el laberintoel laberinto  

    trece otoño

PORTADA :: EL HILO ::  EL LABERINTO

 

Todas la claves y el símbolo 

VersO

 

 

cosas que no te diré
por Isabel Alamar

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diario de un ciber-punk
por Leo Zelada

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menos mal/cansancio
por Antonio Álvarez Bürger

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las estrellas brillan...
por Néstor Ventaja

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en busca de una isla habitada
por Rafael Pérez Castells

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eliot/(sin título)/casa de cadenas (selección)
por Carlos Barbarito

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de "La utopía del agua"
por José Luis Gómez Toré

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el tiempo de su nombre
(versos sencillos) / Paisajes
/ Salmo 43
por Jesús Urceloy

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  dos poemas de escombros
Raúl Pozo

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donde la locura te cuelga de los ojos
irías a ser un hombre
por Nuria Ruiz Viñaspre

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El oculista
Por Cecilia Eudave

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El circo de las sombras
por Rosy Paláu

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Setas
por María Tena
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New Orleans en Lavapiés
por Antonio Polo

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Una estría de mi feminidad en nueve rosas
por Alfonso Carlos

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La letra disonante
por Alberto Lope

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  Supongo
por Carmen Planchuelo

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A domicilio
por Miguel Ángel García y Mario Feijoo
Ganador del VI Certamen de guiones de cortometraje de la Universidad de la Laguna (Tenerife) 2001
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Alarico frente a Roma
por Eduardo Protto

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Entrevista al doctor Guerro de Médicos sin Fronteras
por José Ángel Pizarro

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desde el terror
reflexiones sobre un triste 11 de septiembre

Los testigos del dolor
por Jacqueline Sokolovic

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Las torres abolidas
por Manuel Moya

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Desafinando
por David Torres
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Váyase señora ONU
por Guillermo Fesser
(publicado en EL PAÍS 22.09.01)

¤
El poder de las palabras
por Barbara Probst Solomon
(EL PAÍS 21.10.01)

¤
Escenarios para una guerra global
por Umberto Eco
(EL PAÍS 23.10.01)

¤
El arrabal de los dioses
por Antonio Polo
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Joaquín Pérez Azaustre
UNA INTERPRETACIÓN (PREMIO ADONAIS 2000)

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Entrevista a Anita Blond
por José Pizarro Nogués

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LA DANZA DE LA MUERTE (CÓDICE DE EL ESCORIAL)
EDICIÓN DE SABAS MARTÍN

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José Del Río Sánchez
LA ESPIRAL DE DURERO

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Marcelo Rizzi
EL COMIENZO OBLÍCUO DE TODO DESORDEN

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Ezra Pound
PERSONAE. LOS POEMAS BREVES

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PERDÓN POR EL RETRASO
por David Torres

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m2gh34·inicio

 

cosas que no te diré
por Isabel Alamar

 

Pensando en ti encuentro
toda una vastedad de palabras
que te estaban predestinadas.
Y sin embargo, no verán jamás la luz
A pesar de todo, son tuyas,
simplemente te pertenecen
porque están hechas de tu carne
y tienen sabor a ti.
Son todas esas cosas que nunca te diré
que trepan despacio y a borbotones
por la oscuridad de la noche,
dejando ceniza en mis labios.

                           
temprano

Temprano amanezco harta.
Estoy harta de pasar frío de todo tipo
De amargura y ácido, de óxido estoy hecha.
Hasta las narices de sentirme mal
por no tener trabajo.
Hasta los mismísimos ovarios
de acumular títulos que no sirven para nada.
Y de encima recibir miradas de desprecio
por no cumplir el patrón del éxito: antes de los treinta
un buen empleo, un buen marido y un hijo.

Pero yo a estas alturas sólo dispongo de versos huérfanos,
Escritos con la piel y los años que me sobran de amargura.
Fracasada parece que te escupen una a una las esquinas cuando pasas.
Harta de sentirme tan sumamente pequeña, y perdida
tan minúscula en un mundo de lobos.
Y sobre todo harta harta harta de levantarme con miedo
Y harta de sufrir frío de todo tipo.
Temprano amanezco sola, y estoy harta.
                               

