EL LABERINTO

A R I A D N A - R C . c om      c r e a c i ó n    l i t e r a r i a

[número treinta y dos edición verano 2006]

s e p t i e m b r e

 

V E R A N O

En la "Oración por los tontos", Celso Emilio Ferreiro implora a Dios piedad porque ya no sabemos nada de geometría y hemos olvidado alegremente la fórmula del binomio de Newton. Algo imperdonable por otra parte, porque qué otra explicación se podría dar a la longitud de los días y a la suavidad de las noches sino fuera por algo tan extraordinario como la gravedad de los cuerpos y la cercanía de la Luna. Al llegar el verano nos quedamos embobados por la música celeste de tal manera que vamos por la vida con los ojos encendidos ante la tibia embriaguez de las fábulas. En este número de Ariadna sabremos que al llover los libros se revuelven en las estanterías entre los tigres y los puñales de Borges, sabremos lo que la mula ve cuando entre las orejeras va aprendiendo del mundo, sabremos de una fábrica oxidada sobre la tierra adentro, y sabremos que la vida tiene a pesar de todo sus lecciones sencillas. No sabremos nada de geometría, pero sin duda, alcanzaremos las respuestas a esas preguntas diminutas como cuarzos "acerca de los grillos que cantan incansables".

 


i m p r i m i r 


v o l v e r

 


Frágil
por Álvaro Muñoz Robledano

La historia es objeto de una construcción cuyo lugar está constituido por un tiempo repleto de ahora.
Walter Benjamin

1
El libro en el que está la noche del sábado, la mañana del domingo. Casi desencuadernado, siempre se vence por la misma página al sacarlo de la estantería, una página con sólo dos líneas impresas.
El correo de varios días en el buzón, cada carta mordida, arañada por la siguiente; nada sabe el cartero de ausencia, tal vez de fuga, tal vez de deportación.
Los balcones cerrados como granos de sal para la ceremonia, como poemas ilícitos.
Los patios sin salida.
El final de todos los escondites.

2
La plaza guarda aún recuerdos de 1930.
Quienes entran en ella se encogen como si entraran en el invierno, casi imperceptiblemente, como si en cualquier momento pudiera comenzar la algarada.
La plaza es, a la vez, el camino forestal que nadie limpia de retamas, el deseo de las nubes más oscuras y de un carruaje dispuesto para la marcha en las ruinas de la plaza misma.
Quienes se sientan en las mesas del único bar anhelan la abolición de cada conversación, de cada sonido, hasta del taconeo de las mujeres que no llegarán a ver salvo en el reflejo de cristales sucios.
A veces el viento arranca las tejas y las estrella contra el pavimento como si fueran uvas rojas.
Ocurre de madrugada, en los pocos minutos en que no hay nadie para contemplarlo, para saber que fue el viento quien dejó tales estallidos indelebles.
Como un papel sin más trazo que unas burbujas de tinta, desecho de un plumín deforme.

3
En el último piso del rascacielos los mendigos dan cuenta del banquete que les ha sido otorgado.
Han visto los contrapesos, han sentido el balanceo de la estructura, han percibido el viento como un peligro, la lejanía como una trampa.
Mientras comen, entienden que les han usurpado su invisibilidad

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

© Álvaro Muñoz Robledano. Nació en Madrid en 1965. Se licenció en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid. Ha publicado los libros: “Fotografías junto al pecio” (Málaga 1991), “Hoteles” (Madrid 1996), y “Cuartel de Invierno” (Madrid 2000), así como la edición virtual "Breve historia de la lucha de clases" (Ariadna-rc.com, 2003). Las revistas Ariadna-RC.com, Canente y Poeta de Cabra acogieron algunos poemas de sus libros. Acaba de recibir el III Premio Literario Café Mòn de Palma de Mallorca por el poemario "Salvoconductos",


Al llover
por Antonio Polo

Cuando llueve y miro los libros de la estantería,
acabo revolviéndolo todo. Encuentro la génesis
de un ensayo de amor mientras arrecia el agua en los cristales
y renuncio a las Catilinarias de Cicerón que el polvo
enterró bajo un tomo de la Eneida, entonces recobro
las sensaciones del otoño y a Süsckind
surgiendo malévolo del fondo de los anaqueles.
Al final sé que me queda una página de Borges
en la que acaso hay un tigre y un puñal
que siempre seguirán estando húmedos.

