|
EL LABERINTO A R I A D N A - R C . c om c r e a c i ó n l i t e r a r i a
[número ventiuno edicion
otoño 2003]
|
|
La alquimia se alimenta de pasiones
La alquimia se alimenta de pasiones. Eternos coetáneos de la más secreta
hora, Temen a la certeza Son las llaves del sol y de las sombras. Dioses desprovistos de cielo Surcan por un reloj extendido ¿Qué otra esencia nutre a los poetas?
|
© ADRÍAN GARCÍA BASSETTI: |
|
El amor se declara culpable (Selección)
PAÍS VASCO
La estación de San Sebastián se despoja
de sus únicos pasajeros, La noche cae como el vestido que lleva puesto A una hora cualquiera de este verano La nada silenciosa se adueña del país
Vasco, Un aeropuerto que no sabe de geografía EL IDIOMA DE LA MAÑANA
Por un descuido de Dios Quizás no tenga importancia Amanece, el ruido de los tranvías A dos metros de la esquina No porta credencial alguna, Esta noticia no será titular en ningún diario de mañana.
|
© PABLO CASSI |
|
Niño Bandera
Ese niño Luján 2003 |
© Gabriel Impaglione 2003 |
|
Elegía a un vaso de Mini
Yo te encontré en el supermercado Sabor plastificado del recuerdo Jugué al penúltimo con los amigos Hoy estás en repisa destronado
|
© Miguel de Asén |
|
Aproximación al silencio 1 Extravié las palabras. ¿Para qué
2 Hay instantes que tiemblas 3 No se extingue la luz aunque el silencio 4 Hay una distancia enorme, 5 Es la hora última la que nos llama
|
© JUAN PLANA BENNÁSAR En la actualidad dirige la Revista Puertas Abiertas desde su página Web http://lawebdefelix.iespana.es y nos cuenta tus intimidades desde su bitácora LA TELARAÑA http://jplanas.blogspot.com |
|
La víspera. Nochevieja de
1958 A Carlos Victoria Olivera Los bordes blandos, redondos, de los dedos forjados
por el agua Todo indica que esta será la última noche en que todos nos amemos.
|
© DAVID LAGO. |
|
Selección
La ventanilla no deja lugar para la duda: Miro nuevamente por la ventanilla
A Citlali No importa no haber tenido nada ayer, lo terrible sería
no tener nada hoy Ayer tenía una escuela Hoy cuento con esta ciudad Hoy tengo en una tarde
Aquí nadie me conoce.
|
© JAIME CORONA nació en 1974 en
la ciudad de México y estudió en la Facultad de Filosofía
y Letras de la UNAM. Su poesía, que muestra un lenguaje directo,
sin ánimos por los tonos altos, es portadora asimismo de cierto
pesimismo que se relaciona con la crítica al medio que lo rodea.
Desde hace dos años forma parte del taller literario que imparte
el escritor cubano Félix Luis Viera en el Centro Cultural José
Martí, en México, Distrito Federal. |
|
Selección REVELACIONES En el lecho vacío de Dios
RECUERDOS DEL FUTURO Mi hermana me despertó muy temprano
LA ÚLTIMA CENA Y el gusano mordió mi cuerpo Mientras esto ocurría Pero una vez acabado el banquete Y el último en quedar de pie
|
© MARIO MELÉNDEZ (Linares, 1971). Estudió Periodismo en la Universidad La República de Santiago. Entre sus libros destacan: "Autocultura y Juicio" (con prólogo del Premio Nacional de Literatura, Roque Esteban Scarpa), "Apuntes Para una Leyenda" y "Vuelo Subterráneo". En 1993 obtiene el Premio Municipal de Literatura en Linares. Sus poemas han sido incluidos en diversas revistas de literatura hispanoamericana y en antologías nacionales y extranjeras. Ha sido invitado ha numerosos encuentros literarios entre los que destacan el Primer y Segundo Encuentro de Escritores Latinoamericanos, organizado por la Sociedad de Escritores de Chile (Sech), Santiago, 2001 y 2002, y el Primer Encuentro Internacional de Amnistía y Solidaridad con el Pueblo, Roma, Italia, 2003, donde es nombrado Miembro de Honor de la Academia de Artes y Letras de Roma. Además dirige, durante dos años, un taller literario en la Cárcel de Talca que dio origen al libro "Los Rostros del Olvido" (dos volúmenes) donde se reúne el trabajo poético de los internos. Actualmente es Presidente de la Sech, en la región del Maule.
