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LOS SUEÑOS PERDIDOS
Crónica de un marino español.
Rita Campillo Ruiz.
Editorial de la UPV
Valencia 2003.
ISBN. 84-9705-314-1
por Antonio Polo
La
tripulación de un submarino es algo tan compacto que lo que nos
asombra en realidad es su vocación para el gobierno, su precisión
resuelta y orgánica como la de un banco de peces. Sin embargo,
la tarde del 12 de diciembre de 1936 un torpedo alemán sembró
el caos y algo se deshizo en la familia de Joaquín Ruiz Baeza,
el Cabo Electricista del submarino republicano C3. Su sobrina Rita Campillo,
67 años después, ha sacado a la luz la historia del funesto
submarino que tuvo base en Cartagena y lo hace a través de la
historia de su tío. Rita Campillo, nos asegura que a Joaquín
Ruiz, la última noche que pasó con vida lo invadió
la tristeza, y que a ella no le cabe ninguna duda de que aquel día
tenía el corazón pesado, como lleno de arena. Y es muy
probable que así fuera, y así tuvo que serlo también
para sus 35 compañeros que hoy se encuentran a 70 metros de profundidad,
frente a la ciudad de Málaga, mientras sus familiares tratan
de arrinconar para siempre de sus vidas la letra de una vieja y estúpida
canción de guerra alemana que viene a decir que sobre "la
tumba de los marinos nunca florecen las rosas".
Rita Campillo hace un recuento de los
últimos años en la vida de Joaquín Ruiz, de la
España que se desangra, de la campaña del Cantábrico
que casi no la cuenta, de Queipo de Llano y sus canciones infantiles,
y del dolor. De eso hay un episodio en el libro, uno que de tan innoble,
la naturaleza humana ha quedado ya en entredicho. Rita Campillo cuenta
que después de la guerra, su familia estuvo recibiendo la visita
de un hombre asegurando que su hijo estaba vivo, que había sobrevivido
y se encontraba oculto en Cuba aunque en unas condiciones tan lamentables
que si no recibía urgentemente dinero no podría sobrevivir.
Sin embargo, a pesar de tan repugnante comportamiento Rita Campillo
nos deja un hueco a la esperanza, uno que abrió en 1998 el abogado
malagueño Antonio Checa cuando localizó los restos del
submarino C3 frente a las costas de Málaga. Ahora, sus familiares
han girado los ojos al Gobierno y le han hecho saber que "una milenaria
tradición mediterránea nos recuerda que debemos enterrar
a nuestros muertos", aunque como dice la autora "los hayan
hecho morir tantas veces".
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© Antonio Polo
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