Cuando cesa la lluvia, y la luz se abre paso
rendida ante el decoro de los visillos, salgo al jardín
apresado por el olor a tierra mojada y te veo
poniendo orden entre las azaleas, y
me haces un gesto para que acuda a tu lado,
y me encuentro con tus manos manchadas de tierra,
y tu pelo que se ha llenado de bayas
y cuentas de colores, entonces le das sentido
a todos los años de sequía y al olivo retorcido
que un día fue monarca en nuestro patio.

Cuando vamos a la playa, y tú, descalza
caminas por la orilla, yo cierro el libro
y dejo atrás un poema inconcluso sobre la lluvia,
las tardes en las que sentado bajo la atmósfera azul
de un cigarrillo compartía un soneto con Neruda,
las letras del piso, la noche febril e interminable
entre llantos de niños, ojeras y pesadillas,
entonces recuerdo tu pelo oliendo a manzanas,
el segundo movimiento de la Sinfonía cuarenta de Mozart,
y la escápula de tus hombros, precisa y arqueada
como un cuenco de arcilla blanca en la que un día
lejano bebí unos versos de Salinas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

© Antonio Polo. San Fernando (Cádiz) 1957. Ha publicado distintos trabajos: “Quince líneas” Ed. Tusquets, « Lavapiés » Ed. Ópera Prima; “La vida en Hermenauta Ed. Ariadna, colaborador en varias revistas literarias: ”Cuadernos del matemático”, “Luces y Sombras”, “Arena y Cal”, etc. Traducción del italiano “Odore dei racconti” de Paolo Barsanti, 2006. Ha sido finalista en varios premios literarios: C. Cuentos Canal Isabel II, Madrid. 2001, 2º Premio Villa de Pasaia 2000, San Sebastián; I Concurso de Relatos de Viaje de la Revista Cartográfica, Premio Encuentro Entre Dos Mundos, Geneve (Francia) 2000, Premio de Narrativa Géminis 1999, Aspe (Alicante); Villa Constitución 1998, Argentina; Finalista en el Certamen de Narrativa Nitecuento 2002, Barcelona; 2º Premio Internacional de Poesía de Pedraza 2002, Segovia; II Premio Tilo Wenner de Poesía 2003, Argentina; Finalista en el Premio Constantí de Relatos de Viajes 2004, Tarragona; Finalista en el Concurso de Microrrelatos de la Comarca de Matarranya 2005, Teruel; 2º Premio. XXI Premio Internacional de Poesía El Yantar de Pedraza 2006, Segovia.


La vida tiene sus lecciones sencillas
por Félix Rodríguez De Rojas

 

La vida tiene sus lecciones sencillas,
cosas tales como:

¿Dónde se tiran los polvos que se atragantan por la casa,
o
las borracheras
de amistad arrepentida?

¿Qué será de la alergia de existir,
de una primavera estúpida de hace casi diez años
o de la rubia
que pasó a gatas
sin recordarte?

Hay besos con sabor a porro y éstos están prohibidos
pero ¡ay! si no hay cojones a saborearlos,
hasta dónde llegaría nuestra cuenta de banco.

Me dicen que escribo en rincones
y lo hago a ratos y a escondidas
son como una excepción del tiempo
como un polvo rabioso y desentrenado.

Creo en Bakunin
pero también en la mafia siciliana,
todos juntos o revueltos
parecen un grito atroz
un baile lascivo adolescente.

Temo que la vida me coja de costao
y la cornada me taladre
lo juro,
me taladre y no me recupere más tarde,

y mi semen sepa todo ácido,
olor a vísceras contrahechas de matadero senil
y mi lechuza asilvestrada
vuele bajo
o ya no vuele

y no tenga por hogar el páramo

sino la jaula de telaraña cromada,
una jaula de puta madre toda dispuesta
y hasta inclusive
en una esquina haga su pis y todo,

y no quiera salir más, allí mismo hable con desconocidos
esos viejos verdes dispuestos a envergarme,
ociosos cornudos y graciosos
que vengan a velar la pena del
pájaro memo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