De Con rabia y erotismo

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m2gh34·fin

 

 

m2gh35·inicio

diario de un ciber-punk
por Leo Zelada

 

IV

 

La muerte aquella implacable mujer
me seduce
                                     cada vez que camino turbio
por el centro
                                        exclamando:

"hasta que no te tenga reposando en mi lecho
eterno, no serás totalmente mío "

y ella paciente
todos estos años me acompaña en las mesas y

esquinas de los bares tratando en vano de
alcanzarme:

"el dragón ha abierto una vez más sus fauces,
una mujer se ha cruzado de piernas"

 

XV

 

Frente al obelisco de piedra

"vuelvo a remontar el vuelo bajo el blanco sol"

geométricas figuras
                                                                  delinean
el tejido entrañable
                                                                 de tu piel
hoy es hoy
                                       el lóbrego recuerdo
y la azucena azul que corona el jazmín


presiono enter

y otra es la imagen simuladora
la que atenaza el escorpión en su cola.

 

Leo Zelada (Lima, Perú, 1970).
Es filósofo por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Ha publicado los poemarios "Delirium tremens" (Perú 1993) y "Diario de un Cyberpunk" (México, 2001), el ensayo "Nueva cultura política en el siglo XXI" (Perú, 1999) y la antología "Poetas peruanos del nuevo siglo" (España, 2001) EMAIL:leozelada@yahoo.com WEB:www.gratisweb.com/leozelada

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m2gh35·fin

 

 

 

m2gh36·inicio

 

menos mal
por Antonio Álvarez Bürger

 

Menos mal que me dí cuenta
de esa manía tuya de planear vuelos de riesgo con la mirada.
Por eso alargué la sombra de mi cuerpo
como tú hubieras querido,
para quebrarme,
que me plegara de huesos.

Menos mal que arranqué tus ojos
del precipicio para que no cayeran
sobre mi partida
y en tantos miedos pegados
en las murallas prominentes.

Menos mal que tú y que yo
nos comprendemos,
y no miento si digo que ahora sí
viajaremos desnudos desde el alma,
como atados,
hacia reinos siderales.

 

cansancio
  

Tengo sueño de la cabeza a los pies,
un sueño abundante e intenso
para pensar que dormido
vago por el mundo
detrás de una quimera,
descalzo,
a rostro descubierto.
Tengo de tí, de mí y de todos
algunas cuantas verdades ocultas
que no quiero penetrar,
pero sólo es apariencia
porque yazgo inquieto
bajo tantos velos de barbarie.
Acaso es el cansancio
de despertar cada mañana,
de abrir los ojos cada día.

 

Antonio Álvarez Bürger (Chile)

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m2gh36·fin

 

m2gh37·inicio

 

las estrellas brillan...
por Néstor Ventaja


         *


Las estrellas brillan

un instante

estamos vivos



         **


El presente esa ola

que muere en la arena.

Y ésa

         y ésa

                   y ésa.

Si no se mira el mar

no se entiende porqué.



         ***


Cuántas veces
desearía deshacerme
de tantas pasiones
de tanta frenética pulsión
internarme
cada noche
                desterrado
en los recodos de tu piel.
Escuchar
sólo tu voz
apaciguadora sin par
de mi universo.



Néstor Ventaja Buenos Aires, 1958.
Poeta y traductor. Co Director de El Versófilo, Mestruario de Poesía e Inexplicancias y de los ciclos de poesía y canciones Palabra al Descubierto y Trovas Bizarras. Publicó Carta de Ciudadanía Ficcional (Libro y Plaqueta, Buenos Aires, 1999, Ediciones del Autor). Próxima aparición Islario Sudeste (Ediciones del Docke, Buenos Aires, 2001)

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m2gh37·fin

 

 

m2gh38·inicio

 

en busca de una isla habitada
por Rafael Pérez Castells

 

Ainsi encore de nous, qui devions nous persuader qu’il
n’est pas d’île dans la peste

                                                                               Albert Camus

 … there are many things in the Commonwealth
of Utopia that I rather wish, than hope, to see
followed in our governments.                        
Thomas Moro

               I

la huella de un mito

A esta isla rodeada de un mar contradictorio,
a las cuevas donde se reúnen los utópicos,
apenas se acercan algunos navegantes
y pocos se atreven a hablar de sus visiones.
El silencio es una huella enorme,
la huella de una voz que conoció sus coordenadas.
¿Qué estrellas guardarían su contorno?
¿Quién no creería que mi viaje era un sueño
que, cuando salí contra el viento,
servía a un imposible? 

