos míos, si no tragáis carros y carretas, si no vivís
DISCURSO ÍNTIMO PARA MI PADRE ... tu cuerpo, padre, es una piedra en el campo aquél,
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© Marisa González. Abogado. Natural de Vecilla de la Polvorosa (Zamora) y actualmente residente en Castro Urdiales (Cantabria) España. Cofundador en 1977 del “Grupo 4 de Poesía” en el ámbito de la Asociación Artística Vizcaína, de extraordinaria importancia en Bilbao. Su poesía comienza a aparecer con el libro “Veintitrés voces para un poema” CLA Bilbao 1976, para continuar en: Antología Club Internacional de Escritores, Madrid 1981; “Los siete rostros del amor” Madrid 1988; Antología Poética General, de Carlos Murciano y Carlos María Maínez, Madrid 1990; en 1995, y en SE-uba Ediciones, es publicado su libro “Yosel”, y en 1996, con el libro “Del agua y del fuego” obtiene el Premio Nervión de Poesía, convocado por la Sociedad El Sitio de Bilbao. A los libros anteriores han de añadirse los siguientes: “Épica y lírica del dolor”, Fenicia (poemas de amor), “Libro de Ahab” y “Versos de las imperfecciones”. En la actualidad comparte poesía, relato y novela. Su obra poética fundamental puede ser examinada tanto a través de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes como de su Blog personal: http://www.oriondepanthoseas.com |
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Dolor inmemorial
Despierto a media noche con el dolor inmemorial desgarrando mis entrañas. Mi boca seca pide de nuevo la frescura de la lluvia lejana, mis ojos marchitos, buscan con frenesí una señal, de que el alba se acerca a mis ventanas, pero no puedo moverme, la pesadilla continua tenaz... ¿Hasta cuando? Ya suena de nuevo el despertador, oigo el ruido de su cuerpo deslizándose de las sabanas grises, sus pasos tambaleantes. Viene hacia mí, se acerca, siento como prende la luz de mi cuarto frío; Su aliento llega a mi nariz con el olor tibio de madrugada y de cariño; Sí cariño. Él dice que siente cariño, pero yo siento solo dolor, mis manos se contraen en un espasmo que él interpreta como de agradecimiento, ¿agradecimiento?, ¡Por que¡, si sus manos laceran mis caderas heridas, y sus ojos recorren mi desnudez vegetal, no quiero ya vivir, no quiero ya sentir las miradas de pena de la gente, ¡quiero morir¡, ¡necesito morir!. Amanece al fin, estoy volteada sobre el costado, puedo ver a mi madre mirando por la ventana, pobre madre, ella quisiera morir antes que yo, si la vida fuera natural así seria, pero ella desgarra sus plegarias invocando a su dios y clamando sobre él porque tiene que irse antes su progenie. Pobre madre pero esta afuera y Él, no la dejara entrar. Ni siquiera podré sentir su arrugada mano en la frente y el suave contacto de sus lágrimas en mi mejilla, ¡pobre madre mía! Recuerdo ese día en que me adormecía en la sala de operaciones, clamando en mi mente por mis hijos y por mi casa lejana, la luz me llenaba los sentidos y yo caía, me resbalaba casi en el abismo irreal de la tierra fértil. Y no desperté, no para los demás, no para mi madre, ni para nadie, solo para Él, que decía estar a mi lado noche a noche velando por lo que quedaba de mí, en un eterno velorio sin velas y sin flores, solo dolor inmenso dolor. Claro que no lo hacia por maldad, en realidad yo necesitaba de sus cuidados, de su “Cariño”, lo necesitaba si quería seguir viviendo, pero ¡quiero morir!, Y no puedo decirlo, no puede entender mis gemidos no expresados de liberación de este cuerpo que se descompone lentamente desde mi interior, solo queda la sombra de mi vitalidad, que Él se empeña en resguardar, casi puedo sentir como mis heridas supuran mi alma, pero ¡maldita sea! Él lo impide todos los días y yo sigo con este dolor inmemorial. Hoy vino un ángel, quise que se quedara eternamente a mi lado, pero Él, lo despidió después de que me el ángel pusiera su mano en mi frente y dijera que quería llevarme consigo, aun horas después podía sentir el calor de su piel, recordar sus ojos luminosos y la blancura de su bata diáfana, no comprendo que paso con sus alas, aunque creo que las dejo fuera antes de entrar, pues en este reducto donde solo esta mi cama y la aparatos que me torturan, no entra nada mas, eso explica el por que el ángel no tuviera alas y que además llevara un maletín pequeño, seguramente donde lleva los encargos de Dios… No siento ya las piernas, no siento ya calor o frío, solo la necesidad de rascarme con fruición allí donde todos se rascan alguna vez, pero no puedo decirle a nadie que me frote, solo la providencia de una mota de polvo que tal vez se pose en mi frente y alivie en algo este dolor inmemorial que me consume. Esta noche escapare por fin, me negare a complacer a los demonios que sujetan mi espíritu al lastre postrado en mi cama, sé que Él no despertara, y yo podré escapar un segundo, tal vez escapare para siempre, tal vez... Su respiración suena acompasada en la habitación de lado; Me curo, me acomodo y se fue a dormir, no se dio cuenta que la aguja de mi brazo estaba filtrando lentamente gota a gota el icor de mi vida, lo siento por que Él me ama pero yo amo mas el descanso del mármol lejano; Sí mañana será un nuevo día para mí. Él, me encontró fría y rígida a las 5 de la mañana, su dolor fue patético pero comprensible, dolor pasajero, dolor que yo, ya deje de sentir. Ahora ya puedo completar el ciclo de imago, y me alejo volando, sin voltear. Mientras mi capullo inerte queda, empapado de lágrimas y penas.
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© Antonio Casas (1972) Arequipa (Perú). Ingeniero informático. Publicaciones en diversas revistas de investigación relacionadas con los fenómenos paranormales y ciencia ficción: Cuentos publicados en revista “Fantástica”; Arequipa, Perú 1999-2000. Relatos en la Web de Literatura “Tumba Abierta” 2002-2003. Participación en diversos concursos de cuento: Mención Honrosa en el concurso “De Letras” 2001 Lima –Perú. Dolor inmemorial fue redactado en una noche de septiembre de 2002 recordando un suceso que viví con mi madre. Aficionado al scrabble, escritura y lectura, especialmente al universo de Asimov y Tolkien. Preferencias literarias: Stephen King, Lovecraft, Poe y Ray Bradbury y los títulos El color surgido del espacio, La bestia en la cueva y La llamada de Cthulhu, de Lovecraft, y Fahrenheit 451, de Bradbury |
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Escenas dormidas
I El suicidio es consecuencia del mal de altura, porque en los estados exultantes falla el proceso de asimilar con sentido común. Se acentúan entonces los síntomas delirantes de nuestra conciencia. En el punto en que el viento renuncia a soplar a favor sospechamos que nos han robado algo muy propio y nos embarga la sensación de desamparo, de engaño, deslizándonos por un pronunciado tobogán hasta hurgar el fondo de los abismos. Y ahí resolvemos matarnos por el deseo de un mejor vivir. Pero el suicidio, no lo olvido, se gestó en el vértigo de arriba, en la rabieta de quien espera más de lo precario, de quien no encontró sentido al papel de segundón en el que se sirve y no se es servido. Solemos ser rentables en lo que menos se sospecha.
