ACTA
NOTARIAL
PARA
LA ESPERANZA
DEL
VIAJERO
QUE LLEGA A ARMILLA

 

Sin necesidad de convocatoria alguna, sin que nadie haya llamado a mi puerta a deshoras, sin necesidad de halagos ni amenazas, doy fe, como Protonotario de Armilla, de la existencia de esta ciudad y de la realidad de cuanto en ella llegueis a ver o se os oculte. Poco importa si habeis entreabierto los ojos entre dos sueños, o si el vino os embriagó como nunca antes habíais sentido. Ciertos son los fantasmales trabajos de los que os hablarán, los artefactos sin dimensión, las huellas que no podréis seguir, pues apenas los pies se alzan del agua ya nada queda. Cierto es el mediodía confuso como cualquier crepúsculo, y la ceguera que sentiréis, una ceguera irisada, de la textura de la miel, distinta de la ceguera ardiente y dolorosa que sienten los que atraviesan el desierto, o la ceguera blanca y terrible de la nieve. Nada ha de haceros dudar. El agua es real. Armilla es real; lo son su destrucción y su pervivencia. Lo somos los que aquí vivimos. Tan sólo de vuestra existencia dudo.

Y para que conste, doy fe de todo ello en la ciudad de Armilla, en el día del solsticio de invierno, mediante firma y sello de este acta.

LOVAT
Protonotario de Armilla

 

 

 

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