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Selección
por Carmela Escohotado Ibor

DESEO
Buscando entre las redes de internet,
perdida en ese mundo que me asombra,
en juegos, en preguntas, en veladas,
inerte me descubren los rocíos.
Soñando en lejanías de un espacio
y tiempo que transcurren suspendidos
de los frágiles tules de la vida
quebrados en silencio, de repente.
Yo espero reencontrarte con achaques
sin pellejos las manos, ocultando
la identidad antigua y el amor
que las han consumido en este tiempo.
Yo te espero detrás de mi PC,
no por más vieja menos deseada:
no te pierdas en aguas del Caribe
y despierta al jardín de los misterios.

LAS CUATRO SILVAS
Tengo el escritorio lleno de pestañas
y un descontento intelectual difuso,
viendo las hormigas rojas pelearse
y sin poder renovar las cortinas del dormitorio.
El trance me atosiga y durante toda la semana
me ha tenido pendiente, junto con los niños,
los perros, los despertadores,
la tacañería, la envidia y los libros de cuentos.
Porque ya he empezado varias veces
la silva retadora:
"Tengo dentro de mí
un sol, bola de fuego incandescente,
ardor de mis entrañas,
que está pidiendo a gritos
salir, hablar, echarse toda fuera."
Esto es impúdico y obsceno
por demasiada luz, de modo que,
después de barrer cuidadosamente
las pestañas y de ahuyentar,
sin ningún respeto, a las hormigas,
he vuelto a comerme los codos:
"Tengo dentro de mí
una luz cegadora, un sol enorme,
una bola de fuego,
que hace arder mis entrañas,
abrasando también mis sentimientos.
Ella quiere brotar
pero no sabe y lo hace torpemente
tropieza, titubea,
se cae y se levanta
y de nuevo empieza con alegría."
No soy capaz de volver a mirarme en el espejo,
pero seguiré intentándolo
pues no puedo resistir tanto dolor:
"Por eso necesito,
amor desconocido del futuro,
de tí impulso y aliento,
pues al final yo sé
que tu estás esperando mis palabras,
y que te llegarán
en papel, disquette, tabla encerada,
paloma mensajera
o por el suave soplo
de la mutua inteligencia en el tiempo."

DESAMOR
Miro el agua en tu vaso:
oscura, fría, muerta, rota. Siento
cómo nos distanciamos poco a poco.
Silenciosa la tarde nos observa.
La rutina nos tiene unidos, vive
y es ella la que nos separa:
no me miras a los ojos, y yo
no me complazco ya en mirar los tuyos.
¿Qué ha sido de nosotros?
¿Dónde tus anhelos, donde mis risas?
¿Por qué nos hemos perdido los dos?
Estás mirando el agua de mi vaso.
Mientras, la tarde silenciosa, avanza
como único testigo del desastre.

TANKAS
Cantan los grillos
disfrutando la cálida
noche estrellada.
Mis oídos ya no tienen
recuerdo de tu voz.
Bajo el lejano
cielo se extiende el lago
y lo refleja.
Tus ojos en los míos.
¡Cúanta añoranza!
En el silencio
nocturno de los campos
un perro ladra.
Recordar que fui joven,
que, veloz, pasa el tiempo.
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