Esta Ariadna que
aquí veis, papel de sueños, pobre hoja imaginaria,
invita a todos, rasga el templo e invita desde este
circular paraíso a viajar por el ánimo, a
despertar, a ser también hoja de viento.
No queremos sino la
inteligencia, es decir la palabra: ya sea ésta de
imagen, de trazo, pautada o de pigmento. Pero no sin
rigor - tenga cuidado Teseo con su Ariadna - no sin
esa misma inteligencia (recordemos a Goethe que
concilia: "pedidme ser justo pero no
imparcial") que ofrece el que se sabe observado.
Calidad pretende
este ovillo: que no se parta, que no se rompa en los
laberintos de la belleza. Y sepa de él tirar y
recogerse quien, como el buen ebanista, ofrezca la
obra de su humildad sobre esta mesa de agua, sobre
este cerco inasible.
Somos tu voz, pero
no habrá indulgencia. Queremos ser abrazo y amistad,
pero jamás remedio ni arca fúnebre. En ti somos,
vivimos de tu agrado, sin embargo pedimos tu saludo.
Abre la puerta,
pasa; el laberinto mira al ser que lo contempla.
¿Quién deseas ser hoy? ¿Teseo?, ¿Dédalo? En el
mito la acción es siempre eterna. ¿Quién mira
quién? Adelante, ya conoces el camino: el mapamundi
está abierto, pon buen ritmo a tu brújula, haz buen
uso de este hilo.