RESEÑAS Y ARTÍCULOS

A R I A D N A - R C . c om

[número treinta y tres edición otoño 2006]

d i c i e m b r e


i m p r i m i r 


v o l v e r

 


Ala, triste.

por Jesús Urceloy

Ayer me fui a ver la más triste de las películas españolas, Alatriste. Y todavía no sé porqué la llamo película. En el fondo son cachitos de un puzzle pegados unos a otros con esparadrapo marrón y cuartelero y remachados a martillo cuando el esparadrapo se acaba. Me hubiera gustado que la hubiera rodado Almodóvar. Al menos le hubiera puesto boleros desgarraos de fondo y música ye-ye, que eso anima mucho.

Un buen guión con malos actores puede salvar una película. Un mal guión con actores buenos, también. Aquí no hay guión. No se le ve por parte alguna. Y eso que al principio engaña, y mucho. Pero en cuanto ves al Noriega metidito en el river sin enseñar culo sospechas, y al escuchar al Viggo su rancio castellano te dan ganas de avisar más que a un logopeda, al otorrino. ¿Dónde estaba Constantino Romero? Doblando los cañonazos. ¡Boum!, ¡Pataboum!

¿Recordais aquella memez altisonante de un tal Saura intitulada El Dorado? Pues date de lo mismo con este patético Adobetriste. Con aquella película que si la más cara, que si los mejores actores, que mucha expectación, que mucha hostia y al final un bodrio inaguantable de dos horas. Este Bodriotriste de ahora es peor, porque dura más. Yo ni siquiera salvo a un solo actor, sencillamente porque, dentro de una analítica textual, hasta el señor Echanove sobra. ¿No saben lo que es una elipsis textual? Pues hacer que un personaje diga lo que otro hace. Sencillo. Y nos ahorramos unos metros de superocho, que al precio que está el bacalao... Pero eso aquí no se estila, que la retórica es pa burros.

Por otra parte las actrices son malas de órdago, no vocalizan bien, no vocalizan mal, no vocalizan. Bueno, a lo mejor sí, pero en la intimidad. Ariadna recita como un besugo y a la Anaya se le escucha la salivilla cada vez que abre la boca. ¡De verguenza! Y cuando follan lo hacen a saltitos triperos, como si la pareja se estuviera matando las chinches al calor del ombligo. ¡Qué dolor sólo pensarlo, Fabio! ¡Que dolor de orejas, compañero! ¿Si Yanes estuviera liado con la Mula Francis sería la mula protagonista? ¿Y os habéis fijado en el teatro? Si sólo le faltaba un ambigú.

Habría que hacerle una buena cura de endogamia al cine español. ¡Con tantos y tan buenos actores y actrices en paro! De vestuario, fotografía y escenario, ya digo, casi nada que objetar. Pero eso no es cine. Documental a lo sumo. Y lo de la música, ya esta dicho; que un músico sepa música parece que basta en el cine español. Después del pasodoble semanasantero en una de las peores recreaciones batalleriles de la historia, en un Rocroi de chichinabo manchego, que se parece menos al boscoso original que un galápago a una bocina, yo me esperaba hasta una versión AC/DC de La Guerra, de Mateo Flecha y en los títulos de crédito una cancioncilla ripiosa de Chenoa. O de mi amado El Fari. Mejoraría.

Y que aún haya gente que dice que le guste... Qué poca cultura hay en este país, qué poca exigencia. Estamos igual que entonces, sólo que nos creemos más guapos.

Jesús Urceloy

 

 


Jacinta Negueruela
Animal Marino
Madrid, Devenir, 2006

Por Álvaro Muñoz Robledano

 

¿Hemos leído antes estos poemas?

No, claro que no.

Algunas veces hemos presentido esa claridad, pero, demasiado a menudo, matizada por algo que alguien supuso que era inteligencia; en ocasiones nos ha sorprendido la pequeña dicha de la melancolía, y cuando íbamos casi a sonreír, nos ha detenido una aspereza innecesaria y demagógica; incluso nos ha llegado a punzar el dolor por lo tan vivo, pero no lo ha permitido la rudeza de un listillo sin más conocimiento de lo vivo que unas cuantas canciones de Sabina, lo que no es precisamente un bagaje.

En Animal marino se nos ofrece el desnudamiento de una realidad que, al fin y al cabo, está hecha de pocas cosas, de las pocas cosas necesarias por las que transitamos por los días, viéndolos, aceptándolos, a veces esculpiéndolos, otras siendo expulsados. Algo de itinerario hay en estos poemas, pero no son peregrinación porque son vitales, ni son aprendizaje porque son firmes, ni son retorno porque su limpidez ha dejada de lado el empalago y la falsedad.

Jacinta Negueruela es doctora en filología. Sus poemas son así gracias a todo lo desaprendido, que no olvidado. Sin trucos de ilusionista, nos enseña que, contra lo que creíamos, la esperanza es también una forma de coraje. Ah, ya. Son los poemas que más de una vez quisiéramos haber leído.

A.M.R.

 

© Alvaro Muñoz Robledano Nació en Madrid en 1965. Se licenció en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid. Ha publicado los libros: “Fotografías junto al pecio” (Málaga 1991), “Hoteles” (Madrid 1996), y “Cuartel de Invierno” (Madrid 2000). Colaborador de ariadna-rc desde sus comienzos donde ha publicado su "Breve historia de la lucha de clases" (2003)


El Azri. El ocaso del caballero andante de la Badia
por Bahía Mahmud Awah

 

Caballero es por sus modales y formas de vivir la vida, sin digamos fuertes tropiezos con la tristeza.

El caballero sin escudero y sin yelmo, con una vida que siempre está vinculada con el amor de una mujer en un frig cualquiera. El escenario del caballero se desarrolla en torno a momentos de tranquilidad y sosiego en primavera o el otoño. Buenos años de lluvias para la badia y sus protagonistas.

El Azri, término de caballero en singular y Ezara en plural, suelen ser solitarios libres sin ataduras, salvo un encendido amor por una hermosa mujer hasta que se apague y de nuevo cobre fuerza con otra. El mejor tiempo para el azri es lejrif , el otoño o las noches de rabii, primavera, cuando el calor ha mitigado y la vida ofrece su mejor cara en la badia.

Ellos saben querer con lucidez en determinadas circunstancias de la vida, sin perder el norte en respeto y admiración hacia la amada y su entorno. El Azri suele ser guapo, alto, inteligente y vividor, poseedor de ese don de la oralidad que le permite memorizar cientos de versos de amor o de gestas legendarias. También en muchas ocasiones el azri compone resonantes versos que cantan la belleza de su amada y los lugares de acampada de ésta y el frig de su familia. Con ellos lajabar itshi fi elhaya, la noticia se extiende entre los firgan, (plural de frig o grupos de jaimas), a través de los buscadores de camellos o los pastores jóvenes.

El azri para saber de la amada se refugia en la amistad con los pastores de la familia de su doncella y así traza su estrategia para no molestar a los padres o algún familiar entre los más conservadores, que pueden tener cierto recelo.

Pero con el tiempo la confianza con la familia se gana con ir y venir frecuentándoles más cada vez, con motivos de caza de las gacelas o por alguna boda o festejos religiosos, que también son otros motivos para conocer a los padres y se puede crear buen terreno para no hacer ningún daño y ser aceptado por ellos.

Es capaz de pasar una noche conversando en voz baja, pausada y cordial con la amada sin tocarla, otra muestra de respeto hacia ella y su familia. Este rasgo es común entre casi todos los jóvenes que velan por mantener unos valores morales que la sociedad inculca para que siempre haya confianza en los hijos tanto chicos como chicas.

Las tertulias muchas veces giran al son del ritual té saharaui, siempre acompañado con una amena conversación sobre alguna historia de amor o desamor, suaves carcajadas de complicidad de los asistentes, que suelen ser amigos o familiares de la pretendida.

Ocurre a veces que hay otros contrincantes que en ningún momento llegan a enfrentarse por la chica en cuestión. Sí que entre ellos se entabla un enfrentamiento a través de un género en la poesía que se llama Ligtaa , en el que cada uno trata de resaltar algún rasgo de nobleza o linaje, bravura o hazañas. También intentan persuadir con su hicalla , recitación de sus mejores poemas con referencia a la amada.

En la jaima se recibirá a ambos pretendientes con la misma disciplina y respeto, más bien como huéspedes en la familia que siempre son bienvenidos. Pueden dormir, comer y ayudar en lo que sea sin que molesten dejando siempre espacio de mucha consideración a la familia.

La familia de la chica nunca acepta obsequios, por si el azri trae unas cabezas de camellos o algún otro material que implique compromiso, sabiendo que el caballero andante es un hombre de amor pasajero y circunstancial y además es un gesto rechazado en la sociedad.

He tenido la suerte de conocer algunos de estos personajes en diferentes etapas de mi vida. Incluso he tenido un tío que fue poeta y caballero andante por la badia, quien culminó toda su vida a los noventa y siete años, sin haber tenido lugar fijo donde establecerse.