II Soy ese animal taciturno de uñas y pelo largo, discreto animal doméstico con la risa gravemente tristona. Me visto con aires de profeta rumiando historia. Soy – ¡dios nos libre! –un melancólico. Lugareño en dos idiomas, comparto lo anecdótico con cantones empinados, con piedras incoloras de agua, con tabiques de madera de haya. Fui engendrado por un sueño de fulares cárdenos, zapatillas y vaqueros. Escalo peldaños de dos en dos por troncos mancillados, por tiendas de libro viejo, por torres sin iglesia y nidos sin cigüeña. ¿Se puede ser otra cosa que melancólico en este silencio invernal? Hora de queda cinco de la tarde. Sin toros ni poetas muertos.
III El fregadero brilla con la aceitunada caricia del lavavajillas exterminador, vanguardista espectro. Una cuna se traga del niño sus berridos y la madre neurótica perdida se desespera contra un muro de impotencia. No comprende a quien no habla. Enciende la tele por tapar el ruido con ruido. Llaman a la puerta. Se presenta un gestor nacional cuando algo se pudre, y el fétido olor atasca las cañerías. El niño con las quijadas rotas, enmudece. La madre quiere huir del naufragio a bordo de una balsa de valium. El gestor es una voz que ruge, lo que corresponde a la tragedia del instante. La gotera insiste torpedeando el fregadero como los granos rasposos de un reloj de arena. Es el ordinario infortunio en verde.
IV Aquella tarde le había hecho o deshecho el amor poniendo mi alma en ello. El cuerpo con su apoyo logístico cubrió los flancos estéticos. Quiero demostrarme que el espíritu no se asusta del sudor y del deseo; mas bien los emplea como ganchos persuasivos. Ella, sin el aliciente de lo novedoso, comprobando cómo me detenía en los puntos habituales, agradeció mi entusiasmo y dedicación. En mí ya es mucho, acostumbrado como estoy a disponer del sexo en su vertiente arrojadiza, o como moneda de cambio para el cobro o pago de favores demorados. Andaba en estas disquisiciones intercostales con los brazos en jarra sobre la barra de un bar gay, tomándome un combinado de colores, y de vez en cuando echando un vistazo para sondear el nivel de interés que provocaba entre los parroquianos, cuando me sorprendió con un húmedo ¡Qué tal! Esa mujer surgió de la nada que se crea en el barullo de música máquina y de rostros anónimos que desfilan sin descanso. Mujer de cabello trenzado, dedos largos, boca alargada, mirada turbadora en las distancias cortas. Me mordisqueó el lóbulo de la oreja. Antes estuvimos hablando pero no me acuerdo cuánto ni de qué. Algunas confidencias para mí intrascendentes la empadronaron en Málaga, hacia donde se dirigía sin prisas. ¿Ya he mencionado que me mordisqueó el lóbulo de la oreja? —Sakira O’donai– susurró al tomarme la mano y arrastrarme a la calle. —Te llamas Sajira Onai. Pues qué bien –dije a punto de ponderar la firmeza de sus nalgas. Con tez morena y costra apostillada, su voz como el viento de un día lluvioso, estuvo en un tris de consumar el engaño. De pronto, al pasar por delante de la estación del tren, se deshizo de mí, corrió hacia las vías, corrí tras ella, y al cruzar la puerta del vestíbulo se había esfumado en un fatal destino de andenes. Fantasma con apariencia humana. Me sentí sobrecogido con mi necedad. Arrastrado por una belleza esquiva con fecha caduca. Había sido infiel de pensamiento y palabra. y si no fue de hecho, a la rareza femenina se lo debo. Decaído y cabizbajo me encaminaba a casa donde sin merecerlo alguien me aguardaba. Tropecé. Casi me caigo. Casi la tiro: Un bulto negro de luto anacrónico con copete blanco en lo alto se interpuso —¡Disculpe, iba distraído! Me excusé ante la anciana que aún aturdida se inspeccionaba el vestido de mortaja con sus acuosos y esquilmados ojos. —Los jóvenes no sabéis dónde tenéis la cabeza—. No repliqué a su comentario aunque mis cuarenta y cinco años no me permitían considerarme joven y el plural era una guerra declarada contra el mundo. La anciana perdía la vertical con una pronunciada inclinación hacia delante, apoyándose en el bastón que colocaba a medio metro de sus diminutos pies. Seguí camino pensando que hay espíritus que no se retiran a tiempo en vistas de una próxima reencarnación. Pero me temo que la labor de éste en particular era el ponerme en antecedentes: —El espejo de tu casa cualquier mañana, antes de lo que imaginas, reflejará una imagen decrépita.—Al fin con oscuridad de Luna, cansado ya de un destino de barraca que da más vueltas que un ventilador sureño, entré en el hogar que merece ese título gracias a la mujer que lo habita y me ama. La llamo por el nombre, que no transcribo aquí por respeto a su persona, librándola así de aparecer en mis escritos. Entre mimos solicito encarecidamente un favor póstumo: —Si en verdad, como dicen, morir es borrarse de la memoria de quienes te conocieron, te pido que una vez hayan puesto tierra de por medio entre el cielo y yo, me olvides pronto.