Pero la certeza iluminó mi fortuna. Vadeé la distancia
que separa el miedo sumiso de la limpia alegría
y levanté un puente a la medida de un hombre,
porque uno más grande se mide con esclavos.
Rebusqué en las crónicas la causa de tanto desastre,
por qué al llegar a la isla
todos se olvidan de las noches sin viento y del desamparo
y, después también olvidan,
lo fácil que es salar sus pozos.

 Cuando presentí el feroz acantilado, apagué la radio.
Esperé que el silencio respirara:
lo escuché detrás de la rompiente,
distinto de mi hambre y sus cantos de sirena.
Era el silencio que anticipa la revelación de una idea y su palabra,
y sentí que no eran posibles los naufragios,
que me dirigía a una rada protegida.

 Aunque, al recordar las historias de otras islas arruinadas,
deseé un cambio imprevisto de los vientos,
un golpe de mar que alejase de mi quilla
la inminente sombra que dormía bajo el agua
y me llevara de vuelta a la cercana niebla,
a las regiones donde se imaginan islas victoriosas.

 

               II

la crónica de los desastres

 

No somos posibles negando la cordura,
basta una mirada hacia el sur, a las afueras;
la ley es sencilla, no precisa un decálogo:
somos consecuencia de un accidente azul.
Y éste es el final de cualquier geometría
y el nacimiento de una nueva matemática.
La vida finita no crece, se reparte
y en la variedad de sus formas se alimenta. 

Busco al intratable que abraza a las secoyas
y al que con su vida redime a los bucardos,
pues sobrevivir ha cambiado su sentido
y, ahora, amanecer es el único sinónimo.
¿Cuál es el valor de una especie que se extingue?
¿Una voz que deja los valles para siempre?
¿Y si fueran más, dos, cien, cuántas?
¿Acaso podríamos traer todo el silencio? 

Y, ¿ése otro silencio llamado hambre,
ése que parece lejano e ineludible?
(Quizá una ley natural predice que no todos pueden
adornarse con la misma abundancia).
Al que tiene suerte le apena la miseria
y, aún le apena más, prescindir de lo que es suyo.
Ha merodeado durante largo tiempo
y no es su costumbre dar más que una limosna.
Y muy pocas veces se toman la revancha los que siempre ceden el paso.
Tanta hambre padece el hambriento
que la olvida y piensa que es justo castigo a su miseria. 

En la isla que busco no faltan provisiones,
nadie es más rico por ser más ambicioso,
nadie siente justo un castigo innecesario,
nadie da limosna y ninguno la recibe. 

 


      

               III

el maestro y otros compañeros

 

 Lejos de saber intuía
que mis pasos serían cortos y firmes en la duda,
porque no bajaba del monte con las tablas 
sino que subía con otros a escribirlas.
Corto el primer paso, dejarse atrás apenas
para renegar del silencio como réplica
que, ante una figura indefensa, nos protege.
Después sería más fácil creer aquel intento.

 No rechazaría manos cansadas de caricias
ni manos que abandonasen la espada que empuñaban con soltura;
una mano se apoya y otra se despierta,
si cien se levantan arrastran a un millar.
En cada mujer, en cada hombre,
en cada mano una raíz, nunca un fruto indiscutible
- de abajo hacia arriba como crecen los árboles,
no como la lluvia o el granizo que arrasa -. 

¿Y del que prefiere la cueva o los puentes y le horrorizan las historias compartidas?
¿Quién querría enrejar otra vez esa ventana,
traer del destierro al que no fue desterrado?
Incluso la ley más sencilla no se impone al que desestima la vida
o al que tiene un ansia malsana e incomprensible
de que, al fin, le llegue su turno de dolor.
Para ellos la sombra del ser es un suplicio cierto e insostenible.
La sombra de los seres que invaden los sueños y habitan los recuerdos.
Y poco se puede hacer para ayudarles.
Quizá no entendamos su angustia cuando dicen
que un viento insistente se abate en las cornisas,
porque nuestras velas se sirven de los vientos
y sólo aparentan que oponen resistencia. 