Fue un gran poeta y viajero recorriendo todo Tiris y el norte del desierto mauritano. Siempre tuvo un buen marcub*, dromedario blanco, preferido color para estos dueños de las soledades y la felicidad del desierto.

Escuché de mi madre muchas historias sobre él, de sus anécdotas con los beduinos habitantes de Tiris, compartiendo relatos sobre su solitaria vida. Muchas veces mi nombre hace resurgir la temática de su caballeresca historia. El se llamaba Bahia Mohamed El Alem Abdelaziz Awah, con su nombre fui bautizado para hacerle un homenaje, como muestra de respeto y admiración hacia su personalidad. Esta es una costumbre que se practica en nuestra sociedad cuando se quiere homenajear a un ser querido, ya sea familiar o amigo que impone algún respeto por su generosidad, inteligencia y valentía.

El primer año del conflicto con Marruecos Bahia ya llevaba años viviendo como exiliado en Argelia. Cuando los primeros asentamientos de refugiados saharauis se instalaron en Tinduf, Bahia volvió a reunirse con sus sobrinos, mi padre y mi tía, trasladándose al campamento de El Aaiun y allí retomó una poesía más comprometida con la causa, conmovido por la realidad de la situación y las noticias diarias que escuchaba a través de la Radio Nacional saharaui.

Pude recoger algunos versos que mi mamá me recitó a través de una comunicación por teléfono desde Argelia y he tratado de trasladar al español de la forma más fiel para no huir del lenguaje y estilo poético de la época, en los primeros años de la guerra, cuando estaba en su punto mas candente.

Juró el Sahara (Sahara halfet habús)

Yo, Sahara le juro a Marruecos
que no tengo
nada para su curación.

Y también le juro que de mí
no cortará ningún palo ni mesuac*

(…) Cuando ya cumplo mi primer año
de guerra,
esa que tú me has impuesto,
en estos tiempos
ya me están
reconociendo otras naciones
que antes de mí nada sabían.

 

Recuerdo los años ochenta, cuando regresaba de los territorios liberados me acercaba a él para tomar un té charlar y saber de su vida y me decía siempre “cuéntame de los mugatilin (guerrilleros del Polisario), de los duros golpes que están dando a los invasores, he escuchado en la radio que han atacado en la zona tal y que han derrotado a los militares que combaten sin convicción de causa” refiriéndose al ejercito marroquí.

Me preguntaba por varios nombres de lugares del territorio que yo a veces conocía y otras no, justificándome con que a ese lugar nunca había llegado o que estaba ocupado detrás de alguno de los muros que Marruecos construyó en los primeros años de la guerra.

Mucha de su poesía está registrada oralmente entre algunos miembros de mi familia y también por una comisión que el año de su muerte vino a la familia para recuperar algo de su memoria, sobre todo aquellos poemas que dedicó a la lucha contra Marruecos.

Murió el año 1989 cuando contaba con casi de noventa y siete años de edad, sin enfermarse en ningún momento. En sus últimos años de vida, repetía siempre una frase “Dios, mátame sin ser carga para nadie y sano” y creo que cumplió ese deseo.

Tal vez aún sigan existiendo estos hombres a pesar de las consecuencias de la guerra y las circunstancias de la vida. Pero creo que los últimos aún deambulan en Tiris. En sus blancas sabanas y valles siempre habrá poesía con estos caballeros.

 

* mesuac : un palo del ramos de un arbusto llamado atil que sirve para limpiar los dientes con propiedades antisépticas y también le llaman el palo del romance que intercambian los novios en señal de complicidad .

*marcub : dromedario muy elegante bien adiestrado para montar y hacer largos recorridos. Puede ser blanco, ebiad , o de otro color, ashaal .

 

 

© BAHIA MAHMUD AWAH. Periodista saharaui. Poemario por un Sahara Libre. Nací en 1960 y para precisar en la región sur de Tiris Auserd. Un poco antes del medio díaa cuando mi familia que era nómada, ese día iba Erhil en busca de un nuevo lugar de pasto más verde para sus dromedarios, que es lo habitual de los nómadas del desierto. Mi padre era un militar de la metrópoli Española que compaginaba su servicio militar con la obligación de la familia. Mi madre una mujer de gran corazón, inteligente con muchos conocimientos de literatura árabe, sobre todo la poesía en Hasania y la historia de la civilización mohometana. Nuestra gran familia bien conocida con el nombre de Ahel Awah ó Ahel Mohamed El-Alem y Awah es un apodo de mi tatarabuelo y significa en árabe alegre, bondadoso. Cursé mis estudios segundarios y superiores telecomunicaciones entre el Sahara, Argelia, Cuba y España. Dirigí las programaciones en español de la Radio Nacional saharaui durante cinco años. Trabajé como columnista en el rotativo nacional y la revista de la juventud saharaui. Desde 1998 resido en España, en 2001 comencé retomando el espacio literario que se editaba en la R.N.S Poemario por un Sahara Libre a través de un emisora libre de Madrid hasta 2003. Entonces vi la necesidad de hacer llegar esta voz literaria saharaui a los territorios ocupados del Sáhara mediante la emisora comunitaria de Las Palmas de G.C: Radio Guiniguada 105.9 FM, también gestiono con mi compañera una lista de correo dedicada a las actualidades del conflicto.


Abogacía y literatura
por Gustavo Peaguda Pérez

¿Queréis ver qué tan malos son los letrados?
Quevedo

En una tarde de otoño del nuevo, aunque no novedoso, milenio en el que la lluvia iba cayendo en los tejados y que invitaba al recogimiento y a la meditación llevé a cabo en mi pequeña biblioteca, que cumple los requisitos necesarios para no considerarla el infierno, aquel procedimiento que el surrealista Eugenio Granell denominaba Bibliomancia que consiste en tomar al azar libros, revistas y recortes de periódicos con motivo de llegar a un punto en el que pasado y futuro dejan de ser contradictorios.

Sin embargo yo en mi labor no era tan ambicioso como Granell sino que simplemente pretendía encontrar poetas y novelistas relacionados con el mundo del derecho y de la abogacía, lo que es muy frecuente sobre todo en el ámbito de la novela en el mundo sajón. Los denominados Bests-Sellers de abogados que mucho se devoran en las ciudades que tienen metro o en las salas de tránsito de los aeropuertos son escritos en su mayoría por abogados en ejercicio.

Encontré entre los libros de mi biblioteca, que no es a mi mujer coma decía el poeta inglés Coleridge de la suya, bastantes nombres de novelistas y poetas que en su juventud estudiaran derecho pero sin embargo hubo un dato que me llamo la atención. Todos ellos tenían un a característica en común ninguno de ellos ejercía o ejerció la abogacía.

Así descubrí nombres como Federico García Horca, Carlos Barral, Alfonso Costafreda, Jaime Ferran, Gil de Biedma, Luis Cernuda, el poeta del amor Pedro Salinas, Ángel González, Francisco Brines, Rubén Fonseca, el japonés Mishima, el Baiano Jorge Amado, Javier Tomeo, Lorenzo Silva, Cipriano Ribas Charif, los hermanos Goytisolo, el adolescente profesional Witold Gombrowitz que en el Tribunal de Varsovia no lograba distinguir a los jueces de los asesinos, Macedonio Fernández, Miguel Delibes que se hizo escritor para no estudiar Derecho Mercantil, Ildefonso Manuel Gil que opto por estudiar derecho al ver en las solapas de los libros que la mayoría de los escritores lo habían estudiado, Julio Llamazares, Cesar Antonio Molina que combinaba en sus años de estudiante de derecho en Compostela las lecturas obligadas de derecho romano e historia del derecho con la lectura de los clásicos, Florbela Espanca que bebía la vida a largos tragos,,el peruano Julio Ramón Rivero que anoto en su diario del ano 1951 "Ser abogado ¿para qué" o un jovencito Josep Pla que escribió una nota en su diario que decía " pasé por la facultad de derecho mucho más obsesionado y destrozado por la tensión sensual que por el Código Civil", Bohumil Hrabal ,el praguense Franz Kafka que concibió la actividad literaria como una liberación ante el aburrimiento de su actividad como abogado y por ultimo el que mas odia los números redondos, el shandy Enrique Vila Matas que quería ser como Malraux" cuando su padre, que tenia la callada ilusión de que su hijo fuera abogado, le pregunto que carrera íba estudiar " y su padre con cara de no entender nada le dijo" " Ser Malraux no es una carrera, eso no se estudia en la universidad".