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© Luis Amézaga. Nacido en el año 1965 en la ciudad de Vitoria. Aquí vivo actualmente. Fui visitador habitual en distintas facultades universitarias con el premio de un título de Magisterio. He trabajado en diversas faenas de pico, pala, y pluma. Me considero un escritor con vocación y lector profesional. Cuento con varias participaciones en antologías poéticas de editoriales españolas y latinoamericanas. He participado en la antología de relatos “Narrativa contemporánea española”. Y en “60 Autores, 60 relatos” de la editorial Beta. También colaboro con revistas literarias en papel como “Nitecuento” (Barcelona), “Resonancias” (Suiza) “La Nuez (México)”, “Los Papeles de la Manscupia (México) “La Bolsa de Pipas” (Palma de Mallorca), “Cuadernos de Poesía TELIRA”, ZURE ARTE de Bilbao. Colaboré en el último número de la publicación “Luces y Sombras” de la Fundación María del Villar Berruezo. Así mismo impulso con diferentes colaboraciones el proyecto de la nueva revista “EL GENERADOR”. Colaboro en el ambicioso proyecto de poesía y arte de “Amilamia” (Vitoria). Desde hace años cuelgo trabajos en distintas revistas y periódicos virtuales como LUKE, y dirijo la revista “El Verso que Viene. SigloXXI”. Así como la publicación del blog literario EL POETA MIRÓN: http://poetamiron.bitacoras.com He recibido un accésit en el premio de poesía Mizares. He publicado diversos artículos en periódicos locales y mi último poemario publicado en solitario fue “EL CAOS DE LA IMPRESIÓN” en la editorial madrileña SINMAR del grupo Vitruvio. Y estoy en vías de publicar con la editorial BAILE DEL SOL, la obra “A PESAR DE TODO”. |
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Como te quise mi vida blanca
Entre la vida y yo hay un cristal tenue. Por más claramente que vea y comprenda la vida, no puedo tocarla. En un momento comenzó a llover. Las cajas amontonadas en el jardín comenzaban a mojarse, y tuvo que correr para salvarlas de las crueles gotas que intentaban arruinar las pocas cosas que se llevaba. Volvió a subir y, en la escalera, paró para darme un beso en la frente. Mi madre estaba sentada en su cama, con una cara tiesa e incorruptible. Mi padre tenía los ojos llenos de lágrimas cuando entró al cuarto que estaba por dejar de ser suyo, y comenzó a guardar en una caja la mitad de todo...la peor mitad de todo: los portarretratos más viejos, los adornos que estaban arreglados luego de algún que otro accidente, los cuadros más feos, los libros que no le gustaban. Le estaba dejando todo. Le dejó la colección de figurillas de porcelana. Al pasar los años habían logrado una considerable colección de figurillas enteramente blancas. No habían sido fáciles de encontrar, pero él las halló para ella. Y se las dejó todas. La pieza quedaba también blanca, con menos portarretratos, menos cuadros, menos libros y más espacio. La casa quedaba más blanca, se le estaba yendo el color, se iría para siempre. Llevó otra caja más hasta la puerta de entrada, ya no quedaba mucho por guardar. Volvió a subir, y cuando llegó a su pieza, se dio cuenta de que ya no quedaba nada suyo. Apenas algunos rastros en las paredes de la casa que no podrían ser borrados tan fácilmente, las marquitas en lápiz con mi altura, una que otra mancha por apoyar el sillón contra la pared. Miró a su alrededor por última vez y salió del cuarto. Entró al baño, agarró su cepillo de dientes y bajó las escaleras. Yo estaba parada en la puerta. Me abrazó con todas sus fuerzas y le dijo que la quería. Cargó todo en el auto, miró hacia atrás y vió su casa, su blanca casa, su blanca hija, su blanca esposa, miró por última vez su blanca vida, antes que esta se volviera gris.
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© Irina Mindlis. Periodista y escritora, nacida en Buenos Aires en 1983. Vive en Londres, desde donde colabora como corresponsal en diversos medios latinoamericanos, entre ellos Etcétera (México), Hipopógrafo (Chile) y Cuantoyporquetanto (internacional). http://notadecolor.blogspot.com (Página personal) |
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Los chicos de Vico Capriata
Me llamo Felice Calleri, nací en Génova en Vico Capriata el día once de Septiembre de 1729. Soy muy anciano, quizás por este motivo, mi Obispo me ha ordenado escribir cuanto recuerde de la Revuelta del 46 y de los años que la precedieron. Vivía en una callejuela empinada que descendía hacia el mar en medio del griterío de la chiquillería. Anticipándose a muchas otras ciudades, quizás obligada por su posición geográfica, la Superba, ya entonces había desarrollado la técnica de construir sus palacios en altura. De esta manera los carruggi, en lengua genovesa, -estrechos callejones sin salida que cortaban la ciudad siguiendo improbables itinerarios- eran como profundos surcos, a veces oscuros y tristes durante las lluviosas jornadas invernales, a veces sofocantes como estómagos mal olientes en los tórridos veranos. Vico Capriata, a pesar del discreto nivel social de sus habitantes, no era un mal lugar para crecer. Para nosotros aquel callejón era la casa, la escuela y toda nuestra vida. Yo estaba particularmente ligado a un grupo de niños. Entre ellos Giovanni Battista, llamado “Balilla”, un tipo delgado y nervioso con pocas ganas de aprender, prepotente, impulsivo pero increíblemente valeroso. Luca, taciturno y esquivo y, sin embargo, un verdadero compañero, silencioso y fiel. Giovanni un muchacho grande y orondo, siempre hambriento y predispuesto a cualquier broma y travesura. Giacomo, el más pequeño del grupo, era extrovertido, alegre, sensible a las injusticias pero a la vez prudente y reflexivo. Era el único que hacía razonar a “Balilla” que quería ser nuestro jefe. Por eso a Giacomo lo considerábamos “el pensador”. Después había una niña, de nombre María, a menudo sucia y malparada como el más puerco de los chicos y que tenía un carácter fuerte y prepotente. Siempre estuve enamorado de María y buscaba a menudo el modo de protegerla de todo y de todos, pero en realidad era ella la que venía en mi defensa. Mi carácter timorato y no violento contrastaba, sin embargo, con una lengua demasiado larga y afilada. Ninguno de nosotros iba a la escuela aunque de nuestra educación se preocupaba el párroco Francesco Maria Accinelli. Don Franco, así lo llamábamos en el callejón, había dedicado toda la vida a los niños y al estudio de la historia de Génova. Gracias a él todos sabíamos leer, escribir y contar. Giovanni era su preferido. El padre había descubierto que tenía un don para la música. El sacerdote se había empeñado, poniendo dinero de su propio bolsillo, para que nuestro compañero pudiera ir a estudiar música. La peste de 1745 fue peor que la guerra. Casi