© Félix Rodríguez de Rojas. Nació en Valladolid en 1973 y allí cursó estudios de Ingeniería Superior de Telecomunicación. Finalizó posteriormente un master en gestión de empresa en ESADE. Actualmente reside en Madrid y trabaja dentro del sector tecnológico y del ámbito de Internet. Literariamente siempre ha mantenido una intensa vida, participando en tertulias y grupos literarios, publicado una novela corta “Héroe Local”, así como múltiples poemas en multitud de antologías y revistas electrónicas, entre ellas en Ariadna RC


 

Valle incrustado (Oda a la pintura peruana)
por Willy Gómez Migliario

Para Sara Elías

Los cuadros que se olvidan son las sombras de una bella arquitectura,
natural con cuerpos quebrados parece.
Todo es un gran negocio con música breve: venden a un hombre
peruano y la crisis del fútbol en medio de la lluvia amarilla
ventanas con flores de lis en la galería oscura.
Inauguran la Bienal de Lima y veinte jóvenes latinoamericanos

publican su viaje secreto y atroces formas del esqueleto de la ciudad.
Y las bestias se canonizan
en otra escritura que habla del cisne del tatuaje en la colonia
cuando se reparten estampitas de santa inquisición; y la fisiología de los
niños biólogos es azul cuando se inmortalizan comiendo lechuzas
o poetas del aire; y los hombres que han enloquecido
asisten a una ceremonia del viento pegados con engrudo en un video clip.
Y lo más hermoso está en las rayas del tigre azul sobre mares caídos
cuando un amor se desintegra entre los brazos profundos del sol al amanecer.
Ah! Innombrables primitivas sombras del amor
recelando una proximidad, todavía hay más, todavía
para quienes estamos acostumbrados a las grandes distancias,
Lima es un desierto de animal sagrado si resistes estar afuera para copiar.
Este tono confuso alrededor de la imagen viste de bosques su descripción
y toda esta danza angustiará si su fiesta parda se hace a la primavera
y pájaros al atardecer sobrevuelen mi afán de salir fuera de sí.
Comienzo de nuevo, entonces, con los signos de rotación:
una fábrica oxidada sobre la hierba adentro y un camino limpio de cenizas afuera
y nos vamos a la Costa Verde donde un viejo pintor
nos trae su Intihuatana como una leyenda, como una letrina también
de las avenidas principales llenas de caza.
¿No es el Centro Cívico, este concreto, traspaso de luz o brisa del mar
partiendo el cielo de las incertidumbres?
Las ruinas evidencian una fábula desoladora, antes lo dije, pero
la gran inauguración espera su entierro precolombino
y todo parece que huele a muerte.
Ah, si los campos de la hierba del otoño inaugurasen
un precipicio de manantiales,
un bosque dentro de cada objeto representado
habría eternidad, una fresca mutación de flores.
La escritura revela pájaros vivos del abismo que rellena los caminos
de esta galería oscura.
Una orquídea mora en los cócteles y de nuevo la ventana enmarañada
llora imágenes del tigre afuera.
El mar caído del amor se inaugura hoy.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

© Willy Gómez Migliario. Lima-Perú, 1968. Ha dirigido las revistas de poesía Polvo Enamorado (1990-1992) y Tocapus (1993-1996). Así mismo ha publicado los libros de poesía “Etérea”, “Nada como los campos”, “La breve eternidad de Raymundo Nóvak” los tres bajo el sello Hipocampo editores. En México, el poeta Francisco Magaña, que dirige la editorial independiente Monte Carmelo, hará la segunda edición del libro “La breve eternidad de Raymundo Nóvak” . Su trabajo poético se encuentra en diferentes antologías nacionales e internacionales.  


Sobre un saltamontes que pisé
por Nora Nani

 

No me haré cargo
del dolor del saltamontes.
Abusa una despedida terca
en su destreza de árbol
quebradizo,
solo que no es lo que parece.
Si lo miras
te distrae con su ojo
de anestesia,
criatura de yugo acechante,
como un viejo panteón
que espera
decidido a embutirte
entre sus patas de abrojo
estremecido.
No seré carne de langosta
ni de espanto.
No le daré a su salto
más que esta mísera certeza:

sé que está vivo aunque le duela.

 

 

 

 

 

 

 

 

© Nora Nani. Nacida en 1946 en Leones, provincia de Córdoba, República Argentina. Ha publicado los siguientes libros : "Ciruelas" , "Los funerales   de la sangre" , "Diré tu nombre" , "Maneras del Silencio" . Actualmente reside en Villa Rumipal, sierras de Córdoba, Argentina.