En el ámbito de la literatura gallega llama la atención los casos del miembro de la Xeración Nos Vicente Risco que era abogado y que acabo dando clases en la llamada Escola Normal de la ciudad de Ourense. ¿ Adoptaría Vicente Risco la decisión de abandonar la profesión de abogado después de encontrarse con Sthepan Dedalus en la rúa Santo Domingo donde tiña o su despacho en el que ejercía la abogacía o fue en otro encuentro que tuvieron en la librería de la Rúa Nova de Compostela y que tan bien lo reflejo en un gravado Conde Corbal? y el de Luis Seoane a quien el exilio en la Argentina no le permitió desarrollar su faceta de abogado laboralista en Coruña que iniciará antes de la Guerra Civil. También podemos añadir el caso de Salvador García Bodaño que vio frustrar el sueño paterno a poco de finalizar los estudios de ser abogado pero en cambio los lectores ganamos al autor de unos de los más hermosos libros da poesía de posguerra

En el caso de la procura es necesario destacar los nombres del poeta de Celanova Celso Emilio Ferreiro, que no logro finalizar los estudios de derecho que iniciara por libre, en la ciudad de Vigo y el del poeta de la Terra Chá Manuel María en la villa de Monforte.

¿Cuál es la razón profunda que llevo a estos creadores a abandonar el mundo del derecho y de la abogacía y ser acogidos maternalmente en cambio por la poesía o la novela?. ¿ Se puede hablar de incompatibilidad entre el Derecho y la Literatura?.

Pensé en esto varios días incluso semanas, consulte bibliografía técnica al respecto, pregunte a profesionales cualificados del derecho y de la abogacía su opinión sobre esta cuestión, pero a pesar de todo ello no llegué a ninguna conclusión solvente y definitiva.

Abatido por el fracaso de mi ejercicio intelectual cojí varios libros al azar de unos de los estantes de la biblioteca. Comencé a ojearlos y allí a un poco encontré en los textos en los que me refugiara la respuesta a mi inquietud.

De seguro que todos estos autores, con la palidez propia de los que pasan horas y horas consultando el Aranzadi, en los momentos en los que descansaban de las lecturas de libros, disculpen, mejor dicho manuales de derecho o de aquel código civil que algún catedrático, poco amante y lector de poesía, calificó que aquél fue escrito por un poeta y ponía por ejemplo los artículos que regulaban las famosas servidumbres legales, leyeron el siguiente viejo y bello texto "¿ Queréis ver qué tan malos son los letrados? Que si no hubiera letrados, no hubiera porfías, y si no hubiera porfías, no hubiera pleitos y si no hubiera pleitos, no hubiera procuradores, y si no hubiera procuradores, no hubiera enredos, y si no hubiera enredos, no hubiera delitos, si no hubiera delitos, no hubiera alguaciles, y si no hubiera alguaciles, no hubiera cárcel, si no hubiera cárcel, no hubiera jueces, y si no hubiera jueces, no hubiera pasión, y si no hubiera pasión, no hubiera cohechos, mira la retahíla de infernales sabandijas que se producen de un licenciado: lo que disimula una barbaza, lo que autoriza un gorra y una capilla". (Quevedo dixit) o bien en una tarde de invernía, refugiados en un café como buenos ejemplares de la vida muelle, en las que las campanas de la catedral tenían la voz triste encontraron estos jóvenes profesionales del derecho el siguiente aforismo de Jonathan Swift " Los abogados son habitualmente la especie más ignorante y estúpida que existe entre nosotros en todas las cuestiones ajenas a su profesión y la más despreciable en el trato corriente" o en su caso asumieron como lema las palabras de Joseph Pla " la vida es agradable, el estudio es amargo".

Animado por el descubrimiento del texto de Francisco de Quevedo y por el aforismo del autor de los Viajes de Gulliver y el lema de Pla seguí buscando las razones por las que todos esos autores abandonaron el mundo de la abogacía. Al poco tiempo descubrí una anotación en un diario intimo que llevaba una persona la respuesta definitiva a mi inquietud.

La anotación en el diario decía lo siguiente " Mi empleo me resulta insoportable porque contradice mi único anhelo y mi única profesión. Puesto que no soy otra cosa que literatura, y no puedo y no quiero ser otra cosa, mi empleo no podrá nunca atraerme, pudiendo en cambio destruirme totalmente".

Esta declaración de principios y de amor a la literatura fue anotada en la segunda década del siglo pasado por la misma persona que fue a nadar el día que comenzó la primera guerra mundial y que cansaba su cuerpo débil por la tuberculosis dentro de la burocracia del imperio autro-húngaro y que más tarde logro transformar la literatura universal aunque para algún despistado, por llamarlo algo, dijera que solo hacía literatura decadente.. Ese ser es el pesimista y desgraciado praguense Franz Kafka .

Sorprendidos y confundidos por la lectura de estos textos seguros que los jóvenes abogados llegaron a la conclusión de que lo suyo no era perder la vista leyendo sentencias y normas jurídicas sino que tenían que forman parte del grupo de los letraheridos.

Sin embargo siempre nos quedara el placer de leer los poemas del poeta ourensano y abogado Xose Manuel Casado y los de Wallace Stevens que en sus presentaciones en las pocas conferencias que impartió decía " Soy abogado y vivo en Hartford" o también a Maurice Joly , abogado francés, que escribió durante su encarcelamiento aquel extraordinario ensayo satírico, hoy podríamos llamarlo el mejor libro de autoayuda, titulado " El arte de medrar" para poder concluir que entre a abogacía y la literatura existe una buena "afectio maritalis" y por lo tanto es necesario desestimar la demanda de divorcio entre la abogacía y la literatura.

A pesar de ello ahí va el siguiente consejo que os doy aunque al leerlo debéis de tener en cuenta lo que decía en el siglo XVIII el abate Dinouart " Se escribe mal a menudo, se escribe demasiado muchas veces y no siempre se escribe bastante" y el deán de la catedral de St Patrick, Dublín, que nadie acepta un consejo pero todos aceptan el dinero por lo que se puede deducir que el dinero vale más que un consejo.

¡Abogados en ejercicio escapada de Quevedo, Swift y Kafka si no queréis abandonar vuestra profesión a la que os dedicáis con pasión!.

P.D. Ya en el año 1627 el satírico Quevedo exclamaba " Hay plaga de letrados- dije yo" por lo que el problema de abundancia de letrados viene de viejo porque como dice la presunción iuris tantum " Todo el mundo es abogado, mientras no se demuestre lo contrario".

 

© Gustavo Reaguda Pérez. (1974) Primer Premio de Poesía Patiño (2005). Ha escrito en varias revistas literarias y en distintas revistas de abogacía (LEX Nova y Controversia)


Luis Felipe Comendador
El gato sólo quería a Harry
XI Premio de Poesía Ciudad de Mérida
Barcelona, DVD, 2006

Por Álvaro Muñoz Robledano

 

 

Sabíamos que tarde o temprano llegaríamos al cine de Comendador, a sus películas, las que recuerda en el bar y en el despacho, fumando en la terraza las noches de calor o conduciendo los días de niebla. Son también nuestras películas, las que habríamos escogido para quedarnos solos, tal vez para escribirlas, como ha hecho él: Casablanca, El tercer hombre, Ciudadano Kane. Una de las posibles trilogías acerca del hombre sin lugar, pero rodeado de sombras. Luis Felipe Comendador no es mitómano, no repite los gestos ni utiliza las frases guardadas en la recámara durante años hasta poder decirle a quien corresponda que le queda París, o que no hay mes que no piense en ella, o que la democracia suiza sólo ha producido relojes, y rellenen ustedes sus propias líneas de puntos; lo que hace Luis Felipe es obligarlas a formar parte de sí mismo, a tener sentido más allá de su mera contemplación entretenida, a que le aclaren, y, con más fuerza aún, a que se aclaren ellas, por qué están diciendo tantas cosas, por qué no se resignan a ser meros ejercicios de narración, por qué son, quizás como ningún otro, el arte que necesitamos, el que hemos incorporado a nuestra memoria a y a nuestra borracheras. El gato... es una de las mejores muestras de la inteligencia y la sensibilidad de Comendador, si es que alguien se empeña aún en distinguirlas, de su capacidad para convivir con la elegancia y las ruinas de un tiempo, éste, que nos está robando ambas como si nos robara, groseramente, la piel. Luis Felipe Comendador nos ha proporcionado a la vez los poemas y la guerra.

A.M.R.

