Las JOYAS de ARIADNA


 

LA ESCAYOLA
por Ángel Zapata

 

De pequeño yo hubiera dado algo -no sabría decir qué, pero algo importante- por llevar durante una temporada el brazo en cabestrillo. Ahora ya no, claro, ahora está bien como está, sano y entero; pero entonces, en los días del colegio, con un runrún lejano de hormigoneras y mucha nieve en las ventanas, pocas cosas podían compararse al prestigio de un brazo roto.

Algún niño, de pronto, faltaba un día, dos, y luego entraba en clase una mañana, a deshora tal vez, acompañado por su madre, y con una escayola reluciente que apenas descubría las yemas de los dedos, todavía con restos de tinta.

Los bancos se poblaban de murmullos. Salía a recibirle la maestra y le reñía en broma. Los compañeros nos arrebujábamos para que él se sentase con holgura -"estoy bien, es sólo un rasguño"-, y era el héroe del día, de la semana, del mes -soldado en esa guerra interminable que se libra en la infancia-, y las chicas de clase le pintaban en el brazo corazones, muñecas, margaritas, las cosas que pintan las chicas, y si alguna escribía muchas veces su nombre se quedaba de novia.

Yo era un niño torpón -el manta al que pedían el último cuando los capitanes del fútbol echaban piés-, pero el brazo, ya digo, no conseguí rompérmelo nunca. Se ve que la escayola era una marca de los espabilados, y quien no atinaba a fracturarse un hueso iba a ser de por vida un segundón. Porque todos veíamos al chico, en el final de los telefilmes, con una cazadora sobre los hombros, indenme en la ruleta de las balas tras vencer al bandido, presumiendo un poco de su brazo maltrecho, displicente y feliz:

-Estoy bien, es sólo un rasguño.

Y uno hubiera dado cualquier cosa -no sabría qué, pero algo importante-, para entrar en la torna de los hombres audaces, en la raza selecta de los que una mañana, a deshora tal vez, lucían en la clase su brazo en cabestrillo, su heroísmo de gasa y escayola, lo mismo que una placa de ayudante del sheriff.

© Ángel Zapata

Angel Zapata (Madrid, 1961). Profesor de escritura creativa. Crítico literario y columnista. Prosa: Premio Jaén de Relatos, 1995. Premio Ignacio Aldecoa de Cuento, 1996
Ediciones:
Cartas Eróticas, Temas de Hoy, Madrid, 1993. La práctica del relato, Fuentetaja, Madrid,1997

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