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Cuando vine a vivir a Santa Cruz de Tenerife, hace ya más de 17 años, además de una maleta prestada repleta de ropa, algunos libros y unas pocas fotos, traje un zurrón lleno de expectativas que se han cumplido sobradamente. Nunca antes había montado en avión y ese viaje, que recuerdo aterrador por el miedo a sentirme suspendido en el aire, fue el fruto de una de las decisiones más importante que tomé en mi vida. En la isla sólo tenía un amigo, que con el tiempo se ha multiplicado por mil como en el milagro de los panes y los peces, debido al carácter afable y acogedor de los canarios. Antes de venir, leí libros sobre Tenerife, las costumbres de la gente y me informé sobre todo de sus fiestas, en concreto de los carnavales. Así que como buen godo enteradillo, vine un poco aprendido sobre cómo debería actuar y capaz de tratar algunos temas. Nada más llegar, empecé a trabajar en un centro oficial en el que mi trabajo consistía en estar delante del público, mucho público y como pasa en todas las administraciones, poco personal para atenderlos. De mis primeros conversaciones con los tinerfeños conservo un simpático recuerdo por el uso de palabras, muchas de ellas provenientes del portugués, inglés y el castellano antiguo y sobre todos de muchos giros totalmente desconocidos por mí. Pondré algunos ejemplos que espero sirvan para que se pongan en mi situación. Por las mañanas, el saludo consistía en un cantarín y expresivo ¡oh! ¿qué pasó? que yo, rápidamente interpretaba como una amable pregunta para que les contase lo que había hecho el día anterior. Me imagino la cara que pondrían mis pobres compañeros cuando les relataba hasta lo que había tomado de postre en la cena del día anterior. Al final tuvieron que parar a aquella madrugadora cotorra parlanchina, diciéndome, "hola buenos días". También ponía cara de espanto, como la pongo hoy en día, cuando comprobé que nos trataban de ustedes porque no se utiliza el vosotros. Me miraba al espejo y pensaba que tenía cara de mayor, pero no era para tanto. Una frase que podemos utilizar como "dile al chico aquel que abra el cajón y me traiga la pipa de fumar, el sacapuntas, las gomas para sujetar las carpetas y la pajita para beberme una Cocacola", se traduciría por "dile al pibe aquel que abra la gaveta y me traiga la cachimba, el afilador, los elásticos para sujetar las carpetas y la cañita para beberme una Cocacola" Con el paso de los años, hay palabras que ya no utilizas nunca y que incluso te suenan hasta mal. Cuando viajo a la península mi familia se extraña que las palabras autobús, patatas, chanclas, palomitas, claxon, maíz, guisantes y vomitar hayan sido sustituidas en mi vocabulario por guagua, papas, cholas, cotufas, pita, millo, arvejas y arrojar. Es un léxico que a ellos les parece muy extraño y en cambio, a mí me parece lo más normal del mundo. Otras palabras tienen mucho encanto, como decir cachanchán a un inútil, cáncamo a una chapuza, escobillón al cepillo de barrer, enyugarse a que se te quede una miga de pan en la garganta, fisco a una cosa pequeña, embostarse a que estás tan lleno que ya te entra nada de comida, trillarse a pillarse los dedos o cualquier otra cosa y dar una trompada que te tiro pal piso a dar un bofetón a alguien y que se caiga al suelo. Algunas palabras provienen del inglés como las papas Autodate y Kinegua que provenían de las frases out of date y la marca King Edwuard, el gúinche que es la grúa que llevan los todoterrenos en la parte de delante y que proviene de la palabra inglesa winch. Del francés proviene la palabra creyón que es un lápiz de colores, y del portugués millo que es el maíz. Han pasado ya bastantes años
desde mi llegada a Tenerife y puedo decir que me encanta la gente y
su forma de hablar; me gustan sus comidas y recomiendo a los que vengan
alguna vez que pidan en los restaurantes una buena ensalada de aguacates,
un escaldón, unos filetes de cherne o cualquier pescado de la
isla, un buen postre como el bienmesabe, frangollo o un Principe Alberto
y un buen barraquito, que para los que no lo sepan es el café
con leche típico de Tenerife. Me encantas sus paisajes y los
que vengan no deben de perderse las vistas de Taganana y Masca. No se
pierdan el Pico del Inglés ni los impresionantes alcantilados
de Los Gigantes. Visiten la Orotava, La Laguna, Icod, Garachico o cualquier
pueblo de la isla, porque les aseguro que no se arrepentirán.
También les aconsejo que utilicen algunas de las palabras del
artículo para que no les cuenten a la gente su vida, cuando les
digan ¡oh! ¿ Qué pasó?. |
© MARIANO GIMENO MACHETTI Mariano Gimeno Machetti, Cuenca, abril de 1957. "Mi padre nos
hizo ir de ciudad en ciudad por su trabajo. Cuenca, Madrid, Vitoria,
Albacete y Madrid de nuevo fueron en las ciudades que viví hasta
el año 1987 en que por fin recalé en Tenerife". Mariano
Gimeno es funcionario del INEM y responsable del Departamento de Informática
en Tenerife. Ha estudiado periodismo en la Facultad de Ciencias de la
Información de La Laguna. Ha publicado relatos en algunos periódicos
como el Diario de Avisos, colaboraciones en La Opinión y El Día
de Tenerife. Actualmente trabaja en un periódico mensual llamado
TF PRESS en el que colabora haciendo reportajes y opinión en
la sección La Ortiga. También le han publicado relatos
en páginas web como el Mundo del Cuento, Letras Perdidas y Alotropía. |