© Alvaro Muñoz Robledano Nació en Madrid en 1965. Se licenció en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid. Ha publicado los libros: “Fotografías junto al pecio” (Málaga 1991), “Hoteles” (Madrid 1996), y “Cuartel de Invierno” (Madrid 2000). Colaborador de ariadna-rc desde sus comienzos donde ha publicado su "Breve historia de la lucha de clases" (2003)


tabernalentiscal.blogspot.com

Por Álvaro Muñoz Robledano

 

 

 

Pues sí, un blog. Estas cosas pasan, y quizás debieran haber pasado antes, porque puede que en los blogs esté creciendo una nueva literatura más allá del volcado de textos para su exhibición (y digo esto en sentido estricto, sin ningún matiz peyorativo) o del comentario sagaz y actualísimo, una literatura fugaz, resignada a su momento y a su casi inexistencia entre los millones de enlaces que la rodean. Yo mismo llegué a él de manera casual, mientras jugueteaba en Internet con una frase que cualquier terapizado (sección junguiana) conoce: "ahora que no soy nadie, ¿soy acaso el hombre?". Por supuesto, es uno de los versos de Edipo en Colono, de Sófocles. Una variación del mismo cerraba uno de los posts, si es que se escribe así, y tuve la fabulosa idea de ir leyendo aquellos párrafos suaves, lentos, a veces quebradizos y a veces tensos como una carcajada que se nos antoja amarga. La taberna Lentiscal baila entra Tarifa y la costa gallega, entre las cajas de las que salen recuerdos no deseados y los visitantes que apenas traen más que su silencio. No hay cronología, ni hilo argumental verdadero, sino interior, un momento y un lugar indeterminados desde los que adentrarse aún más en cada estancia, sin más equipo que una moderada embriaguez, la necesidad de que el tiempo se detenga y una cierta desconfianza hacia la cultura entendida como solución, no como conflicto. No es lectura fácil; la Taberna Lentiscal quiere de sus parroquianos atención, morosidad, disposición para no regresar al sitio del que, sin saberlo, han sido, hemos sido todos, expulsados, y un paladar acostumbrado a estos licores tan raros hoy en día que son la literatura, la lucidez y la tristeza. Al fin y al cabo, quien sirve las copas ha preferido quedarse allí, lejos, aunque sabe que la historia, esa puta, le terminará encontrando.

El blog lo firma "Saleta"; la única identificación que el autor da de sí mismo es la imagen de un mandala tibetano. Por cierto, el lentisco es un arbusto propio de la zona sureste de España, y lentiscal, por tanto, el lugar poblado por lentiscos. También recibe ese nombre un pueblo de Cádiz y un vino canario.

A.M.R.

© Alvaro Muñoz Robledano Nació en Madrid en 1965. Se licenció en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid. Ha publicado los libros: “Fotografías junto al pecio” (Málaga 1991), “Hoteles” (Madrid 1996), y “Cuartel de Invierno” (Madrid 2000). Colaborador de ariadna-rc desde sus comienzos donde ha publicado su "Breve historia de la lucha de clases" (2003)


Los Borgia
por Fermín Castro

 

Bienvenidos a La Torre del Misterio de Fermín Castro, vuestra esfera de lo incógnito y enigmático. Hoy trazaremos unas pinceladas sobre la vida de una famosa estirpe valenciana: Los Borgia

Hay, desde hace unas semanas, una borgiamania. Una vez más las empresas de marketing han hecho bien su trabajo. Cine, televisión, prensa, radio y demás corrillos de la corte, no paran de hablar de los Borgia. Sus comentarios son la mayoría de las veces monótonos y pretenciosos. Repiten hasta la saciedad las mismas sandeces. Se nos ha presentado a los Borgia como una familia que encarna el mal, la quintaesencia de la perversidad. Familia de asesinos sin escrúpulos, lujuriosos desenfrenados. Hombres oscuros de corazón y malévolo espíritu. Mujeres sedientas de poder, ávidas de riquezas, siniestras madres. En definitiva se nos muestra una familia de poderosos como si fuesen una excepción, una terrible excepción. La verdad es que actuaron del mismo modo en que lo hicieron los Médicis, los Sforza o cualquier otra familia de poderosos.

La continua tendencia al masoquismo de nuestros intelectuales y periodistas, en lo que respecta a nuestra historia, es enfermiza y merecedora de un serio estudio psicológico. Dejemos de avergonzarnos continuamente de nuestra historia, de nuestro pasado como si el de los franceses, inglese, alemanes o cualquier otro pueblo, fuera un pasado mejor que el nuestro.

Una vez hechas esta necesarias puntualizaciones sobre lo que considero una innoble lapidación de nuestra historia, acompañadme a los misterios de la familia Borgia.

Los Borja (que es así como se llamaban antes de latinizar su apellido a su llegada a Roma) estaban asentados en Játiva, eran una amplia y poderosa familia local. Como suele ocurrir con este tipo de familias el dinero cayo de un lado y la inteligencia del otro. Así Alonso de Borja muy era un muchachito muy despierto y espabilado, lleno de virtudes pero que pertenecía a la rama pobre de la familia. Su destino hubiera sido, como el de muchos otros, un segundón de la baja nobleza sin ninguna importancia pero el destino le hizo cruzarse en el camino de un hombre singular: Vicente Ferrer predicaba furibundos sermones sobre el final de los días y la maldad inconmensurable de los moros y judios cuando tropezó con este jovencito. Vicente Ferrer se llevó una gran impresión de este joven y atendiendo a un singular olfato para reconocer la brillantez intercedió en la familia Borja para que costeasen los estudios del joven alonso de Borja. Pasados unos años y observando al ya adulto Alonso, Vicente Ferre predijo públicamente que un destino glorioso le esperaba a Alonso de Borja. No se equivocaba quien seria santificado por Calixto III, nombre que recibiría Alonso al ser coronado Papa.

Son muchos los que critican a los papas de la familia Borgía, pero pocos los que reconocen la triunfal ascensión de este clan gracias a los primigenios esfuerzos de alonso de Borgía. En defensa del primer Borgia que fue coronado emperador cabe decir que nunca se enriqueció a costa de su puesto (cosa que no podemos decir del resto de la familia), y aunque practicó el nepotismo es hipócrita criticar como grave falta lo que ha existido y existirá por siempre ( recordemos que nepotismo es otorgar privilegios o puestos a familiares, nepo significa en latín sobrino), no participó en conjuras políticas y trajo la paz a los Estados Pontificios. Realizó una frenética actividad para mejorar la calidad de los romanos, construyó hospitales, ayudó a los desvalidos. No digo que fuera un santo, que también los hubo en esta familia como Francisco de Borgia, pero me niego a dejarme llevar por la ola que demoniza a estas figuras de la historia de España.

Los franceses tienen mucho que agradecer a Calixto III ( Alonso de Borgia) pues una de sus medidas fue rehabilitar la memoria de Juana de Arco, que había sido ajusticiada por los ingleses acusada de brujería décadas antes y abandonada vergonzosamente a su suerte.

Hay una gran cantidad de libros que han surgido tras la ola de la nueva moda borgiana, algunos malos, otros peores, pero entre tanta paja también hay algo de grano como el libro “Los 7 Borgía” de Ana Martos, editado por Nowtilus, que se esta convirtiendo en la editorial que nos salva del tedio y la mediocridad bibliográfica de los últimos años. Este libro tiene en el capitulo II titulado ¡Despierta Humanidad! Una visión, vivificadora y fresca de la nueva sociedad y mentalidad que dio alma al Renacimiento. Aconsejable cien por cien. Leedlo y salud.

 


© Fermín Castro González. Escritor, poeta e historiador andaluz. Palma del Río (Córdoba) 1973. Entre los trabajos históricos como aparecen en este número, ha trabajado en “ De Weimar a Hoy”. “Invasión y Ocupación Francesa en Córdoba”. “Hª de las Instituciones eclesiásticas de Córdoba”. Es colaborador habitual de la Revista Cultural Ariadna.


Dino Buzzati
por Antonio Cózar Santiago

 

Escritor experimental e intelectual refinado

Buzzati, un virtuoso angustiado

 

Se cumple ahora, octubre de 2006, el centenario del nacimiento del escritor italiano Dino Buzzati, autor de novelas, cuentos y obras teatrales, y figura importante de las vanguardias artísticas europeas de posguerra. En sus obras literarias, Buzzati logró transmitir una atmósfera mágica y surrealista reflejo fiel de su alma, un alma que vivió atormentada en el filo de su doble destino: la fe y la duda .

Pensar en Buzzati es pensar en su alma olvidando el cuerpo; escribir acerca de Buzzati es escribir acerca de su forma disimulando la materia. Sobre el alma, Santo Tomás de Aquino redactó las Quæstiones disputatae de anima , donde se la presenta como una realidad concreta. ¿Qué mejor modo de pensar y escribir sobre la realidad concreta del alma torturada y ardiente de Buzzati que abandonarse a la falsilla del Aquinate? ¿Qué mejor manera de adentrarse en los pliegues del ánima buzzatiana que diseccionarla en las cinco partes en las que los eruditos del teólogo italiano dividieron su tratado?

En sí misma considerada

Cuenta Cesare Cavalleri (1), director de la revista Studi Cattolici , que durante los años sesenta visitó a Dino Buzzati en su pequeño despacho del Corriere della Sera en dos o tres ocasiones. En una de ellas, mientras era acogido y escuchado por el escritor con cortesía y paciencia entró en la estancia Giuliano Gramigna, redactor, poeta, crítico y escritor. Con deferencia, Gramigna mostró a Buzzati las pruebas de imprenta de un elzevir, que Dino no quiso siquiera mirar diciendo: Si es demasiado largo lo recortas. ¡Recorte! ¡Haga usted!. Gramigna, con una ligera inclinación del cuerpo, exclamó: ¡Por favor, Buzzati va directo a la imprenta!