 ¿Y los que parecen guardianes de un fuego consagrado,
esos que velan por que nada perturbe el equilibrio,
la tranquilidad de una isla que rodean el agua y la roca,
la hierba bajo el cielo?
Son un hueco oscuro en un sótano en penumbra.
De su parte el celo no falta y es temible,
aleja a los hombres del fuego que avivaron.
Sus ojos helados no dejan la vigilia
ni sus manos se unen al remo que se eleva
y qué mejor cosa podrían desear
que esta isla partiera impulsada por sus brazos.
Mas la isla estará a salvo, los sueños serán libres,
el que habite allí no requerirá fuerzas de un orden que se acepta:
la vida se extenderá con todas sus razones.

 ¿Y el amado, sí, el amado decidido,
el que disfruta con la cita incondicional de los cuerpos?
La ley de las madres no puede soslayarse
y también convoca a los seres solitarios.
Golpea las ingles su dictado insistente
y todo se contagia de su fantasía.
Hay veces que se juega al amago y la retirada
y en los cuerpos crecen hojas de acanto.
Hay veces que se funden igual que gotas de mercurio,
igual que sangre indistinguible.
Hay quien día a día teje el hilo amarillo de una crisálida 
o quien se abre a un cielo inquietante y solitario,
mas ninguno tuvo elección entre la crisálida o el cielo. 

Pero ellos, los que alzan las manos, el huraño, el que guarda el fuego, 
no bastarán, tampoco el amado,
quizá el maestro que encauza el agua hacia el  oasis.
Pero, ¿quién distinguirá al maestro del sectario?
Es alguien que enseña los nombres esenciales,
los días de gloria, los días de ignominia,
pero hay algo más que cuenta a su manera,
porque en su silencio se encuentran las palabras.
Hiere y luego sana, no deja cicatrices,
la herida no duele ni calman sus cuidados,
sólo una ligera presión sobre la carne
que tiempo después se recuerda intensamente.
Sabe los secretos del agua y sus peligros:
puede condensarse en las hojas o anegarlas,
traer el verdor o, quizá la pérdida.
Todo está en su mano aunque, a veces, se maldiga.



               IV

invitación al viaje

 

No he viajado nunca más lejos de mis lentes,
aunque en mi maleta haya estampas orientales,
mas mi indignidad reconoce la pureza
como el mayordomo descubre al impostor.
La pureza de la voz que habla en nombre de los que callan
y anuncia que la más certera de todas las verdades,
volverá a nacer en cualquier ciudad dorada
para convocar la conciencia de los actos. 

Entonces las manos respirarán como ciervos,
y no habrá manera de dar con el número de los alzados.
Cuando las manos se cuenten como espigas
ya nadie podrá malograr la cosecha.
Serán como olas dispuestas a alejarse,
para volver y deshacer cualquier engaño. 

No soy la voz pura - quizá el viejo cotilla
que ha escuchado algunos rumores o ha tenido un sueño –
tampoco el cartero que lleva la respuesta;
soy viento cambiante que mezcla voces confusas.
Tan confundido que aún no estoy seguro
de si existe una isla en la peste o hay que crearla
y hacerla crecer más allá de la avaricia,
el hambre, el silencio que extiende su dominio.

 Vuelvo a imaginar que no estoy solo,
que podríamos ser libres,
que el fuerte y el sabio son alguien que conozco,
y quisiera que este sueño no fuera más que un anticipo,
algo que presentía.

 

 

  

 

Rafael Pérez Castells (Madrid, 1955)
 

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m2gh38·fin

 

m2gh39·inicio

eliot
por
Carlos Barbarito

 

Se quemó, en algún instante
del parpadeo que llamamos la vida.
Y de él quedó esto.
Y desde esto que ahora es
Acaso ya no pueda ver
la glorieta ruidosa por la lluvia,
criaturas del calor del verano.
¿Habrá ahora bajo el Puente de Londres
el mismo remolino?
¿Podrá ahora entender,
por fin, el lenguaje del humo,
la danza de las abejas sobre las flores?

