LA P R O S A


 

Yo no pierdo
por Vicente Rosales


No es desdicha, no. Tampoco resentimiento. Es no entender. De hecho, lo primero que no logro comprender es mi actitud. El conflicto es mío.

Y todavía pienso en ella.

Intenté (fue sólo un instante) diluirla en mi magín entre situaciones desdeñables, y así poder (¡ay niño!) sino olvidarla, mermar al menos su poderoso encanto. Imposible, claro. Ya me lo advirtió mi pasión por ella. Luego, el destello de su tibieza vino con frecuencia sobre mi conciencia. Y ése es el último lugar donde debiera, pues ella, la conciencia, es la que más me culpa por no lograr su compañía. ¡Con sólo su silencio!

Y yo fingiendo. Otro amor perdido.

Y ahora las preguntas (jamás excusas) ¿Quién las mandará? ¿Por qué esa puntualidad? ¡Tan fácil es su camino!

Ella se ha ido, lo sé, a pesar de mi sueño. Ya de nada sirve alzar la mirada contra el blanco de la pared y a través de aquel negro ayer. Tampoco vale infamar su dulzura. Eso es vago. Es perder. Y yo no pierdo.

Aun sin la deferencia de su cariño, sin acaso afinidad, sin apenas un beso la alejaré de mí con alborozo. Saludaré su olvido con la mejor de las sonrisas (quizá una de las suyas) y ya en el ocaso del camino, cuando al fin suspire indiferencia ante aquella mi derrota y pronunciar su nombre me revele cuando menos amistad, cuando menos nostalgia de lo que pudo haber sido, incluso entonces procuraré venerar su fina displicencia. Porque allí supo ser también exquisita, como sabroso fue su gesto que, por último, perfiló en mí desapego.

Y agradezco su franqueza. La respeto. Porque quisiste ser mi amiga.

No lo pensaste. No fue tu intención hacerme daño. Algo de eso me dijeron tus sentidos. Por cierto, no sabes cómo se refleja el llanto en tus pupilas. Y no eran lágrimas cualquiera.

¡Tan afilada y cortante es la amistad en mal momento!

El caso es que desplazar la memoria no es sencillo. No si tú viajas en ella. Pero ahora empiezo.

Como si boca hendida
Vulnerados los labios
De humedad marchita
Como extinto por adiós
Y siempre se dice (adiós)
A lo peor se siente
Yo ahora lo sabré
¡Ay! yo ahora siento.


Vicente Rosales Cuny. 1999
vrosales@redestb.es

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