Madrid, primavera, y etcétera
por Soledad Sánchez Parody

 

Atención,
estación en curva,
al salir
tengan cuidado para no introducir el pie
entre coche y andén.

(versos populares anónimos del Metro de Madrid)

MADRID, PRIMAVERA, Y ETCÉTERA.

Nos queremos y la ciudad lo agradece
pero pisar la hierba se prohíbe
y el cielo es de color rectangular
de edificio a edificio

Nos queremos y andamos de los dedos
pero se nos complica
el peso de la tos sobre la cama

Nos queremos
                              Repetimos
                                                        Cuánto y cómo
en los besos de cocina y las hileras de orugas
(primavera)

Nos queremos pero yo cuando me duermo sueño con otras cosas
y a pesar de piel dos cuerpos
me siguen siendo dos cuerpos
y una telaraña es trágica
                cuando se la coloca en el sumidero del baño.

 

 

 

 

 

 

 

 

© Soledad Sánchez Parody. Breve nota biográfica: Nació en Málaga. Vivió hasta los 18 años en Granada, ahora reside en Madrid. He dado varios recitales, entre ellos uno recientemente en la Fundación Rafael Alberti en el que leyó el poema seleccionado “ Madrid, primavera, y etcétera” , pero aún no ha publicado. Se dedica más oficialmente al arte (escultura, dibujo, pintura). Hasta hace poco también se subía en los escenarios a hacer teatro y música. Cree que todo está relacionado con lo mismo: arte, inquietud, búsqueda, caminos...


El parto del dios
por Nicolás Guglielmetti

Desde que sales
Cubierto en la lluvia
De tu mismo origen
Alguien fecha tu partida.
Alguien que tiene
Mil formas de templo,
Que se cuela en el vapor
Del guiso ausente,
Alguien que muerde
Una moneda entre las muelas
Al ver alfombrarse
De asfalto la pampa,
Alguien que se sostiene
En carne muerta,
Los alambres de la propia carroña.
Alguien dejado
Al libre albedrío de sus barbas
Sin poder hundir sus dedos,
Pendiente de la revolución,
De dos simples maderos
Transversales implorando
Que algún rico baje sus rodillas
Al llano cuando la tempestad
Le afloje el semblante.
o a editarse

 

 

 

 

 

 

 

 

 

© Nicolás Ariel Guglielmetti. Nació en Bahía Blanca (Argentina) en 1981. Cursa Estudios de Letras en la Universidad Nacional del Sur. Formó parte de las siguientes antologías: "Los rostros de un poema". Editorial Dunken 2005. "Poetas y Narradores Contemporáneos 2005". Colección Territorio Sur 2005. "Nueva Literatura Argentina 2006" éstas tres últimas editadas por Los Cuatro Vientos Editorial


Lo que la mula ve
por Justo Merino Belmonte

 

A José Buenagu, hondo como su mística.