(sin título)

Aquí, donde todo es cálido y estrecho,
somos menos extranjeros, así
en el silencio sin madre ni padre,
en el último pliegue donde se acomoda el deseo.
Desnudos, ¿a quién ofendemos?
Quizás al Eje, al dios o demonio
que esconde sus manos bajo los trapos,
al hueco que cava el viento
para depositar allí las hojas muertas.
Noche y noche: ¿ dónde sino
el vuelo sobre la escoria,
la médula pura en el centro del puro dulce martirio,
el encuentro de la primera con la última espuma?

de Puntos de Fuga

 

casa de cadenas (selección)


"...es casi como si perteneciéramos a este engranaje, como si
estuviéramos aquí en casa, como si procediéramos de aquí,
de algún agujero, como si aquí existiese alguien que nos
esperase."


Peter Weiss, La conversación de los tres caminantes.


                *

Me propuse la perfección
en una cocina, cerca del fuego,
mientras llovía. Pero
no llegó el Gran Acorde,
el Deslumbramiento. La noche
se hizo más larga que el día
y sentí una segunda sed
a la que temí darle nombre.
Y habló desde entonces desde mí, por mí,
el agua perturbada por la piedra.

                *

El ala tiene un lado roto
y el trapo de la gracia
se apolilla en un cajón.
La sangre no se agolpa,
el instante se disipa
sin bisagra ni madera.
Si se existe,
pienso,
es por una grieta en las paredes,
el error, el sueño, la ironía
que nos dan cobijo
cuando la tierra pesa como un muerto
y hasta en la infancia es de noche.

 

Carlos Barbarito (Pergamino, Argentina,  1955)
Ha publicado, entre otros, los  poemarios: "Poesía quebrada" (Buenos Aires, 1984), "Teatro de lirios" (Pergamino, 1985), "Éxodos y trenes", (Buenos Aires, 1987), "Páginas del poeta flaco" (Buenos Aires, 1988), "Caballos y otros poemas" (La Plata, 1990), "Parte de entrañas" (Buenos Aires, 1991), "Bestiario de amor" (Santa Fé, 1992), así como libros de crítica de artes plásticas y varias antologías que recogen su obra poética. Es Premio Fundación Alejandro González Gattone, Premio Fondo Nacional de las Artes, Premio Dodero de la Fundación Argentina para la Poesía, Premio Bienal de Crítica de Arte Jorge Feinsilber, Premio César Tiempo, Premio Raúl Gustavo Aguirre de SADE, Gran Premio Libertad y Mención Plural de México. Es colaborador de diarios, revistas y páginas web de Argentina, Chile, Uruguay, Brasil, Colombia, Venezuela, Costa Rica, México, Nicaragua, Estados Unidos, España e Italia.

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m2gh39·fin

 

 

m2gh40·inicio

de "La utopía del agua"
por José Luis
Gómez Toré

 

VIII

Penumbra manantial
recoge tu piel niña,
ancianísima
en su sueño de pájaros de asombro.

Con los ojos cerrados
acaricio la leve
costura que separa
tus bragas blancas
del reino vegetal de la memoria.
Qué no ha sido lejanía.
Qué perduró caudal
en lo indeciso.
He sido nadie:
viajé por tan oscura música
para saber tu cuerpo traficante
de mareas y espacio. 

No hay huellas en la nieve
que hemos pisado juntos.
No es nieve, dices,
son los pétalos
del último árbol del invierno.
Yo te creo. Escucho como un llanto:
el viento que susurra
en un bosque futuro.

 

José Luis Gómez Toré (Madrid, 1973).
Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad Complutense. He terminado mi  tesis doctoral, todavía pendiente de lectura, con el título "El espacio y la memoria en la obra poética de Francisco Brines". Becario de investigación en el Departamento de Filología Española II de la Universidad Complutense. Premio de Poesía "Blas de Otero" 1998 por el libro Contra los espejos (Madrid, Asociación de escritores y artistas españoles, 1999). Participación como dramaturgo en la obra  colectiva, Guardo la llave, estrenada en el IV Festival Internacional de Teatro Madrid Sur. Autor de la obra teatral infantil Lluvia pregunta por el sol para la compañía El Tinglao (estreno: Leganés, octubre de 2001). Redactor de la revista teatral Ophelia

 

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m2gh40·fin

 

 

m2gh41·inicio

el tiempo de su nombre
(versos sencillos)
por
Jesús Urceloy


Para Jesús Cuesta.