Dino Buzzati nació el 16 de octubre de 1906 en la propiedad familiar de San Pellegrino , cerca de Belluno , al noreste de Italia. Estudió en la Universidad de Milán. En ésta ciudad trabajó como crítico, reportero y, desde 1928, editor del Corriere della Sera . También colaboró como crítico teatral, articulista y, sobre todo como ilustrador, con Il popolo di Lombardia . A pesar de su extensa labor periodística y narrativa Buzzati siempre se consideró un pintor con el hobby de la escritura: «He sido víctima —escribió— de un cruel equívoco. Soy un pintor que, por afición, por períodos más o menos prolongados, he hecho de escritor y de periodista».

Buzzati recibió en el seno familiar una educación católica, pero con el paso de los años se separó de la fe. Sin embargo, el hormigueo de un ansia de trascendencia le indujo a buscar el misterio divino en todo lo que escribía. Fue ese anhelo el que lo transportó por sinuosas y originales trayectorias literarias. Fue ese afán el que conformó su alma en una dirección instintivamente religiosa, ajena a cualquier iglesia, y desbordada por la nostalgia de Dios. Cándido a la vez que profundo en sus ideas; dócil a la vez que rebelde con sus escritos, poseía un alma singular, ajena a la transmigración, con personalidad. Un alma que no se dejaba influenciar por el recuerdo de las experiencias vividas sino que actualizaba esos recuerdos otorgándoles vida propia. Un alma tan intrincada como sus relatos, tan patética como sus poesías, tan utópica como sus novelas.

Buzzati fue un catalizador de la angustia de quienes no supieron dar un nombre, el nombre de Dios y a éste el rostro de Cristo, al misterio. De aquellos que convirtieron su angustia en un tema tan narrable como la vida ordinaria. En Racconto di Natale (Cuento de Navidad), don Valentino, secretario del arzobispo, busca a Dios para llevarlo junto al prelado en la noche de Navidad. No lo logra. Cuando se encuentran, el prelado está rezando y le pregunta: «¿Se puede saber qué has ido a buscar fuera en esta noche de lobos?».

Pero en Buzzati hubo empeño por atenuar esa angustia; empeño por encontrarse cara a cara con el misterio, por intentar comprenderlo. Y su angustia, por la formación cultural recibida, se impregnó de añoranza y espera espiritual, y se tintó de atención y respeto por la fe cristiana (2) Buzzati siente que su alma no vive conforme a su naturaleza, que la angustia que la cubre es ajena a su modo de ser. Y de este no vivir surge la melancolía por un Dios personal que, al liberarnos de nuestros pecados y dar sentido a nuestros dolores, arranque la costra de ansiedad que sofoca al alma.

Sin embargo Buzzati nunca dio el paso, no rompió las cadenas ni sobrepasó los límites que cercaban esa angustia. No se abrió a la fe y su espíritu quedó sin respuestas que lo emanciparan, llegando a negarse la recepción de la Extremaunción.

En cuanto a su unión con el cuerpo

"Dino Buzzati no hablaba demasiado, pero cuando lo hacía necesitaba anotarlo en la propia memoria. Había siempre algo explícito, pero también algo secreto en lo que decía, algo de misterioso. Es también lo que encontramos en sus escritos..." (3) .

Relativo a Buzzati se cuenta con abundante material. De sus relatos, se ha incluso analizado en ensayos y congresos la frecuencia de los colores o el numero de onomatopeyas que utiliza. Pero sobre la espiritualidad de sus libros sólo hay breves apuntes, apuntes que atenazan un tema demasiado complejo como para afrontarlo sin meditar, sin vestirse la piel del autor.

Al hablar sobre el alma encadenada al cuerpo que era Buzzati existe el riesgo de caer en dos opuestas coacciones: hacer coincidir su implícita dimensión religiosa con una formal declaración de fe, o negarla por completo. Ninguna sería correcta. Las almas sensibles, y Buzzati lo era, las almas que sienten un intenso placer o dolor con las personas, con las cosas y con las búsquedas en las que se ven inmersas sufren en carne viva los estados radicales. Su sensibilidad les aleja de los relajados cauces, donde no hay puntos de partida ni de llegada, donde el fluir de la vida debe ser alimentado constantemente y en pequeñas dosis, y donde reina lo escurridizo.

Las situaciones que plantea Buzzati en algunas de sus obras son absurdas, descabelladas, ilógicas. Para Buzzati, las atmósferas surrealistas y góticas, impregnadas de un sentido de angustia finalizan en lo inevitable de un destino paradójico e irónico, con sentido y sin desaliento. «En su corazón, Dios Omnipotente querría que ciertas cosas no sucedieran, pero no puede impedirlo porque ha sido Él mismo quien lo ha decidido así».

En la narrativa de Buzzati se acorta la distancia entre lo absurdo y lo pasible, entre lo real y lo imaginario; ir y venir de un territorio a otro, borrando huellas y cancelando aduanas, hasta no saber dónde estamos. «Nadie puede conocer los dolores, las sorpresas, las enfermedades destinadas para el día siguiente».

"El único que consiguió contar batallas navales fue Buzzati. Pero ¿por qué? Porque Buzzati escapaba de la censura ya que, de sus relatos, el pobre censor —y en general el censor era un cretino, porque sólo un cretino trabaja de censor— no lograba entender en qué siglo, en qué mar se desarrollaba la batalla que Buzzati contaba. Porque Buzzati, de hecho, construía una fábula" (4) .

En cuanto a sus potencias

La formación de Buzzati se dividió entre las que habían de ser las pasiones de toda su vida: la literatura, la música y la pintura, a las que desde 1920 (año en que realizó su primera excursión a los Dolomitas) habría que añadir una nueva: la montaña. Empezó escribiendo fábulas morales para niños y adultos en la década de 1930. Su primera novela, Bàrnabo delle montagne (Bárnabo de las montañas) aparece en 1933, y dos años más tarde Il segreto del Bosco Vecchio (El secreto del Bosque Viejo).

El protagonista de Bàrnabo delle montagne es un guardabosques joven que, junto con una cuadrilla de compañeros, pasa su vida en una zona salvaje de las estribaciones de la gran cordillera que delimita la frontera de un país. ¿La Italia del primer tercio del siglo XX? Su existencia está marcada por las imposiciones de la naturaleza y la climatología. Hasta que un día aparece un grupo de bandoleros que siembra el temor de nuevas visitas.

Il segreto del Bosco Vecchio narra la historia del coronel Sebastiano Procolo, un severo militar de mostachos canos, que se retira del servicio en 1925 para hacerse cargo de la herencia de su tío: el terrateniente Antonio Morro. Entre sus posesiones se encuentra una foresta milenaria, el orgullo de Valle Fondo. Urracas que recitan poesía, árboles con algo más que espíritu, el viento Matteo, que es músico poderoso y viejo. "Sólo los niños, aún libres de prejuicios, se daban cuenta de que el bosque estaba poblado por genios" comentó Dino Buzzati. Novela paradigma de la fantasía alegórica, una fábula llena de matices e interpretaciones, una pieza clásica del fantástico europeo setenta años después de su escritura.

En 1939, Buzzati fue enviado especial del Corriere della Sera en Addis Abeba. Allí, en el desierto africano, recibió una impresión análoga a la de sus experiencias en la montaña; también durante 1940 fue reportero de guerra a bordo del crucero Fiume . De estas experiencias surgen las crónicas de las batallas de Capo Teulada y de Capo Matapan , y de la segunda batalla Della Sirte . También escribirá la Cronaca di ore memorabili (Crónica de horas memorables), aparecida en la primera página del Corriere della Sera el 25 de abril de 1945, día de la Liberazione .

Su mejor novela, Il deserto dei tartari (El desierto de los tártaros), apareció en 1940. Cuenta la agobiante historia de un oficial recién incorporado a un destacamento perdido en tierra de nadie, que se prepara para una invasión que nunca llega. El teniente Giovanni Drogo es lentamente atrapado por esa espera infinita, en la que nada pasa y todo acecha, incapaz de salir del lugar que tanto había odiado. Il deserto dei tartari es producto de la monotonía de su trabajo periodístico, de sus solitarios paseos de madrugada de vuelta a casa tras cerrarse la redacción del periódico, de su experiencia militar y del sentimiento, como él mismo escribió, "de estar consumiendo inútilmente la vida".

No renunció Buzzati a un aspecto más comercial y cercano al público en sus artículos periodísticos. Buscaba proximidad con los lectores, viviendo en sus preocupaciones y en sus alegrías. Así escribió la crónica del Giro de 1949; distintos artículos sobre la llegada del hombre a la luna en 1969 —con el que gana el premio periodístico Mario Massai —; y un maravilloso reportaje sobre la expectación por el Apolo 13.

