Soneto al frecor de una fuente
por Eusebio Niño Ráez

 

Recuerdo aquella tarde por las calles de Roma
Mis ojos recorrían la ciudad de las fuentes
Entonces tu sonrisa: alegre, franca, dulce
Despertó mi deseo; me conquistó otra vez.

Cogidos de la mano vagamos como niños
Ajenos por completo al resto de la vida;
Y mientras las palabras se nos amontonaban
El ruido de una fuente refrescó nuestro amor.

Cansados del paseo tus quietos pies descalzos
Buscaron acomodo al lado de los míos
Al tiempo que mis manos ansiosas de tu cuerpo

Recorrían tu espalda atrayéndote a mí.
Recuerdo aquella tarde cuando al final del día
El frescor de una fuente nos abrazó a los dos

 

 

 

 

 

 

 

 

© Eusebio Niño Ráez

 

v e r s i ó n   p a r a  i m p r i m i r