Amé una vez a una mujer
-sus ojos, sus rodillas, sus labios, sus caderas-
no al completo: jamás. Es imposible
amar a una mujer en toda su tristeza,
en sus muecas vacías,
en sus silencios y sus transcendencias,
en sus largos festejos, sus relojes,
sus patios y escaleras.

La amé por un olor a salvia en su piel más obscura,
porque en sus pies descalzos el suelo era más tierra,
porque anunciaba sexo de casa y tumba,
porque beber con ella
era besar sus dedos:
veinte dedos pintados para una boca lenta.

En ella amé otras cosas no menos importantes:
sus faldas y sus blusas, sus bordadas desnudas blancas
medias,
sus cintas para el pelo, su agua de colonia,
la cuchara de palo para guisos de urgencia,
la colcha de su cama, su cepillo de dientes, sus anillos:
la consistencia
allí donde las manos luchan por ser grilletes
y donde el hierro humilde se convierte en espuela.

Sé que aún quisiera amarla, que la amé para siempre,
que sus pasos se pierden por mi casa desierta,
que entretenido la recuerde:
-mis labios de alquiler su nombre parpadean-
sus rodillas, sus manos: cosas que nada dicen
y que nunca regresan...

Amé –porque no quiere saber quien va llorando
en la breve sonata un silencio de espera-
sus palabras: no todas, nunca del todo todas;
pero sí algunas puertas
que se abren descuidadas cuando la edad oprime
al tiempo, y a la altura del párpado se cierran.



paisajes


Para Paloma Lucas y Miguel Ángel Belmonte,
de donde la mirada se detiene a ver.



Hay quien llega desnudo. Y desde allí contempla
que está desnudo y quiere ser paisaje,
-ser más paisaje (ser, no sólo estar)-:
se arranca un brazo entonces: y después continúa.

Al poco alguien tropieza
con ese brazo vivo que parece invitarle
a seguir el ejemplo: a seguir el milagro.
Y otro miembro desnudo queda en el campo abierto.

Pasan –los días pasan- a miles, por millones,
objetos, residencias, sombras, juegos y alturas,
y a veces alguien llega y deja una palabra,
una fragancia, un párpado, una sonrisa, un pie.

Y a veces alguien rompe la indiferencia y coge
una sonrisa, un pie, un párpado y se viste
la desnudez herida: y hace del acto, hecho,
del milagro, paisaje: y es útil el milagro.




salmo 43


He llamado por teléfono a todas las mujeres del
mundo.
Las he llamado a todas, en tandas de a cien por vida,
en tandas de una por milenio,
-según los horarios, la prisa, las funerarias, los
paritorios-:
las he llamado a todas hasta la zeta última,
por su nombre y profesión,
según su apellido de soltera,
por su número de casa, piso, calzado, celda o fosa,
hasta tener la conciencia de no dejar una sola en la
agenda del tiempo.

No todas contestaron,
aunque a todas les dejé por lo menos
36 intervalos de espera telefónica
-(36 son mis años de ahora mismo, qué menos).
En fin, digo, no todas
contestaron, lo voy a resumir en estos pocos versos:
Unas habían muerto, otras se habían marchado,
otras en ese preciso instante agonizaban,
unas cuantas nacían o no sabían hablar,
y una gran cantidad –las más según mis datos-
dijeron "Por favor, deje el mensaje..."

El resto respondió,
oí sus voces claras, dormidas, "Dígame, dígame,
¿quién es?" y yo colgaba.
Fui colgando el teléfono a todas las mujeres del
mundo.
Sólo quería saber si estaban ahí, si era cierto que
estaban ahí,
si era verdad que había mujeres en el mundo,
si era un sueño mi sueño, si era verdad la vida,
si en este erial, en este yermo, en esta casa
era verdad que había una mujer, al menos.

Cerré los ojos, lloré lo necesario,
volví a dormir.


