"Cosmonauta" designa al tripulante de una nave espacial y por lo general al tripulante de una nave de la antigua Unión Soviética. Sin embargo, no deja de ser un término que además incorpora otros matices más literarios que reales, pero que nos hacen reivindicar esta palabra frente a sus sinónimo más popular.

Más de cuarenta años después del primer vuelo orbital, siguen viniendo a mi mente imágenes de los cosmonautas soviéticos enfundados en esos trajes de color rojo anaranjado con casco blanco y verdugo interior a modo de mortaja. No importa que todo haya cambiado, que ahora transporten millonarios al espacio y se codeen con los astronautas de otras naciones o que se permitan el lujo de saludarnos desde la Estación Espacial Internacional en inglés, un cosmonauta tendrá siempre el aroma real de aquellos primeros días de lo que se dio en llamar "la conquista del espacio".

Un cosmonauta tiene ese aire de aristócrata orbital del que carece el astronauta norteamericano. Astronauta que viste trajes espaciales de inmaculada blancura que tripula brillantes naves y que dispone de centros de control con cientos de pantallas de televisión desde las que ofrecer al mundo sus victorias. El cosmonauta en cambio jamás se liberará de un cierto aura de clandestinidad en blanco y negro que encierra secretos de estado y todos los muertos a mayor gloria de la Unión Soviética.

Sea éste nuestro homenaje sincero a los pioneros de la carrera espacial al otro lado del telón de acero, vaya en especial para aquellos de los que nunca supimos y quizás aún hoy nos contemplen desde la soledad del vacío interestelar.

A  R  I  A  D  N  A    R  C      X  X  V  I      I  N  V  I  E  R  N  O     2  0  0  5