|
|
Selección
He leído tantos hermosos poemas de amor
Debajo de la hiedra está la hiedra.
sueño con encontrar, como si fuera
|
© GONZALO ESCARPA (Madrid, 1977)
|
|
Selección
DESEO Buscando entre las redes de internet, Soñando en lejanías de un espacio Yo espero reencontrarte con achaques Yo te espero detrás de mi PC,
LAS CUATRO SILVAS Tengo el escritorio lleno de pestañas El trance me atosiga y durante toda la semana Porque ya he empezado varias veces "Tengo dentro de mí Esto es impúdico y obsceno "Tengo dentro de mí Ella quiere brotar No soy capaz de volver a mirarme en el espejo, "Por eso necesito, y que te llegarán
DESAMOR Miro el agua en tu vaso: La rutina nos tiene unidos, vive ¿Qué ha sido de nosotros? Estás mirando el agua de mi vaso.
TANKAS Cantan los grillos Bajo el lejano En el silencio
|
© CARMELA ESCOHOTADO IBOR
|
|
Elegía Humilde
Para Juan Córcoles (1953 - 2003) Mi amigo Juan, Hace poco. Muy
poco: Y llevo haciéndole un soneto desde entonces
Sé muy bien de qué va, que en el primer cuarteto irá su vida, pero no puedo, No sé qué pasa, no sé porqué
no rompe Mi amigo Juan se ha muerto
septiembre de 2003.
|
© JESÚS URCELOY (Madrid, 1964).
|
|
Soneto al frecor de una fuente
Recuerdo aquella tarde por las calles de Roma Cogidos de la mano vagamos como niños Cansados del paseo tus quietos pies descalzos Recorrían tu espalda atrayéndote
a mí.
|
© Eusebio Niño Ráez |
|
La tarde nos observa
Estoy mirando el agua de tu vaso
|
© José Antonio Elías |
|
BERNARDO: ¿Qué ocurriría
si un misil nuclear explosionase en el centro de una gran ciudad?
|
© Manuel Lasso |
|
Venancio Cienfuegos nunca había
estado más harto. Era tan torrencial la lluvia de spams que llegaba
a su buzón que ya no sabía lo que hacer. Y lo malo es
que todos los mensajes vapuleaban sin piedad su amor propio. Que si
alargue su pene, tome viagra, busque pareja. ¿De dónde
habían sacado aquellos publicistas majaderos que él la
tenía corta o pequeña? ¿Cómo podían
haber adivinado por la vía informática que rara vez se
comía un rosco y cuando lo hacía era tan rápido
que aquello no se podía calificar ni de precoz? ¿Cómo
diantre se habrían enterado de que estaba soltero y buscaba pareja?
La lluvia de mensajes era meteórica y todos le hurgaban en la
herida como un dedo en un ojo. Cada vez que encendía el ordenador
y descargaba el buzón, su ego masculino se venía completamente
abajo y quedaba tan exánime que era incapaz de restaurarlo ni
aún acudiendo a las más excitantes Web porno.