 

Jesús Urceloy (Madrid, 1964)
Ha publicado los libros: “Poemas eróticos” (Granada,1996), “Libro de los Salmos” (Madrid, 1998), “La profesión de Judas” (Madrid, 2000). Aparecen poemas suyos en las antologías: “Feroces. Radicales, Marginales y Heterodoxos en la última poesía” (Madrid,  1998), “ABECEDARIO. Libro – arte / poesía” (Mérida, 2001) y "Poesia Espanhola, anos 90" (Lisboa, 2000). Además ha sido responsable de la publicación “Aula CEU. Antología de poesía contemporánea” (Madrid, 2000). Ha publicado poemas en las revistas: Reverso, Sin Embargo, La luna de Mérida, Por Ejemplo, Prima Litera, Poeta de Cabra.  E-mail: urceloy@teleline.es

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m2gh41·fin

 

 

m2gh42·inicio

dos poemas de escombros
por Raúl Pozo

 

Desde el desaliento galvanizado
hasta el reconocimiento sobre el terreno
de las líneas principales de rotura
volverán las oscuras golondrinas a recordarnos
condenar el desacierto de venir cada noche y encontrarnos tiritando en torno
a minutos engendrados siempre ayer.
Ya vendrán los telodijes a insultarnos
los resúmenes con moraleja las reseñas la clariapariencia de las secciones
transversales de la planta y el alzado y el desescombro que refleje un mal
reparto de las cargas.
Guiños y besos o en soledad de los tomos deshilachados de la memoria de su
concordancia de sujetos e infortunios barreremos los cocientes los restos.
Seremos como diga nuestra leyenda que hemos sido: atentos sólo a la
dirección del viento y al eco que ha de traer.


***


Cuando armados de indolencia despertábamos a horas indecentes que habían
quedado sin colar y rescatábamos de los filtros qué sé yo si acaso solía la
imprudencia derramar el agua hirviendo o si sonó algún te quiero a pásame el
café soluble.
Cuando por el paso torpe fuimos arrojados
al otro lado de las ventanas se volvieron
romas las esquinas y en la terraza
los pliegues de la tela asfáltica eran la excusa
que rescindía casi todos los contratos. Incluso
cuando entre escombros asumimos que lo derrumbado permanece sin que ello nos
consolase nada nada y aún los reproches tenían la tibieza de los poemas casi
a oscuras.
También entonces.


Raúl Pozo (Palencia, 1980)

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m2gh42·fin

 

m2gh43·inicio

donde la locura te cuelga de los ojos
por Nuria Ruiz de Viñaspre


La mirada extraviada de los tardos pájaros
Húmedos todos de locura
Que aguardando solícitos plumas maternas
Permanecen ausentes, solos y locos
Bienaventurados los seres alados sin alas
La mirada extraviada de los santos locos
A los que la vida se les escapa por las muñecas
Cavan hoy la estéril tierra
Para extraer esa extranjera azul y opaca
La locura
Tapizarle de cuchillos y clavarle mil agujas
En el blanco muro de su pupila
La mirada extraviada de los muertos por agua
Suicidas todos
Con esa inquilina loca atada a sus talones
Son arrastrados al fondo
Les llamaban locos
La mirada extraviada de los ausentes
Que escrutando el mundo con torcidos ojos
Sobrellevan mal sus muertes
La mirada extraviada de los tardos pájaros
Que haciendo nidos en mi nuca
Empuñan en sus picos huesos de muerto
Y una locura
Mientras alarmados
Ansían como locos el ala cóncava
Bienaventurados los ausentes de alas y cordura



irías a ser hombre

Irías a ser nube
Pero un travieso dios te desterró del cielo
Por tu pasado de conciencias malas
Caíste
Irías a ser querube
Mas las alas no compraste
Y te aventuraste en tu cruzada
Mutilado
Solo
Y sin alas
Caíste
Y tu caída cubrió la Tierra
Irías a ser agua
Y disfrazado de lluvia
Alcanzar el querube que en la nube vive
Pero el verano como un rojo manto
Cubrió de nuevo la Tierra
Irías a ser viento
Y aprovechar la ráfaga del Norte
Quedando suspendido en ese cielo tuyo
De nubes y querubes
Mientras
Caías
Irías a ser pájaro
Y quisiste volver a ser hombre
Con alas
Pero ya era tarde
Ya fue tarde

de "El campo de tus sueños rojos"


Nuria Ruiz Viñaspre
(La Rioja, 1969),
escritora que ha publicado los poemarios "El mar de los suicidas y otros poemas" (2000), "Desvaríos Subterráneos" (2001) y "Desiderium o el dolor de lo ausente". Ha colaborado con sus poemas en las revistas "Argaya", "Alambique" y "Cármenes".

 

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