todos en Génova cayeron enfermos y una decena de miles llegaron a morir. Nosotros éramos supervivientes que habíamos llevado sobre los hombros los ataúdes de demasiados amigos. En medio de todos aquellos cadáveres habíamos perdido para siempre la inocencia y la ilusión de ser inmortales. María, el machote descarado y despechado, se volvía una bellísima muchacha y sus ojos azules resaltaban los largos cabellos negros perfumados de lavanda. Era ella el espíritu del grupo, siempre dispuesta a ayudar a otros e intolerante a los abusos. Nos besamos la primera vez en una fresca mañana de primavera. El cielo estaba sereno y las golondrinas volaban veloces. Una suave tramontana arrastraba nuestros corazones y henchidos por el primer amor, percibíamos todos los aromas de Génova. Bajo mis labios, los suyos se abrían dulcemente y nosotros ingenuos e inexpertos, quedábamos largo tiempo con las lenguas inmóviles. Manteníamos nuestras bocas unidas mientras el perfume a azahar de un pitósporo entraba por mi nariz y nos atravesaba el aliento, entonces la primavera se encendía cuando pasaba por delante de sus bellísimos ojos. Ella ha sido la única mujer que he amado. El invierno de 1746 fue terrible. Nevó seis veces sobre el mar dentro del puerto. El frío barrió buena parte de los ancianos y de los débiles que habían sobrevivido a la peste. Yo trabajaba en la tintorería de mi padre junto con Balilla, Luca y Giacomo. Los sábados por la noche nos juntábamos en la sacristia de Don Franco y hablábamos de política, de guerra y de cuánto acaecía en el mundo ajeno a la República. La primavera, envuelta entre las primeras tibiezas, impuso al invasor. El ejército austriaco pesaba cada día más y con la llegada del verano, en los callejones, se oía hablar más el alemán que la lengua genovesa. Recuerdo de aquellos meses las flores de pitósporo que tantas veces regalaba a María y que ella colocaba en su pelo recompensándome con un dulcísimo beso. Vivía para nuestro amor y para los sábados por la noche, cuando en la sacristía soñábamos con nuestra salvación. Estábamos excitados y encendidos ante la búsqueda de la libertad. Balilla estaba seguro que solo una revuelta armada podría liberar a Génova. Luca esperaba la ayuda de una nación amiga. Giacomo auspiciba una comunión de ideas entre el pueblo y la burguesía que seguramente habría llevado a una nueva fuerza política. María estaba furiosa por las arbitrariedades y los abusos que los invasores perpetraban cada día y con el melífluo gobierno de la ciudad, estaba impaciente por actuar. Una noche Giovani nos sorprendió a todos ante una inesperada noticia. Su padre, hombre humilde pero sensible y de grandes virtudes, aceptó la propuesta de Don Franco de mandar a estudiar a su hijo al Real Conservatorio de Turín. Renunciar a una paga, y a la ayuda como tipógrafo, para una familia numerosa como la de Giovani podía ser trágico. Nuestro compañero estuvo atormentándose por mil dudas y temores. Nosotros, con dolor de corazón, lo incitábamos a entrar en aquel camino declarándonos envidiosos de semejante posibilidad. En realidad, todas las veces que escuchábamos sonar el órgano de la iglesia, quedábamos encantados y sorprendidos por la bellísima música que salía de sus grandes manos siempre sucias de tinta. Animábamos al amigo con la posibilidad de dar a conocer a los piamonteses nuestro deseo de rebelión y buscar en ellos aliados fieles. Aquel invierno se presentaba bastante distinto al anterior. Era cinco de diciembre y todavía hacía calor. La única señal de aquella estación era la insistente lluvia que, acompañando al viento de siroco, parecía querer lavar el vaho que subía hasta Génova. Trabajábamos todos y junto a cinco operarios de Vico dei Tintori, frecuentemente al mediodía nos juntábamos para almorzar. Así fue también aquella maldita mañana. Estábamos al resguardo en un cobertizo cuando, improvisadamente, oímos los gritos y los disparos provenientes de la vecina “Caruggio do Diao” (Via del Diablo). A la mitad de aquella callejuela estaban parados una decena de soldados que trataban de arrastrar un pesado mortero. Estaban empantanados en mitad de la calle y el mulo al cual estaba atado aquel obús no lograba moverse. Los austriacos habían decidido reclutar por la fuerza a algunos vecinos. A causa de la lluvia los cascos del mulo resbalaron y aquel cañón de artillería se hundió todavía más. El comandante de los militares no encontró mejor solución que inculpar a dos muchachos muy conocidos en el barrio. El militar desahogó su rabia golpeando en la nuca a uno de ellos con la culata del fusil. Fueron golpes tan tremendos los que recibió el pobre muchacho, que todo se salpicó de sangre y de una materia gris. Llegamos a la carrera y a la vista de cuanto estaba sucediendo. Impulsados por la inocencia de nuestros diecisiete años y con el corazón que nos estallaba en el pecho, fuimos hacia los militares gritando: ¡Cobardes! Malhechores... ¡Asesinos!” Alguno, después, contó haber oído gritar: “¡Che linse!”, que en lengua genovesa significa “¿Quién empieza?” María fue la primera que se agachó a recoger las piedras del fango. No recuerdo quién de nosotros lanzó la primera de ella pero creo que fue Balilla, el cual tenía la mejor puntería de todos, el que consiguió colocar la suya en el grupo de soldados. A la vez, y no comprendo si ello fue provocado por nuestro gesto o fue producto de la casualidad, desde las ventanas del callejón cayeron sobre los soldados docenas de objetos. Parecía una verdadera lluvia de cosas, a cuál más extraña, las que caían sobre ellos solo con la particularidad de ser pesada. Floreros, morteros para “il pesto”, tejas de pizarra, sillas, ollas y de añadidura zuecos de madera. Bastó que un soldado, bajo aquel lanzamiento, cayese a tierra, para que de inmediato fueran una decena, veinte manos rápidas las ue tomaron sus armas para descargarla contra los invasores. Solo un austriaco logró disparar. Un disparo, un golpe, un rumor profundo, largo... larguísimo. María cayó a tierra como cae una gota de una nube por el viento de siroco. Me deslicé sobre ella lentamente y uní mi boca a la suya decididamente abierta como sus ojos, todavía bellisimos pero llenos de muerte. Quedó así durante algunos minutos, mientras todos esperaban que recusitara su hálito escaso. Cuando me incorporé, los soldados parecía todos muertos. La multitud estaba inmóvil y reinaba un absoluto silencio como si los presentes se percatasen de la gravedad del gesto inicial. Balilla vio en el suelo a María y liberó la rabia que tenía dentro. Levantó al cielo el mosquete arrebató a un soldado e incitó a la multitud gritando: “¡Adelante! ¡Adelante lo hecho, hecho está! ¡Viva la libertad y viva María!” Todos lo siguieron exultantes y se