|
© Fernando Luis Pérez Poza |
|
Laura
Habían pasado tantos días para su madre que, cuando abrió la puerta de su casa para dejar entrar al chico que le traía cada mañana la compra del supermercado, casi se desmaya al comprobar que quien estaba al otro lado de la puerta era su hija Laura. Con la cara golpeada. La ropa sucia y muerta de frío. Tiritando. Sintió que iba a echarse a llorar pero consiguió evitarlo y avisó a su marido con un grito: "Luis, la niña". Y la niña cayó de bruces sobre el parqué de la entrada a la casa vencida por el sueño, el cansancio y la fiebre. A la mañana siguiente, como le venía sucediendo en los últimos días, no sabía dónde estaba. Intentó levantarse pero no podía. Estaba asustada porque parecía reconocer todo lo que le rodeaba pero no conseguía acordarse de nada. Al poco tiempo entró una mujer. Era su madre. Le traía una manzanilla y unas galletas, pero Laura no tenía hambre. Lo rechazó todo con un gesto y tuvo la intención de seguir durmiendo. Antes consiguió decir algo: "Mamá". Tras
lo cual la madre se acercó corriendo a la cama de su hija y le
acarició los cabellos, susurrando Tras lo cual, Laura pareció sonreir, relajó todo el cuerpo y se acurrucó de lado mientras su madre le colocaba bien la manta y abandonaba el cuarto mirando la esquina donde estaban acumulados todos los peluches y los juguetes que le habían ido comprando prácticamente hasta que cumplió los 18 años. La fiebre fue remitiendo y, poco a poco, Laura iba pasando más tiempo levantada que en la cama. Se sentaba delante de la televisión y no decía demasiado. En cualquier caso parecía estar mucho mejor y ya se acostumbraba a las cosas que solía hacer antes de escaparse de casa: a las infusiones, a jugar con su perro Ramón que iba todas las noches a dormir con ella, a acurrucarse a su lado para no pasar frío, incluso volvió a dibujar. Cosas sencillas, es cierto, pero volvió a dibujar. Sus padres preferían no sacar el tema. La niña todavía no recordaba muchas cosas, y nunca les contestaba cuando intentaban buscar razones a su huída. Por supuesto que querrían saber todo: por qué se fue, por qué tardó tanto tiempo en dar señales de vida, incluso por qué volvió y, claro está, quién la dejó en ese estado. Sin embargo preferían callar de momento. Callar y cuidarla. Lo importante no es que recordara, sino que lo olvidara todo cuanto antes y volviera a ser la joven estudiante de bellas artes que había sido hasta hace un mes. La primera vez que Laura Rodríguez salió a la calle lo hizo con su madre y parecía aterrorizada. El doctor la tenía bajo un tratamiento muy fuerte y se mareaba a menudo. Le costaba mucho andar, parecía haber perdido la costumbre. Consiguieron dar juntas una vuelta a toda la manzana y, cuando se sentaron en el banco que quedaba justo enfrente de la panadería, le dijo a su madre: "Gracias por todo. No volverá a pasar. Lo siento mucho". Y por primera vez desde que volvió a casa, Laura se echó a llorar mientras su madre la abrazaba y le secaba las lágrimas. Cuando volvieron a casa, el padre ya no estaba. Se había marchado a jugar a las cartas. Sobre la mesa había un mensaje: "Ha llamado Carlos". Laura volvió a echarse a llorar. Carlos cuelga el teléfono y se vuelve al sofa-cama donde está viendo un partido de fútbol. Recuerda su cara. La cara de esa chica que llora. No puede quitársela de su cabeza. Él estaba en el autobús y la chica tiritaba y lloraba. Tenía marcas en la cara. Alguien le había pegado. La gente miraba sin querer verla. Se acercó. La chica se llamaba Laura. Tenía hambre. Estaba sola y tenía hambre. Se bajaron en la siguiente parada, le preguntó: "¿de dónde eres?", pero ella no quiso decir nada. Tiritaba. Compró algo de comer en una hamburguesería y se lo dio. Empezó a comer ansiosa pero de pronto lo vomitó todo. " Te voy a llevar a un hospital, Laura" le dijo él, pero ella se negaba. Carlos recuerda que no sabía qué hacer. Al cabo de un rato de estar sentados en un banco en medio de la calle, ella le dijo: "llévame a casa" y sacó de una cartera vieja una tarjeta de visita: "Doctor Luis Rodríguez. Doctor Esquerdo 17 3º