Todas las puertas están cerradas. Lo ve la mula. Hasta el cura, que era cariñoso con los animales, se ha ido. Solo se ha quedado el hombre, que dice que leche, que él no se va a Alemania, ni a Barcelona, ni adónde sea.
Primero fue el bizco, que “vino de la mili con las del beri”. Se llevó a su madre, a sus dos hermanas y al hijo de una de ellas. Luego siguió el Ambrosio. Y los mellizos. Y el Navajas. Todos los demás se fueron también a Alemania. Y empezaron.
—Que venirsos, que aquí se prospera, que si se gana, que...
Bueno, que siguieron las mujeres. Y sus hijos y su nuera y el nieto. Pero el hombre que leche.
Por la tarde, él y la caballería regresan. Una sombra larga va por delante. A cada paso del jamelgo la sombra se mueve y no hay quien la pille. Los encejos bajan a rozar el agua del lavadero. Salen los gatos porque tienen hambre. Salen los perros porque están solos. Lo ve la mula.
El hombre, que tiene todas las llaves, entra en una casa y sale para entrar en otra. Luego, por el portón de la corraliza, la lleva, le pone la paja y la cebada y se sienta en el poyete a verla comer. Lo ve la mula.
Desde el tupé hasta las cañas, el hombre la acaricia, le mira los belfos, el antebrazo, la cerneja, el corvejón, la cinchera. Le palmotea los lomos y la cerviz. Se va.
Ya de noche, sisea la lechuza, tautea el zorro. La mula no los ve pero los oye.
Por la mañana, la sombra los sigue. La mula se queda en los pinos y él se va por las besanas. Vuelve cansado de patearlo todo y de inclinarse sobre la tierra. La mula lo ve.
Pero hay días que no va al campo. “Buen año de cebada, —mejor que ahora dos años— hogaño, el que se olvidaros estos cabrones en los surcos. Hay que dejarla espigar, que la tierra tiene buen tempero. Y voy a clavar las ventanas de los de la coja, por si llueve. Voy a engrasar el cerrojo de los canijos. Voy a...”
...o entra en el corral de los muertos a cortar jaramagos. Como a todo va con la mula. La mula lo ve.
De Pascuas a Ramos viene el cartero. Deja la bicicleta contra los pinos y le entrega las cartas.
—¡Pero jodío si no sé leer!
Y el cartero lee:
—Sabrás que la Ufrasia parió en su cama con sábanas y que echó dos al mundo. Sabrás que el bizco está mu bien. Sabrás que el Maoíyo chamulla el alemán.
Y luego:
—Que aquí tiene usted el giro desde hace tres meses”.
Y que no, leche, que no me voy. El que se va es el cartero.
La mula...
La cornisa del tío Pascual se cayó la otra noche con los aires. “¡A ver qué coño hace aquí uno solo¡” Cuando el lavadero se atasca llega el agua a la era. Pero ¡a ver! Las ratas se lo están comiendo to en ca la Engracia. “¡De que güerva verás!”
“Aquí había su más y sus menos, pero cuando uno se moría se le daba tierra y se le tenía sentimiento. Aquí las mozas, en la chopera, daban a los mozos lo que las mozas tienen que dar a los mozos. Aquí si había que jolgar se jolgaba, pero a la hora del currelo, a currelar. Y ninguna zagala se pintó los labios, ni nadie más fumó que tabaco de hombre; hasta que vino el bizco, de la mili, con las del beri.¡Rayo malo parta! Total, que se los llevó a tos. ¡Que no, leche, que no me voy a Alemania!”.
Cuando venga el invierno habrá que verlo. Ahora él tiene sus tomates, sus lechugas, sus pimientos... YT las patatas. Y las gallinas pintadas que son una prenda. Y el pan que amasa todas las semanas. Se va a los huertos y se trae lo que quiere. Está guardando los huevos en lo fresquito del brocal del pozo. Y si alguna gallina no tiene el pico derecho... Como a todo va con la mula, la mula lo ve.
La maestra también se fue. “¡Total, usted no aprende ya!” Era una señoritinga y los mozos decían que tenía poca chicha. ¡No estaba hermosa!
Y se fue el alcalde. Y los de la cuesta. Se fueron tos.
“Los guarros están anchos. ¡Con la tomatera que hay! A ver que hago yo con diez guarros si no güerven”.
“La que hacía bien los chorizos era la muda. Como no hablaba toa la ciencia se le iba con los chorizos. Cuando vino de la capital el sobrino del cura le entró un cólico de tanto chorizo. Y el cura decía que era de las aguas. Pero aquí el agua es buena. Y como nosotros lo hemos sabío tó...”.
A la única hora que la sombra no sigue al hombre y a su caballería es esa en que el sol está en medio del cielo. Él se queda por la plaza mirando los hormigueros y la mula lo ve.
El hombre no fue nunca a la iglesia. Pero como ahora tiene las llaves, entra pa dar una güerta. Se sube a la torre o se sienta en las bancas. Hasta que sale. Cuando sale, la mula lo ve.
No fue alcalde porque no tenía instrucción. Pero ahora tiene la llave de la Casa Consistorial. Por eso entra y se sube en la mesa y si quiere puede sacar la bandera y ponerla en el palo, como siempre va con la mula, la mula love.
Pero la jodía mula ha roído el ronzal. El hombre la lleva por la calle Ancha para rodear la iglesia y entrar por el portón de la corraliza. La lleva por la jáquima, porque es una mula pinturera que no anda si no va de reata.
Antes de entrar en la corraliza se da cuenta de que vienen nubarrones por allí abajo. Después, cuando llega, le dice:
—¡Qieta, generosa!
Y se sube en el poyete y se pone a buscar por encima del chamizo una soga que e´l sabe que tiene allí.
Está buscando si te buscarás, cuando se cae al suelo el muñeco de trapo que se le perdió a su nieto, el Mayoíyo, ese que chamulla el alemán.
Deja de buscar. Se inclina muy despacio y agarra el muñeco por una pata. Le da vueltas con cuidado. Tuerce el pescuezo acá y allá para verlo mejor. Cuando se vuelve, la mula ve que una gota transparente le baja por los surcos de la mejilla.
Está lloviendo.