encaminaron hacia el centro de la ciudad. Yo quedé inmóvil, y aunque en mi juventud había visto muchos cadáveres, ésto era diferente de los muertos de la peste. Las pobres vícitmas de la enfermedad parecían dormir en su fría rigidez. Aquel callejón por el contario estaba lleno de sangre y los muertos tenían pintado en sus rostros el estupor y el miedo. Después de algunos minutos oí un gemido y descubrí que entre ellos había un superviviente. Era un joven austríaco, quizá solo con algunos años más que yo. Mi primera reacción fue estrangularlo con mis manos para vengar a María. Después recuerdo un soplo de viento nuevo que llegó de improviso y sobrevoló veloz el callejón. Me distrajo un olor o un sonido, y no recuerdo ahora si el soldado gemía entonces. De nuevo cayó a tierra junto a mis lágrimas. Cogí la cabeza del muchacho herido entre las manos, buscando de alguna manera, limpiarle la comisura de los labios, los ojos y abrazarle. No odiaba a quel desgraciado. Giacomo se había quedado también y sus ojos se cruzaron con los míos. Mi compañero comprendió y aceptó la piedad por el enemigo, levantó una mano en señal de saludo y desapareció al doblar la esquina. Durante los días de la revuelta vi también un par de veces a los muchachos de Vico Capriata. La primera delante de la iglesia de San Girolano del Rogo, donde solía pasar una turbamulta que se dirigía al Cuartel general del Pueblo. La segunda y última, entre los presos de la Iglesia de la Inmaculada que había sido transformada en prisión y hospital para casi cuatro mil soldados austriacos tomados prisioneros. Balilla lucía sobre los hombos una guerrera arrebatada a un oficial enemigo y se había dejado unos cabellos largos y rizados que recogía con una pañoleta roja. Era el héroe del momento. Cuando pasaba delante de la gente, se oían gritos de exaltación y regocijo. Las muchachas le llevaban panes, botas de vino y pañuelos perfumados con promesas de amor. Yo como muchos otros, lucía una especie de sayo marrón con una gran cruz roja cosida en el pecho. Aquel hábito me había sido impuesto por los frailes, no para mi protección sino como punto de referencia para todos aquellos que buscaban ayuda. Pasados unos días de la revuelta, entré en un convento y después de algunos años fuí ordenado sacerdote. Destinado para servir en Savona primero y después en otros diversos lugares, volví nuevamente a Génova en el 79, desde entonces vivo en la Iglesia de la Magdalena. Mis compañeros de antaño están todos muertos. Recuerdo a Don Franco en el humo de la batalla bajo la Logia del Comendador de Prè, en diciembre de 1746 con el crucifijo en la mano izquierda y el mosquete en la derecha. Recuerdo a Balilla que ha vivido atormentado por su espíritu rebelde y revolucionario. Intolerante a las leyes y a las reglas de la vida común. Ha continuado interpretando su personaje de héroe, viviendo más de añoranzas que de realidad. Luca Bixio ha alternado su trabajo de hábil tintorero, por el de policía. Fue elegido muchas veces como Consejero del Gobierno de la ciudad, pero también él, plegándose a la hipocresía de varios gobiernos, fue utilizado durante la revuelta del 46 y finalmente quedó siempre a disposición de ellos para servir a Génova. Giacomo Drago, el pequeño Giacomo, durante la revolución no pasó desapercibido al Duque de Boufflers por sus dotes de organizador y libre pensador. El noble lo ayudó a estudiar. Famoso abogado ha seguido siendo el artífice de la libertad en la burgesía genovesa y me cuentan que hoy, su hija María, representa el espíritu liberal de la Superba. Giovanni Paganini es un famoso músico. Apenas terminados sus estudios, volvió a Génova, donde se dedicó a la política con el mismo antojo y entusiasmo que siempre había adoptado en su arte. Mantengo una buena amistad con Giovanni y he tenido el privilegio de bautizar a su nieto, el pequeño Nicolás.
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© Paolo Barsanti. Nacido en Génova (Italia) en Septiembre de 1949, es de sangre toscana. Empeñado profesionalmente en el campo de la Química, escribe por el solo placer del deleite. Ha publicado en 1992 el libro titulado “Racconti tra il cielo e la terra “ (Cuentos entre el cielo y la tierra) [editado por la 4Elle di Genova]. Después ha dado a la imprenta otros cuentos siempre bajo el sello de la misma editorial. Paolo Barsanti ha obtenido más de cuarenta premios literarios, así como reconocimientos nacionales e internacionales. Acaba de recopilar algunos de sus relatos en un reciente CD titulado “Paure, Speranze ed Eroi” [Miedos, esperanzas y héroes], editado por la Edit. M.P. de Génova para distribuirlo entre las personas que más quiere. © De la traducción Antonio Polo González. Madrid 2006. |
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El corazón del rey (fragmento)
Hoy Magalí y yo estamos consumiendo uno de esos domingos de reconciliación, que ya van siendo tantos. En la madrugada, de regreso del Cubanacán, ella me tiró un vaso hacia la cabeza; logré esquivarlo, la tomé por los hombros y la lancé contra una de las paredes del cuarto. Ésta es una tarde de marzo con un sol fuerte y muy fulgente, pero que no saca calor: no deja de correr un viento sur que se enrolla en las orejas y barre las calles y las fachadas y hace remolinos con las hojas caídas de los árboles, sobre todo de algunos laureles amarillentos; como un momentáneo otoño tropical. Fui a El Condado. Hacía tiempo que sentía muchos deseos de ir. Invité a Magalí. Estuvo de acuerdo. Pero cuando ya estaba a medio vestir se arrepintió: en realidad estoy muy agotada, dijo. Si todavía hoy El Condado existe, la cuatroesquinas de Síndico y Virtudes debe seguir siendo el corazón de aquel barrio comparable con una mueca debajo de una sonrisa. En esta cuatroesquinas me detuve unos minutos. Fue algo así como volver al lugar del crimen; pero al lugar del crimen donde uno fue la víctima, no el victimario. Indagué por Raúl La Curva, Papito El Desteñío, el Negro Morronga, Mantequilla El Grande, El Mojón, El Gran Cabuya, Alcibíades Puntilla Comba. Varios de mis amigos de primera línea de antes. Ninguno estaba. Se habían ido. Y los familiares me saludaron como a un tipo lejano, que ya ni les importaba. Pasé por los bares de antes, el de Angelito El Caballero, el de Agustín Mentira, el de René El Hierro, que ahora son tiendas de víveres. Allí evoqué a varias de las putas de estos bares de mi infancia: Angelita Singamás, Eulalia Pestillo, Nereyda La Reina, Mariíta La Salvaje, Onelia La Espiritual, Mamaíta La Tranca. ¿Dónde estarían esas pobres putas en esta tarde de domingo de sol fulgente y de viento sur de marzo, en un país sin putas —al menos públicas—, aséptico, metido mediante un empujón de la Historia bajo el paraguas de una nueva