C. Tfno. 91 365 91 45". Cogieron un taxi. El le apretaba la mano y le hablaba para que no se durmiera. Le hablaba de él: "me llamo Carlos, tengo 25 años, trabajo en el aeropuerto. Un día vendrás a verme y miraremos juntos los aviones despegar". Llegaron a la calle, la puerta estaba abierta. La cogió en brazos y la dejó en la puerta de su casa. Guardó la tarjeta de visita, llamó al timbre y prefirió marcharse. No quería dar más explicaciones. Laura, que no había dicho nada en todo el trayecto, se volvió y le dijo: "adiós Carlos". Una señora mayor, de unos 60 años, abrió entonces la puerta. Parecía que se iba a echar a llorar. Carlos se acuerda de ella cada día, pero hasta hoy no se había atrevido a llamar. De algún modo se sentía culpable de que a la chica le pudiera haber pasado algo. Lo más sensato, en aquel estado, hubiera sido llevarla al hospital. Tenía miedo de que al llamar a ese teléfono respondiera la señora mayor, que le dijera que Laura había muerto o que estaba muy grave. Tenía miedo de que se lo cogiera Laura, volver a hablar con ella, quizás que no le recordara. Pero ahora estaba decidido a seguir intentándolo. Durante cinco días llamó pero no consiguió hablar con ella. Siempre aparecía esa voz que le decía que no estaba y que le dejaría el mensaje. Pensó en ir a verla, imaginaba pasear con ella por la calle, que le contara todo lo que había pasado, cómo había llegado a esa situación. Pese a los golpes era una chica tan guapa. Imaginó el momento en el que se volvieran a encontrar y los días que seguirían a ese momento: los dos tumbados en los jardines frente al Palacio Real, sentados bajo un árbol mientras él acariciaba su pelo y ella recostaba la cabeza en su pecho. A las dos semanas de que Laura hubiera vuelto a casa, el teléfono volvió a sonar más o menos a la misma hora. Esta vez Laura le dijo a su padre que ella lo cogería. Se acercó firmemente y dijo: "¿Sí?" |
© GUILLERMO ORTÍZ: Encargado de la sección "El temazo" en la página web "Notodo.com" (2003-...) Responsable de minutaje en la empresa Sofrés ( medición de audiencias) (abr.2003-...) Agente de reservas trilingüe (español-inglés-francés) en la cadena hotelera Sol Meliá (ago.2002- feb.2003) Profesor de inglés, informática y letras en la academia Sylvan (feb.2002-ago.2002) Profesor de Geografía e Historia en el colegio bilingüe Willoughby College (sep.2000-jun.2001) Redactor bilingüe de noticias en la empresa Miguélez Sports para los portales de Internet Dailysoccer.com y Futboldiario.com (sep.2000-mar.2001)Responsable de personal y contenidos para la empresa Daiily Sports NV, sita en Haarlem ( Holanda) (mar.2001-jun.2001) Colaborador free-lance para el periódico "El Mundo" (2001) |
|
La ideología existe
Cualquier idea originariamente fue mito -por ejemplo fue mito la primera idea de "Se puede llegar a la Luna", "Todos nacemos iguales en derechos" o de "La mujer puede participar en la política"-; progresivamente -algo progresa porque va en función de la consecución de una idea sobre el contexto de lo real- la idea puede convertirse en causa no solamente individual, sino social, es decir en una ideología. Por tanto toda ideología existe, y necesariamente con un origen de idea, de imaginación, de invención, de mito provocado por un trans- fondo de experiencia o cultura. ¡Ah!, pero no cualquier idea tiene el éxito espe- rado; sencillamente porque le contraviene lo factible racionalmente en cuanto a lo realizable de acuerdo con las leyes físicas de la Naturaleza. Una vez que un grupo social o una sociedad sigue una ideología la fundamenta en principios y estos principios son morales, en su esencia. Téngase en cuenta que todos nuestros principios son morales porque inciden sobre el comportamiento individual o social, ya sea la libertad, la belleza, etc. Por tanto rigen sobre todo lo que el ser humano hace, porque le enseñan el modo de actuar, el modo de orientarse socialmente. Sí, lo que ocurre es que un principio o valor puede ser manipulado por algún poder fáctico como lo ha hecho la Iglesia, el poder político o el poder económico; así, no es el principio lo que verdaderamente