Gracias a sus excepcionales dotes como dibujante publicó La famosa invasione degli orsi in Sicilia (La famosa invasión de Sicilia por los osos) (1945) ejemplo de novela gráfica para niños y mayores. Y al final de su vida, entre otras, Poema a fumetti (1969) (Poema en viñetas) que recrea a través de doscientos dibujos su propia versión del mito de Orfeo, o I miracoli di Val Morel (1971) (Los milagros de Val Morel) un libro con los ex-votos pintados por Buzzati, a los que se le añadió un texto explicativo.

Obras posteriores son la novela de ciencia ficción Il grande ritratto (El gran retrato) (1960) y Un amore (Un amor)(1963). El mundo literario de Buzzati es casi exclusivamente masculino, fruto de una censura materna que le hace sentir el amor como traición y culpa. A la muerte de su madre, Buzzati se enamora locamente de Almerina Antoniazzi, que convertirá en el personaje de Laide en Un amore , y con la que se casará a los 60 años. En ésta novela, la mujer aparece como una maraña de sentimientos, misterio y placer, pero también fuente de angustia y desesperación, salvación y condena, principio y fin, vida y muerte.

Sus relatos breves están recopilados en I sette messaggeri (Los siete mensajeros y otros relatos) (1942), Sessanta racconti (Sesenta cuentos) (1958) que obtuvo el Premio Strega, o Le notti difficili (Las noches difíciles) (1971). En ellos los acontecimientos más extraños se cuentan sin rodeos, pues Buzzati pensaba que la efectividad de una historia fantástica depende de que se cuente en los términos más simples y eficaces. Por ello no dudaba en distendir la narración con el ingrediente del sentido del humor, que le sirve de vehículo para introducir la fantasía con la que se enfrenta a cuestiones metafísicas, como el paso del tiempo, la muerte o el ansia de absoluto. Todo ello, planteado de manera inquietante y dejando un cierto regusto de escéptico pesimismo al no poder adelantar respuestas. Buzzati era más de indagar que de aportar respuestas.

En cuanto a su duración

Buzzati es un hombre que experimenta angustia, que se siente desarmado e impotente ante una amenaza vaga, inexplicable e indeterminada. ¿Qué peligros y qué amenazas, qué inquietudes y qué ataques temía Buzzati? La preocupación por el transcurrir del tiempo, la simbología de los grandes espacios deshabitados e inhabitables, el acecho de un enemigo más allá de la frontera de lo dominado o la creación de un ámbito de desasosiego que trasluce la preocupación existencial por el sentido de la vida, son ciertamente algunas de sus angustias.

La literatura de Buzzati resta inmortal porque, como decía Platón, es inmortal lo que se mueve por sí mismo. Y los escritos de Dino Buzzati se alimentan de sus temáticas propias en un continuo feed-back . Temáticas que acuden a su alma desde las experiencias externas y desde las aflicciones internas.

Informaciones y zozobras conforman en Buzzati un universo temático de gran amplitud. Materia de sus escritos son: la fantasía, «galopa, huye, galopa, fantasía superviviente. Ávido de exterminarte, el mundo civil te acosa los talones, nunca te dará paz» (El Babau ); la soledad, «la verdad se encuentra sólo en las casas y no fuera. Así que del resto del género humano no se sabe nunca nada» (La soledad); la montaña, «siente como nunca la cercanía de las montañas, con sus valles desiertos, con las gargantas tenebrosas, con los desprendimientos improvisados de piedras, con las miles de antiquísimas historias y todas las otras cosas que nadie podrá nunca decir» (Bàrnabo de las montañas); la magia, «no hay nada que enseñar. Es cuestión de sensibilidad. Nadie puede sospechar lo que allí dentro sucede» (El secreto del Bosque Viejo); la espera, «la vida le parecía inagotable, obstinada ilusión, aunque la juventud hubiese ya empezado a desflorecer. Pero Drogo no conocía el tiempo» (El desierto de los tártaros); o la muerte, «la tendrás siempre encerrada dentro y, odiándola sobre todas las cosas, la nutrirás de tí día y noche: nunca hubo madre tan premurosa con su niño» (Domingo).

Ni la búsqueda ni la angustia cesaron en la vida de Buzzati. Quizá, lo que comenzó con el fallecimiento de su padre cuando sólo contaba con catorce años —debido a un cáncer de páncreas—, se mitigó con la muerte de su madre el 8 de junio de 1961. De esta muerte surgirá, dos años más tarde, el funerario relato "Dos conductores". Pero nunca llegó a desaparecer. Buzzati, fiel conocedor de la literatura italiana, parece no aplicarse los versos del Canto I de la Divina Comedia:

Entonces se calmó aquel miedo un poco, / que en el lago del alma había entrado / la noche que pasé con tanta angustia.

En cuanto a su condición

Su padre, Giulio Cesare, era profesor de Derecho Internacional en la Universidad de Pavia y su madre, Alba Mantovani, de origen veneciano, era hermana del escritor Dino Mantovani. El aire culto y distinguido que respiró durante su juventud y adolescencia se convirtió, con el tiempo, en un vigoroso viento metafísico y simbólico, propio de su obra más madura.

El estilo alegórico y neblinoso de Buzzati bebe de los manantiales de Franz Kafka. Parece innegable la relación entre Il deserto dei tartari y el relato breve del checo Ante la ley . Sus cuentos, a la altura de los de Italo Calvino o Jorge Luis Borges detentan sobriedad e incisividad, y están barnizados de un buen humor escéptico y socarrón. Bioy Casares decía que lo admiraba "por su estilo directo, por su imaginación tan inventiva y porque sus libros son hospitalarios para mi".

A través de la variedad estilística de Buzzati corre un sentimiento decepcionado de lo absurdo de las instituciones humanas. Albert Camus, partícipe de esta idea, tradujo al francés la obra teatral Un caso clínico (1953), ataque cómico a la burocracia italiana, que es a su vez, la conversión al teatro del relato breve Sette piani (Siete pisos), en el que Giovanni Corte es un hombre condenado a enfrentarse fatalmente a la terrible prueba del paso del tiempo, una realidad sin esperanza a la que hay que resignarse. No es algo angustioso sino natural. El personaje es una proyección autobiográfica del propio autor, recurso reprochado por los críticos debido a la escasa capacidad de Buzzati para crear auténticos personajes.

Buzzati vive inmerso en una economía narrativa que obedece a esa fidelidad por el gusto nato de narrar. No en vano, la crítica habla del artigianato di Buzzati (el artesanado de Buzzati) para definir su minuciosa pericia narrativa. Menos conocido es el Buzzati como poeta, aunque no por ello menos interesante. He aquí la amarga Giorno verrà (Día vendrá):

«Con los progresos de la medicina / vivirás todavía ochenta años, / como mínimo, amor. / Y yo, por entonces, polvo. / Polvo y, acaso, algún hueso. / Pero ésta no estará muerta / que escribo: por el llanto y la vida / que le pongo. Y leve / descenderá sobre el tejado / del inmenso hospital / donde estará muriendo la anciana / que lleva tu querido nombre. / Dentro del cuerpo / en ruinas / una niña temblará de miedo / sollozando: tu alma, / ¡siempre la misma! / No más músicas, entonces, no cremas / de belleza, vestidos chic, / ni miradas deseosas, / ni esperar a la fortuna. / Una ruina abandonada / sobre la cama número 15 / segundo reparto de cirugía. / Acordarse de tí / en todo el mundo, sólo / estas palabras mías, / y tú no las entenderás / porque no las has entendido nunca. / Pero te calmarán un poco / la pena y la soledad» (5) .

Al final de su vida, Buzzati se dedicó a la pintura obteniendo un discreto éxito. Murió en Milán el 28 de enero de 1972, víctima como su padre de un cáncer de páncreas, tras cincuenta y un días de hospitalización. Una pena su muerte. Una alegría su vida. Un placer leerlo.

Dino Buzzati es uno de los grandes de la literatura italiana del siglo XX. El destino del alma, que se traduce en la perennidad de sus obras, y que depende en parte de su conducta moral en la vida, nos regala la última metáfora buzzatiana . Su alma, como una biga alada en la que el auriga cuenta con un corcel noble y disciplinado, frente a uno de mala casta e indómito, necesitará, como él mismo escribía en 1971 pocos meses antes de su muerte, "naturalmente un guía que le conduzca a los sitios para saludar...".

 

 

(1) Avvenire (17.5.2006), pág. 33.

(2) Veanse sus relatos I santi (Los santos) o Il cane que ha visto Dio (El perro que ha visto a Dios) o Il disco si posò (El platillo volante se posó).

(3) "Dio che non esisti ti prego". Dino Buzzati, la fatica di credere . ("Dios que no existes, te pido". Dino Buzzati, la fatiga de creer). Lucia Bellaspiga. Prefacio de Vittorino Andreoli. Ancora. Páginas: 224. 15 euros.

(4) Indro Montanelli, Lo stile di una vita (El estilo de una vida), en Corriere della Sera , 29 de enero de 1972.

Il capitano Pic e altre poesie (El capitán Pic y otras poesías); Editorial Neri Pozza; 1965.