moral? Mas, mirando hacia los bares desaparecidos, sin mucho esfuerzo de la memoria las volví a ver con sus vestidos floríferos alborozando en las aceras, poniendo un disco en la victrola, tocándose la papaya para que uno o una la respetara al ver que la tenían bien puesta ahí, en las entrepiernas, donde se estaban tocando. Vi de nuevo el destape de cervezas de varias marcas, Hatuey, Cristal, Polar, y el del ron Bacardí, Matusalem, Cero Mosto, y del San Carlos de a cinco centavos el trago y la fanfarronería de los chulos y la bullanguería de los zapateros que estaban bebiendo puesto que habían cobrado ese día y de los vagos y buscavidas que habían guapeado un trago y lo saboreaban despacio después de derramar la primera gota en el suelo para los santos, mientras la victrola echaba canciones de amantes despechados y agallinados que oraban por morirse antes que perder a quien ya los había abandonado. —Oye, me laceraste la vagina. Ese viaje a El Condado te ha puesto loco, me lo hiciste muy a lo bruto, como con desesperación, como con odio.¿Qué te pasa, amor?— me ha dicho Magalí. Al llegar de El Condado la arranqué del sofá y la recosté contra la puerta, contra el poema del tal “Negro Juan”, “el negro Juan vende frutas todo el año”, busqué desesperadamente su vagina entre sus ropas, la penetré y de inmediato eyaculé, abundante, casi sonoramente. —Ah, carajo, mujer, es muy sencillo... Es muy sencillo lo que me pasa... Me pasa que en ese barrio que está ahí enfrente y adonde tú nunca me has querido acompañar, aunque tanto te lo haya pedido, yo nací una mañana de verano y resbalé de las manos de la comadrona y ahí mismo recibí el primer toletazo del camino. Eso es lo que me pasa, Magalí. Que allí soporté tanto frío y tanto calor y resistí el sarampión y la tos ferina y la piojera. ¿Comprendes?... Que en esa casa que ahora he visto de nuevo padecí de todo, aun de la enfermedad de mí mismo, ahí tuve pajaritos, lagartijas, perros con garrapatas, fantasmas, y, como éste era el más chiquito, tres hermanos, el padre, la madre, esa abuela que también se hallaba entonces, sobre todo esa abuela, se sacaban trocitos de carne de sus cuerpos para dármelos, eh, mirando las manchas de cal en los tabiques y el techo de madera de esa casa soñé que ya mañana tendría la bicicleta y el par de patines y que dentro de poco sería primera base y cuarto bate en Grandes Ligas y sonaría un jonrón con las bases llenas dejando al campo al equipo contrario en el juego decisivo, y soñé con una muchacha morena, etérea, compuesta toda por una sonrisa, con la cual estaría besándome en una tarde soleada sobre la yerba de un campo que imaginaba de cerezos, y con la que luego me iría muy lejos, adonde hubiese montañas, ríos, lagos, valles. Porque yo siempre he soñado, ¡coño! Y ya no se puede soñar con nada. Se jodió el sueño. Ahora es el sueño del proletariado, el sueño de todos, no el de uno particular, el de los cerezos particulares de uno. ¡¿Comprendes?!Y soñé mirando esas manchas de cal en los tabiques y el techo que una vez regresaría con dulces y carnes para mis amigos vivos y cestas de flores para mis amigos muertos. Eso es lo que me pasa, Magalí. ¿Ves? Que ya no encuentro a mis amigos, porque hoy tanta gente huye o mejor dicho esta vida tan cabrona la hace huir. Hay ahora tanta gente que anda huyendo hacia delante. ¿Verdad? Y soñé que vendría a los funerales de aquella abuela, quien tantas veces vació su estómago para llenar el mío, y la llevaría a enterrar acompañada por una multitud de violines y una caravana colmada de esos canarios multicolor que tanto le gustaban y con todas las calles hasta el cementerio tapizadas de vicarias lilas, como ella hubiera querido. ¿Comprendes? ¡¿O es que acaso, cojones, no puedo seguir soñando con enterrar a mi abuela de esa forma?! ¿Y qué me hallo? ¡¿Pero qué me hallo?! Pues las mismas tiendas de víveres minúsculas, lóbregas, enrecovecadas, pero ahora con sus estantes casi vacíos y mosqueadas de personas con la Libreta de Abastecimientos en ristre en busca de la ración mensual de esto y de lo otro. Y los mismos callejones sombríos, los mismos solares de bledo y romerillo, las mismas cañadas con pasarelas de tablas cochambrosas. Pero todo muerto. Es decir, todo desbordado de tedio. Todo repleto de letreros sobre “el futuro de la patria”. Ya no hay ni una puta contoneándose ni una flor junto a una puerta ni una brujería a ojos vista ni un santero como una farola recorriendo orondo las calles vestido de blanco. No se ven. No hay. ¡¿Qué me hallo?! Pues un solo bar, casto, aburrido, suciamente organizado donde está un dependiente abúlico, mulato, chambón, vestido de sopor, que ni siquiera lo mira a uno y sólo responde “correcto, caballo” “perfecto, candela” “no hay problema, mi sangre”. Un bar sin victrola ni mujeres ni música de ningún tipo y sobre el refrigerador dos letreros: ESTE BAR ES DEL PUEBLO y VIVA LA REVOLUCIÓN SOCIALISTA y con sólo ron 5 Años, que desde hace algún tiempo el sabor que tiene en el último instante de la deglución es a keroseno. El único, el único ron que hay. Coño, ¿pero cómo que qué me pasa?. Me pasa que el dependiente de este bar del pueblo no me sirve ese keroseno en aquellos vasos cónicos y de cristal brillante con cabida justa para una línea de ron, que veía en mi niñez en los bares que ya no están, sino que me lo echa en un vaso grande, como de tomar agua, y muy distinto a los vasos de los demás que estaban tomando; seis personas había y las seis con vasos grandes como de tomar agua y distintos entre sí. ¿Me entiendes? ¿Y sabes por qué carajo había solo seis personas?... Claro que lo sabes: porque el precio del ron ya va siendo para proletarios ricos. ¿No? ¿Y tú no te das cuenta de que la pérdida de aquellos vasos donde se servía el ron es la pérdida de una cultura?... Claro que te das cuenta. ¿Comprendes?: allí también se está acabando la cultura, en ese barrio todavía un poco enmarañado y selvático ya todo empieza a ser monolítico, como en el resto de la patria. ¿Eh? ¿Cómo que qué me pasa?... Eh, que la sangre se me ha hecho pasta en esta vuelta al lugar del crimen donde fui la víctima, no el victimario; pero ahora la víctima es el barrio todo. Quieren joderlo. Quieren acabar con el relajo. Quieren que todo el mundo toque con la misma cuerda. Y ya lo sabes: cuando en este país se acabe de una vez el relajo, se acabó el país. Y ustedes los comunistas lo están acabando. Ahora han puesto a la gente a cantar Noches de Moscú en lugar de La Guantanamera. Ahora llegas a El Condado y ves a los negros tristes, sin garitos, sin juegos de billar, sin barajas, sin peleas de gallos, sin bares con victrolas, sin santería confesa. ¡¿Cómo que qué me pasa?!... Que vi pasar chorreras de negros que parecían sombras de