falla, sino una deslealtad, una falta de confianza en él. A pesar de todo, los principios o valores existirán porque se han educado durante milenios, porque forman parte de la naturaleza humana, porque nos han hecho. Aunque pasemos ahora una crisis de confianza en nosotros mismos, por muchas confusiones, por una soberbia económico-intelectual-pasota de derribar toda ideología, ahí están ellos en el subconsciente colectivo. De veras creo que el ser humano es ahora terriblemente soberbio: nunca ha tenido más y mejores medios para conseguir sus ideales. Pero está confuso. Los supuestamente mejores filósofos del mundo se ponen a preguntarse sobre qué es la libertad en vez de creer de seguido en ella como lo han hecho miles de millones de seres humanos que nos han precedido. No importa tanto apuntalar la definición de libertad, sino saber -como se ha sabido- lo que no es: esclavismo, opresión de pueblos, manipulación de toda la economía, negación de culturas, negación de ideologías, negación de libertad de expresión, desproteger a los débiles, maltratar a la mujer, etc. Pienso que el ser humano debe corregir sus errores, transferir dignamente sus principios, evolucionar. Así, salir de estos problemas es más libertad, o más progreso de libertad, pero sin fin; como sin fin es el camino del amor, de la esperanza o de cualquier ideal. "Esto no se puede definir" he escuchado a un pensador de un concepto subjetivo. Si lo hubiese escuchado Platón le hubiera seguro tirado de las orejas. Inténtelo y luche por lo que ha definido. También lo que ha propiciado la confusión es la idolatría de lo fácil que exonera de cualquier compromiso o incomodidad, por odio a lo que es ingenioso o revolucionario -se cree, difundido por la religión y el poder dominante, que es perjudicial, cuando es lo que nos hizo y lo que nos guió-. Ahora ya no bastan las ideas geniales o la lucidez del sabio, sino tener una fuerte compañía comercial detrás, tener simpatía y fotogenia para la hipócrita oratoria; sino el juego sucio de la manipulación de los medios de comunicación que pinta de inteligente al tonto, de sensato al charlatán o al gazmoño que siempre suele tener muchas influencias y, sobre todo, ha lamido muchos culos rezando a Dios al mismo tiempo. Y lo primero que hacen para rebatir es acusar al otro de grosero; por supuesto, Colón, Galileo fueron "groseros" porque rompieron con la armonía "divina" o con la cortesía cruel y regresiva de la ignorancia. Toda innovación siempre es algo "grosera", pero con virtuosidad de fondo. En mi caso, sólo me siento realizado en un uno por ciento, ningún proyecto mío ha sido permitido; vale lo necio siempre que huela a mediación de los poderes fácticos. Un amigo argentino me dice: "¿Cómo pueden mejorarse las cosas si, los que intentan mejorarlas, son pisoteados?". Lamentablemente es el negocio, pero ¿hasta cuándo? |
© JOSÉ REPISO MOYANO |
|
Sueño americano
Luego del primer trago, los demás ya no le provocaron ese ardor como de piedras con muchas aristas que bajaban recorriendo a gran velocidad su garganta. Por el contrario, sentía que las piedras eran cada vez mas redondas, más pequeñas y más suaves, o al menos tan suaves como puede llegar a ser algo tan duro. No era la primera vez que bebía, pero sí la primera que lo hacía con la intención de embriagarse. Estaba mas que enterado de los efectos devastadores que el licor causaba en su organismo y en su estado de ánimo; pero veía en aquello la oportunidad de perder su estado consciente sin recurrir al sueño. La taberna donde estaba no la había elegido al azar, llevaba varios años pasando por allí cuatro veces al día mientras se desplazaba de su casa al trabajo y viceversa. Siempre le había parecido un sitio frío donde iban los vecinos a tratar de llenar sus vacías vidas, por lo tanto no había reparado mucho en la gran puerta azul cuya madera evidenciaba ya el deterioro normal de los años, y la docena de manos de pintura que sobre ella habían aplicado. La manija de la puerta era de un color cobrizo, que en nada beneficiaba la estética de la puerta, pero que al parecer hacía juego con el