Premio “Ramón Llull”. Palma de Mallorca.

 

 

 

 

© Justo Merino Belmonte. Cordobés de nacimiento, es licenciado en Derecho y doctor en Ciencias de la Información, en cuya Facultad madrileña ejerció el profesorado. Su carrera profesional se ha desarrollado fundamentalmente entre París y Madrid con destinos varios en Radio Francia Internacional, France-Presse y TVE. Las intensas tareas que ha realizado en estos medios le llevaron a viajar por el mundo y muy especialmente por Iberoamérica. Su amplio conocimiento de pueblos y gentes posibilitaron libros tan diversos como Al tiempo quieto —Premio Ciudad de Murcia de Novela— y Centroamérica: cinco pueblos y un camino. Memoria de ayer (del que forma parte este relato) es una vuelta de Justo Merino Belmonte a lo más profundo de su tierra.


Limpiar el mundo
por Roger Ferrer Ventosa

Llevaba muchos años dedicado a la limpieza del mundo.

Al principio lo tomó con buen humor y silbaba contento mientras barría. Estaba obsesionado por su trabajo, también muy orgulloso. No existía otra cosa tan importante. Miraba por encima del hombro a los demás.

Pero con los años, su carácter se hizo más huraño; la suciedad no paraba de crecer y el barrendero no sabía cómo acabar con ella, hasta que perdió la paciencia y decidió probar su última tentativa: o limpiaba el mundo de una vez por todas o se retiraba. Barrió días enteros, así como noches eternas, sin descansar ni un instante hasta que no pudo más; cayó extenuado al asfalto.

Poco después, llegaron sus compañeros de labor, lo tiraron al camión de la basura y se lo llevaron al vertedero.

 

 

 

 

 

© Roger Ferrer Ventosa Barrendero de profesión. Nació en Barcelona en 1976. Ha participado en diversos talleres y literarios. Primer Premio literario del Centro de Cultura Contemporánea (CCCB) y por el Ateneu de Barcelona. Ha publicado varios libros colectivos "Districte V - Distrito V) Editorial Ellago.


Uno más
por María Celeste Vargas Martínez

A todos ellos que se perdieron en el falso amor. Y en especial a ti, quien más dolió.

Uno no quisiera llorar. Uno no quisiera restregarse los ojos con la soledad y no poder quitarse las costras que el pasado ha adherido al cuerpo, a la cabeza, al corazón. De verdad, uno no quisiera llorar, ni mucho menos caminar por la calle y llenarse de recuerdos. Uno no quiere que los ojos se le pierdan en la nada, que caminen por el ayer y que pateen poco a poquito los trozos de esos malos recuerdos, de esos pinches recuerdos que han dejado amores fracasados. Amores que nunca dieron más.