negros. Estaban tristes. Aún les puede quedar ese andar con los pechos y los ojos agresivos, pero estaban tristes porque ustedes los están haciendo blancos por dentro, y un negro es negro sobre todo por dentro. ¿Me entiendes? Eso es lo que me pasa, mujer. ¿Acaso no te he contado cuánto sueño y cuánta realidad me tasajeó en ese barrio? ¿Eh? ¿Acaso no te he dicho que allí el alma de éste que ahora te está hablando muchas veces no fue más que la mímica de un alma? ¿Me entiendes ¡coño!? ¿Supones lo que es pararse en aquellas mismas esquinas, en ese solar yermo que antes fuera una carbonería, en ese callejón en donde tanto jugué a las bolitas, en esos sitios donde entonces me ponía a pensar en el destino, y comprobar que hoy, en esta tarde de marzo de viento sur escalofriante, ya tanto después, mi destino sigue siendo muy chiquito? Que hoy todavía no soy nadie, quiero decir. Y como si esto fuera poco, de pronto, por decreto, soy menos que nadie: soy un número, soy la masa, soy el “pueblo uniformado”, soy la “redención de los humildes y desposeídos”, soy la “dignidad de un pueblo heroico”, soy “la eternamente invicta Revolución socialista”, soy “un soldado del Comandante en Jefe”. ¿Te parece poco toda la mierda que soy? ¿Crees que no se me rajaron los huevos al encontrarme de nuevo con aquel niño, es decir este número que ahora te está hablando, con aquel niño tan extraño: nunca tuvo esperanzas y nunca perdió las esperanzas? Ni las pierdo, para este tipo que te está hablando las esperanzas son como un agua que va y regresa del precipicio. No las pierdo aunque ustedes los comunistas me quieran convertir en un cartel hablante. ¿Te das cuenta de lo que me pasa? ¿Eh, ¡cojones!? Los vi, acabo de verlos allí en El Condado: los rusos paseándose por las calles en estos folclóricos coches santaclareños tirados por caballos, oye, enarbolando botellas de vodka y algunos cantando “por la ribera iba Catalina”, ¿te imaginas? ¡¿cómo coño ha sido posible que un ruso haya venido a dar a El Condado?!, ¡¿hasta hace poco cualquiera no hubiera considerado esto como una catastrófica quimera?!... Eh, oye, y vi cómo algunos condadenses negros, blancos, jóvenes, viejos, varones, mujeres, se les arrimaban limosneándoles un trago de vodka, eh, una bebida tan remota para la gente de este barrio, ¿ves?, porque estos rusos llevaban como para emborracharse y para regalar... ¡¿Comprendes lo que me pasa?! Me pasa, coño, que... —Ya cálmate, amor... Ese ron 5 Años te mató más que el mismo viaje a El Condado creo, estás como arrebatado... Mira cómo te intermite el ojo izquierdo.... Me pidió ella, poniéndose en pie, abrazándome, apretando su cara contra mi pecho. Toda la retahíla anterior yo se la había soltado de pie en la sala, sin siquiera terminar de subirme los pantalones, mientras ella, me di cuenta luego, había permanecido sentada en una butaca escuchándome y mirándome como la solitaria oyente de un sermoneador. Se decide por poner música clásica en el tocadiscos, Brahms, mientras me responde que las primas y sus maridos ex campesinos no deben de visitarnos hoy, si acaso en la noche, puesto que han ido al “trabajo productivo” en el campo, a la recolección de papas, y ahora deben de estar molidos, descansando, y vuelve a quejarse de que le laceré la vagina. Voy y recargo los vasos con largos tragos del supremo ron que suelen traer los ex guajiros y, al volver al sofá, ella coloca su cabeza sobre mis muslos. Es que quiere hablarme de varios temas, dice, que pasan y pasan los días y no conversamos de nada, sólo tenemos dos estadios: o estamos haciendo el sexo, o estamos peleando, y así no podemos seguir, amor. Hay Brahms para rato; es un disco inacabable, que aún tiene el Réquiem alemán; no quiero contradecirla, pero tomar bebidas espirituosas escuchando esta música, me da miedo, siento que estoy provocando a Dios. Ella ha puesto su vaso en el piso, yo se lo alcanzo cuando quiere tomar. Va diciendo que cualquier día deja el trabajo de la emisora de radio: es monótono, anticreativo, esa infinidad de sandeces que debe revisar, asesorar, aprobar, todo como proyectado para gente medio tonta, ya está hastiada de eso. Pero por ahora no lo puede dejar: quizás demore en conseguir otro y, como debe costear casi todos los gastos de la casa, puesto que yo no me decido a trabajar, sólo a paliar con mis negocitos de buscavidas, que en cualquier momento pueden terminar... (Yo por instantes no sé lo que me dice; me concentro en escuchar su voz, en trasegármela; por instantes en mirar la boca de esa voz: la macicez de los dientes blanquísimos que, cuando como ahora, está hablando quedo, apenas se asoman entre los labios, como si, delicadamente, se estuviesen masticando entre sí, y a la vez, de la misma manera, delicadamente, fuesen masticando a su voz, a sus palabras; los labios, esos labios —algo más oscuros que el resto de la cara morena y brillante, como la canela abrasándose–, desbordados, levemente comprimidos, el inferior sobresaliendo una pizca, como clamando que lo laman. —¡Ah, cojones!: ¿cuántas veces te voy a responder lo mismo? Sólo de pensar en trabajar para el Gobierno me desconsuelo... Si lo sabes... Me desconsuelo por el propio trabajo de perro oficinesco que deba hacer y más aún me desconsuelo por verme encarnerado en los mítines que arman los centros de trabajo lo mismo bajo sus techos que en medio de las calles... ¿Crees que podré resistir eso?... Coño, si es que lo sabes, tú eres parte del asunto: por la más pequeñita razón mandan armar un mitin, un desfile, una concentración pública para que uno vaya gritando disparates por la vía pública, como si fuera un cirquero... ¿Crees que no estoy sufriendo desde ahora por lo que sé que voy a sufrir luego?... ¿Y crees que encima de esto no me aterra pensar que mi destino sea el de los contables... Esos tipos con aliento gástrico que se van quemando la columna vertebral sentados toda la vida como unos comemierdas ante un escritorio? —¿De verdad no hay hielo en el refrigerador?, ¿ni un cubito de hielo? Le estoy acariciando las nalgas cuando se incorpora a medias, entrecierra sus ojos negros, me besa, despacio, con los dientes, con todos los dientes: yo soy un tipo con suerte, dice, porque hasta este momento no me han aplicado una medida correctiva (es decir, una granja correccional para vagos)... ¿Y acaso nunca se me ha ocurrido pensar que ella, de modo tácito, me ampara?, que la presencia en mi vida de una mujer revolucionaria, militante comunista como ella, me está amparando en decisiva medida del desastre, ¿nunca lo he pensado?, concluye entretejiendo con los dedos de su mano derecha en el cabello que me cubre la nuca. —¿Por qué me mientas la madre?, si sabes que mi madre está muerta, que soy una mujer prácticamente sola