color de cabello del tabernero. Sobre el mostrador y aunque las grandes manos del tabernero se esforzaban por limpiar, estaban los redondeles que dejan los vasos mojados al solo contacto con el vidrio puesto sobre la mesa. La presencia del vidrio no solo se limitaba a mantener la madera del mostrador seca y facilitar la permanente labor de las grandes manos, sino que el sonido que surgía al poner sobre el vidrio los vasos ya vacíos de licor, simulaba un brindis tardío en soledad. Las manchas de los vasos formaban entre sí distintas figuras, por ejemplo aquella donde estaba el vecino con cara de envidioso, parecían los anillos de los juegos olímpicos; mientras que la que formaba él con su copa siempre llena era estudiadamente un solo círculo perfecto, intencionalmente le gustaba que cada cosa estuviera en su lugar y el sitio elegido para colocar la copa no iba a ser la excepción. Ver los círculos dejados y el reflejo de la puerta sobre el vidrio del mostrador lo había distraído un poco de su gran preocupación. Llevaba semanas sin dormir, y aunque se repetía dos y tres mil veces que no era su culpa, un resquicio de su mente le indicaba que el gran peso con el que cargaba, era producto de su ahora mala decisión. Conocía cada rendija del techo de su casa, cada sonido repetido a lo largo de la noche, podía describir con lujo de detalles las ondas causadas por el viento en las cortinas de su alcoba durante las extensas noches de insomnio. Observar minuciosamente las pequeñas cosas y sus variaciones se le había hecho normal, por eso ahora que intentaba recontar el número de vigas en el techo de la taberna entre la puerta de entrada y las cortinas tras las que se ocultaba el orinal, le parecía cosa fácil, incluso después de cuatro tragos dobles seguidos. La salida abrupta de alguien que levantó violentamente la cortina del orinal, le distrajo del objetivo, pero regresó con su mirada a la viga donde estaba instalado un amarillento bombillo y recomenzó: Dieciocho, diecinueve... cuando llegó al final de la cuenta, se sorprendió al no coincidir el número con el resultado final. ¿33? Me faltó una viga, caramba, empecemos de nuevo. Empezar de nuevo, como si pudiera recomenzar y olvidar como empezaron las cosas. Una vez empezado no había forma de regresar; y recordó que su falta de sueño comenzó precisamente con uno. El más famoso tal vez, o al menos en su país; el más comentado: El sueño americano. Su idea no era llegar a ser americano, pues ya lo era, su idea era ir a Estados Unidos, establecerse allí por unos años y trabajar hasta lograr un capital que le permitiera regresar a su país a disfrutarlo (al país y al dinero, por supuesto. No quería irse como tantos que viajaban con visa de turista (o sin ella): con la idea fija de quedarse en una larga temporada y no precisamente de vacaciones. Su idea era mas elaborada, aunque no mucho, lo primero era entonces aprender el idioma. Se matriculó en una prestigiosa academia y se esforzó cuanto pudo. Aquí comenzaría entonces su martirio. Otro de sus pasatiempos en las noches insomnes, era tomar una palabra y descomponerla hasta volverla difusa: soñar, sueño, sonoro, año, dueño, saña... Dream, Ice cream, team, jean. Sus pasatiempos eran ya tan extraños como su mirada, que extraviada se la había encontrado frente a frente en el reflejo del vidrio del mostrador. Sus ojos estaban enrojecidos, ya no sabía si por las noches en vela o por los seguidos tragos que se había tomado esa noche. Su mente ya no hilaba, estaba tan embotado que las marcas que antes le parecieron la imagen de los anillos de los juegos olímpicos, eran ahora un solo y concéntrico círculo que giraba alrededor de las manotas del tabernero que ahora lo tomaban por los hombros para que no cayera redondito al piso. El hecho de sentirse caer le despertó de su buscado letargo y quiso desplazarse hacia el orinal, dio un paso y se sintió de pié en una montaña rusa, el segundo paso fue más estable aunque debió apoyarse en la manija de la puerta que estaba detrás de él, por fin se reincorporó y caminó despacio debajo de cada una de las 34 vigas contadas y r |