Amores de los que podía haber crecido un árbol, pero sólo una mala hierba nació. Cómo olvidar a cada uno de ellos. La sonrisa de ternura de Daniel y los juegos a la hora del recreo acompañados de miradas fugaces, cargadas de ese amor de los primeros años. Las tonterías de Rafael y su madre que siempre dirigía su vida. La mirada limpia del único hombre sincero, Carlos. Todavía recuerdo los primeros planes: estudiar la prepa juntos, ir juntos al gimnasio (él con su clase de box y yo con mis aeróbics). Al final se quedó con mi mejor amiga. Vaya amiga y vaya novio. Entonces no lloré, pero ahora lo hago. Y Paul, ese gringuito fanfarrón que no quería estar con mis amigos porque creía que eran corrientes. Hace unos meses lo volví a ver. Ya se olvidó de todo. Y qué decir de Luis y su constante frase: "¡Qué aburrida eres!". Muchas chicas me odiaron entonces, más de lo que ya lo hacían, por andar con él, con el niño que todas querían. Y Carlos y su insistencia en llegar a algo más. Y Damael y sus sueños de ser piloto y viajar. Y los regaños de su padre El Físico, que por desgracia fue mi maestro. Y ese chico de cabello pelirrojo que tanto me gustaba y que sólo se interesó en mí unos cuantos días, para demostrarle a sus amigos que la burguesía (o sea, yo) y el proletariado (él, según sus clasificaciones idiotas) se pueden llevar bien por un rato. Vaya días de prepa y de chavos calenturientos. Ahí también estuvo Norman, aunque claro que él no iba conmigo en la escuela. Cómo iba estar él en una escuela de jodidos. No, por eso él estudiaba en una prepa particular. Eso fue un reto y lo soporté, con todo y su aliento alcohólico y sus deseos de probar mi cuerpo.

La Universidad no fue nada diferente: Francisco, Gilberto, Luis, Norman que intentó un regreso aun estando casado y Roberto. Cómo olvidar a Roberto. Quizá el ideal de muchas mujeres: alto, moreno, hermoso, cuerpo atlético, casas, carros y mucho dinero. Pero se fue a Europa y me dejó, según él yo tenía que acabar la Universidad y él debía hacer un doctorado en Inglaterra. Se fue. Me olvidé de él. Tiempo después cuando regresó quiso comenzar de nuevo, pero ya el amor lo había enterrado yo desde que él subió al avión, y con sus delicados labios me mandó un beso. Cuando me buscó, quería que me escapara con él a Italia. ¡Sí, cómo no! Aunque siempre soñé conocer Italia. Siguió Fernando, sus aburridas reuniones de negocios y el amor que compartía con varias de sus amigas, hasta que lo descubrí; David y Adrián con sus constantes borracheras, su agenda repleta. Nada especial: promesas, buscar departamentos y nada más. Sus amores aburridos y los insípidos juegos de cama.

Y ahora esto. Y ahora él, quien vive de recuerdos, quien cree en amores pasados, quien rasguña el ayer y por las noches sus labios dicen nombres ajenos. Cuánto deseaba que este amor no fuera como aquellos. Lloré porque me escribiera canciones y poemas como a ellas. Me hubiera gustado que me llevase serenata un día cualquiera. Que me amara con tanta intensidad. No fue así. Nunca tuve nada de eso: ni poemas ni canciones, ni serenatas ni bellos pensamientos ni anhelados recuerdos. Nada. Sólo fui un amor más… Nada especial porque mi nombre no era bello, ni mi cabello rubio o rizado y mis ojos no eran claros… ni mi cuerpo perfecto… ¡Estúpido!… Como si eso hiciera a una mujer más inteligente o valiosa, más bella o más mujer. Tengo un cuerpo completamente funcional, que sirve para las necesidades básicas, el cabello es oscuro, los ojos castaños y mi nombre es lo que yo quiero que sea, pero eso no era suficiente para él… aunque para mí sí.

Uno más y las lágrimas continúan. Pero ahora sí, ya no va a haber más pinches recuerdos ni traiciones ni mentiras ni desengaños. Ahora sí, me voy a enfrentar al amor. Lo voy a encarar y le voy a exigir que me deje en paz y que ya no permita que uno más venga a hacerme llorar.

De verdad, uno no quisiera llorar. Uno no quisiera ver que el amor se le resbala por el cuerpo y se esconde en las coladeras y los basureros donde uno no lo puede alcanzar. Uno no quisiera andar todo el día con los ojos húmedos, con la cara larga y el rostro muerto. Uno quisiera decir: "Ahora sí, ya no habrá uno más… ya no habrá otro que se venga a burlar de mí". Pero caemos donde mismo, en ese agujero del que siempre estamos huyendo. Y siempre seguimos con uno más.

 

 

 

 

 

© María Celeste Vargas Martínez. Licenciada en Periodismo, nacio en 1970. Vive de escribir artículos sobre animación y realizar sus propias investigaciones sobre el mundo animado. Tiene dos libros sobre historia de la animación y uno de cuentos para niños, todos en proceso editorial.




v o l v e r


ARIADNA-RC.com - Todos los derechos reservados