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Habían pasado tantos días para su madre que, cuando abrió la puerta de su casa para dejar entrar al chico que le traía cada mañana la compra del supermercado, casi se desmaya al comprobar que quien estaba al otro lado de la puerta era su hija Laura. Con la cara golpeada. La ropa sucia y muerta de frío. Tiritando. Sintió que iba a echarse a llorar pero consiguió evitarlo y avisó a su marido con un grito: "Luis, la niña". Y la niña cayó de bruces sobre el parqué de la entrada a la casa vencida por el sueño, el cansancio y la fiebre. A la mañana siguiente, como le venía sucediendo en los últimos días, no sabía dónde estaba. Intentó levantarse pero no podía. Estaba asustada porque parecía reconocer todo lo que le rodeaba pero no conseguía acordarse de nada. Al poco tiempo entró una mujer. Era su madre. Le traía una manzanilla y unas galletas, pero Laura no tenía hambre. Lo rechazó todo con un gesto y tuvo la intención de seguir durmiendo. Antes consiguió decir algo: "Mamá". Tras
lo cual la madre se acercó corriendo a la cama de su hija y le
acarició los cabellos, susurrando Tras lo cual, Laura pareció sonreir, relajó todo el cuerpo y se acurrucó de lado mientras su madre le colocaba bien la manta y abandonaba el cuarto mirando la esquina donde estaban acumulados todos los peluches y los juguetes que le habían ido comprando prácticamente hasta que cumplió los 18 años. La fiebre fue remitiendo y, poco a poco, Laura iba pasando más tiempo levantada que en la cama. Se sentaba delante de la televisión y no decía demasiado. En cualquier caso parecía estar mucho mejor y ya se acostumbraba a las cosas que solía hacer antes de escaparse de casa: a las infusiones, a jugar con su perro Ramón que iba todas las noches a dormir con ella, a acurrucarse a su lado para no pasar frío, incluso volvió a dibujar. Cosas sencillas, es cierto, pero volvió a dibujar. Sus padres preferían no sacar el tema. La niña todavía no recordaba muchas cosas, y nunca les contestaba cuando intentaban buscar razones a su huída. Por supuesto que querrían saber todo: por qué se fue, por qué tardó tanto tiempo en dar señales de vida, incluso por qué volvió y, claro está, quién la dejó en ese estado. Sin embargo preferían callar de momento. Callar y cuidarla. Lo importante no es que recordara, sino que lo olvidara todo cuanto antes y volviera a ser la joven estudiante de bellas artes que había sido hasta hace un mes. La primera vez que Laura Rodríguez salió a la calle lo hizo con su madre y parecía aterrorizada. El doctor la tenía bajo un tratamiento muy fuerte y se mareaba a menudo. Le costaba mucho andar, parecía haber perdido la costumbre. Consiguieron dar juntas una vuelta a toda la manzana y, cuando se sentaron en el banco que quedaba justo enfrente de la panadería, le dijo a su madre: "Gracias por todo. No volverá a pasar. Lo siento mucho". Y por primera vez desde que volvió a casa, Laura se echó a llorar mientras su madre la abrazaba y le secaba las lágrimas. Cuando volvieron a casa, el padre ya no estaba. Se había marchado a jugar a las cartas. Sobre la mesa había un mensaje: "Ha llamado Carlos". Laura volvió a echarse a llorar. Carlos cuelga el teléfono y se vuelve al sofa-cama donde está viendo un partido de fútbol. Recuerda su cara. La cara de esa chica que llora. No puede quitársela de su cabeza. Él estaba en el autobús y la chica tiritaba y lloraba. Tenía marcas en la cara. Alguien le había pegado. La gente miraba sin querer verla. Se acercó. La chica se llamaba Laura. Tenía hambre. Estaba sola y tenía hambre. Se bajaron en la siguiente parada, le preguntó: "¿de dónde eres?", pero ella no quiso decir nada. Tiritaba. Compró algo de comer en una hamburguesería y se lo dio. Empezó a comer ansiosa pero de pronto lo vomitó todo. " Te voy a llevar a un hospital, Laura" le dijo él, pero ella se negaba. Carlos recuerda que no sabía qué hacer. Al cabo de un rato de estar sentados en un banco en medio de la calle, ella le dijo: "llévame a casa" y sacó de una cartera vieja una tarjeta de visita: "Doctor Luis Rodríguez. Doctor Esquerdo 17 3º C. Tfno. 91 365 91 45". Cogieron un taxi. El le apretaba la mano y le hablaba para que no se durmiera. Le hablaba de él: "me llamo Carlos, tengo 25 años, trabajo en el aeropuerto. Un día vendrás a verme y miraremos juntos los aviones despegar". Llegaron a la calle, la puerta estaba abierta. La cogió en brazos y la dejó en la puerta de su casa. Guardó la tarjeta de visita, llamó al timbre y prefirió marcharse. No quería dar más explicaciones. Laura, que no había dicho nada en todo el trayecto, se volvió y le dijo: "adiós Carlos". Una señora mayor, de unos 60 años, abrió entonces la puerta. Parecía que se iba a echar a llorar. Carlos se acuerda de ella cada día, pero hasta hoy no se había atrevido a llamar. De algún modo se sentía culpable de que a la chica le pudiera haber pasado algo. Lo más sensato, en aquel estado, hubiera sido llevarla al hospital. Tenía miedo de que al llamar a ese teléfono respondiera la señora mayor, que le dijera que Laura había muerto o que estaba muy grave. Tenía miedo de que se lo cogiera Laura, volver a hablar con ella, quizás que no le recordara. Pero ahora estaba decidido a seguir intentándolo. Durante cinco días llamó pero no consiguió hablar con ella. Siempre aparecía esa voz que le decía que no estaba y que le dejaría el mensaje. Pensó en ir a verla, imaginaba pasear con ella por la calle, que le contara todo lo que había pasado, cómo había llegado a esa situación. Pese a los golpes era una chica tan guapa. Imaginó el momento en el que se volvieran a encontrar y los días que seguirían a ese momento: los dos tumbados en los jardines frente al Palacio Real, sentados bajo un árbol mientras él acariciaba su pelo y ella recostaba la cabeza en su pecho. A las dos semanas de que Laura hubiera vuelto a casa, el teléfono volvió a sonar más o menos a la misma hora. Esta vez Laura le dijo a su padre que ella lo cogería. Se acercó firmemente y dijo: "¿Sí?" |
© GUILLERMO ORTÍZ: Encargado de la sección "El temazo" en la página web "Notodo.com" (2003-...) Responsable de minutaje en la empresa Sofrés ( medición de audiencias) (abr.2003-...) Agente de reservas trilingüe (español-inglés-francés) en la cadena hotelera Sol Meliá (ago.2002- feb.2003) Profesor de inglés, informática y letras en la academia Sylvan (feb.2002-ago.2002) Profesor de Geografía e Historia en el colegio bilingüe Willoughby College (sep.2000-jun.2001) Redactor bilingüe de noticias en la empresa Miguélez Sports para los portales de Internet Dailysoccer.com y Futboldiario.com (sep.2000-mar.2001)Responsable de personal y contenidos para la empresa Daiily Sports NV, sita en Haarlem ( Holanda) (mar.2001-jun.2001) Colaborador free-lance para el periódico "El Mundo" (2001) |