en el mundo, con no sé si cuatro o cinco parientes de tercera ni sé dónde, eres un perro desagradecido que olvidas todo lo que te he querido, todo lo que he hecho por ti. ¿Estás borracho o qué te pasa? Efectivamente, en el noticiero exhibieron–comentaron sobre varias granjas de ñame recién creadas donde ya, al fin, qué buena noticia, dentro de poco se recogerían descomunales cosechas; tres nuevos hospitales, ocho círculos infantiles, cuatro policlínicas —dijeron policlínicos— recientemente inaugurados; vastedades y vastedades de campos de caña de azúcar sembrados con una nueva variedad portadora de una increíble productividad, plantada en centenares de “granjas del pueblo”, que, en un futuro cercano, harían ver lo que en verdad era el milagro terrenal de los panes y los peces, más si se agrega, compañeros televidentes, el aumento sin igual de la masa ganadera no sólo en la tradicional provincia de Camagüey, sino en toda la isla: montañas de carne y lagos de leche habrán de poblar nuestra hermosa isla dentro de poco. Seguimos avanzando por la senda luminosa del socialismo, aseveró el locutor y la locutora que lo acompañaba agregó: “sin dudas”; ambos, al decirlo, metieron el dedo índice en dirección al televidente. Pasaron además una concentración en una plaza pública con una multitud que daba vivas y aplaudía y respondía “sí” o “no”, en la medida en que desde la tribuna Fidel Castro le hacía preguntas que llevaban implícitas el “sí” o el “no”. Una carretera nueva comunicaba a dos poblados que antes unían seis o siete horas de viaje por montes y riscos fatigosamente transitables; en un río construían una represa que, además de proporcionar el agua suficiente para el riego de los campos, produciría electricidad para sus habitantes. Cerró el noticiero recordando el sagrado deber de cada cubano de estar preparado para una guerra que podría llegar en cualquier momento, “el enemigo imperialista nunca nos sorprenderá, porque si él madruga, nosotros no dormimos”, dijo el locutor, y la locutora agregó: “sin dudas”. —Coño, qué mustiedad, qué escalofríos hay aquí adentro. ¿Cuál es la sorpresa? Llegando del comedor ella me ha anunciado que me tiene una sorpresa. De nuevo estamos en la sala, de nuevo en el sofá. Ella ha cerrado la ventana y la puerta que dan al pasillo, ha prendido las luces del bar. Ahora se pone en pie y avisa que se va a quitar la ropa. Porque siente un calor tremendo, agrega. ¿No recuerdo yo cuántas veces me ha dicho que en ocasiones le encantaría estar así, totalmente desnuda, en la sala y aun por toda la casa, cuando siente mucho calor? —Sí me lo has dicho, pero coño casi nunca se puede porque casi siempre están tus primas con ese par de guajiros comemierdas... Se ha quedado desnuda y descalza en el centro de la sala. Sus tetas tiemblan, leve pero perceptiblemente, como si temblaran por cuenta propia. En la penumbra, las luces multicolor del bar pegan contra su piel morena, fulgurante, y es ésta una de esas imágenes que uno nunca podrá olvidar, y nunca sabrá describir. Prende la luz de la lámpara de noche, se pone el deshabillé, se acuesta boca arriba: —Y mejor no sigas bebiendo, amor— dice mirando hacia mi vaso, que traigo en una mano. (Su voz, ahora, trae un aroma de manzanas; si las voces tienen aroma de algo, el de la voz de ella era de manzanas.) Estoy de pie, contemplándola: Estaba todavía en este mundo el español, bebiendo coñacs y whiskys, según afirmaba, sin tener que hacer colas para ello, como otros por ahí que sí tenían que hacerlas —agregaba irónico— aun para tomarse un refresco de mala muerte. Hablaba de sus negocios de joyería, que iban en aumento, y de cierto viaje por su venerada Andalucía que le había costado lomas de pesetas, pero había valido la pena. Sus negocios iban estupendamente, repetía. Y, hablando de otro tema, lo sabía todo, ¡hostia!: tanto tiempo amamantándola para que ahora anduviese con un mozuelo, un paria... Y total, a fin de cuentas: ¿qué destino la esperaba en ese sitio?, por muy intuitiva y letrada que fuera, el tiro le saldría mal: ese gobierno que estaban levantando en la isla de Cuba era el follón más absurdo que podría haber sobre la Tierra. Ya, demasiado tarde, lo comprobaría ella: muñequita falsa, amapola de pobres, maquinita de calvarios, ermita de Satanás. Y continuaban las metáforas de este corte a lo largo de las cuatro páginas. Y el mismo bordón: sus negocios iban estupendamente. Ya adulto, yo había comprobado lo que desde niño escuché diariamente: aquella gente de Santa Clara era capaz de poner los chismes en el cosmos. En ese momento lo verificaba en carne propia, el español estaba al tanto: ya se lamentaría ella algún día de su persistencia en algo tan descaminado como el comunismo, y de sus andazas con ese chaval que le sacaría todo el jugo de su cartera y de su cuerpo. Hacia el final de la carta, además de repetir nuevamente cuán bien marchaban sus negocios de joyería, se explayaba en otros ataques que iban desde “pinturera” hasta “gilipollas”, pasando por “copla barata” y “tontuela enferma de autosuficiencia y garbo artificial”. Del término del texto a la firma, pegada al final de la hoja, el hombre había dejado como seis pulgadas en blanco. Junto a la firma había escrito: “Te recuerdo”. Bebí de un tirón lo que quedaba en el vaso. Ella seguía boca arriba, el deshabillé recogido hasta el ombligo. Las cuatro hojas de la carta, como formando un abanico, habían quedado sobre la cama. Ella me dijo: “Penétrame”. Me fui a la ventana. Entreabrí las persianas. Afuera, hasta donde llegaban mis ojos, todo estaba desierto y aún barría un tristísimo viento sur de marzo. * Capítulo de la novela El Corazón del Rey, (novela inédita)
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© Félix Luis Viera : Santa Clara, Cuba, el 19 de agosto de 1945. Poeta, cuentista y novelista. Ha publicado los poemarios: Una melodía sin ton ni son bajo la lluvia (Premio David de Poesía de UNEAC, 1976. Ediciones Unión, Cuba), Prefiero los que cantan (1988, Ediciones Unión, Cuba), Cada día muero 24 horas (1990, Editorial Letras Cubanas). Y me han dolido los cuchillos (1991, Editorial Capiro, Cuba) y Poemas de amor y de olvido (1994, Editorial Capiro, Cuba), En el nombre del hijo (Premio de la Crítica 1983, Editorial Letras Cubanas. Reedición 1986) y Precio del amor (1990, Editorial Letras Cubanas); las novelas Con tu vestido blanco (Premio Nacional de Novela de la UNEAC 1987 y Premio de la Crítica 1988. Ediciones Unión, Cuba), Serás comunista, pero te quiero (1995, Ediciones Unión, Cuba), Un ciervo herido (Editorial Plaza Mayor, Puerto 1997. Reediciones 2003 y 2005). Es Asistente Editorial de La Peregrina Magazine. Reside actualmente en México D.F. |
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