 

 

© Antonio Cózar Santiago . -Nacido en Valencia, el 27 de septiembre de 1970. Licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad de Valencia. Reside temporalmente en Roma, donde desarrolla labores periodísticas y cursa estudios de Filosofía. Colaborador de la revista “Nuestro Tiempo”. Ganador del Concurso Cuentos de Navidad La Gaceta de los Negocios 2005. Finalista del Concurso de Relatos “La lectora impaciente” 2006.


"MIRADAS" en medio folio
por José Ángel F. Colón y Antonio Polo

PARAÍSOS
José Ángel F. Colón



Como si de un cuerpo extraño se tratara, vive, enfrentada al demonio de la pobreza, la ciudad moderna. No hay para los más pobres otro protagonismo que el de la página de sucesos, la politiquería social y el rechazo silencioso y unánime de la mayoría. En las abigarradas polis del siglo XXI brota este hongo inesperado e indigesto en los márgenes de las autopistas y las vías ferroviarias, crece parásito y se enquista, coloniza ese apéndice con la escenografía procaz del arte bruto. Destacan, de sus casuchas naif, los depósitos de agua, remedo inexacto y paródico de otras geografías menos prosaicas; las chimeneas rudimentarias de tira cómica que en invierno exhalan un humo antiguo, decimonónico, barojiano; los desperdicios que florecen en cualquier parte, jardinería de vidrio y de hojalata, de tetra-brick; el atrezzo vanguardista de los autos, monstruos celosos al acecho del intruso, al pie del hogar, de la enigmática puerta. Esa cartografía imposible del poblado es un reflejo torvo de nuestra existencia. Aquí se repiten sin remilgos las relaciones que torturan nuestra conciencia, las palabras, menos huecas, tienen las mismas virtudes y defectos; el peso del amor y el del engaño. El abecedario de los gestos y las formas, la pasamanería, el disfraz, la soledad, la lujuria, tienen otra embocadura, pero, al cabo, el mismo puerto. En ese territorio paralelo que cercena nuestra mirada se reproduce sin candor la lucha del fuerte contra el débil, la del poderoso contra el inadaptado, la del padre contra el hijo; los mismos mitos, los mismos dioses, idéntica filosofía. En esta cárcel de lámina, los chacales son los jefes del clan, los propietarios del laberinto, los que manejan digámoslo de un modo clásico, vidas y haciendas. A su modo nos imitan y nos intimidan, los reconocemos, su culpa es “la región más transparente”. De esta gente no hay más literatura, esporádica, que la del retrato realista ni más cultura que la de la sociología censal, la antropología de la pobreza es cosa de excéntricos, periferia del presupuesto; la poesía si existe, es automática como un grito.

Se impone, al fin, la fuerza arrebatada de la imagen; de las tiendas asoman las siluetas de los náufragos, torpes sombras que avanzan contra el viento. De sus cuerpos de títeres solo esperamos, que en el próximo segundo, desaparezcan, se pierdan en el desierto.

PARAÍSOS
Antonio Polo


Aunque el Paraíso se encuentre en una cala del mar Mediterráneo, incrustado en un paraje exacto de calimas y humedades, todo está rodeado de chumberas. Su expresión más íntima se alcanza, no obstante, al mediodía, mientras se contempla el viaje rotundo de una gota de aceite de oliva rodando sobre las nervaduras de la lechuga. Lejos, sin embargo, de esta visión peripatética están los días que la ciudad desaprensiva proporciona a los desheredados, porque para éstos el día entra como un vértigo, poniendo obstáculos de cal y de cuchillos, aunque al final, en el fragor de la noche, entren también los sueños. En todo caso, bajo la balumba de la luz mediterránea o el plomizo smog de la penuria, todos buscamos la perspectiva de una sonrisa, el olor de las sábanas limpias y ese gesto furtivo de los héroes, que más que asalto es armisticio. Los paraísos, que por naturaleza siempre serán inaccesibles, se anuncian en acontecimientos tan sublimes como sencillos: los dos pesos que anhela el saltimbanqui en una avenida de México DF, el coro inmaculado de un colegio a las afueras de Barranquilla, la variada silva de un maestro de Oaxaca, o la sensación de pisar tierra firme. El paraíso es ese rincón del infierno, en donde Dante muele plácidamente una resma de achicoria mientras la arpillera del mar cubre ese paraje exacto de calimas y humedades. Y cuando entra la noche, todos anhelamos el viaje rotundo del aceite.

 

 


Francisco Deco
16 poemas
Sevilla, Alfar, 2006
Por Álvaro Muñoz Robledano

 

 

Primera referencia que tengo de este poeta, aunque una nota indique que éste es su quinto libro publicado. Si quieren, se le puede despachar aludiendo a su empleo del “método” poundiano y su conexión con ciertas tendencias de la poesía experimental, collage y letrismo incluido. Estarán equivocándose de cabo a rabo. Construcción de poemas mediante la concatenación de citas literarias o de cualquier otra raíz, en múltiples idiomas y manejando diversos tipos de letra; inclusión de imágenes, pentagramas, símbolos, esquemas; dislocación de palabras y frases completas para reconstruirlas de manera impronunciable, realmente ilegible... Sí, de acuerdo, Pound está aquí, pero no se molesten en señalarlo por que ya lo hace el mismo Deco, para ahorrarles el trabajo. Y no se escandalicen, que no es la primera vez que aparece por estos lares y, si tenemos suerte y un poco de inteligencia, no será la última. Francisco Deco camina por centenares de lecturas, de visiones, de sonidos anteriores que son estrictamente contemporáneos de su propio poema tan sólo por que están ahí. Hacer de tales referencias objetos físicos, equipararlas a su vivencia, preguntar a cada uno de los que se asoman si la cultura, el fárrago de transcripciones con que nos asaltamos cada día, puede de verdad afectar a nuestra sensibilidad, pesar en nuestro ánimo, aguijar nuestra ansiedad y resolverla; si lo legible, en suma, puede ser vivido, o si ya hay un cristal que lo separa de nosotros mismos, un cristal que llamamos literatura y con el que no hacemos sino cegarnos. Tal es la tarea impuesta por estos dieciséis poemas, a los que no debemos, quizás, buscar ninguna conclusión; mucho mejor recorrerlos con el temblor con el que se pasea por un museo terrible en una hora extraña. Había que fajarse en este combate, y pocas veces he visto hacerlo con la decisión con que Deco lo hace. Este libro no podía ser escrito de otra manera.

A.M.R.

© Alvaro Muñoz Robledano Nació en Madrid en 1965. Se licenció en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid. Ha publicado los libros: “Fotografías junto al pecio” (Málaga 1991), “Hoteles” (Madrid 1996), y “Cuartel de Invierno” (Madrid 2000). Colaborador de ariadna-rc desde sus comienzos donde ha publicado su "Breve historia de la lucha de clases" (2003)


Jesús, Cristo y Buda
por Fermín Castro

 

Bienvenidos a La Torre del Misterio de Fermín Castro, nuestro jardín secreto para contemplar las extrañas flores de la historia. El tema de esta semana se centra en el mensaje de dos figuras históricas que han marcado la vida de los hombres durante generaciones pero a pesar de ser una y otra vez repetidas no han sido suficientemente explicados y si villanamente explotados como justificación a fines inconfesables.

Jesús y el Cristo y Buda tienen un mensaje sorprendentemente idénticos y esto que llamará al escándalo a más de uno, se explica de forma muy sencilla si logramos abandonar los prejuicios propios de nuestra educación y comprender que ambos mensajes espirituales se basan fundamentalmente en el amor.

Los paralelismos de estos seres iluminados son sorprendentes, sus vidas presentan capítulos idénticos y el mensaje de uno parece encontrar continuación en el de otro. Ambos enseñan que el amor al prójimo, aun a los enemigos, nos muestran que el camino espiritual necesita del desapego material y del dinero, afirman que la compasión es el estandarte que debe guiar nuestra existencia en este mundo.

Es curioso comprobar como ambos tuvieron a la edad aproximada de los treinta años experiencias paranormales que cambiaron sus vidas y a la postre la propia Historia. Seguir sus enseñanzas supone un cambio de vida, una concepción psicológica diferente de la sociedad. El que seguía a Buda tenia que morir y renacer a una nueva vida, idea idéntica a Jesús.

Tanto Jesús el Cristo como Buda son médicos que diagnostican el mal del mundo basado en tres manifestaciones ceguera, ansiedad y egocentrismo. Como cura proponen rechazo a las mezquindades materiales, amor y compasión.

Os propongo un juego. A continuación voy a escribir sentencias de Jesús y de Buda, tratad de adivinar cual pertenece a uno y cual a otro:

Tratad a los demás como queréis que ellos os traten.

Considera a los otros como si fueran tu mismo.

¿Qué frase pertenece a Jesús y cual a Buda?

Si alguien te pega en una mejilla, preséntale la otra también.

Si alguien te abofetea, te apalea o te arremete con un cuchillo, debes renunciar a los impulsos y no proferir palabras malvadas.

¿Y ahora?

Vuelve la espada a su sitio, que el que a hierro mata a hierro muere.
Renunciad a matar, ni con palo ni con espada.

¿Qué sentencia es de Jesús y cual de Buda?

Ellos le dijeron: Maestro esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda lapidar a esta mujer; tu ¿Que dices? El dijo: Aquel de vosotros que este libre de pecado. Que tire la primera piedra.

No os fijéis en las faltas de los otros ni en lo que los otros han hecho o hayan dejado de hacer; mirad lo que vosotros mismos habéis hecho y habéis dejado de hacer.

Son muchas más las sentencias de uno y otro que son casi idénticas. Para mi es evidente que ambas fueron inspiradas por la misma fuente.

El libro que os recomiendo esta semana se titula “Jesús y Buda” de Marcus Borg editado pulcramente por la editorial Kailas, es un libro muy grato, un buen manjar para el alma. Saludos y amor.

 


© Fermín Castro González. Escritor, poeta e historiador andaluz. Palma del Río (Córdoba) 1973. Entre los trabajos históricos como aparecen en este número, ha trabajado en “ De Weimar a Hoy”. “Invasión y Ocupación Francesa en Córdoba”. “Hª de las Instituciones eclesiásticas de Córdoba”. Es colaborador habitual de la Revista Cultural Ariadna.


Ángela Serna
Vecindades del aire
Vitoria, arte activo ediciones, 2006  

 

A Ángela Serna la he seguido durante años, lo poco que puede seguirse a alguien desde este rincón, como poeta visual. Aún recuerdo su participación en la exposición Poesía para Ver, con la que la casualidad me hizo coincidir en Benicarló (por cierto, Cuadernos del Matemático editó, como suplemento al número 29, un catálogo de la exposición). Así que cogí este libro con ansiedad por ver como se desenvolvía por el terreno de lo discursivo, ella, que tanto desparpajo ha mostrado siempre para imaginar sus poemas. Toda una sorpresa. La sinceridad, por más que se empeñen en lo contrario, es una virtud de la inteligencia; el tonto no es sincero, es impertinente. Y Ángela Serna se muestra aquí con sinceridad, expulsados los artificios y las excusas, mostrando como un poema se escribe en el momento en que se acepta la sensibilidad y los mecanismos que la sensibilidad engendra por sí misma. No es necesaria más trama para armar un libro tranquilo, para contemplar en él un paisaje posible, humano, en el que afirmar una historia de amor como una caricia. Ángela ha escrito un libro de poemas en voz baja, tenues y, sobre todo, limpios.

 

A.M.R.

© Alvaro Muñoz Robledano Nació en Madrid en 1965. Se licenció en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid. Ha publicado los libros: “Fotografías junto al pecio” (Málaga 1991), “Hoteles” (Madrid 1996), y “Cuartel de Invierno” (Madrid 2000). Colaborador de ariadna-rc desde sus comienzos donde ha publicado su "Breve historia de la lucha de clases" (2003)


Lila Downs
por Antonio Polo González

Círculo de Bellas Artes
Madrid 18 de Noviembre 2006
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“Relámpago en el viento trae mucha electricidad” esa podría ser la definición de una mujer menuda que tiene un chorro de voz extraordinario. Lila Downs hizo las delicias de un público entregado la noche del 18 de Noviembre en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Lo hizo, a pesar del desastre organizativo del Círculo. Lo hizo, y llenó de electricidad todo el aire de la cuarta planta cuando cantó “Paloma Negra”. A mi lado dos amigos, enamorados de una Oaxaca que ahora sufre por la situación creada por el sátrapa de Ulises el Gobernador, volvieron a temblar cuando sonaron los primeros compases de “Traigo penas en el alma”. Lina Downs, que es toda energía, sabe combinar perfectamente ese portento de voz con los sentimientos tan cercanos del alma como es el sufrimiento y el amor. Y lo hace moliéndolo todo, porque en Oaxaca se muele todo, “mexcal con café, se muele la sal, y en la fiesta todito se ha de quemar”, como cuando nos cantó la “Cumbia del Mole”. Lina Downs lo sabe bien porque además es Antropóloga social por la Universidad de Minesota, y aunque nació en Tlaxiaco Oaxaca, creció en Mineapolis. Y esto le da ese carácter fronterizo en su estilo artístico. De madre cantante indígena mixteca y padre pintor estadounidense, su identidad lleva la marca indeleble que confiere la frontera. Ella empezó cantando rancheras en su pueblo natal. Cantaba en las fiestas patronales con distintos grupos de la Mixteca, lo hizo primero con los “Cadetes de Yodoyuxi” y luego con “La Trova Serrana” época en la que conoció a Paul Cohen y a partir de entonces empezaron a componer juntos. Heredera de Chavela Vargas (una herencia proclamada por la propia Chavela), en sus conciertos siempre hay lugar para el compromiso y un espacio para la rebeldía. Esa misma noche, Lina Downs invitó también a compartir las tablas con una formidable Carmen Paris. Es justo reconocer que aunque es difícil acercarse a los registros de la Downs, Carmen Paris estuvo portentosa, tanto que ella misma pudo comprobar cómo se caía el salón de Columnas del Círculo a sus espaldas cuando abandonaba el escenario.

Yo me quedo, sin duda con la electricidad de la noche, la calidez de su voz y las arias que forjaron el grosor de las cuerdas de la garganta, aunque como dice ella “el altavoz forjó la armonía de la conciencia que manaba de mi barrio San Nicolás, cada día a las 5 e la mañana, por el frío de la sierra, de mi ciudad mercado allí donde está enterrado mi ombligo, bajo el maguey detrás de la casa de mi madre, allí siempre tiene que volver, dice mi nanañu, Dáu se'e luli ri”

A.P.G.

 

© Antonio Polo González. ariadna-rc.com


Vanessa Montfort
El ingrediente secreto
XI Premio de Novela Ateneo Joven de Sevilla
Sevilla, Algaida, 2006  

 

Créalo o no el paciente lector de estas notas, me cuesta hablar de esta novela, no por conocer personalmente a Vanessa, que llegó no ha mucho a esta revista (por cierto, ya se habrá dado nuestro fervoroso seguidor cuenta de que cierto imán tenemos, que los buenos, de Urceloy a Torres, de Gara a Montfort, se nos acercan), sino por su asunto, que, sin que lo supiera la autora, desde luego, me ha tocado demasiado cerca, y ando repitiendo sus andanzas y giros en mi cabeza, igual que su protagonista los repite por las calles de Madrid. Ese asunto no es otro que nuestra historia, el siglo XX cambalache y putero en el que surgimos, en un país callejero y sediento de sufrimiento, España, por si las dudas, decidido a marcarnos, a que cualquier tentación de olvido sea desdichadamente aniquilada. Eva, la protagonista, descubre poco a poco la historia de su padre, uno de los muchos extras de la gran tragedia española (hasta la próxima), que creyó que podría esquivarla, o sobreponerse a ella, que tenía derecho a una vida y no a un paseo brutal por el tiempo. Su investigación no se desarrolla sólo en las conversaciones con su padre, sino, y con más fuerza a medida que avanza la novela, en las plazas y bares de todos los días, más y más cargados de pasado en cada regreso, o en ese teatro que convoca a sus fantasmas mientras es remozado, con cada telón que se levanta, con cada ventana cegada que se abre. El desvelamiento del pasado se cumplirá en la misma Eva, consciente de no poder prescindir de tales ecos, de albergar en su interior los mismos claroscuros, las mismas contradicciones y las mismas imposibilidades que los que como su padre, como ella misma., como todos nosotros, se dieron de bruces con el futuro y aún no han dejado de sangrar. El ingrediente secreto nos rescata de la novela putrefacta poblada de cincuentones cargados de pasta y satisfechos de sí mismos, de sesentayochistas que hicieron la revolución para ganarse el derecho de pernada, de caníbales que devoran a los demás acompañándose de grandes vinos, y de tanto tipo que conoce la realidad a fuerza de contemplarla en sus sirvientes. No, la novela de Vanessa Montfort, junto con otras pocas, nos devuelve lo que la novela no tendría que haber pedido: el temblor, la pasión por la escritura y la ansiedad que ésta provoca cuando es tan semejante a la vida, cuando puede ser parte de la vida. En ella está el gesto arrogante del estilo, de la capacidad para transcribir múltiples registros, para armar una verdadera estructura narrativa. En El ingrediente secreto está el presente, alzado sin fisuras, latente, gozoso, terrible, en el escenario de nuestros ojos.

 

A.M.R.

© Alvaro Muñoz Robledano Nació en Madrid en 1965. Se licenció en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid. Ha publicado los libros: “Fotografías junto al pecio” (Málaga 1991), “Hoteles” (Madrid 1996), y “Cuartel de Invierno” (Madrid 2000). Colaborador de ariadna-rc desde sus comienzos donde ha publicado su "Breve historia de la lucha de clases" (2003)




v o l v e r


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